Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilia domingo 3º de Adviento (2ª). Domingo 11 de diciembre de 2011

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En este tiempo de Adviento se insiste mucho en la esperanza. Es verdad que nos hace falta mucha esperanza para vivir y sobre todo vivir la fe-confianza en Dios y en nosotros mismos. Pero junto a esa esperanza el Adviento añade otra nota que también es propia de este tiempo: la alegría. Alegría, ¿por qué?

En primer lugar, porque nuestro Dios es un Dios que además de prometer, cumple sus promesas anunciándonos, primero, y enviándonos, luego, un Salvador. Los profetas se lo anunciaron al pueblo de Israel. Hoy Isaías lo corrobora: Dios envía un salvador que salva de verdad: anuncia buenas noticias a los que sufren, a los corazones desgarrados, a los cautivos, a los prisioneros. Esas buenas noticias si de verdad lo son, llenan de alegría

En segundo lugar, porque nuestro Dios para conocernos mejor no se queda en su cielo, sino que desciende a la tierra y se hace uno de nosotros. Vive lo que nosotros vivimos. Nada que vive el hombre le es ajeno a Dios. Ni siquiera el pecado le es ajeno porque lo ve en el mal que causa el mismo pecado, lo ve en el dolor que cura, en la muerte de amigos y en su propia muerte. Pero experimenta también la alegría de acoger a niños, de alimentar a la gente, de perdonar, de ser acogido en casa de pecadores y hacer que su vida cambie. Vive y ve la alegría del pueblo sencillo que se maravilla de las buenas obras que hace a favor de los demás.

En tercer lugar, porque es el Dios que nos hace partícipes de su alegría. “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”. Esto solo puede decirlo alguien que ha experimentado a Dios en su vida. Vestir un traje de gala, envolver en manto de triunfo y adornar con joyas nos está hablando de un Dios que ama la fiesta, que es feliz y que transmite felicidad. Es un Dios que quiere contagiar su alegría.

Este tiempo de Adviento es también tiempo de alegría. Alegría porque nos preparamos para recibir a Aquel que nos anuncia buenas noticias también a nosotros. Creo que no se puede celebrar bienla Navidadsi antes no hemos abierto nuestro corazón al Evangelio, que significa “buena noticia”.

Podemos hacernos dos preguntas: ¿qué buenas noticias espero yo? ó ¿qué buenas noticias transmito yo? A nosotros se nos ha dado ya para siempre la buena noticia de la salvación: estamos salvados. Nos toca a nosotros transmitir esa buena noticia a los demás con nuestra vida y con nuestra palabra. Sé que es duro y difícil anunciar a otros buenas noticias, pero para eso tenemos cuatro semanas para prepararnos a recibirla y a anunciarla.

Dios quiere contagiarnos una vez más su alegría anunciándonos la venida de su Hijo. Dios quiere mostrar su alegría compartiendo su vida con nosotros. Dios quiere ser presentado como un Dios alegre y por eso se nos muestra en el rostro de su Hijo Jesús. Termino con las palabras de san Pablo: “estad siempre alegres, y nos apaguéis el espíritu” el espíritu de la alegría del Dios alegre.     

 

 

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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