Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Domingo 3 Junio 2012 – Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DE LA
SANTÍSIMA TRINIDAD

PRIMERA LECTURA

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:
– «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor5 vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 1 2b)
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.


SEGUNDA LECTURA

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba!” (Padre)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.


Aleluya Ap 1, 8
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.
EVANGELIO
Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
– «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.


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Homilia “Pentecostés. 2012

El domingo pasado hablaba de cómo Dios Padre descansó el séptimo día y nos dejó la obra de la creación y de cómo Jesús, al subir a los cielos, encargó a los discípulos anunciarla BuenaNoticiaa todos los hombres. Decía también que ni el Padre ni Jesús nos dejan solos. Prometen estar con nosotros siempre y nos envían el Espíritu.

El Espíritu es el mismo Dios que se nos da para continuar la obra de la creación y para anunciar el Evangelio a toda la creación. Este Espíritu, que es Dios mismo, es el que descendió sobre Jesús en el momento de su Bautismo en el Jordán. Es el mismo Espíritu que Jesús, al morir, exhaló sobre la iglesia incipiente representada en su madre y en el discípulo amado. Este Espíritu, es decir, Dios mismo, se hace presente en la vida dela Iglesiaanimándola y dándole fuerzas para ser testigo del Reino de Dios.

Aparte de todo lo que se pueda decir de él, yo me centraré en tres notas tomadas de las lecturas de hoy. La primera nota es la libertad. El Espíritu de Dios actúa libremente. Nadie puede poner límites a su acción. Dice san Pablo en la segunda carta a los Corintios: “…donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2Cor 3,17). Nadie tiene la exclusividad del Espíritu porque siendo libre, no se deja encasillar por nosotros.

Esa libertad se manifiesta, como dice la segunda lectura de hoy, en dones, ministerios, funciones. El Espíritu quiere que su libertad, la vivan también aquellos sobre quienes El actúa. Es más esa libertad, que tiene que servir para el bien común, no está exenta de problemas. Los hay que por dejarse llevar por el Espíritu han sufrido. Pensemos que el primero que tuvo problemas por dejarse guiar por El, fue Jesús. El Espíritu es libre y derrama libertad sobre todo hombre.

La segunda nota es la universalidad de Espíritu. Lo vemos en la primera lectura de hoy. Todos oían hablar a los apóstoles de las maravillas de Dios en su propia lengua. El Espíritu, por ser el mismo Dios, no es exclusivista. Se manifiesta incluso en aquellos que nos parecen alejados de Dios. Esa universalidad del Espíritu es la que rompe toda barrera para hacerse presente en la vida de todo hombre sin distinción de raza, lengua, nación, ideología. No es un Espíritu elitista sino abierto porque es libre.Y la tercera nota que complementa a la anterior es que es un Espíritu personal. Aun actuando de manera universal, El centra su acción a través de personas. Las palabras de Jesús en el evangelio: “recibid el Espíritu Santo” van dirigidas a cada uno de los discípulos en particular y a todos como comunidad de testigos de Jesús. Este Espíritu es el que más tarde guiará a cada discípulo para predicarla BuenaNoticiaa toda la creación. Este Espíritu es el que hoy nos guía a cada uno de nosotros para con nuestra vida y palabra continuemos la acción de Jesús.

Nosotros recibimos el Espíritu de Dios en el bautismo. Lo recibimos cada día para continuar la obra de la creación del Padre y de la salvación operada por el Hijo. Hoy nosotros recibimos esa libertad del Espíritu para ser libres, recibimos dones, ministerios y funciones para el bien común y lo recibimos de forma personal y como miembros de la Iglesia. Para recibirlo Jesús nos deja su paz y nos envía al mundo como El fue enviado por el Padre. Os invito a acoger el Espíritu y a dejarse guiar por El


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Oracion al Espiritu Santo

Ven, Espíritu Santo

Ven, porque donde Tú estás hay libertad (2Co 3,17)

y hay verdad, y hay humildad y riqueza,

y hay comunión y esperanza,

y hay alegría y paz.
Ven, porque donde Tú estás, está Cristo.
Ven, para que se multipliquen los profetas y testigos.
Ven, fuerza secreta que se manifiesta en la debilidad.
Ven, y enséñanos a decir sí.

Ven, porque somos pobres y Tú nos enriqueces con tus dones.
Eres capaz de poner un gozo secreto en medio del sufrimiento.

