Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia domingo 13º t.o. ciclo B. Domingo 1 de julio 2012

Podemos decir que la vida es lo que más apreciamos y valoramos las personas. Y la vida centrada en la salud. La salud ha sido y es un valor que todos queremos gozar. Cuando falta la salud nuestra vida está mermada. Para muchas personas vida y salud son equiparables: gozar de buena salud es tener vida saludable.

La primera lectura y el evangelio nos hablan de la vida. Dios crea la vida y Jesús devuelve la vida terrenal a una niña. Siempre decimos que la mejor definición de Dios es: “Dios es amor”. Pero esta definición de Dios quedaría coja si el amor no acompañara a la vida. El Dios del que nos habla Jesús es el Dios que por puro y gratuito amor da vida a lo que ha creado. Y tendríamos que decir que este Dios no puede ser de otra manera: Dios, amor y vida van unidos en el Dios y Padre de Jesús.

En el libro dela Sabiduría, que es un libro del judaísmo tardío, se admite ya la inmortalidad, algo que costó admitir al pueblo de Israel. Este texto nos habla del Dios que crea la vida, que goza con la vida, que crea al hombre para la inmortalidad porque lo hace “a imagen de su propio ser”. Un Dios que es vida, pensemos, solo puede crear vida. Un Dios que es inmortal “crea al hombre para la inmortalidad. Es decir que lo que Dios es, vida y vida inmortal, lo quiere para el hombre creado por él a imagen suya.  Nuestro cuerpo desaparece, es verdad, pero la vida no se destruye sino que continúa, aunque no sepamos cómo.

En el evangelio Jesús devuelve a la vida terrenal a una niña. Aquí habrá que decir, al igual que en otros casos de vuelta a la vida que se nos narran en el evangelio, que no sabemos cómo fue esa vuelta a la vida, cómo era ese cuerpo. Pensemos que si la muerte se describe como estar echado, tumbado, la vida se describe como levantarse, como echar a andar, como dejar libre (en el caso de Lázaro, amigo de Jesús).

La orden de Jesús a la niña, “¡levántate!” no es solo decirle, ¡despierta!, sino que va más allá y significa: ¡niña vive! Jesús continúa la obra del Padre. En el evangelio de san Juan leemos: “como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere” (Jn 5,21). El mensaje de Jesús, con sus palabras y obras, es decir con las parábolas y milagros, es un mensaje de vida. El mensaje de Jesús se resume en dos palabras: vida y dar motivos de esperanza. Y hasta tal punto es un mensaje de vida que El la entrega por todos nosotros.  

Habría que señalar la curiosa la oposición entre Dios y el hombre en este sentido. Dios está por la vida y por la vida plena, por la vida digna para todos, por la vida íntegra y llena de respeto y libertad. El hombre está por la muerte, por la falta de respeto a la vida y a toda la vida. El hombre con su ansia de poder está destruyendo la vida. No vendría mal en estos tiempos hablar más de la vida, de ayudar a vivir dignamente, de colaborar a que se pueda vivir curando, sanando, liberando.

La segunda lectura es una llamada a ayudar a otros a vivir, a poder vivir con dignidad. “Vuestra abundancia remedia la falta que ellos tienen” dice san Pablo. Ayudemos a otros con nuestra generosidad, pero sobre todo, ayudémosles a vivir. Que nuestro vivir bien no sea a costa de que otros vivan mal. A nosotros nos toca crear, favorecer la vida, la nuestra y la de los demás. Imitemos a Dios y a Jesús creando vida y dando vida a nuestro alrededor.


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Homilia domingo 11º tiempo ordinario ciclo B

Lo que voy a hacer este domingo es, primero, un gesto sencillo, que ahora explico y luego una breve aplicación a la vida.

GESTO:

 

1. En el presbiterio se colocan seis jardineras pequeñas llenas de tierra

2. En un plato hay semillas de plantas

3. Se pide a varias personas que salgan e introduzcan las semillas en la tierra.

4. Esto se realiza en silencio.

 

BREVE EXPLICACIÓN

Sirviéndonos del gesto realizado y con breve referencia a la primera lectura y al evangelio se puede hablar del crecimiento del Reino de Dios a tres niveles.

