Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía domingo 1º de Cuaresma. Domingo 26 de febrero 2012

Mirad, imagino que cuando uno tiene que tomar una decisión importante, que afecta a su vida, se toma un tiempo de reflexión. Pongo dos ejemplos: el matrimonio y la vida religiosa o el sacerdocio. En los dos hay un tiempo de conocimiento, de reflexión, de formarse una idea sobre el proyecto de vida que se quiere. Cuando se ha madurado esa opción de vida se toma la decisión adecuada. Creo que a esos momentos de reflexión,      de conocimiento bien podemos llamarles tiempo de “desierto”.  

El evangelio de hoy nos muestra ese momento serio en la vida de Jesús. Primero se nos dice que “el Espíritu lo empujó al desierto”. No pensemos tanto en el desierto físico, no, cuanto en el desierto como ese encuentro consigo mismo que Jesús realiza. Y lo realiza empujado por el Espíritu de Dios. El Espíritu que bajó sobre él en el bautismo.

En ese desierto, en ese encontrarse consigo mismo, Jesús experimentó una lucha interna. San Marcos la describe diciéndonos que “vivía entre alimañas  y los ángeles le servían”. En todo proceso de elección, y Jesús lo vivió en su desierto personal, se dan momentos difíciles y duros, representados aquí por las alimañas. También se dan momentos dulces y felices representados aquí por los ángeles.

En esos cuarenta días, número bíblico que representa un período largo, y bajo la guía del Espíritu, Jesús pensó, rezó, luchó interiormente, y aceptó libremente el plan de Dios. Y es seguro que pasaría por momentos dulces donde aceptaría la misión de predicar el Reino de Dios y momentos difíciles donde se vería rechazado por los suyos, porque el plan de Dios, en definitiva, se resume en el amor y el amor cuesta vivirlo.

Una vez que ha vivido la experiencia de pasar por el desierto, que ha luchado consigo mismo, que se siente lleno del Espíritu de Dios y que ha aceptado el plan de Dios puede predicar: “se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”. Esta frase no la dice Jesús porque sí, sino después de ese proceso de conversión que el mismo experimenta. Lo que él ha vivido nos invita a nosotros a vivirlo. Vivir el Reino de Dios es una invitación, no una imposición. Dios no se impone, se expone e invita.

Convertirse no es hacer unas prácticas religiosas durantela Cuaresma,  prácticas que pueden ayudar. Convertirse es creer y vivir el evangelio, es construir el Reino de Dios, no de palabra sino con la vida sabiendo que habrá momentos felices y momentos difíciles. Convertirse es seguir a Jesús, tener sus mismos sentimientos, pasar haciendo el bien, denunciar la injusticia, sin  excluir a nadie. Convertirse es predicar con nuestra vida y nuestro testimonio que el Reino de Dios está cerca y que ese Reino de Dios es el que cambia el corazón del hombre para hacerlo solidario con el que sufre.

La Cuaresmaes una invitación a vivir nuestro desierto personal sabiendo que no estamos solos sino que el Espíritu de Dios ha bajado también sobre nosotros y nos anima a decir a los demás: El Reino de Dios está cerca;  convertíos, creed y vividla BuenaNoticiadel Evangelio. Siguiendo a Jesús en este tiempo de Cuaresma viviremos nuestra pasión y muerte llegando como él a la gloria de la vida en la resurrección.


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Homilía 7º domingo t.o. Ciclo B. Domingo 19 de febrero 2012

Una de las realidades que más cuesta admitir es la realidad del perdón. Cuesta otorgar el perdón y cuesta aún más pedir perdón. Hoy la palabra perdón se ha borrado de la mente y del corazón de muchas personas. En su lugar vemos acritud, ganas de revancha, exigencia de derechos. Pensemos que esto lleva a fomentar el odio y la sed de venganza.

