Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilia Santisima Trinidad

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En la historia judeo cristiana para hablar de Dios se han usado lenguajes más o menos adaptados para comprenderle o intentar hacerle comprensible. El Antiguo Testamento acude a realidades diversas para que el pueblo de Israel llegue a conocer a Dios. Lo describe como el que cuida del pueblo, el que le quiere y está cercano a él en momentos difíciles, el que siempre le promete un futuro mejor por medio de los profetas.

En los evangelios, Jesús habla generalmente de Dios como Padre animado por el Espíritu de Dios. Lo vemos en algunas parábolas, cuando enseña a los discípulos a rezar, diciendo “Padre nuestro”, cuando le da gracias por estar con él. En el momento de la cruz oímos a Jesús acudir o rezar al Padre poniéndose en sus manos y pidiendo que perdone a los que le crucifican. Cuando habla del Padre usa un lenguaje accesible y comprensible por los que le escuchan.

Bien, decía, que a lo largo de la historia se han usado lenguajes más o menos adaptados para hacer comprensible a Dios. Hoy tenemos que buscar el mejor lenguaje para que los hombres de nuestro tiempo lleguen a conocer al Dios que nos predicó Jesús. Con todo respeto creo que la filosofía y la teología basada en la filosofía han elaborado un discurso sobre Dios que está muy lejano de nuestra manera de pensar y que poco sirve hoy para hablar de Dios.

Se trata de un discurso que aún sigue vigente. Todavía hoy rezamos, lo haremos en el prefacio, con lenguaje medieval para hablar de Dios como Trinidad. Se dirá “tres personas en una sola naturaleza”, y “adoramos tres personas distintas de única naturaleza  e iguales en su dignidad”. ¿Dónde usa Jesús en los evangelios esta forma hablar del Padre y del Espíritu?  

Si Jesús es más sencillo y nos habla de un Padre cercano, que perdona, que se preocupa de sus hijos que nos quiere. Si Jesús nos habla del Espíritu que El y el Padre nos enviarán para “guiarnos hasta la verdad plena”, es porque la gente que le escuchaba comprendía su mensaje y sus palabras. Jesús hablaba a personas que querían escuchar otra manera de hablar de Dios distinta a la que usaban los escribas y fariseos.

Jesús no hablaba tanto del Dios de la ley cuanto del Dios de la libertad. No tanto del Dios juez cuanto del Dios padre. No tanto del Dios lejano cuanto del Dios que está en nuestro corazón. No tanto del Dios que quiere sacrificios, sino del Dios que quiere misericordia. No tanto del Dios que exige cumplir la ley cuanto del Dios que pide ayudar al necesitado. No tanto del Dios encerrado en unas categorías filosóficas cuanto del Dios divino pero también humano. Jesús habla, en definitiva, de un Dios que es amor.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu iniciamos nuestra vida cristiana, iniciamos, muchas veces nuestro día, nuestra oración, nuestra Eucaristía. Hoy nos toca hablar más y mejor de un Dios parecido al que habla la primera lectura que al Dios “personas, naturaleza, sin distinción”. El hombre de hoy necesita, pide que le hablemos del Dios cercano a su vida y a su corazón. El hombre de hoy necesita que le hablemos del Dios que nos ha hablado Jesús en los evangelios. Hagámoslo así. Seguro que llegaremos a la gente de nuestro tiempo como Jesús llegó a su gente. Seguro que verán en este Dios un Dios en quien creer y amar.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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