Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia Año Nuevo. Sta. María Madre de Dios. 2012

Aunque ya os lo he deseado, lo repito como una bendición: FELIZ AÑO NUEVO!!!

Hay una palabra que une las tres lecturas, aunque está presente en dos de ellas, pero en la primera la unimos a bendición. Esa palabra es: CORAZÓN.

Dios es el primero que con su gran corazón nos bendice. Su bendición es vida y amor manifestados en su Hijo Jesús. Quien nos ha creado por amor y con amor no puede menos de bendecirnos. Lo que hemos repetido con el salmo “El Señor te bendiga” no es un deseo más. Es el mejor deseo de Dios para cada uno de nosotros. La bendición de Dios va acompañada de su protección, de su luz, favor y deseos de paz.

El favor de Dios no es tanto riquezas y poder como pensaban los israelitas y aún hoy día algunas personas. El favor de Dios es sentir su presencia en la vida y caminar según el mandamiento del amor. El favor de Dios es dejarle entrar en nuestro corazón para que nos acompañe como compañero de vida. El favor de Dios se prolonga en su Hijo Jesús que es la mejor imagen de bendición para todo hombre de buena voluntad.

Nuestro corazón se ve lleno del Espíritu del Hijo de Dios. Nuestro corazón no es el de un esclavo, que se arrodilla, sino el de un hijo que además es heredero y que está en la casa del Padre sabiendo que todo lo que hay en la casa, que todo lo que es del Padre es nuestro. El corazón del hijo tiene que latir al mismo ritmo que el corazón del Padre. El corazón de Jesús siempre latió al ritmo que el Padre le iba marcando y que era el mismo ritmo del Padre: bendecir a todo hombre que con corazón sincero y abierto quiera seguir el camino de  Jesús: amar y amar como El nos amó.

 Jesús bendice a los niños, bendice el pan y el vino, bendice a los que escuchan su Palabra y la llevan a la vida, bendice al buen ladrón, bendice a las mujeres que lloran, bendice la fe de un centurión. Jesús bendice lo que somos capaces de hacer, de dar, de recibir cada día.

En el evangelio María es quien guarda en su corazón todo lo que oye decir de su Hijo. María las guardaba para bendecir a Dios. Las guardaba porque, en primer lugar, eran demasiado novedosas para ella. Y, en segundo lugar, porque a lo largo de su vida y de la vida de su Hijo, tendría que sacar fuerzas para comprender la vida y mensaje de Jesús. Vida y mensaje que también a ella le sorprenderían más de una vez. En esos momentos volvería la mirada a su corazón, un corazón fuerte, para recordar todo lo que se dijo de Jesús cuando nació.

En nuestro corazón guardamos muchas cosas buenas y menos buenas. Seamos hoy portadores de bendición. Bendigamos desde un corazón abierto y semejante al corazón de Dios. Y como María guardemos en él las cosas buenas de la vida que nos darán fuerzas para los momentos duros.

A todos  FELIZ AÑO NUEVO


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Homilia Navidad 2011

Hoy se nos revela un misterio. Dios, todo un Dios que se ha ido revelando al pueblo de Israel, se hace hombre. Ese es el misterio que hoy se nos revela y que al mismo tiempo celebramos. Pero como dice la carta a los Hebreos: “Antiguamente, Dios habló de muchas maneras y en distintas ocasiones a nuestros padres. En esta etapa final nos ha hablado por el Hijo”. Podemos decir que HOY, y ese hoy significa siempre y cada día nos habla por su Hijo. Nos es que nos haya hablado por su Hijo como algo pasado, sino nos sigue hablando por medio de El.

El misterio del Dios que se revela es que se ha hecho PALABRA. No palabra a base de conceptos, de doctrinas ininteligibles, de nebulosas, difíciles de entender, no. Se ha hecho palabra concreta, actual, sencilla, liberadora, se ha hecho carne por medio de su Hijo Jesús. Ya no es palabra que se queda en escritos, en libros, es palabra que es vida como la nuestra, que da vida como nosotros podemos darla y que está viva en cada uno de nosotros.