El domingo pasado hablaba de esas diferencias que hacemos y de cómo excluimos a las personas. Estas diferencias y exclusiones las llevamos también al perdón. Perdonamos fácilmente a quienes piensan y actúan como nosotros. No perdonamos tan fácilmente a los que no piensan y actúan como nosotros. Nos suele molestar que haya personas, normalmente no de nuestro entorno, que pidan perdón. Nos extrañamos que haya personas que sean capaces de perdonar. Os invito a reflexionar sobre ello.

Se duele decir que el perdón salva al que lo recibe y engrandece al que lo otorga. Un corazón capaz de perdonar o de pedir perdón es un gran corazón y nos puede decir mucho de la persona que es capaz de hacer ambas cosas. Sin embargo hoy no se enseña no se educa para perdonar y pedir perdón.

¿Qué vemos en el evangelio? Dos cosas: primero Jesús perdona. Segundo los escribas se escandalizan. ¡Solo Dios puede perdonar! Normalmente en las religiones solo dios o los dioses perdonan y hay que ofrecer una contrapartida para aplacarlos, para tenerlos contentos o para tranquilizar la conciencia. Jesús hace ver que el perdón es un don gratuito de Dios que podemos y tenemos que ejercerlo entre nosotros.

Para vivir el perdón vienen bien las palabras de Isaías: “no recordéis lo antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”. El odio, la venganza, la acritud es lo de antaño, es lo antiguo. Lo nuevo es el perdón de Dios otorgado a través de Jesús, un hombre. Que los hombres seamos capaces de perdonar sigue escandalizando a muchos. En  el evangelio los 4 porteadores nos dan ejemplo de confianza en el perdón de Dios y en el perdón mutuo.

Jesús nos enseña en este evangelio que el perdón no tiene contrapartida alguna. No dice: te perdono, pero tienes que hacer esto, que rezar esto, no. Jesús perdona y no pide nada a cambio. No se fija si es de los suyos o de los que no piensan como él. El perdón de Dios otorgado a través una persona es puro amor y pura gratuidad. 

El perdón es ese algo nuevo que podemos poner en práctica cada día. El perdón tiene que ser gratuito, generoso, para siempre, sin pedir nada a cambio y todo ello porque se confía en la otra persona, como Dios confía en nosotros. El perdón brota en nuestro corazón cuando vemos a la otra persona como un hijo de Dios y hermano nuestro. Esto es difícil llevarlo a la práctica, pero recordemos que Jesús nos ha dicho que hay que perdonar hasta setenta veces siete. Quien nos vea perdonando y pidiendo perdón podrá decir como la gente decía de Jesús: “nunca hemos visto cosa igual”. Ojala el perdón sea un signo de identidad de todo cristiano.


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Homilía domingo 6º t.o. Ciclo B. Domingo 12 de febrero 2012

Los hombres somos dados a hacer diferencias y más aún a excluir, fruto de las diferencias que hacemos. Distinguimos entre buenos y malos, entre dignos e indignos, entre puros e impuros. Y lo hacemos según nuestras medidas que, suelen ser, generosas para los que piensan o actúan como nosotros y duras para quienes no lo hacen así.

Olvidamos dos principios básicos: el primero viene en la Biblia: TODOS “hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios”. El segundo en la Declaraciónde los Derechos Humanos: “todos los hombres son iguales”. Estos dos principios los aceptamos de palabra, pero, a veces, en la realidad estamos lejos de ellos.

Estas diferencias y exclusiones que hacemos resultan todavía mucho peor y más contra la dignidad de las personas, cuando se hacen en nombre de Dios. Lo que hemos leído en la primera lectura nada tiene que ver con palabra de Dios. Se trata de un precepto meramente humano puesto en boca de Dios. Ahí podemos ver con cuánta facilidad usamos a Dios para nuestros intereses. Las leyes de impureza de los judíos son normas humanas que no hacen sino excluir y normalmente y, repito, le peor es que lo hacen en nombre de Dios.

