Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Viernes de dolores: de la mano de María y con la mirada empapada en las cruces de nuestro mundo. Misa desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Viernes de dolores. A las puertas de la Semana Santa. Con los ojos puestos en Jesús. Con nuestra historia a las espaldas. Preparando el corazón para contemplar el misterio del amor entregado, del perdón sin límites, de la mesa fraterna, de la soledad, el escarnio, la injusticia y la muerte, condensados en la vida del Hombre capaz de cargar sobre sus espaldas todo el pecado. Viernes de dolores. Dolor y grito del mundo que espera luz, redención, sanación, salvación, resurrección. Hoy en este día que otros años ha podido estar más salpicado de otros sentimientos, planes, expectativas, actividades, vacaciones y encuentros,… prepara el corazón para vivir el Misterio hacia dentro. Porque Dios va a hablarte como nunca, porque Dios necesita entregarse como nunca, porque Dios quiere abrazarte como siempre.

Con la mirada empapada en las cruces de nuestro mundo que hoy son tantas y no solo por el coronavirus, preparemos el corazón para vivir la Semana Mayor de la fe. Esta tarde te invito a caminar con Jesús, a contemplar sus misterios dolorosos de la mano de María. Ella también está al pie del cañón, de pie junto a todas la camas de hospital, manteniendo el tipo y siendo un torrente de compasión y abrazo maternal para toda la humanidad. A ti te suplicamos María de los Dolores: danos tu mano y haznos sentir la fortaleza de tu fe. Buenos días a todos.

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Buscando signos de la alianza eterna de Dios con su pueblo. Misa del jueves de la quinta semana de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días a todos. Antes de ponerme a escribir me asomo, miro fuera para cerciorarme y es verdad: no hay nubes, no llueve, se nos regala un día soleado. Nada que ver con el de ayer. Y fíjate que quiero encontrar hoy en esto tan simple un primer signo. ¿Y de qué? Sencillo: un signo de que es verdad lo que hemos proclamado hoy en el salmo durante la eucaristía, “El Señor se acuerda de su alianza eternamente”. Sí, el comenzó con Abrahán, su amigo, una alianza que dura para siempre. Dios desde entonces está con nosotros, de nuestra parte, a nuestro favor: nos promete tierra y fecundidad, compañía y amor eterno. Y continua diciendo el salmo: “Recurrid al Señor y a su poder, buscad continuamente su rostro”. Nunca me había detenido tanto en los salmos. ¿Será porque este tiempo de crisis e incertidumbre acentúa nuestra dimensión creyente y nuestro deseo de encuentro y diálogo con quién el corazón sabe que es manantial de nuestra vida?

Te invito a que tú también busques a lo largo de la jornada humildes signos de la alianza que Dios ha hecho contigo y con tu pueblo. No quieras encontrarlo en titulares de periódico o telediarios. Ponte las gafas del cerca, mira a quienes tienes al lado, a quien te llama por teléfono o te escribe un mensaje, a quién te dedica una canción, o te manda una foto recordándote la historia tan hermosa que habéis vivido juntos; mira el video que te han hecho tus profes recordando que te echan de menos cantidad; asómate al balcón y mira a tus vecinos vibrando a las 8 de la tarde, y mientras, baja la mirada y descubre que las macetas que riegas con cariño se han llenado de flores que están desperezándose; disfruta de la comida que con amor y ternura te ha preparado tu madre o tu compañero, o la persona que te cuida; fíjate en el mimo que pone la enfermera al controlar tu tratamiento y como te dice “toda va a salir bien”. Signos calladas, pequeños, escondidos de la alianza de eterna de Dios con su pueblo que despunta y nos guiña a través del corazón; palabras y acciones de quienes están a nuestro lado.

El Señor solo nos pide que guardemos esta alianza, que seamos fieles a ella, porque en tal fidelidad está la VIDA. Jesús, que es el signo y la respuesta definitiva del hombre al amor del Padre, nos lo dice más rotundamente: “quien guarda mi Palabra no verá la muerte para siempre”. Así que en tiempos de asechanza de sombras de muerte, fiémonos de Dios que en Jesús se dirige a nosotros con una PALABRA que nos moviliza, nos pone de pie y nos llena por completo. Creamos en la PALABRA que es Jesús y demos una patada al miedo que quiere encogernos. Abre los ojos. No se te escape ni un signo de la ALIANZA NUEVA. Y tu corazón, como el mío, recobrará el aliento y la esperanza que necesitamos para continuar esta carrera de fondo. Un beso, amigos y amigas.

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Mi amigo Pablo Granado, me mando como un abrazo una foto recordando historias hermosas vividas juntos. Gracias compañero!!!