  1. nivel personal: Dios ha plantado la semilla del Reino en nuestro corazón. Nosotros somos la tierra que acoge con alegría dicha semilla. Esa semilla, el Reino, irá germinando y creciendo en nosotros a medida que la cuidemos. Dará fruto en la medida que nosotros nos dejemos llevar por el Espíritu de Dios y nos pongamos al servicio de los demás. Algunos podrán hacer germinar su semilla viéndonos a nosotros. Otros acudirán a nosotros para que les ayudemos. También nosotros pediremos ayuda a Dios y a los demás para crecer. El Reino de Dios crecerá con nosotros y en nosotros.
  2. nivel parroquial. Lo dicho en el nivel personal lo podemos decir en este nivel parroquial. Como parroquia podemos hacer crecer el Reino de Dios en nuestro entorno. Podemos dar testimonio de nuestra vida de fe y de compromiso ayudando a otros a hacer crecer su semilla. Podemos llevar a otros, de manera sencilla, el mensaje de Jesús. Aquí tenemos como parroquia una tarea evangelizadora muy bonita.
  3. nivel eclesial. De igual manera nuestra iglesia diocesana, o la iglesia universal puede considerarse esa semilla de Reino que puede ir sembrando en el corazón de muchas personas ayudándoles a vivir el mensaje de Jesús y a construir ya aquí el Reino de Dios. En la iglesia esa semilla se manifiesta de muchas maneras: testimonio, catequesis, oración, solidaridad, paz, justicia.

Cada uno de nosotros, a nivel personal y comunitario, piense qué semilla ha recibido para hacerla germinar para el bien común. Segundo, rece para que esa semilla no muera por falta de fe. Y, tercero, se comprometa a trabajar por el Reino con los dones que Dios le haya dado, con la semilla que haya recibido.


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Homilia Santisima Trinidad

En la historia judeo cristiana para hablar de Dios se han usado lenguajes más o menos adaptados para comprenderle o intentar hacerle comprensible. El Antiguo Testamento acude a realidades diversas para que el pueblo de Israel llegue a conocer a Dios. Lo describe como el que cuida del pueblo, el que le quiere y está cercano a él en momentos difíciles, el que siempre le promete un futuro mejor por medio de los profetas.

En los evangelios, Jesús habla generalmente de Dios como Padre animado por el Espíritu de Dios. Lo vemos en algunas parábolas, cuando enseña a los discípulos a rezar, diciendo “Padre nuestro”, cuando le da gracias por estar con él. En el momento de la cruz oímos a Jesús acudir o rezar al Padre poniéndose en sus manos y pidiendo que perdone a los que le crucifican. Cuando habla del Padre usa un lenguaje accesible y comprensible por los que le escuchan.

Bien, decía, que a lo largo de la historia se han usado lenguajes más o menos adaptados para hacer comprensible a Dios. Hoy tenemos que buscar el mejor lenguaje para que los hombres de nuestro tiempo lleguen a conocer al Dios que nos predicó Jesús. Con todo respeto creo que la filosofía y la teología basada en la filosofía han elaborado un discurso sobre Dios que está muy lejano de nuestra manera de pensar y que poco sirve hoy para hablar de Dios.

Se trata de un discurso que aún sigue vigente. Todavía hoy rezamos, lo haremos en el prefacio, con lenguaje medieval para hablar de Dios como Trinidad. Se dirá “tres personas en una sola naturaleza”, y “adoramos tres personas distintas de única naturaleza  e iguales en su dignidad”. ¿Dónde usa Jesús en los evangelios esta forma hablar del Padre y del Espíritu?  

Si Jesús es más sencillo y nos habla de un Padre cercano, que perdona, que se preocupa de sus hijos que nos quiere. Si Jesús nos habla del Espíritu que El y el Padre nos enviarán para “guiarnos hasta la verdad plena”, es porque la gente que le escuchaba comprendía su mensaje y sus palabras. Jesús hablaba a personas que querían escuchar otra manera de hablar de Dios distinta a la que usaban los escribas y fariseos.

Jesús no hablaba tanto del Dios de la ley cuanto del Dios de la libertad. No tanto del Dios juez cuanto del Dios padre. No tanto del Dios lejano cuanto del Dios que está en nuestro corazón. No tanto del Dios que quiere sacrificios, sino del Dios que quiere misericordia. No tanto del Dios que exige cumplir la ley cuanto del Dios que pide ayudar al necesitado. No tanto del Dios encerrado en unas categorías filosóficas cuanto del Dios divino pero también humano. Jesús habla, en definitiva, de un Dios que es amor.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu iniciamos nuestra vida cristiana, iniciamos, muchas veces nuestro día, nuestra oración, nuestra Eucaristía. Hoy nos toca hablar más y mejor de un Dios parecido al que habla la primera lectura que al Dios “personas, naturaleza, sin distinción”. El hombre de hoy necesita, pide que le hablemos del Dios cercano a su vida y a su corazón. El hombre de hoy necesita que le hablemos del Dios que nos ha hablado Jesús en los evangelios. Hagámoslo así. Seguro que llegaremos a la gente de nuestro tiempo como Jesús llegó a su gente. Seguro que verán en este Dios un Dios en quien creer y amar.