Pero no se trata solamente de pensar mal de los judíos, no. Vayamos a nuestra sociedad actual, pensemos en también enla Iglesia, y veamos cómo se excluye a personas. Cada cual puede pensar en personas a las que ponemos el título de “impuro”. Hoy somos más educados y les damos otro nombre, en el que metemos a diferentes tipos de impuros. Ese nombre es el de: marginados. Marginados sociales, políticos, religiosos.

Jesús en el evangelio se mueve con libertad. No solo deja que se acerque el leproso a él, no solo permite que le hable, que le pida, sino que va más allá: “extiende la mano y lo toca”. El domingo pasado Jesús “cogió de la mano” a la suegra de Simón para curarla. Creo que merece la pena subrayar el contacto físico de Jesús con las personas. Ese contacto físico no es solo eso, contacto físico, es también y sobre todo, cercanía, cariño, hacer ver a la otra persona, en este caso al leproso, que nadie, y menos ante Dios, es un excluido.

Aquí tenemos uno de los aspectos esenciales del mensaje del Reino de Dios que predica Jesús. Jesús cura porque el leproso se lo pide y tiene confianza en él. Jesús no le pone ninguna condición previa. Su respuesta es: “quiero, queda limpio”. Le pedirá que cumpla lo que marca la ley de Moisés, no la ley de Dios, porque para Dios este hombre nunca estuvo excluido, sino que era un hijo más excluido por la sociedad.

Siguiendo a San Pablo no demos motivo de escándalo en la sociedad y en la iglesia excluyendo a nadie. Miremos a nuestro corazón, para hacerlo semejante al de Dios sin excluir a nadie. Necesitamos disfrutar de la libertad que vivió Jesús para acercarnos a toda persona, para como Jesús tocarle, acogerle, manifestarle nuestra cercanía y cariño. Recordemos sencillamente que Dios nos creó a todos “a imagen y semejanza suya”.


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Homilía 5º domingo t.o. ciclo B. 5 de febrero 2012

Posiblemente todos sabemos que una de las misiones fundamentales dela Iglesia es el anuncio del evangelio. Este anuncio se realiza de diversas maneras, aunque la más visible es la predicación.La Iglesia ha hecho suyo siempre esta exclamación de San Pablo: ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Pero el evangelio también se puede anunciar por el testimonio, la caridad mutua, la oración.

Hoy se da mayor importancia al anuncio del evangelio con el testimonio de una vida comprometida con Jesús que al anuncio con la palabra. Es verdad que el evangelio hay que anunciarlo con palabras y con palabras que sean inteligibles y que reflejen la vida cotidiana. Jesús anunciaba la llegada del Reino de Dios con realidades que la gente comprendía. Su discurso llegaba a la gente. Recordemos lo que decían de Jesús en el evangelio del domingo pasado: “este enseñar con autoridad es nuevo”.

San Pablo, a la hora de anunciar el evangelio pretende “hacerse todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos”. El se da cuenta que anunciar a Jesús no es fácil. Hará todo lo posible por “hacerse todo a todos”, es decir, por llegar con su palabra a los más posibles, a algunos, como él dice. Nos tocaría preguntarnos a los sacerdotes si con nuestra predicación, intentamos lo que san Pablo: llegar a los más posibles.

Creo que el evangelio de Marcos nos da una clave para que el anuncio de Jesús que hacemos hoy sea verdaderamente un anuncio. Esa clave es la oración. Oración que necesitamos todos para vivir el evangelio y que es fundamental en la vida dela Iglesia.Sinoración es difícil anunciar a Jesús.

En diferentes ocasiones los evangelistas nos cuentan cómo Jesús se retiraba a orar, preferentemente de noche. Hoy lo vemos en el evangelio: “se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar”. La relación íntima de Jesús con el Padre, que la realiza por la oración, es la que le lleva a anunciar el Reino de Dios. La oración, ese estar a solas con Dios, le da fuerzas para “predicar en las sinagogas y expulsar demonios”.