 

Sin el Espíritu, nada

Sin el Espíritu no podríamos ni siquiera decir «Jesús es el Señor» (ICo 12,3)
Sin el Espíritu no podríamos orar como conviene (Rm 8,26)
Sin el Espíritu no conoceríamos la verdad de Cristo ni el misterio de Dios.
Sin el Espíritu no podríamos vivir en amor (cf. Rm 5,5)
Sin el Espíritu no entenderíamos el Evangelio ni la Escritura, que se nos
quedaría en letra muerta.

Sin el Espíritu no habría testigos del Evangelio, no habría Iglesia.
Sin el Espíritu los sacramentos se quedarían en ritos.
Sin el Espíritu la Palabra sonaría a palabrería, voz vacía.

Sin el Espíritu la memoria de Cristo se perdería, quedaría en un profeta
fracasado. «El Espíritu lo recordará todo» (Jn 14,26), nos recordará a Jesús, es la memoria histórico-salvífica de Dios. La historia de Jesús podría parecemos muy vieja, milenaria, pero el Espíritu la actualiza, nos la hace revivir. Jesús
será siempre actual, siempre joven.

 


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Lecturas de la misa – Domingo 27 Mayo 2012 – Pentecostés

DOMINGO DE PENTECOSTÉS
MISA DEL DIA

PRIMERA LECTURA

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

– «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa?

Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 103, 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34
Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Cuántas son tus obras, Señor; la tierra está llena de tus criaturas.

Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra.

Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras. Que le sea agradable mi poema, y yo me alegraré con el Señor.


               SEGUNDA LECTURA

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12, 3b-7. 12-13

Hermanos:
Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo.
Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios.


SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.


Aleluya
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.
EVANGELIO
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.  Recibid el Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros.»
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:  «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– «Recibid’ el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Palabra de Dios.


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Homilia: Ascensión. 20 de mayo de 2012

Al hablar de esta fiesta de Jesucristo, creo que, entre otras cosas, se puede hacer un paralelismo entre la acción de Dios en el primer capítulo de Génesis y el mandato de Jesús que leemos en el Evangelio. Se me ocurren estos pasos que quiero comentar con vosotros. Luego, dejo a cada cual pensar si son acertados o no.

En primer lugar, el libro del Génesis nos cuenta la creación. Al terminar cada día se nos dice: “y vio Dios que era bueno”. Lo que Dios crea lo convierte en bueno. Eso se nos suele olvidar con frecuencia. De Jesús nos dice san Lucas, que “pasó haciendo el bien”. El Padre y el Hijo están empeñados en hacernos ver que la creación, cuya obra magistral, somos nosotros, es algo bueno. Lo que Dios crea, lo hace para bien del hombre. Lo que Jesús hace, lo que recrea, lo hace para bien del hombre.

En segundo lugar, se nos dice que el séptimo día “Dios descansó”. Después de haber creado todo y ver que era bueno, Dios descansa y le deja al hombre la tarea de conservar, de cuidar lo creado. Jesús pasó haciendo el bien y enseñando a los discípulos y a todo hombre que le escuchaba, que su tarea era continuar la obra del Padre mostrando siempre lo bueno de la creación y del hombre.La Ascensióntiene aquí su momento. Igual que Dios descansa cuando termina la creación, Jesús vuelve al Padre sabiendo que ha cumplido su misión: hacer un mundo más humano.

Un tercer momento corresponde a la orden que Dios da al hombre y a la mujer: “creced, multiplicaos, dominad la tierra”. Estas órdenes divinas van encaminadas a continuar la creación “buena” de Dios. Es una invitación a recibir lo bueno de Dios y a prolongarlo. Jesús les dice a los discípulos: “Id y proclamadla BuenaNoticiaa toda la creación”. Jesús se hace eco de la orden dada por Dios y la resume como Buena Noticia.

Salvar al hombre, liberarlo de todo mal, curarlo de toda enfermedad es lo fundamental dela Buena Noticia de Jesús, es la prolongación de la orden de “dominad la tierra”. Se trata de trabajar y conseguir que la creación realizada por Dios y culminada con la Buena Noticiade Jesús llegue a todos los hombres sin excepción. Proclamad la BuenaNoticiaa toda la creación es ni más ni menos que llegar a conocer y a vivir que todo era bueno cuando Dios lo creó y cuando Cristo lo redimió.

Y por último al culminar su obra Dios no deja solo al hombre. Le promete que seguirá con él por medio de su Espíritu, el mismo Espíritu que aleteaba sobre las aguas antes de toda la creación. Jesús no deja solos a los discípulos. Les promete y envía el mismo Espíritu de Dios para acompañarles en la tarea de hacer el bien y de ver que lo que Dios ha creado es bueno: esa es la Buena noticia por excelencia.