Esa palabra se ha encarnado en la vida de Jesús, en sus hechos y palabras, para que la podamos comprender todos, hasta los más sencillos. Nosotros hemos encerrado en libros esa palabra que es Jesús y la hemos alejado de los hombres, la hemos hecho difícil de entender con nuestros discursos, a veces demasiado alejados de la realidad, demasiado alejados de Jesús y la hemos hecho difícil de entender a los sencillos, que es a quienes se dirigió Jesús. Sencillo es todo aquel abierto a Dios y abierto al hombre.

La palabra, que es Jesús, acampa entre nosotros. Al poner su tienda entre nosotros, al hacerse uno de nosotros, Dios ha querido que desaparezcan las distancias entre El y nosotros. A partir de ese momento Dios habita entre nosotros. Para nada es un Dios lejano, impasible, inmutable, todopoderoso. Es un Dios hecho hombre, que vive como un hombre, que ama lo que el hombre ama, que se duele del mal del hombre, no interviniendo ante ese mal, sino esperando que el hombre en diálogo con la palabra, con el evangelio, con Jesús, comprenda que el mal que hace se lo está haciendo a sí mismo.

Para conocer a esa palabra, que es Jesús, hay que leerla. Pero leerla no es solo echar una mirada y decir: ¡qué bonito! ó ¡qué duro!, no. Leerla es sintonizar con ella, es dejarse empapar del mensaje y llevarlo a la vida, es guardarla en el corazón, a ejemplo de la virgen María. Guardarla como algo que valoramos, que la tenemos ahí porque es algo importante para nosotros. Leerla para vivirla y para entregarla.

Y quien nos revela a ese Dios que habló antiguamente es Jesús, hecho palabra de Dios. Sólo Jesús nos ha contado cómo es Dios. El es el Hijo que con su palabra, nos lo ha dado a conocer. Para conocer a Dios vayamos a Jesús, vayamos a su palabra y a sus palabras y por qué no, dejemos a un lado nuestros discursos vanos o grandilocuentes sobre Dios. El Dios hecho palabra, en Jesús, se convierte en palabra, que dialoga con nosotros, que nos interpela y, sobre todo, que nos revela cómo y quién es Dios.

FELIZ NAVIDAD

 

 


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Homilia Nochebuena 2011.

Ante todo:  FELIZ NAVIDAD…

Yo diría que en el mundo en que vivimos la gente busca “una salida a todo esto”. A lo mejor busca “un por qué” a lo que está sucediendo, es decir, busca LUZ, o al menos una luz que guíe, oriente, ilumine.  No sabemos adónde va a llegar todo esto.

Hoy, en esta noche, se nos ofrece una LUZ que si no va a solucionar los problemas del día a día, SI, creo, puede orientar, guiar, iluminar nuestros pasos, o lo que es lo mismo nuestra vida.

Al igual que el pueblo vio una luz grande, una luz les brilló, según Isaías, a nosotros también hoy, también esta noche una luz nos brilla

                                       Esta noche podemos ver una gran luz.

   No es una luz que deslumbra, sino que alumbra a todo hombre de corazón sincero.

 No es una luz que hace daño, sino una luz suave que orienta la vida.

    No es una luz que apaga todas las demás, es una luz que mantiene a todas las demás, sobre todo a las que dudan o vacilan.

 No es una luz que irrumpe de pronto y luego desaparece, sino que es una luz que está ahí y para siempre alumbrando a toda persona.

    No es una luz que se esconde, sino una luz que da la cara para señalar al que hace daño a los demás, o se aprovecha de los demás… Esa luz es Jesús, el Hijo de Dios, que por ser LUZ, es paz, alegría, en definitiva VIDA.