Jesús curará a muchos enfermos, o como diríamos hoy, hará muchas cosas, pero nunca descuidará la oración. Deja descansar a sus discípulos y él se retira para orar. El sabe que la oración, la relación íntima con el Padre, es fundamental en su vida. Descuidar la oración le llevaría a convertirse en un mago, en un charlatán.

Para vivir el evangelio hoy, para predicarlo con la palabra o con el testimonio la oración es necesaria y fundamental. Para preparar la homilía es necesario rezar, para ayudar a los demás es necesario rezar, para favorecer la convivencia es necesario rezar. La oración no tiene que ser un añadido en nuestra vida, algo que hacemos una vez a la semana o al día, la oración tiene que ser en nosotros algo vital como en Jesús. Intentemos vivir y anunciar el evangelio pero intentemos también tener esa relación íntima con el Padre que es la oración.


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Homilia 4º domingo t.o. Ciclo B. Domingo 29 de enero 2012

Hoy resulta difícil enseñar. Preguntad sino a algunos profesores sobre todo a los que trabajan con adolescentes. Y resulta más difícil aún enseñar con autoridad. No porque  no se pueda, sino más bien porque no se quiere aprender. O porque por motivos varios se quita autoridad al que pretender enseñar y educar. En parte también  porque, parece ser, que nada nos asombra. Preguntad a los alumnos. Hoy las máquinas, sobre todo si son de juego, atraen más a los niños y adolescentes que la propia enseñanza.

Se enseña con la palabra, con gestos, con la vida. A la palabra se le presta menos atención y es menos atractiva. Su lugar lo ocupan las imágenes, lo visual. Con los gestos se llega más fácil a quien quiere aprender. Y enseñar con la vida es todo un reto, asombra a quienes se fijan en ello. Hoy hay personas cuya vida es pura enseñanza, mejor o peor, pero enseñan. Por el contrario, hay medios de comunicación, instituciones civiles o religiosas, personas que, revistiéndose de autoridad, dicen enseñar cuando en realidad manipulan. Su transmisión de enseñanza pierde toda autoridad.

En tiempos de Jesús los judíos querían aprender. Buscaban alguien que les enseñara de forma diferente a como lo hacían los escribas y lo encuentran en Jesús, es decir, en sus palabras, en sus gestos y en su vida. La manera de enseñar de Jesús no es tanto fijarse en la ley, cuanto fijarse en la persona y hacer que la ley sirviera para liberar. Que la ley fuera algo vivo y no letra muerta.

Cuando oímos o encontramos palabras que quieren enseñar, esas mismas palabras nos liberan, nos ayudan, nos orientan, en definitiva nos dan vida. Las palabras de Jesús enseñaban a los judíos a vivir porque su enseñar era nuevo. Cuando se hace un sencillo gesto a favor de alguien se le está intentando dar vida. Jesús con sus gestos, con sus milagros, da vida. Cuando una persona se da a los demás, da lo que él es, está enseñando a otros a hacer lo mismo.

Enseñar con palabras que den vida, con gestos que aporten vida y con la vida misma es enseñar con autoridad. Jesús enseña con autoridad porque su enseñar es nuevo. Nuevo por dar vida, por liberar, o bien por aportar felicidad a quien recibe su enseñanza. Jesús enseña con autoridad porque para El “la ley se ha hecho para el hombre y no el hombre para la ley”.

Los escribas ponían la ley por encima del hombre y eso no enseña ni asombra al pueblo judío. Nosotros, como Iglesia, estamos llamados a seguir el ejemplo de Jesús y a seguir diciendo que “el hombre está por encima de la ley”. De esa manera nuestra enseñanza en el mundo actual será enseñar con autoridad. Y enseñar con autoridad no significa enseñar desde el poder, sino desde las palabras, los gestos, enseñar desde lo que uno vive y hace honesta y sinceramente a favor de los demás. Enseñar con autoridad será hoy algo nuevo si transmitimosla Palabrade Dios con palabras y gestos de servicio, no porque asombren, sino porque esas palabras y gestos sean liberadores y transmitan vida a ejemplo de Jesús.