Signo de vida

 

 


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Tiempo de purificación de nuestra fe. Misa del miércoles de la quinta semana de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días familia. Es miércoles. Si todo fuera normal, estaría como un chiquillo ansiando ya el domingo de ramos y palmas, el comienzo de la Semana más Santa. Pero todo es distinto. Todo se ha vuelto esencial, interior, callado, discreto, y al tiempo desconcertante, doloroso, desazonador, inquietante. Resulta complicado reanudar el día con aliento, con energía, con ganas, con ilusión. Incluso escribir estas letras se me hace cuesta arriba. Trato de aferrarme a vuestros rostros, a vuestras historias, a vuestro deseo de salir juntos de ésta. Quizá estoy demasiado habituado a lo fácil, quizá la fe es evidente cuando las cosas van bien, y por eso este es un tiempo de purificación.

Pensaba todo esto escuchando el relato que nos ofrecía esta mañana en la eucaristía el libro de Daniel. Aquél que nos habla de tres jóvenes que ante la exigencia del malvado de Rey de que adoren a otros dioses bajo amenaza de ser echados al fuego, afirman con rotundidad: Dios nos librará, y aunque no nos librase, permaneceremos fieles a Él. Esto es FIDELIDAD al Dios que nos hace LIBRES. Al Dios en quien creemos pase lo que pase, porque en Él esta nuestro origen y nuestro destino; porque nuestra fe no se basa en la adecuación de su acción a nuestra voluntad sino el amor mutuo que no nos permite separarnos de Él ni en vida ni en muerte. Esto es lo que experimenta Jesús, el Hijo. Está es la profunda revelación que nos trajo el Enviado del Padre. Esto es lo que vamos a contemplar en los próximos días de la Semana Santa que ya está a la puerta. ¿Seré capaz de purificar mi fe?¿Me mantendré fiel al Dios que me pide una respuesta libre de amor y confianza, más allá de mis deseos y del resultado y desenlace de la crisis que vivimos? Buenos días. Coraje y valor. Como el de los tres jóvenes, fuertes en la fe, asistidos por la energía con la que Dios reviste a su pueblo. Un beso especial a quienes tenéis familiares en el hospital. No dejamos de orar por vosotros y por la gente querida que lucha ayudados por ángeles sanitarios. A vosotros también gracias de corazón. Es impagable cuánto hacéis.

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“El que me envío esta conmigo; no me ha dejado solo” Misa del martes de la quinta semana de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, amigos. Llueve sobre Madrid. Hace frío. Pareciera que la primavera se agazapara. No es tiempo aún de florecer. El día gris y desapacible nos ayuda a permanecer en casa. No queda otra. Mientras arrancamos hojas del calendario vamos subiendo a Jerusalén y nos acercamos a los días de la Pascua.

El Evangelio nos presenta a Jesús en un contexto hostil, a la gresca con los fariseos que no comprenden nada porque miran todo de tejas abajo según una visión religiosa a la medida de sus necesidades. Nosotros a veces tampoco lo entendemos. No comprendemos cuál es el modo que tiene el Señor de hacerse presente en medio de la tragedia de nuestros días de pandemia. El nos dice hoy: “Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, sabréis que “Yo soy”” Estas palabras nos evocan días de plaga de serpiente para el Pueblo de Israel. En aquel tiempo Dios por medio de Moisés mando levantar una enseña de modo que quienes la miraran quedarían sanos. Estamos ya a pocos días de que la enseña sea levantada, de que el Hijo del Hombre sea levantado en la cruz a los ojos de todos. Este es el modo en que el Señor se hace presente en medio de nuestro dolor que agota ya a tantos: siendo levantado desde el árbol de muerte de la cruz que se transforma en árbol de vida. Es la solidaridad de Dios con nosotros la que nos sana y despierta la esperanza. Es su amor inquebrantable el que nos impulsa. Jesús es el Dios que acompaña a su pueblo y lo salva desde abajo y desde dentro. Jesús nos recuerda: “El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo.”

Cada uno de nosotros somos enviados a vivir este tiempo nuestro, sintiéndonos enviados del Padre, para mostrar la solidaridad y el amor de Dios que sana y salva en la entrega concreta. Quien nos envía así no nos deja SOLOS. No te sientas solo. Vive este final de la travesía de la cuaresma con la intensidad del amor de Jesús. Busca servir en lo concreta: detalles en casa, poner paz, regalar sonrisas, creatividad en la ayuda y la colaboración con quien más lo necesita; palabras y llamadas de aliento, humor para hacer más llevadero el encierro,… mil y un modos de hacer sentir a quien tienes a tu lado, o al otro lado del teléfono o en la otra punta de la red de internet, que juntos saldremos de esta y que Dios está con nosotros.

¡Mucho ánimo! Un abrazo, amigo. Un abrazo, amiga.