Los pastores se dejan inundar por esa luz que viene de arriba, del cielo. Se ven envueltos de claridad, se ven envueltos de la luz de Dios Para ellos esa luz cambió sus vidas porque después de escuchar  y de ir a Belén transmiten a los demás esa luz que han recibido y que les envolvió. Los pastores de estar tranquilos, se dejan llenar de luz, de vida, de Dios y se convierten en testigos de la luz, de la vida, de Dios.

La luz que esta noche nos envuelve a nosotros, la luz que esta noche brilla para nosotros es Jesús.  Que, repito, si no va a solucionar nuestros problemas, SI nos va a iluminar y orientar nuestras vidas.

Este Jesús cuyo nacimiento celebramos esta noche es luz que alumbra a todo hombre de corazón sincero. Es luz que orienta la vida. Es luz que sostiene a los que vacilan. Es luz suave que cura heridas. En definitiva es la verdadera LUZ del mundo y para el mundo.

Este Jesús nos anima e invita a llevar ya desde ahora una vida según el evangelio, que es sobre todo una vida iluminada por el mismo Jesús y dedicada al servicio de los demás. 

A todos de nuevo FELIZ NAVIDAD.


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Homilia 4º domingo Adviento.Domingo 18 de diciembre 2011

Podemos decir, a la luz del Antiguo y Nuevo Testamentos, que la manera de actuar de Dios nos puede chocar. Muy al contrario de lo que suele gustar a la mayoría de las personas, que gustamos de grandes manifestaciones, que pedimos a Dios que actúe con grandeza, que muestre todo su poder. La manera de actuar de Dios, repito, nos choca porque huye de lo grandioso, del poder y la fuerza y se manifiesta, normalmente, en lo sencillo.  

Hoy tenemos dos ejemplos en la primera lectura y el evangelio. El rey David, pensando al modo humano, quiere que Dios deje de habitar en una tienda y pase a hacerlo en un templo sólido. La respuesta de Dios no se hace esperar. El no quiere edificios suntuosos. Recordemos las palabras de Jesús a la samaritana: “los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) Si David pensaba en un edificio construido por manos humanas, Dios piensa en otro tipo de edificio: una descendencia que durará para siempre en mi presencia.

A Dios le interesan más las personas que los edificios, aunque los edificios tengan una función. Somos las personas las que, en cualquier lugar y reunidos en el nombre del Señor formamos el verdadero templo de Dios. Porque Dios quiere estar presente en la vida de las personas. Los edificios suntuosos son muestras del poder humano, pero están lejos de la manera de manifestarse Dios. Las personas con nuestra vida y palabra somos parte de esa descendencia prometida. La nota principal de Dios es que es un Dios vivo, y El no quiere ser o estar encerrado en ningún lugar. El que no cabe en el universo no se deja manipular por su criatura, ni le gusta permanecer quieto en un lugar cerrado.

El otro ejemplo lo tenemos en el evangelio de Lucas. Pensemos en otro esquema de anuncio: podría hacer tenido lugar en Jerusalén y en el templo. Un hombre podría haber sido el destinatario, propio de sociedad patriarcal. Podría haber sido por medio de gestos o acciones maravillosas. Pero tenemos lo contrario, para hacernos ver la sencillez de esta manifestación de Dios.

La anunciación tiene lugar en un pueblo de Galilea, y sabemos que Galilea y los galileos no eran bien vistos por los judíos. El anuncio se hace en una casa humilde y a una mujer joven y desconocida. Aunque nosotros hemos idealizado la anunciación, intentemos ponernos por un momento, si podemos, en la mente de Dios. ¿Elegir lo humilde, lo sencillo, lo desconocido para anunciar la venida de su Hijo? Y ¿a una mujer? ¡Qué Dios es ese que se anuncia de esa manera!   

Esta manera de actuar de Dios la continúa su Jesús, que alaba lo humilde, lo sencillo, que huye de la grandeza y del poder, que se acerca al marginado para dignificarlo, y que inicia la descendencia que Dios prometió a David. No es un templo construido por manos humanas, sino una comunidad de discípulos que forman el verdadero templo de Dios. En este cuarto domingo de Adviento demos gracias a Dios por hacerse presente en nuestras vidas de manera desconcertante pero cercana y acogedora. Y quela Navidad, ya cercana, la vivamos en la intimidad personal, familiar y eclesial.