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Homilia domingo 3º tiempo ordinario.Ciclo B. 22 de enero de 2012

El domingo pasado san Juan nos mostraba cómo dos discípulos de Juan el Bautista preguntaban a Jesús: ¿dónde vives? y cómo pasan con él aquel día. Hoy el san Marcos el que nos muestra cómo Jesús elige a los discípulos para que le sigan. Pero antes de elegirles Jesús anuncia que el “reino de Dios está cerca: convertíos y creed en el evangelio”.

A veces pienso que estas palabras de Jesús nos suenan como muy lejanas, o como algo que de tanto oírlas caen un poco en la rutina. Eso de “convertíos” suena a tiempo de Cuaresma, a ayunos, a penitencias…y por eso que nada más comenzar Jesús su predicación nos venga con eso anuncio, es para decirle: “oye, que eso de convertirnos ya lo hacemos en Cuaresma”.

Los tres anuncios están relacionados. Lo que pasa es que cada uno nos quedamos con el que más nos llama la atención. ¿A qué nos suena eso de el reino de Dios está cerca? Pues posiblemente a algo extraño. ¿Qué es el reino de Dios? ¿En qué consiste? Cuando Jesús nos cuenta una parábola suele comenzarlas diciendo: “el reino de Dios se parece a…”.

El reino de Dios es, sobre todo y por encima de todo, buena noticia. Por ser buena noticia nos pide conversión. Y la conversión significa “cambio de corazón”. En lugar de tener un corazón de piedra, un corazón que odia, que mata, que oprime, que rechaza, la conversión que Jesús anuncia es la de tener un corazón semejante al de Dios: corazón lleno de bondad, de amor, de paz, de justicia, en definitiva un corazón de carne.

Tener un corazón de carne supone creer en el Evangelio. Y evangelio significa “buena noticia”. Jesús es al mismo tiempo buena noticia y predicador de la buena noticia. Jesús nos habla de la buena noticia que es el reino de Dios. Un reino contrario a los reinos que conocemos y un reino que todo él es buena noticia para el que lo acoge.

El programa de Jesús es siempre el mismo: el reino de Dios pide conversión, es decir, un cambio de corazón para acoger la buena noticia que es el mismo Jesús. De ahí que Jesús elige a personas, en su tiempo a los discípulos, hoy a nosotros para anunciar, digo anunciar gratuitamente, el reino de Dios a todos los hombres. Para decirles que convertirse no es ayunar, hacer sacrificios, y hacerlo solo en Cuaresma, no. Convertirse es trabajar haciendo el bien a los demás, es denunciar injusticias para que nadie las sufra, es vivir la solidaridad los unos con los otros, es, en definitiva, seguir a Jesús.

Grabemos en nuestros corazones estas palabras de Jesús: el reino de Dios está cerca, convertíos y creed en la buena noticia”.


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22 de enero Fiesta Beato Chaminade.Homilía

“La vida del Padre Chaminade revela un profundo sentido de la Providencia. Compenetrado con la misión de la Iglesia, dotado de un gran poder de adaptación y profundamente sensible a las necesidades de la época, se mantuvo siempre dispuesto a responder a las llamadas del Señor. Tuvo, además, una perseverancia tenaz, un profundo espíritu de oración y una gran capacidad para reflexionar y discernir la voluntad de Dios. Quiso imprimir estos mismos rasgos en los marianistas de todo tiempo”.

