Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía 5º domingo t.o. ciclo B. 5 de febrero 2012

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Posiblemente todos sabemos que una de las misiones fundamentales dela Iglesia es el anuncio del evangelio. Este anuncio se realiza de diversas maneras, aunque la más visible es la predicación.La Iglesia ha hecho suyo siempre esta exclamación de San Pablo: ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Pero el evangelio también se puede anunciar por el testimonio, la caridad mutua, la oración.

Hoy se da mayor importancia al anuncio del evangelio con el testimonio de una vida comprometida con Jesús que al anuncio con la palabra. Es verdad que el evangelio hay que anunciarlo con palabras y con palabras que sean inteligibles y que reflejen la vida cotidiana. Jesús anunciaba la llegada del Reino de Dios con realidades que la gente comprendía. Su discurso llegaba a la gente. Recordemos lo que decían de Jesús en el evangelio del domingo pasado: “este enseñar con autoridad es nuevo”.

San Pablo, a la hora de anunciar el evangelio pretende “hacerse todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos”. El se da cuenta que anunciar a Jesús no es fácil. Hará todo lo posible por “hacerse todo a todos”, es decir, por llegar con su palabra a los más posibles, a algunos, como él dice. Nos tocaría preguntarnos a los sacerdotes si con nuestra predicación, intentamos lo que san Pablo: llegar a los más posibles.

Creo que el evangelio de Marcos nos da una clave para que el anuncio de Jesús que hacemos hoy sea verdaderamente un anuncio. Esa clave es la oración. Oración que necesitamos todos para vivir el evangelio y que es fundamental en la vida dela Iglesia.Sinoración es difícil anunciar a Jesús.

En diferentes ocasiones los evangelistas nos cuentan cómo Jesús se retiraba a orar, preferentemente de noche. Hoy lo vemos en el evangelio: “se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar”. La relación íntima de Jesús con el Padre, que la realiza por la oración, es la que le lleva a anunciar el Reino de Dios. La oración, ese estar a solas con Dios, le da fuerzas para “predicar en las sinagogas y expulsar demonios”.

Jesús curará a muchos enfermos, o como diríamos hoy, hará muchas cosas, pero nunca descuidará la oración. Deja descansar a sus discípulos y él se retira para orar. El sabe que la oración, la relación íntima con el Padre, es fundamental en su vida. Descuidar la oración le llevaría a convertirse en un mago, en un charlatán.

Para vivir el evangelio hoy, para predicarlo con la palabra o con el testimonio la oración es necesaria y fundamental. Para preparar la homilía es necesario rezar, para ayudar a los demás es necesario rezar, para favorecer la convivencia es necesario rezar. La oración no tiene que ser un añadido en nuestra vida, algo que hacemos una vez a la semana o al día, la oración tiene que ser en nosotros algo vital como en Jesús. Intentemos vivir y anunciar el evangelio pero intentemos también tener esa relación íntima con el Padre que es la oración.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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