 

 

 


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Homilia domingo 3º Adviento (1ª) 11 de diciembre 2011

Se me ocurre comenzar estas palabras haciendo una breve distinción, a modo de oposición,  entre “poder” y “autoridad”. Hay personas que se atribuyen un poder o viven en el poder, pero demuestran tener poca o ninguna autoridad. Por eso recurren al poder como ordeno y mando. Por el contrario hay quienes tienen autoridad sin tener poder. Tan solo su presencia, su palabra, su vida son testigos de la autoridad que irradian.

En todos los ámbitos de la vida se da esta diferencia entre quienes dicen tener poder y quienes tienen autoridad. Hoy se nota esta diferencia: sacerdotes y levitas que dicen tener poder y son enviados por otros que también se arrogan poder, le preguntan a Juan: “¿Tú quién eres?” Es decir, ¿qué poder tienes para presentarte así? Recordad que lo mismo le sucede a Jesús cuando le preguntan si es lícito pagar o no tributo al César.

Juan no tiene ningún poder. El se presenta y actúa con la autoridad que le da ser “voz que grita: allanad el camino del Señor”. Le siguen preguntando, esta vez los fariseos: ¿Por qué bautizas? Es decir ¿quién te ha dado poder para bautizar? Parece que en este mundo todo se basa en tener poder o recibir poder de alguien para hacer algo.

En nuestro mundo y, también por qué no en la misma iglesia, parece que hay que tener poder para hacer algo, cuando en realidad lo que tendría que darse, al menos en la iglesia, es autoridad. Mucho se critica a la iglesia de actuar con poder y se echa en falta actuar con autoridad a ejemplo de Jesús que sin tener ningún poder hablaba y enseñaba con autoridad y no como los escribas (Mt 7,29). La autoridad con la que actúa Jesús le viene del Padre, de estar ungido por el Espíritu y de ser consecuente con su mensaje.

Como cristianos deberíamos dejar a un lado el poder y tener un poco más de autoridad en el mundo. Pero no autoridad para mandar, sino esa otra que llamamos autoridad moral. Juan se reconoce testigo por estar lleno del Espíritu de Dios, que recibió su madre Isabel cuando María la fue a visitar y a ayudar.

Nosotros, cristianos, no somos la luz, sino testigos de la luz verdadera que es Cristo. Cada uno de nosotros puede decir con el profeta Isaías: “el Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido”. Ahí está nuestra autoridad para dar testimonio de Jesús. No en un poder que nos hayamos dado a nosotros mismos sino que esa autoridad para ser testigos nos viene del mismo Espíritu que ungió a Jesús en su bautismo.

No pretendamos poder, no actuemos con poder. Respondamos como Juan: somos testigos de la luz. Luz que orienta nuestra vida y la llena de alegría. Luz que es Cristo y que nos da autoridad moral para predicarle a El, que no vino a ser servido como quien tiene poder sino a servir con la autoridad de su mensaje y su vida.

La autoridad de un testimonio lleno de alegría vale más que el poder vacío que muchas veces vemos nuestro mundo. Un testimonio lleno de alegría es mensaje de esperanza para quienes nos vean vivir y actuar así.


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Homilia domingo 3º de Adviento (2ª). Domingo 11 de diciembre de 2011

En este tiempo de Adviento se insiste mucho en la esperanza. Es verdad que nos hace falta mucha esperanza para vivir y sobre todo vivir la fe-confianza en Dios y en nosotros mismos. Pero junto a esa esperanza el Adviento añade otra nota que también es propia de este tiempo: la alegría. Alegría, ¿por qué?