Comentario:

1. profundo sentido dela Providencia.El P. Chaminade fue un hombre de profunda fe. Esa fe la vivió en momentos duros como los de la Revolución francesa donde puso en riesgo su vida celebrando la Eucaristía en la clandestinidad. Gracias a su fe y a sus deseos de ser fiel a Dios ejerció su sacerdocio en Burdeos no sin muchas dificultades. Su fe se puso a prueba en el destierro en Zaragoza. Allí vivió momentos duros pues se ganaba unos dineros fabricando estatuillas. También vivió momentos gratificantes cada vez que iba a rezar a los pies de la Virgendel Pilar. Ese pilar, esa columna fue la que le sostuvo y la que le dio fuerzas para, al volver a Francia, predicar el evangelio. En Burdeos esa profunda fe dio resultados pues cada domingo por la mañana, bien temprano, celebraba la Eucaristía con un grupo de jóvenes a quienes después catequizaba. De esos jóvenes surgieron los marianistas.

2. misión de la Iglesia.En los momentos de persecución de la Iglesia en Francia supo ser fiel a su vocación de servicio a los demás y de servicio a la Iglesia perseguida. Allí donde había un grupo de cristianos que necesitaban su apoyo, allí estaba él. Uno de sus lemas lo tomó del Evangelio: “a vino nuevo, odres nuevos”. Después de la revolución francesa, donde se habían eliminado viejas estructuras eclesiales, él pensó que para transmitir el evangelio se necesitaban medios y métodos nuevos: entre otras cosas creó escuelas de maestros para formar a niños.

El pensó que dentro de la misión de la iglesia y como parte fundamental de la misma era “crear comunidades de fe que viviesen el Evangelio con el rigor del espíritu y de la letra”, a ejemplo de los primeros cristianos. Hoy se continúa en los grupos de seglares que participan del espíritu del P. Chaminade.

3. Hombre de perseverancia tenaz, de profundo espíritu de oración y capaz de reflexionar y discernir la voluntad de Dios. Tres aspectos que hicieron de él un hombre maduro, un hombre de iglesia y gran director espiritual. Para vivir el evangelio en su tiempo y en el nuestro se necesita ser perseverante en la fe,  tener espíritu de oración que nos lleve a rezar diariamente y ambos, la fe y la oración, nos ayudarán a discernir la voluntad de Dios o lo que Dios quiere de cada uno de nosotros.

Hoy el Padre Chaminade sigue siendo un ejemplo a seguir para vivir el evangelio. Fe, oración y amor a María los son tres pilares sobre los que se puede asentar nuestro seguimiento de Jesús. Vivámoslos cada día, en los momentos duros y en los momentos gratos.


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Homilía Segundo domingo tiempo ordinario Ciclo B. domingo 15 de enero 2012

Después de la celebración del Bautismo del Señor y, yo diría como caso excepcional, leemos un texto del evangelio de san Juan. A partir del próximo domingo, y hasta Cuaresma, leeremos el evangelio de san Marcos.

San Juan nos narra el encuentro de Jesús con varios discípulos de Juan el Bautista. Si la pregunta de Jesús es curiosa: “¿qué buscáis?”, más lo es la de los discípulos: “maestro, ¿dónde vives?”. Lo normal en tiempo de Jesús era que los discípulos buscasen a un maestro por su sabiduría, por su elocuencia, sus discursos, es decir, por lo que enseñaba. Se podría decir que importaba más la enseñanza que la vida del maestro.

En este caso los discípulos no preguntan por la enseñanza de Jesús, no se cuestionan si era sabio o no, si decía bonitos discursos, no. La pregunta que le hacen es “¿dónde vives?”. Es decir, ¿cómo es tu vida? ¿es una vida atrayente o no? Por el evangelio de Mateo podemos decir que Jesús era un predicador itinerante, que no se ataba a ninguna ciudad, aunque tenía predilección por Cafarnaún.

A estos discípulos les atrae Jesús por el dónde vive. Dice el evangelio que “vieron donde vivía y se quedaron con él aquel día”. La vida que Jesús les presenta es la que les atrae, les convence y les lleva a seguirle. Después los discípulos continuarán con El al conocer su mensaje, pero lo que les lleva a seguirle desde el principio es su vida.

