Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilía domingo 6º t.o. Ciclo B. Domingo 12 de febrero 2012

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Los hombres somos dados a hacer diferencias y más aún a excluir, fruto de las diferencias que hacemos. Distinguimos entre buenos y malos, entre dignos e indignos, entre puros e impuros. Y lo hacemos según nuestras medidas que, suelen ser, generosas para los que piensan o actúan como nosotros y duras para quienes no lo hacen así.

Olvidamos dos principios básicos: el primero viene en la Biblia: TODOS “hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios”. El segundo en la Declaraciónde los Derechos Humanos: “todos los hombres son iguales”. Estos dos principios los aceptamos de palabra, pero, a veces, en la realidad estamos lejos de ellos.

Estas diferencias y exclusiones que hacemos resultan todavía mucho peor y más contra la dignidad de las personas, cuando se hacen en nombre de Dios. Lo que hemos leído en la primera lectura nada tiene que ver con palabra de Dios. Se trata de un precepto meramente humano puesto en boca de Dios. Ahí podemos ver con cuánta facilidad usamos a Dios para nuestros intereses. Las leyes de impureza de los judíos son normas humanas que no hacen sino excluir y normalmente y, repito, le peor es que lo hacen en nombre de Dios.

Pero no se trata solamente de pensar mal de los judíos, no. Vayamos a nuestra sociedad actual, pensemos en también enla Iglesia, y veamos cómo se excluye a personas. Cada cual puede pensar en personas a las que ponemos el título de “impuro”. Hoy somos más educados y les damos otro nombre, en el que metemos a diferentes tipos de impuros. Ese nombre es el de: marginados. Marginados sociales, políticos, religiosos.

Jesús en el evangelio se mueve con libertad. No solo deja que se acerque el leproso a él, no solo permite que le hable, que le pida, sino que va más allá: “extiende la mano y lo toca”. El domingo pasado Jesús “cogió de la mano” a la suegra de Simón para curarla. Creo que merece la pena subrayar el contacto físico de Jesús con las personas. Ese contacto físico no es solo eso, contacto físico, es también y sobre todo, cercanía, cariño, hacer ver a la otra persona, en este caso al leproso, que nadie, y menos ante Dios, es un excluido.

Aquí tenemos uno de los aspectos esenciales del mensaje del Reino de Dios que predica Jesús. Jesús cura porque el leproso se lo pide y tiene confianza en él. Jesús no le pone ninguna condición previa. Su respuesta es: “quiero, queda limpio”. Le pedirá que cumpla lo que marca la ley de Moisés, no la ley de Dios, porque para Dios este hombre nunca estuvo excluido, sino que era un hijo más excluido por la sociedad.

Siguiendo a San Pablo no demos motivo de escándalo en la sociedad y en la iglesia excluyendo a nadie. Miremos a nuestro corazón, para hacerlo semejante al de Dios sin excluir a nadie. Necesitamos disfrutar de la libertad que vivió Jesús para acercarnos a toda persona, para como Jesús tocarle, acogerle, manifestarle nuestra cercanía y cariño. Recordemos sencillamente que Dios nos creó a todos “a imagen y semejanza suya”.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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