En primer lugar, porque nuestro Dios es un Dios que además de prometer, cumple sus promesas anunciándonos, primero, y enviándonos, luego, un Salvador. Los profetas se lo anunciaron al pueblo de Israel. Hoy Isaías lo corrobora: Dios envía un salvador que salva de verdad: anuncia buenas noticias a los que sufren, a los corazones desgarrados, a los cautivos, a los prisioneros. Esas buenas noticias si de verdad lo son, llenan de alegría

En segundo lugar, porque nuestro Dios para conocernos mejor no se queda en su cielo, sino que desciende a la tierra y se hace uno de nosotros. Vive lo que nosotros vivimos. Nada que vive el hombre le es ajeno a Dios. Ni siquiera el pecado le es ajeno porque lo ve en el mal que causa el mismo pecado, lo ve en el dolor que cura, en la muerte de amigos y en su propia muerte. Pero experimenta también la alegría de acoger a niños, de alimentar a la gente, de perdonar, de ser acogido en casa de pecadores y hacer que su vida cambie. Vive y ve la alegría del pueblo sencillo que se maravilla de las buenas obras que hace a favor de los demás.

En tercer lugar, porque es el Dios que nos hace partícipes de su alegría. “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”. Esto solo puede decirlo alguien que ha experimentado a Dios en su vida. Vestir un traje de gala, envolver en manto de triunfo y adornar con joyas nos está hablando de un Dios que ama la fiesta, que es feliz y que transmite felicidad. Es un Dios que quiere contagiar su alegría.

Este tiempo de Adviento es también tiempo de alegría. Alegría porque nos preparamos para recibir a Aquel que nos anuncia buenas noticias también a nosotros. Creo que no se puede celebrar bienla Navidadsi antes no hemos abierto nuestro corazón al Evangelio, que significa “buena noticia”.

Podemos hacernos dos preguntas: ¿qué buenas noticias espero yo? ó ¿qué buenas noticias transmito yo? A nosotros se nos ha dado ya para siempre la buena noticia de la salvación: estamos salvados. Nos toca a nosotros transmitir esa buena noticia a los demás con nuestra vida y con nuestra palabra. Sé que es duro y difícil anunciar a otros buenas noticias, pero para eso tenemos cuatro semanas para prepararnos a recibirla y a anunciarla.

Dios quiere contagiarnos una vez más su alegría anunciándonos la venida de su Hijo. Dios quiere mostrar su alegría compartiendo su vida con nosotros. Dios quiere ser presentado como un Dios alegre y por eso se nos muestra en el rostro de su Hijo Jesús. Termino con las palabras de san Pablo: “estad siempre alegres, y nos apaguéis el espíritu” el espíritu de la alegría del Dios alegre.     

 

 


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Homilía Solemnidad Inmaculada Concepción

Si contrastamos la lectura del Génesis con el evangelio de Lucas encontramos tres notas opuestas. Bien es verdad que esas notas opuestas se dan porque lo que se nos narra en las dos lecturas contiene mensajes distintos.

La primera nota es que frente al miedo que experimentan el hombre y la mujer, escondiéndose, tenemos el mensaje de alegría del ángel a María. El hombre y la mujer se esconden porque estaban desnudos. Pero no solo desnudos físicamente, sino sobre todo desnudos interiormente. Dios los había creado transparentes, felices y ellos ahora caen en la cuenta que no son los mismos que Dios había creado. Tienen miedo y se esconden. El miedo y la desnudez del hombre y la mujer son signos del cambio operado en ellos por romper esa transparencia con la que fueron creados.

En el evangelio de Lucas la primera nota es la alegría. Alegría porque el plan de salvación de Dios se va a realizar en la persona de su Hijo. Alegría porque se van a cumplir todas las esperanzas del pueblo de Israel con la venida de Jesús. Alegría porque Dios está con aquel que abre su corazón para aceptar su mensaje de paz y amor. Alegría porque todo un Dios, arriesgándose, espera la respuesta de una mujer a su pregunta.