Igual que un estilo de vida atrae a personas, otro estilo de vida repele fácilmente. Hoy más que nunca en la transmisión del mensaje de Jesús cuenta mucho el estilo de vida de quienes transmitimos ese mensaje. Pensad si no en las críticas que suscitan el estilo de vida de algunas personas de iglesia. Puede suceder que el mensaje se vea obstaculizado por el estilo de vida que ofrecemos. Una vida sencilla, transparente, cercana a la realidad que viven muchas personas favorece la transmisión del mensaje de Jesús

Vida y mensaje van unidos. A veces se comenta lo difícil que resulta hoy hablar de Jesús, de la fe en El, de cómo la gente no oye la voz dela Iglesia. Nospreguntamos ¿por qué? ¿No será porque nuestro estilo de vida no está de acuerdo con el mensaje que transmitimos? ¿No será que hablamos de doctrinas y de normas desde una postura de seguridad en lo material y en lo espiritual que poco tienen que ver con la manera de vivir de Jesús? ¿No estamos un poco anquilosados y no somos atrayentes como Jesús?

Aún así hoy hay personas que convencen a otros más por su estilo de vida que por su mensaje. Enla Iglesiatambién las hay. Esas personas, posiblemente sin quererlo ellas, están diciéndonos que hay algo en nuestras vidas que tiene que cambiar si queremos que otros acepten y sigan a Jesús. Tenemos que convencernos que seguir a Jesús no es tanto conocer su doctrina cuanto tratar de imitarle en sus actitudes para con los demás. Actitudes de amor, de perdón, de paz, de justicia, de acogida. Eso fue lo que atrajo a los discípulos a quedarse con él aquel día. Eso seguirá siendo lo que atraiga a otros a seguir a Jesús, hoy. Un estilo de vida de menos palabras y más vida entregada.


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Homilía Bautismo del Señor. 8 enero 2012

En la vida se da eso que llamamos “toma de decisiones”. Lo hacemos sobre todo hasta llegar a una cierta madurez donde pensamos que nuestra vida ya está asentada sobre unos principios más o menos elegidos libremente y que son los que rigen y regirán nuestra forma de pensar, de actuar y de mostrarnos a los demás.

El Bautismo de Jesús marca el punto de partida de la decisión de Jesús. No es la decisión del poder, ni la decisión de la autorrealización personal, no. Es la decisión de ser fiel a la voluntad del Padre y de dejarse guiar por el Espíritu que recibe en su Bautismo. Es, según palabras de San Pedro: “pasar haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con El”.

Podemos pensar que es una decisión sencilla. Pero sabemos que esa decisión de ser fiel al Padre dejándose guiar por el Espíritu no fue nada fácil. Para pasar haciendo el bien, fruto de su bautismo, tuvo que elegir entre dejarse llevar por lo fácil, lo que equivalía a aceptar lo establecido y seguir con las normas impuestas por las autoridades religiosas, o vivir cumpliendo la voluntad del Padre que le llevaba a denunciar la opresión que sufrían los más sencillos por una interpretación errónea de la ley.

San Pedro expresa este mensaje de Jesús con las palabras “curar a los oprimidos por el diablo”. En tiempos de Jesús la gente veía al diablo por todas partes, sobre todo en enfermedades físicas o psíquicas o en situaciones que no sabían cómo explicar. Esto lo vemos en algunas narraciones de milagros. Se describe al enfermo como poseído por el diablo, se llama a Jesús para que lo cure y Jesús realiza el milagro, curándolo.

Pero quien de verdad anima a Jesús a actuar como actuaba era el Espíritu de Dios, Espíritu recibido en el Bautismo, que le urgía a hacer el bien, a curar, a denunciar situaciones de injusticia. Su mensaje es ayudar al pobre y oprimido, y siguiendo lo que dice Isaías, Jesús “no quebrará la caña cascada, no apagará el pábilo vacilante” o “abrirá los ojos de los ciegos, sacará a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas”. Jesús quiere construir más que destruir.

