Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Tiempo de purificación de nuestra fe. Misa del miércoles de la quinta semana de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días familia. Es miércoles. Si todo fuera normal, estaría como un chiquillo ansiando ya el domingo de ramos y palmas, el comienzo de la Semana más Santa. Pero todo es distinto. Todo se ha vuelto esencial, interior, callado, discreto, y al tiempo desconcertante, doloroso, desazonador, inquietante. Resulta complicado reanudar el día con aliento, con energía, con ganas, con ilusión. Incluso escribir estas letras se me hace cuesta arriba. Trato de aferrarme a vuestros rostros, a vuestras historias, a vuestro deseo de salir juntos de ésta. Quizá estoy demasiado habituado a lo fácil, quizá la fe es evidente cuando las cosas van bien, y por eso este es un tiempo de purificación.

Pensaba todo esto escuchando el relato que nos ofrecía esta mañana en la eucaristía el libro de Daniel. Aquél que nos habla de tres jóvenes que ante la exigencia del malvado de Rey de que adoren a otros dioses bajo amenaza de ser echados al fuego, afirman con rotundidad: Dios nos librará, y aunque no nos librase, permaneceremos fieles a Él. Esto es FIDELIDAD al Dios que nos hace LIBRES. Al Dios en quien creemos pase lo que pase, porque en Él esta nuestro origen y nuestro destino; porque nuestra fe no se basa en la adecuación de su acción a nuestra voluntad sino el amor mutuo que no nos permite separarnos de Él ni en vida ni en muerte. Esto es lo que experimenta Jesús, el Hijo. Está es la profunda revelación que nos trajo el Enviado del Padre. Esto es lo que vamos a contemplar en los próximos días de la Semana Santa que ya está a la puerta. ¿Seré capaz de purificar mi fe?¿Me mantendré fiel al Dios que me pide una respuesta libre de amor y confianza, más allá de mis deseos y del resultado y desenlace de la crisis que vivimos? Buenos días. Coraje y valor. Como el de los tres jóvenes, fuertes en la fe, asistidos por la energía con la que Dios reviste a su pueblo. Un beso especial a quienes tenéis familiares en el hospital. No dejamos de orar por vosotros y por la gente querida que lucha ayudados por ángeles sanitarios. A vosotros también gracias de corazón. Es impagable cuánto hacéis.

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“El que me envío esta conmigo; no me ha dejado solo” Misa del martes de la quinta semana de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, amigos. Llueve sobre Madrid. Hace frío. Pareciera que la primavera se agazapara. No es tiempo aún de florecer. El día gris y desapacible nos ayuda a permanecer en casa. No queda otra. Mientras arrancamos hojas del calendario vamos subiendo a Jerusalén y nos acercamos a los días de la Pascua.

El Evangelio nos presenta a Jesús en un contexto hostil, a la gresca con los fariseos que no comprenden nada porque miran todo de tejas abajo según una visión religiosa a la medida de sus necesidades. Nosotros a veces tampoco lo entendemos. No comprendemos cuál es el modo que tiene el Señor de hacerse presente en medio de la tragedia de nuestros días de pandemia. El nos dice hoy: “Cuando levantéis en alto al Hijo del Hombre, sabréis que “Yo soy”” Estas palabras nos evocan días de plaga de serpiente para el Pueblo de Israel. En aquel tiempo Dios por medio de Moisés mando levantar una enseña de modo que quienes la miraran quedarían sanos. Estamos ya a pocos días de que la enseña sea levantada, de que el Hijo del Hombre sea levantado en la cruz a los ojos de todos. Este es el modo en que el Señor se hace presente en medio de nuestro dolor que agota ya a tantos: siendo levantado desde el árbol de muerte de la cruz que se transforma en árbol de vida. Es la solidaridad de Dios con nosotros la que nos sana y despierta la esperanza. Es su amor inquebrantable el que nos impulsa. Jesús es el Dios que acompaña a su pueblo y lo salva desde abajo y desde dentro. Jesús nos recuerda: “El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo.”