La segunda nota del Génesis es la realidad del mal y del dolor. Se trata de dos misterios que no tienen fácil respuesta. ¿Por qué existe el mal y el dolor? Dios no ha creado el mal. El mal existe en el mundo porque lo quiso, y lo quiere, el hombre. Si no fijémonos en la manera de actuar del hombre a lo largo de la historia. El hombre es responsable del mal que existe en el mundo. Tal vez sea fruto del miedo y de sentirse desnudo, por seguir con el discurso anterior. Ante el miedo y el sentirse desnudo, por así decirlo, el hombre más que construir, destruye, más que causar felicidad, causa dolor.

Frente al mal y el dolor, el evangelio nos da un mensaje de liberación, de salvación. El que va a venir no va a causar dolor y mal, sino que va a salvar, a liberar. Cuando Jesús cura a enfermos, cuando libra a una mujer de ser lapidada, cuando se aloja en casa de un pecador, está salvando, está liberando, está eliminando el dolor y el mal y devolviendo la vida a esas personas que sufrían. María abre su corazón, su seno de mujer a la vida, a aquel esperado por el pueblo sencillo de Israel que le liberaría de todo mal.

La tercera nota del Génesis es la cerrazón del hombre y la mujer en sí mismos. El egoísmo aparece y marca la vida de los hombres. Frente a este egoísmo tenemos la disponibilidad de María: su “hágase” es la novedosa respuesta del hombre a Dios, personalizada en María. El hombre dispuesto a colaborar con Dios en la creación y salvación. El hombre abierto a compartir la vida. El hombre respondiendo sí al Dios que nos ama, que nos elige, que nos bendice y que nos destina a ser otros Cristos.  María resume este triple mensaje de alegría, de liberación y de disponibilidad con una sola palabra: “hágase”. Esta palabra tiene que estar en nuestro corazón y en nuestra vida para seguir respondiendo a Dios como lo hicieron María y, sobre todo, Jesús.

 

 


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Homilia 2º domingo Adviento ciclo B. Domingo 4 de diciembre 2011

Os recuerdo cuatro notas del Adviento que os decía el domingo pasado y que bien pueden ayudarnos en este segundo domingo. Decía: Adviento es como una ráfaga de viento, como una luz, una invitación a ponernos al servicio de los demás, un mensaje positivo. Vienen bien estas notas del domingo pasado para animarnos a vivir dos invitaciones que nos hacen las lecturas de hoy.

Las dos invitaciones son: “una voz grita en el desierto” y “preparar el camino del Señor” (o al Señor). Desde hace tiempo nos están bombardeando con anuncios, con  luces encendidas en escaparates y calles anunciándonosla Navidad.Pensemosque para llegar ala Navidadhay que tener un tiempo de preparación. No vale eso de quemar etapas, si queremos prepararnos verdaderamente para celebrarla Navidad.

“Una voz grita en el desierto”. ¿No se parecen nuestras calles al desierto? Sabemos que en el desierto hay soledad, silencio, tendencia a salvarse uno mismo, se dan espejismos, se busca un lugar seguro. Repito: ¿no se parecen nuestras calles al desierto? Se ve mucha soledad, se dan espejismos que nos llevan a sitios ficticios, se busca lugar seguro refugiándose rápidamente uno en casa, en grandes almacenes donde todo parece ideal, pero también bastante irreal.

A toda persona de buena voluntad se le invita a ser “voz que grita en el desierto”, desierto en que se han convertido nuestras calles, nuestro mundo. Pero, ¿qué gritar? ¿a quién hay que gritar? Se nos llama a gritar: “preparad el camino del Señor, o al Señor”. Cuando se prepara un camino es para que sea transitable para todo aquel que quiera pasear por él.

Ahora bien, ¿a qué señor hay que preparar el camino? Porque en nuestro mundo hay cosas que se han convertido, o las hemos convertido en señores. Repito, ¿a qué señor hay que preparar el camino? ¿Al consumo? ¿a situaciones forzadas que viviremos estos días? ¿a las tarjetas de Navidad de compromiso? ¿a las ganas de que pasen pronto estos días por los recuerdos que nos traen?