Animado por el Espíritu y siguiendo al profeta Isaías “promoverá el derecho”. Pero no un derecho que defienda el rico y oprima al pobre, sino un derecho al servicio de todos, pero especialmente al servicio de los más necesitados. Jesús se siente “llamado con justicia” para defender a los que la justicia ignoraba. Recordemos el relato de la viuda a quien un juez injusto no hacía justicia. Al final se lo hace pues nos quiere que la viuda se tome la justicia por su mano.

Recordemos nuestro bautismo. En él recibimos el Espíritu de Jesús que nos invita y anima a seguir sus pasos, a veces duros y difíciles. Ese mismo Espíritu nos invita a “pasar haciendo el bien, a curar a los oprimidos por el diablo”. También hoy hay gente a la que podemos hacer el bien y curar. El diablo no estará en enfermedades, como en tiempos de Jesús, pero puede estar en personas que oprimen a otros desde el punto de vista social, económico, religioso. Tomemos la decisión de vivir nuestro bautismo sabiéndonos animados por el Espíritu de Jesús que nos urge a actuar como El en nuestra sociedad actual.


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Homilia «Reyes Magos» 6 enero 2012

Dentro de la situación que estamos viviendo, esta fiesta dela ReyesMagossigue siendo una fiesta de alegría e ilusión, al menos para muchas personas entre las que, creo, nos podemos incluir. Alegría e ilusión que forman parte del ambiente de este tiempo de Navidad y que ¡ojalá! nunca desaparezca.

En una sociedad como la nuestra, cada vez más secularizada, y donde el dios consumo parece haber desterrado al Dios hecho niño en Belén, no viene mal celebrar un día en el que la gratuidad de un regalo sencillo y hecho con cariño puede contribuir a recordarnos el gran regalo de Dios al hombre: el nacimiento de su Hijo, la alegría que nace en los pastores al ir a verlo y la ilusión de unos magos que abandonan su comodidad para ir a buscar la estrella que tiene luz propia y que alumbra a todo hombre de buena voluntad.  

Estos Magos de Oriente:

  1. dejan su tierra, su casa, su comodidad para ir a buscar algo que les atrae, que les llena de curiosidad y que comprenden que es grande a los ojos de los hombres.
  2. recorren un camino con esperanza de encontrar eso que buscan y preguntándose en su corazón por el significado de esa estrella tan especial.
  3. preguntan porque aunque la estrella les orienta no lo hace con demasiada precisión, y
  4. al llegar ofrecen al Niño lo que llevan: oro e incienso como signo de grandeza y mirra como signo de humildad.

Este proceso de los Magos puede ser muy bien nuestro proceso para vivir la fe con alegría e ilusión. La fe nos invita a salir de nuestras comodidades, de nuestras ideas fijas para buscar al Dios de Jesús, porque es un Dios que nos atrae con amor, que nos abre sus brazos para acogernos y que nos invita a confiar en El.

La fe nos lleva a recorrer un camino de esperanza haciéndonos, tal vez, muchas preguntas sobre este Dios que se ha hecho uno de nosotros y que nos ha enseñado que El se preocupa por todos, especialmente, por los más sencillos. Preguntas que El mismo suscita y que espera una respuesta por parte nuestra.

La fe nos hace preguntarnos muchas cosas, pero también nos ofrece respuestas a los grandes temas de nuestra vida: el misterio de la vida, del dolor, de la libertad, del trabajo por el bien de todos. La fe en Dios nos guía y orienta en los momentos que creemos estar desorientados.

Y la fe nos lleva a ofrecer a Dios y a compartir con los demás lo que somos y lo que tenemos, sabiendo que estamos en sus manos y que nos cuida con amor de Padre.

Esta fiesta de los Reyes Magos no es solo la fiesta donde nosotros ofrecemos algo al Niño Dios, sino donde El se nos ofrece como Salvación para que nosotros la llevemos a los demás. Vivámosla siempre con alegría e ilusión.