Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilia 4º domingo Adviento.Domingo 18 de diciembre 2011

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Podemos decir, a la luz del Antiguo y Nuevo Testamentos, que la manera de actuar de Dios nos puede chocar. Muy al contrario de lo que suele gustar a la mayoría de las personas, que gustamos de grandes manifestaciones, que pedimos a Dios que actúe con grandeza, que muestre todo su poder. La manera de actuar de Dios, repito, nos choca porque huye de lo grandioso, del poder y la fuerza y se manifiesta, normalmente, en lo sencillo.  

Hoy tenemos dos ejemplos en la primera lectura y el evangelio. El rey David, pensando al modo humano, quiere que Dios deje de habitar en una tienda y pase a hacerlo en un templo sólido. La respuesta de Dios no se hace esperar. El no quiere edificios suntuosos. Recordemos las palabras de Jesús a la samaritana: “los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) Si David pensaba en un edificio construido por manos humanas, Dios piensa en otro tipo de edificio: una descendencia que durará para siempre en mi presencia.

A Dios le interesan más las personas que los edificios, aunque los edificios tengan una función. Somos las personas las que, en cualquier lugar y reunidos en el nombre del Señor formamos el verdadero templo de Dios. Porque Dios quiere estar presente en la vida de las personas. Los edificios suntuosos son muestras del poder humano, pero están lejos de la manera de manifestarse Dios. Las personas con nuestra vida y palabra somos parte de esa descendencia prometida. La nota principal de Dios es que es un Dios vivo, y El no quiere ser o estar encerrado en ningún lugar. El que no cabe en el universo no se deja manipular por su criatura, ni le gusta permanecer quieto en un lugar cerrado.

El otro ejemplo lo tenemos en el evangelio de Lucas. Pensemos en otro esquema de anuncio: podría hacer tenido lugar en Jerusalén y en el templo. Un hombre podría haber sido el destinatario, propio de sociedad patriarcal. Podría haber sido por medio de gestos o acciones maravillosas. Pero tenemos lo contrario, para hacernos ver la sencillez de esta manifestación de Dios.

La anunciación tiene lugar en un pueblo de Galilea, y sabemos que Galilea y los galileos no eran bien vistos por los judíos. El anuncio se hace en una casa humilde y a una mujer joven y desconocida. Aunque nosotros hemos idealizado la anunciación, intentemos ponernos por un momento, si podemos, en la mente de Dios. ¿Elegir lo humilde, lo sencillo, lo desconocido para anunciar la venida de su Hijo? Y ¿a una mujer? ¡Qué Dios es ese que se anuncia de esa manera!   

Esta manera de actuar de Dios la continúa su Jesús, que alaba lo humilde, lo sencillo, que huye de la grandeza y del poder, que se acerca al marginado para dignificarlo, y que inicia la descendencia que Dios prometió a David. No es un templo construido por manos humanas, sino una comunidad de discípulos que forman el verdadero templo de Dios. En este cuarto domingo de Adviento demos gracias a Dios por hacerse presente en nuestras vidas de manera desconcertante pero cercana y acogedora. Y quela Navidad, ya cercana, la vivamos en la intimidad personal, familiar y eclesial.

 

 

 

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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