¿A qué Señor hay que preparar el camino?

1. al que viene a traernos un mensaje de liberación       

2. al que viene a decirnos que Navidad es todo el año

3. al que viene a denunciar la mentira, la injusticia, la falsedad de algunas vidas.

4. al que viene a decirnos que el perdón y el amor son signos de la presencia de Dios

5. al que viene a invitarnos a seguir su ejemplo de “servir y no ser servidos”

6. al que viene de manera sencilla y humilde a plantar su tienda entre nosotros.

A este Señor es al que hay que preparar el camino. Para ello hay que enderezar lo torcido del corazón. Hay que allanar los senderos de la paz y la justicia. Hay que consolar al triste. Hay que ser portadores de perdón. Hay que ser brisa suave, luz que alumbre a todo el que busque al Señor. Hay que aportar optimismo.

 Las luces de estos días en breve se apagarán. La luz de Dios brillará siempre entre nosotros y llegará a todo hombre como mensaje salvador. Adviento es y será siempre “una voz que grita en el desierto” de toda vida y un “preparar el camino al Señor” que viene a liberarnos.

 


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Homilia 2º domingo Adviento.ciclo B. Domingo 4 de diciembre 2011

Os recuerdo cuatro notas del Adviento que os decía el domingo pasado y que bien pueden ayudarnos en este segundo domingo. Decía: Adviento es como una ráfaga de viento, como una luz, una invitación a ponernos al servicio de los demás, un mensaje positivo. Vienen bien estas notas del domingo pasado para animarnos a vivir dos invitaciones que nos hacen las lecturas de hoy.

Las dos invitaciones son: “una voz grita en el desierto” y “preparar el camino del Señor” (o al Señor). Desde hace tiempo nos están bombardeando con anuncios, con  luces encendidas en escaparates y calles anunciándonosla Navidad.Pensemosque para llegar ala Navidadhay que tener un tiempo de preparación. No vale eso de quemar etapas, si queremos prepararnos verdaderamente para celebrarla Navidad.

“Una voz grita en el desierto”. ¿No se parecen nuestras calles al desierto? Sabemos que en el desierto hay soledad, silencio, tendencia a salvarse uno mismo, se dan espejismos, se busca un lugar seguro. Repito: ¿no se parecen nuestras calles al desierto? Se ve mucha soledad, se dan espejismos que nos llevan a sitios ficticios, se busca lugar seguro refugiándose rápidamente uno en casa, en grandes almacenes donde todo parece ideal, pero también bastante irreal.

A toda persona de buena voluntad se le invita a ser “voz que grita en el desierto”, desierto en que se han convertido nuestras calles, nuestro mundo. Pero, ¿qué gritar? ¿a quién hay que gritar? Se nos llama a gritar: “preparad el camino del Señor, o al Señor”. Cuando se prepara un camino es para que sea transitable para todo aquel que quiera pasear por él.

Ahora bien, ¿a qué señor hay que preparar el camino? Porque en nuestro mundo hay cosas que se han convertido, o las hemos convertido en señores. Repito, ¿a qué señor hay que preparar el camino? ¿Al consumo? ¿a situaciones forzadas que viviremos estos días? ¿a las tarjetas de Navidad de compromiso? ¿a las ganas de que pasen pronto estos días por los recuerdos que nos traen?

¿A qué Señor hay que preparar el camino?

1. al que viene a traernos un mensaje de liberación       

2. al que viene a decirnos que Navidad es todo el año

3. al que viene a denunciar la mentira, la injusticia, la falsedad de algunas vidas.

4. al que viene a decirnos que el perdón y el amor son signos de la presencia de Dios

5. al que viene a invitarnos a seguir su ejemplo de “servir y no ser servidos”

6. al que viene de manera sencilla y humilde a plantar su tienda entre nosotros.