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Homilia “Pentecostés. 2012

El domingo pasado hablaba de cómo Dios Padre descansó el séptimo día y nos dejó la obra de la creación y de cómo Jesús, al subir a los cielos, encargó a los discípulos anunciarla BuenaNoticiaa todos los hombres. Decía también que ni el Padre ni Jesús nos dejan solos. Prometen estar con nosotros siempre y nos envían el Espíritu.

El Espíritu es el mismo Dios que se nos da para continuar la obra de la creación y para anunciar el Evangelio a toda la creación. Este Espíritu, que es Dios mismo, es el que descendió sobre Jesús en el momento de su Bautismo en el Jordán. Es el mismo Espíritu que Jesús, al morir, exhaló sobre la iglesia incipiente representada en su madre y en el discípulo amado. Este Espíritu, es decir, Dios mismo, se hace presente en la vida dela Iglesiaanimándola y dándole fuerzas para ser testigo del Reino de Dios.

Aparte de todo lo que se pueda decir de él, yo me centraré en tres notas tomadas de las lecturas de hoy. La primera nota es la libertad. El Espíritu de Dios actúa libremente. Nadie puede poner límites a su acción. Dice san Pablo en la segunda carta a los Corintios: “…donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2Cor 3,17). Nadie tiene la exclusividad del Espíritu porque siendo libre, no se deja encasillar por nosotros.

Esa libertad se manifiesta, como dice la segunda lectura de hoy, en dones, ministerios, funciones. El Espíritu quiere que su libertad, la vivan también aquellos sobre quienes El actúa. Es más esa libertad, que tiene que servir para el bien común, no está exenta de problemas. Los hay que por dejarse llevar por el Espíritu han sufrido. Pensemos que el primero que tuvo problemas por dejarse guiar por El, fue Jesús. El Espíritu es libre y derrama libertad sobre todo hombre.

La segunda nota es la universalidad de Espíritu. Lo vemos en la primera lectura de hoy. Todos oían hablar a los apóstoles de las maravillas de Dios en su propia lengua. El Espíritu, por ser el mismo Dios, no es exclusivista. Se manifiesta incluso en aquellos que nos parecen alejados de Dios. Esa universalidad del Espíritu es la que rompe toda barrera para hacerse presente en la vida de todo hombre sin distinción de raza, lengua, nación, ideología. No es un Espíritu elitista sino abierto porque es libre.Y la tercera nota que complementa a la anterior es que es un Espíritu personal. Aun actuando de manera universal, El centra su acción a través de personas. Las palabras de Jesús en el evangelio: “recibid el Espíritu Santo” van dirigidas a cada uno de los discípulos en particular y a todos como comunidad de testigos de Jesús. Este Espíritu es el que más tarde guiará a cada discípulo para predicarla BuenaNoticiaa toda la creación. Este Espíritu es el que hoy nos guía a cada uno de nosotros para con nuestra vida y palabra continuemos la acción de Jesús.

Nosotros recibimos el Espíritu de Dios en el bautismo. Lo recibimos cada día para continuar la obra de la creación del Padre y de la salvación operada por el Hijo. Hoy nosotros recibimos esa libertad del Espíritu para ser libres, recibimos dones, ministerios y funciones para el bien común y lo recibimos de forma personal y como miembros de la Iglesia. Para recibirlo Jesús nos deja su paz y nos envía al mundo como El fue enviado por el Padre. Os invito a acoger el Espíritu y a dejarse guiar por El


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Homilia: Ascensión. 20 de mayo de 2012

Al hablar de esta fiesta de Jesucristo, creo que, entre otras cosas, se puede hacer un paralelismo entre la acción de Dios en el primer capítulo de Génesis y el mandato de Jesús que leemos en el Evangelio. Se me ocurren estos pasos que quiero comentar con vosotros. Luego, dejo a cada cual pensar si son acertados o no.

En primer lugar, el libro del Génesis nos cuenta la creación. Al terminar cada día se nos dice: “y vio Dios que era bueno”. Lo que Dios crea lo convierte en bueno. Eso se nos suele olvidar con frecuencia. De Jesús nos dice san Lucas, que “pasó haciendo el bien”. El Padre y el Hijo están empeñados en hacernos ver que la creación, cuya obra magistral, somos nosotros, es algo bueno. Lo que Dios crea, lo hace para bien del hombre. Lo que Jesús hace, lo que recrea, lo hace para bien del hombre.