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Cruz Jesus

 


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Jesús nos mira desde el suelo y nos levanta con su mirada: “Yo tampoco te condeno” Misa del lunes de la quinta semana de Cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, compañero. Buenos días compañera. Estrenamos semana y perseveramos en el confinamiento que adopta modos muy diversos. Desde la soledad hasta el bullicio de un piso lleno de chiquillos en donde hay que alternar la atención al trabajo desde casa, el acompañamiento de las tareas escolares y la organización del hogar y faenas domésticas. Sin embargo, estemos solos o acompañados, estoy seguro de que en todo este tiempo ya habéis tenido instantes en que la mirada se ha vuelto hacia dentro. Estoy convencido de que aunque sea fugazmente, la introspección os ha visitado. En estas ocasiones, cuando la mirada baja al hondón del corazón, cuando miramos nuestra trayectoria vital, despunta un cierto pesar por nuestra equivocaciones, torpezas, olvidos,… Aquellos amigos a los que olvide, aquel rencor acumulado que me alejó de cierta persona, aquellas palabras desproporcionadas e injustas que hirieron al que menos lo merecía, ese desistimiento de nuestra obligación, o la falta de valor para decir la verdad, o la indiferencia ante quien me reclama atención y ayuda, o la certeza de que vivo solo para mí, o caer en la cuenta de que vivo prisionero del deseo de acumular bienes,…

Y entonces puede que nos sintamos como aquella mujer de la que nos habla hoy Juan en el Evangelio, arrastrada y tirada al suelo por aquellos que la habían sorprendido en adulterio. Desde su altura moral y aparente cumplimento de la ley, la ponen delante de Jesús para que pronuncie sobre ella una sentencia condenatoria que la conducirá a la muerte violenta. Aquella mujer, como quizá nosotros, somos conscientes de nuestros fallos, de la quiebra de nuestra vida. Y estoy seguro de que esta es parte también de la melancolía y de la tristeza que de uno u otro modo nos acompañan en nuestro soterramiento, porque nadie está libre de pecado, de error, de equivocación, de tropiezo. Pero tenemos la oportunidad de encontrarnos cara a cara con Jesús, que se sitúa a nuestra altura, en el suelo. El nos pregunta: “Ahora que yo estoy contigo, ¿quién te condena?” También nosotros, con esta mujer sin nombre, podemos decir aferrándonos a su amor: “Nadie Señor”.

Hoy Jesús, cuando te retires un momento, cuando encuentres un ratito de silencio en casa, te va a repetir al oído unas palabras que nos restauran y nos abren el horizonte y abren un futuro posible para nosotros: “Yo tampoco te condeno”. Empieza de nuevo, no vuelvas a vivir de espaldas al amor. Es lunes, amigo y amiga, seguimos confinados y el coronavirus no deja de hacer de las suyas. Mientras tanto, Jesús, el gran Sanador no deja de aprovechar esta ocasión para restaurar nuestras vidas y hacerlas nuevas por dentro desde la fuerza de su mirada. Vamos a por la semana juntos.

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Adultera


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Dios en Jesús se conmueve en este domingo del llanto y ora al Padre, trayéndonos Vida. Misa del quinto domingo de cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

Acabo de celebrar la eucaristía en nuestra comunidad. En el corazón, todos vosotros, queridos amigos y amigas, querida familia. ¿Os habéis dado cuenta de la fuerza del Evangelio ? Al escucharlo en este quinto domingo de cuaresma es cómo si Jesús mismo estuviera delante de cada lugar de dolor, enfermedad y muerte, haciendo aquello que quizá hemos olvidado: LLORAR. Sí, Dios en Jesús llora. Se conmueve en su interior y derrama lágrimas a las puertas de este mundo, también en esta hora. Quizá en estos días, nos hemos preguntado: ¿Señor, donde estás? Y resulta que está junto a nosotros llorando, porque nos ama; como amaba a María y a Marta y a Lázaro. Porque te ama a ti y mí, y a todas esas personas en quienes están nuestros desvelos porque están enfermas y sufren.

Somos su Pueblo y nos ama. Él, delante de este sepulcro, nos llama: “corred esa piedra”. Y para mover la piedra de un sepulcro hace falta mucha gente; hace falta esa muchedumbre que coopera con el Dios de la Vida hoy en hospitales, farmacias, transportes, limpieza, supermercados, en el orden de la ciudad, voluntarios y tantos movidos por Jesús a correr esta piedra infame, y a quien desde nuestro balcones aplaudimos inmensamente agradecidos. Jesús levanta los ojos al cielo, y nos pide que también nosotros lo hagamos dirigiéndonos al Padre, confiando en Él, Señor de la Vida y de la historia. Jesús grita eso que estamos deseando oír todos, enfermos y atemorizados: “Sal fuera”.

Cristo tiene la capacidad de hacer que volvamos a la vida. El hoy tiene las palabras más atrevidas del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida, quien crea en mi aunque haya muerto vivirá, y el que viva no morirá para siempre.” Queremos creer en tu palabra poderosa, Señor Jesús. Queremos tener un corazón compasivo como el tuyo, en este día que el Papa Francisco ha proclamado domingo del llanto. Pero sobre todos queremos correr la piedra y cooperar contigo para que podamos desatar las vendas de todos nuestros Lázaros, fuera ya de la muerte y del peligro. ¡Cuánto ansiamos la Pascua, Señor! Ya la presentimos. Un beso, amigos y amigas.

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Resurreccion de Lázaro