Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilía domingo 3º de Pascua. 22 de abril 2012

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Las personas, al hablar,  echamos mano de dos fuentes: el conocimiento y la experiencia. Hoy nos encontramos con que hay personas que hablan de cualquier cosa sin tener conocimiento del tema y hay personas que confunden experiencia con conocimiento. Los hay asimismo que dicen que la experiencia es un grado. Así como el conocimiento se adquiere, la experiencia es fruto de vivencias personales.

Los evangelios nos transmiten la experiencia de los discípulos con Jesús. Se trata de una experiencia personal y colectiva, pero en la que hay un antes y un después de la muerte y resurrección de Jesús. La experiencia con Jesús antes de su resurrección es distinta a la posterior a su resurrección. No hay más que leer los evangelios de las apariciones de Jesús para darse cuenta que se trata de una vivencia distinta a la que tuvieron los discípulos con Jesús “mientras él vivió con nosotros” como dice san Pedro.

Leyendo el evangelio de hoy, y otros evangelios de apariciones, nos encontramos con una experiencia de los discípulos que bien puede reflejar nuestra propia experiencia. Vamos por partes:

Jesús se presenta a los discípulos y les desea paz porque les ve sorprendidos y alarmados. Pensemos que una relación íntima de Dios con cualquier persona puede suscitar sorpresa y alarma. De ahí que el primer deseo de Dios, de Jesús sea la paz. Posiblemente cuando hemos tenido un encuentro personal con Dios, del tipo que sea, en un primer momento nuestro corazón se ha podido ver sorprendido, asustado e incluso alarmado. Tenemos ejemplos dentro y fuera dela Biblia: Zacarías y María.

Ese encuentro con Dios que puede suscitar sorpresa y susto, se ve recompensado por la paz. Dios no se relaciona con nosotros para asustarnos, sino para darnos paz. El quiere quitar todo miedo y temor que haya en nosotros y sustituirlo por su paz. A nosotros nos puede costar aceptar esa relación personal con Dios, por eso su presencia está llena de paz. Tener experiencia de Dios es sentirse lleno de El y de su paz.

En un segundo momento los discípulos “no acaban de creer por la alegría”. La presencia de Dios en la vida y su relación con El se realizan por la fe. Hay que estar abiertos a la relación con Dios igual que estamos abiertos a la relación entre nosotros. Para que se de esa relación hay que confiar o hay que tener fe. Una relación íntima y abierta con Dios supone la fe y proporciona alegría. Fe y alegría van unidas.

En un tercer momento Jesús “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Encontrarnos con Dios, vivir una relación personal con El, o tener experiencia de Dios lleva consigo “comprenderla Escrituras”. Comprenderla Escriturano significa tanto conocer intelectualmente. Comprenderla Escriturasignifica: meterse de lleno en el plan de Dios, es dejarse llenar de su presencia amorosa y salvadora. Es relacionar a Dios con la vida, con el perdón, con el amor y todo esto gracias a su Hijo Jesús.

Este evangelio nos invita a abrir nuestro corazón y nuestro entendimiento para vivir, no para tener, sino para vivir una relación íntima y personal con Dios, para vivir la experiencia de su presencia en medio de nosotros. Presencia que llena de paz, de fe, de alegría y de comprensión de su amor.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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