En segundo lugar, se nos dice que el séptimo día “Dios descansó”. Después de haber creado todo y ver que era bueno, Dios descansa y le deja al hombre la tarea de conservar, de cuidar lo creado. Jesús pasó haciendo el bien y enseñando a los discípulos y a todo hombre que le escuchaba, que su tarea era continuar la obra del Padre mostrando siempre lo bueno de la creación y del hombre.La Ascensióntiene aquí su momento. Igual que Dios descansa cuando termina la creación, Jesús vuelve al Padre sabiendo que ha cumplido su misión: hacer un mundo más humano.

Un tercer momento corresponde a la orden que Dios da al hombre y a la mujer: “creced, multiplicaos, dominad la tierra”. Estas órdenes divinas van encaminadas a continuar la creación “buena” de Dios. Es una invitación a recibir lo bueno de Dios y a prolongarlo. Jesús les dice a los discípulos: “Id y proclamadla BuenaNoticiaa toda la creación”. Jesús se hace eco de la orden dada por Dios y la resume como Buena Noticia.

Salvar al hombre, liberarlo de todo mal, curarlo de toda enfermedad es lo fundamental dela Buena Noticia de Jesús, es la prolongación de la orden de “dominad la tierra”. Se trata de trabajar y conseguir que la creación realizada por Dios y culminada con la Buena Noticiade Jesús llegue a todos los hombres sin excepción. Proclamad la BuenaNoticiaa toda la creación es ni más ni menos que llegar a conocer y a vivir que todo era bueno cuando Dios lo creó y cuando Cristo lo redimió.

Y por último al culminar su obra Dios no deja solo al hombre. Le promete que seguirá con él por medio de su Espíritu, el mismo Espíritu que aleteaba sobre las aguas antes de toda la creación. Jesús no deja solos a los discípulos. Les promete y envía el mismo Espíritu de Dios para acompañarles en la tarea de hacer el bien y de ver que lo que Dios ha creado es bueno: esa es la Buena noticia por excelencia.

La Ascensión marca para los discípulos de Jesús el tiempo de dejarse guiar por el Espíritu para llevar a toda la creación la BuenaNoticiade que el hombre puede y debe pasar haciendo el bien, de que el hombre abra sus ojos para ver lo bueno de Dios en el hombre y en el mundo. Así como Dios dejó al hombre la tarea de continuar su obra buena ayudándole con su Espíritu, Jesús deja a sus discípulos la tarea de anunciar a toda la tierra esa obra buena de Dios, que es la creación y la salvación.

Nos toca a nosotros hoy vivir la Ascensión como acontecimiento de liberación y salvación y anunciarlo así a toda la creación.


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Homilia 6º domingo de Pascua. 13 de mayo de 2012

Como personas nos gusta mantener nuestras raíces, nos gusta recordar historias, anécdotas, recuerdos de nuestros padres, abuelos. Pensad que el verbo “recordar” hacer alusión al corazón. En el corazón es donde se guardan los recuerdos que tengamos, buenos o malos. Y mantener nuestras raíces es algo que a todos nos gusta, porque nos hace sentirnos unidos a quienes nos han precedido. A Jesús le gustaba también mantener sus raíces. Hoy Jesús hace cuatro veces referencia a sus raíces, es decir, al Padre.

Asimismo lo que recordamos, lo que guardamos en nuestro corazón nos gusta compartirlo, no con cualquiera, sino con aquellos que consideramos amigos. Jesús nos dice hoy también a nosotros: “ya no os llamo siervos, sino amigos” Con los amigos se comparten recuerdos, sentimientos, historias personales.

Jesús hoy acude a sus raíces para compartirlas con los discípulos, de forma más directa, pero también con nosotros por considerarnos sus amigos. Y lo que comparte son cuatro sentimientos que nos ayudan a descubrir cómo  es el Padre.

Estos cuatro sentimientos son, primero: “como el Padre me ha amado”. Jesús nos transmite el mejor sentimiento de un padre por su hijo: el amor. Ese mismo amor es el que Jesús tiene por nosotros. Jesús nos dice: mi raíz con el Padre está en el amor. Yo quiero uniros a ese amor que es vida. Y os invito a permanecer en este amor.

El segundo sentimiento es: “he guardado los mandamientos de mi Padre”. Guardar los mandamientos es la mejor manera de estar unido a Padre. Guardar los mandamientos es conservar en el corazón y en la vida todo lo recibido del Padre. Jesús nos invita a guardar, a conservar “los mandamientos del Padre” como El lo hizo.