Cada uno de nosotros somos enviados a vivir este tiempo nuestro, sintiéndonos enviados del Padre, para mostrar la solidaridad y el amor de Dios que sana y salva en la entrega concreta. Quien nos envía así no nos deja SOLOS. No te sientas solo. Vive este final de la travesía de la cuaresma con la intensidad del amor de Jesús. Busca servir en lo concreta: detalles en casa, poner paz, regalar sonrisas, creatividad en la ayuda y la colaboración con quien más lo necesita; palabras y llamadas de aliento, humor para hacer más llevadero el encierro,… mil y un modos de hacer sentir a quien tienes a tu lado, o al otro lado del teléfono o en la otra punta de la red de internet, que juntos saldremos de esta y que Dios está con nosotros.

¡Mucho ánimo! Un abrazo, amigo. Un abrazo, amiga.

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Cruz Jesus

 


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Jesús nos mira desde el suelo y nos levanta con su mirada: “Yo tampoco te condeno” Misa del lunes de la quinta semana de Cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, compañero. Buenos días compañera. Estrenamos semana y perseveramos en el confinamiento que adopta modos muy diversos. Desde la soledad hasta el bullicio de un piso lleno de chiquillos en donde hay que alternar la atención al trabajo desde casa, el acompañamiento de las tareas escolares y la organización del hogar y faenas domésticas. Sin embargo, estemos solos o acompañados, estoy seguro de que en todo este tiempo ya habéis tenido instantes en que la mirada se ha vuelto hacia dentro. Estoy convencido de que aunque sea fugazmente, la introspección os ha visitado. En estas ocasiones, cuando la mirada baja al hondón del corazón, cuando miramos nuestra trayectoria vital, despunta un cierto pesar por nuestra equivocaciones, torpezas, olvidos,… Aquellos amigos a los que olvide, aquel rencor acumulado que me alejó de cierta persona, aquellas palabras desproporcionadas e injustas que hirieron al que menos lo merecía, ese desistimiento de nuestra obligación, o la falta de valor para decir la verdad, o la indiferencia ante quien me reclama atención y ayuda, o la certeza de que vivo solo para mí, o caer en la cuenta de que vivo prisionero del deseo de acumular bienes,…

Y entonces puede que nos sintamos como aquella mujer de la que nos habla hoy Juan en el Evangelio, arrastrada y tirada al suelo por aquellos que la habían sorprendido en adulterio. Desde su altura moral y aparente cumplimento de la ley, la ponen delante de Jesús para que pronuncie sobre ella una sentencia condenatoria que la conducirá a la muerte violenta. Aquella mujer, como quizá nosotros, somos conscientes de nuestros fallos, de la quiebra de nuestra vida. Y estoy seguro de que esta es parte también de la melancolía y de la tristeza que de uno u otro modo nos acompañan en nuestro soterramiento, porque nadie está libre de pecado, de error, de equivocación, de tropiezo. Pero tenemos la oportunidad de encontrarnos cara a cara con Jesús, que se sitúa a nuestra altura, en el suelo. El nos pregunta: “Ahora que yo estoy contigo, ¿quién te condena?” También nosotros, con esta mujer sin nombre, podemos decir aferrándonos a su amor: “Nadie Señor”.

Hoy Jesús, cuando te retires un momento, cuando encuentres un ratito de silencio en casa, te va a repetir al oído unas palabras que nos restauran y nos abren el horizonte y abren un futuro posible para nosotros: “Yo tampoco te condeno”. Empieza de nuevo, no vuelvas a vivir de espaldas al amor. Es lunes, amigo y amiga, seguimos confinados y el coronavirus no deja de hacer de las suyas. Mientras tanto, Jesús, el gran Sanador no deja de aprovechar esta ocasión para restaurar nuestras vidas y hacerlas nuevas por dentro desde la fuerza de su mirada. Vamos a por la semana juntos.