A este Señor es al que hay que preparar el camino. Para ello hay que enderezar lo torcido del corazón. Hay que allanar los senderos de la paz y la justicia. Hay que consolar al triste. Hay que ser portadores de perdón. Hay que ser brisa suave, luz que alumbre a todo el que busque al Señor. Hay que aportar optimismo.

Las luces de estos días en breve se apagarán. La luz de Dios brillará siempre entre nosotros y llegará a todo hombre como mensaje salvador. Adviento es y será siempre “una voz que grita en el desierto” de toda vida y un “preparar el camino al Señor” que viene a liberarnos.

 


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Himilía Domingo 1º de Adviento. Domingo 27 de noviembre 2011

Otra vez iniciamos Adviento, podemos pensar más de uno. Yo me formulo varias preguntas. La primera, ¿qué es el Adviento? Imagino que quien más quien menos sabemos que este tiempo tiene como nota característica la llamada a la esperanza. Sí, pero, pensamos, seguro que con los tiempos que corren, eso de esperar, eso de tener esperanza no es fácil.

Hay personas para quienes la esperanza pertenece al pasado. Se dicen, hay que vivir el presente y aprovechar lo que tenemos. ¿Quién sabe lo que puede pasar mañana?. Otras opinan que más que tener esperanza, así en general, hay que tenerla en aquello que se puede conseguir a corto o medio plazo. Y los hay que, a pesar de todo, piensan que la esperanza merece la pena, porque se confía en las personas y en su voluntad de hacer bien las cosas.

Dos preguntas más: ¿por qué esperar? Y ¿para qué esperar? ¿Por qué tengo que mantener la esperanza y para qué mantenerla? Hoy se da un cierto pesimismo ante las circunstancias que estamos viviendo. Por eso cabe preguntarse al inicio de este tiempo de Adviento, ¿qué espero yo, o más bien a quién espero yo?

En la vida normal cuando estamos esperando algo, estamos vigilantes, es decir, estamos atentos para ver qué sucede. En este tiempo de Adviento se nos dice que estemos vigilantes, que velemos. No porque se van a solucionar nuestros problemas, o los de nuestro país, o los del mundo, no. Se nos invita a estar vigilantes, a velar, porque quien viene a nuestras vidas es el Señor. El no va a solucionar nuestros problemas, ni los de nuestro país ni los del mundo. No. Pero nos va a dar ánimos para intentar poner de nuestra parte lo que podamos para que la esperanza que nos anima nos haga levantar la mirada y el corazón a algo nuevo.

La llamada que Jesús nos hace a “velar” a estar atentos, vigilantes, es una llamada a esperarle a El. No tiene nada que ver con prepararnos a lo peor, a la muerte, como pueden pensar algunos, no. Jesús va más allá. Se trata de una vigilancia ante el cambio que El nos presenta con su mensaje: “convertid el corazón”. No penséis y actuéis como hace la gente que no tiene en cuenta a Dios ni al prójimo.

Se trata como dice la lectura de Isaías de “practicar la justicia y acordarse de los caminos de Dios”. Adviento es prepararse para recibir al que viene en nombre del Señor y mantener la esperanza en un Dios que es fiel, que mantiene la promesa de salvar, de liberar al hombre, a cada uno de nosotros, de nuestros egoísmos. De ahí  la llamada a estar vigilantes.

Adviento es como una ráfaga de aire fresco que entra en nuestro corazón para renovarnos y para echar fuera todo aquello que nos impide seguir esperando al Dios hecho hombre que nos ha traído un mensaje de paz y de amor. Adviento es como una luz, que aunque sea pequeña, quiere alumbrar nuestra vida. Adviento es una invitación a poner al servicio de los demás lo que hemos recibido de Dios. Adviento es también un mensaje positivo a transmitir a este mundo nuestro pesimista: mensaje esperanzador de libertad del Dios que nos ha hecho libres a imagen y semejanza suya. Como dice Isaías: “ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia”. Ojalá llenes nuestros corazones de esperanza, de paz y amor.

Terminamos diciendo todos: ¡Ven Señor, Jesús!