El tercer sentimiento es: “lo que he oído a mi Padre”. A veces nos acordamos de consejos que nos dieron nuestros padres para la vida. Jesús nos transmite a lo largo del evangelio consejos que ha recibido del Padre: dar vida, conservar la vida, transmitir vida, no guardar la vida para sí mismo sino para entregarla a los demás. Todo esto es lo que Jesús “nos ha dado a conocer” de parte del Padre.

Y el cuarto sentimiento es: “lo que pidáis al Padre en mi nombre”. Cuando uno se considera parte de la familia se puede pedir. Nosotros se lo pedimos al Padre en nombre del Hijo amado. Las oraciones de la misa terminan siempre haciendo referencia al Hijo. “Por Jesucristo nuestro Señor”.

Hoy Jesús nos habla de sus raíces, de su unión con el Padre. Y nos lo cuenta a nosotros sus amigos, pidiéndonos dos cosas: “permanecer en su amor” y “guardar mis mandamientos”. Si nos consideramos amigos de Jesús guardemos el único mandamiento que nos ha dejado: “amaos como yo os he amado”.  Así nos mantendremos unidos a la verdadera raíz, que es el Padre de todos.


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Homilia domingo 5º Pascua. 6 de mayo 2012

En el mundo actual y en esta sociedad individualista que vivimos, las personas buscamos pertenecer a grupos de diversa índole: de amigos, sociales, religiosos, políticos. Estos grupos tienen sus características, sus normas, sus líderes. Sin ir más lejos, aclamar a un equipo de fútbol o a un cantante es una forma de buscar amigos que compartan con nosotros ilusiones y que nos hagan salir del anonimato que padecemos.

Este salir del anonimato nos da alegrías y también penas. Por eso cuando nos cansamos de ellos (equipo, cantante), les damos de lado, les abandonamos, o hasta nos aburrimos y pasamos a otra cosa. Somos nosotros quienes decidimos nuestra relación con ellos. A este aspecto de la vida le damos un sentido utilitarista.

El evangelio de hoy va más allá de lo dicho hasta ahora. Jesús nos dice: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. Y en el mismo evangelio de Juan, en otro texto, nos dice “no me habéis elegido vosotros a mí. Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que deis fruto”.

Para que haya sarmientos, antes tiene que haber un tronco. Los sarmientos no existen si no es porque está el tronco de la vid.  Dios nos elige a todos para formar parte de esa vid que es Jesús. Permaneciendo unidos a la vid es como tenemos vida de fe individual y comunitaria. Dios da el primer paso haciendo brotar del tronco sarmientos que tengan vida. Dios da el primer paso haciendo que nosotros formemos parte dela Iglesia.Seguiren ella depende de nosotros. Pero no podemos, no debemos convertir nuestra unión con la vid, nuestra permanencia con Cristo o nuestro ser Iglesia en algo utilitarista.

Jesús nos dice que El es la vid, pero señala que más importante que El, es el Padre. El Padre es el labrador y es el que poda al sarmiento para dar más fruto o el que lo arranca  si no da fruto. Así como a nivel humano aclamar a un equipo o cantante no da muchos frutos en la vida personal, aunque sí satisfacciones o penas, permanecer unido a Cristo  hará que demos frutos abundantes y el Padre nos podará para seguir creciendo.

Para Dios no hay categorías, no hay exclusividades. Esto lo hacemos los hombres, incluso dentro de la iglesia. Dios nos elige, nos une a El, por puro amor. Nos invita por medio de su Hijo a quitar el sentido utilitarista de nuestra unión con El y a permanecer unidos a la vid que es Cristo.

En la segunda lectura san Juan nos dice algo que nos puede ayudar en esta relación personal con Dios. “Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo”. A veces podemos sentir que somos sarmientos sin fruto. No será así si permanecemos unidos a Jesús. E incluso en el peor de los casos, incluso aunque demos todo por perdido, confiemos en este Dios que es mayor que nuestra conciencia y que actúa siempre en beneficio nuestro.

Recordemos que Dios nos ama y nos conoce. Eliminemos de nuestra relación con Dios cualquier sentido utilitarista y “tengamos plena confianza en Dios”, en el labrador que quiere que demos fruto unidos a la vid que es su Hijo. Estando unidos a Jesús, la vid, le conoceremos y Jesús, con su palabra y sus gestos, nos muestra cómo es el Padre y cómo actúa con nosotros: con amor y perdón.