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Adultera


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Dios en Jesús se conmueve en este domingo del llanto y ora al Padre, trayéndonos Vida. Misa del quinto domingo de cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

Acabo de celebrar la eucaristía en nuestra comunidad. En el corazón, todos vosotros, queridos amigos y amigas, querida familia. ¿Os habéis dado cuenta de la fuerza del Evangelio ? Al escucharlo en este quinto domingo de cuaresma es cómo si Jesús mismo estuviera delante de cada lugar de dolor, enfermedad y muerte, haciendo aquello que quizá hemos olvidado: LLORAR. Sí, Dios en Jesús llora. Se conmueve en su interior y derrama lágrimas a las puertas de este mundo, también en esta hora. Quizá en estos días, nos hemos preguntado: ¿Señor, donde estás? Y resulta que está junto a nosotros llorando, porque nos ama; como amaba a María y a Marta y a Lázaro. Porque te ama a ti y mí, y a todas esas personas en quienes están nuestros desvelos porque están enfermas y sufren.

Somos su Pueblo y nos ama. Él, delante de este sepulcro, nos llama: “corred esa piedra”. Y para mover la piedra de un sepulcro hace falta mucha gente; hace falta esa muchedumbre que coopera con el Dios de la Vida hoy en hospitales, farmacias, transportes, limpieza, supermercados, en el orden de la ciudad, voluntarios y tantos movidos por Jesús a correr esta piedra infame, y a quien desde nuestro balcones aplaudimos inmensamente agradecidos. Jesús levanta los ojos al cielo, y nos pide que también nosotros lo hagamos dirigiéndonos al Padre, confiando en Él, Señor de la Vida y de la historia. Jesús grita eso que estamos deseando oír todos, enfermos y atemorizados: “Sal fuera”.

Cristo tiene la capacidad de hacer que volvamos a la vida. El hoy tiene las palabras más atrevidas del Evangelio: “Yo soy la resurrección y la vida, quien crea en mi aunque haya muerto vivirá, y el que viva no morirá para siempre.” Queremos creer en tu palabra poderosa, Señor Jesús. Queremos tener un corazón compasivo como el tuyo, en este día que el Papa Francisco ha proclamado domingo del llanto. Pero sobre todos queremos correr la piedra y cooperar contigo para que podamos desatar las vendas de todos nuestros Lázaros, fuera ya de la muerte y del peligro. ¡Cuánto ansiamos la Pascua, Señor! Ya la presentimos. Un beso, amigos y amigas.

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Resurreccion de Lázaro


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“El Señor está cerca de los atribulados”. Misa del viernes de la cuarta semana de cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, compañeros de camino. Es viernes de cuaresma. Los ojos se vuelven hacia el Crucificado, el Justo con quien se ha cebado el mal de este mundo. Mirarlo a Él es enfrentarse a la realidad lacerante de cuantos penden de la cruz hoy. Jesús, a quien seguimos de cerca en la particular subida a Jerusalén de este marzo duro y terrible, toma sobre sí el sufrimiento de toda la humanidad. Es un Misterio de Amor compasivo que no cabe en nuestras estrechas mentes y pequeños corazones.

Esta mañana, mientras celebrábamos la eucaristía por el pueblo de Dios, contemplaba a Jesús que con sus brazos delgados e inmensamente abiertos, me parecía querer abrazar al mundo entero, acoger en un toda su dimensión esta historia que estamos viviendo como en una pesadilla y en la que da la impresión de que se ha parado el reloj. La Palabra de Dios nos enseña hoy en el libro de la Sabiduría que la bondad es el elemento más revolucionario y contracultural, la respuesta más rotunda, al mal que pasea por el mundo y habita en los corazones. Contemplar la bondad y el amor absoluto de Jesús, el Justo, es la mayor medicina para curar nuestras iniquidades. En tu rostro, Jesús que guardas silencio, están los rostros de tantos amigos y amigas a los que queremos y que hoy sufren por la enfermedad y por la de los suyos. Te miramos a ti puesto en cruz por amor hacia nosotros, hacia cada uno de ellos y con el salmista afirmamos desde la fe: “El Señor está cerca de los atribulados”. Y lo repetimos poniendo el nombre de aquellos que llevamos en el corazón y por los que rezamos con toda la fuerza de las que somos capaces. “El Señor esta cerca de…”

Un abrazo amiga. Un abrazo amigo. Caminamos juntos hacia la Pascua

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“Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo” Clamor del salmista y nuestro en la misa del jueves de la cuarta semana de Cuaresma desde Comunidad @MarianistasES SMP

¿Cómo andáis por casa?¿Cómo os encontráis? Me diréis: a ratos. Dependiendo del momento del día, de las noticias que me van llegando, de cómo están las personas que quiero, de por donde anda mi corazón. Ayer en la comunidad compartíamos cómo estábamos viviendo cada uno estos días raros y extraordinarios de confinamiento. Es verdad que el Señor nos ha hecho diferentes y cada uno enfoca la realidad desde su particular mirada y forma de ser pero hay un desasosiego compartido, una preocupación por las personas que queremos y que no sabemos qué les pasará, un no poder estar más cerca de quienes nos necesitan, un no ver el final, una tristeza porque se nos van personas queridas sin haberlas podido despedir cristianamente con el cariño que se merecen.

Por eso quiero hacer mías hoy las palabras de un creyente, el salmista, que hoy pone en nuestros labios palabras que bien podrían brotar desde el fondo de nuestra alma con el desgarro de la súplica: “Acuérdate de mí Señor, por amor a tu pueblo”. En nuestra alegre y distraída vida, olvidamos referir nuestra existencia a quien es fuente y destino de nuestra vida. Nos entretenemos con otros diosecillos más manejables a los que rendimos la adoración de nuestro tiempo, energías y afectos. Pequeños ídolos de fundición que no pueden salvarnos, que son absolutamente superfluos cuando sentimos la vida en riesgo.

Hoy volvemos nuestra mirada a quien nos puso en este mundo, al que nos sostiene y nos espera. Mirando nuestra realidad amenazada, y la de nuestra gente, clamamos también nosotros diciendo: “Acuérdate de mi Señor, por amor a tu pueblo”. La fe nos recuerda que Él es fiel a su promesa, que Él nos escucha, porque nos ama. No desfallezcamos. Confiemos, adoremos al único Dios, hagámoslo juntos, como comunidad creyente que espera en el Señor. Un abrazo amigos y amigas.

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Niño oracion


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Celebramos en Familia Marianista nuestra fiesta: la Anunciación del Señor. Misa desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, familia. En medio de nuestro camino de cuaresma-cuarentena, nos llega como regalo de primavera la fiesta de la Anunciación del Señor. Hoy con toda la Familia Marianista celebramos nuestro día: la Encarnación de Jesús en el seno de la Mujer. Iniciativa de Dios, respuestas humana y acción del Espíritu se conjugan para hacer posible la salvación esperada, la liberación ansiada, la redención necesaria. Nosotros también como María estamos convocados a la respuesta, a la disponibilidad, al sí, a dejarnos llenar de la fuerza y la gracia de su Espíritu. Necesitamos comprender que Dios ha escogido este modo de actuar, que no se salta nada, que asume la historia y los procesos humanos. Dios se sigue haciendo presente en el mundo a través de quienes portamos a Jesús y su buena noticia. Y eso es lo que nos sigue tocando. Mientras confiamos en Él, mientras le decimos aquí me tienes, abrimos bien los ojos y nos remangamos para hacer posible que la alegría, la salud, la esperanza y el amor de Jesús lleguen a quienes lo necesitan.

Ayer he sentido el desgarro de muchos de vosotros con familiares en el hospital, mientras estáis solos en casa esperando la llamada de teléfono; el desgarro de médicos amigos agotados y rotos porque les duele la situación de desbordamiento y falta de medio para atender a tantos; la de quienes no pueden abrazar ni llorar a sus amigos en el momento de la pérdida de sus seres queridos. Nuestro mundo necesita redención. Dios la desea. Tu sí, tu palabra, tu animo, tu cariño, tu servicio, encarnan hoy a Jesús en el mundo, como hizo María. Seamos buenos hijos e hijas suyos cooperemos en esta preciosa misión de nuestra madre. Un abrazo y felicidades, amigos. En el fragor de la batalla bridemos por la vida y porque Dios nos anuncia la salvación. Un beso lleno de ternura maternal, la de María.

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