La Ascensión marca para los discípulos de Jesús el tiempo de dejarse guiar por el Espíritu para llevar a toda la creación la BuenaNoticiade que el hombre puede y debe pasar haciendo el bien, de que el hombre abra sus ojos para ver lo bueno de Dios en el hombre y en el mundo. Así como Dios dejó al hombre la tarea de continuar su obra buena ayudándole con su Espíritu, Jesús deja a sus discípulos la tarea de anunciar a toda la tierra esa obra buena de Dios, que es la creación y la salvación.

Nos toca a nosotros hoy vivir la Ascensión como acontecimiento de liberación y salvación y anunciarlo así a toda la creación.


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Oración-reflexión para la Ascensión

Haremos esta ciudad parecida a la del futuro, la que soñaba el Apocalipsis
(21-22), la Ciudad de Dios:
• Si conseguimos que se fundamente sobre la justicia y la libertad,
• si nos esforzamos en derribar muros y murallas, a la vez que vamos construyendo puentes y autovías;
• si apagamos los fuegos del odio y encendemos el fuego del amor;
• si enterramos las armas desactivándolas, y sembramos las flores de lapaz;
• si construimos la casa familiar sobre roca y no sobre arenas movedizas;
• si ahuyentamos las tinieblas del vacío y el error, y encendemos las lámparas de la fe;
• si superamos el desencanto con dosis generosas de ilusión y esperanza;
• si donde hay corrupción ponemos la sal de la limpieza de corazón;
• si ofrecemos a los que están tristes y solos la alegría de la amistad;
• si en los desiertos del paganismo abrimos las fuentes del Espíritu;
• si curamos los ojos de los ciegos con las medicinas de nuestra fe y nuestro amor.

+ Ausencia y presencia

• Se va, pero se queda. No lo vemos corporalmente, pero lo experimentamos espiritualmente. Sabemos bien dónde están esas presencias, pero necesitamos fe para descubrirlas.
• Se va para que crezcamos, para que no seamos infantiles, los que necesitan siempre el arropo de los demás y no saben vivir a la intemperie.
• Se va, pero nos espera. Él va delante para prepararnos sitio, pero donde está la cabeza deben estar los miembros.
• Se va, pero nos regala. Se fue bendiciendo y no deja de bendecir. Intercede por nosotros y nos consigue todas las gracias del cielo.
• Se va, pero volverá. No se ha olvidado de nosotros. Volverá para llevarnos con él —que estén también conmigo— y consumar su obra.


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Lecturas de la misa – Domingo 20 Mayo 2012 – Ascensión del Señor

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

PRIMERA LECTURA

Lo vieron levantarse

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1-11

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.

Una vez que comían juntos, les recomendó:
«No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.»
Ellos lo rodearon preguntándole:
– «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»
Jesús contestó:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:- «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9(W.: 6)
Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.

Pueblos todos batid palmas, aclamad a Dios con gritos de júbilo; porque el Señor es sublime y terrible, emperador de toda la tierra.

Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas; tocad para Dios, tocad, tocad para nuestro Rey, tocad.

Porque Dios es el rey del mundo; tocad con maestría. Dios reina sobre las naciones, Dios se sienta en su trono sagrado.


SEGUNDA LECTURA

Lo sentó a su derecha en el cielo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23

Hermanos:

Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.
Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Palabra de Dios.


Aleluya Mt 28, 19.20
Id y haced discípulos de todos los pueblos -dice el Señor-; yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
EVANGELIO
Subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios

Conclusión del santo evangelio según san Marcos 16, 15-20
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:
«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.
El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado.
A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.
Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra de Dios.

 


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Homilia 6º domingo de Pascua. 13 de mayo de 2012

Como personas nos gusta mantener nuestras raíces, nos gusta recordar historias, anécdotas, recuerdos de nuestros padres, abuelos. Pensad que el verbo “recordar” hacer alusión al corazón. En el corazón es donde se guardan los recuerdos que tengamos, buenos o malos. Y mantener nuestras raíces es algo que a todos nos gusta, porque nos hace sentirnos unidos a quienes nos han precedido. A Jesús le gustaba también mantener sus raíces. Hoy Jesús hace cuatro veces referencia a sus raíces, es decir, al Padre.

Asimismo lo que recordamos, lo que guardamos en nuestro corazón nos gusta compartirlo, no con cualquiera, sino con aquellos que consideramos amigos. Jesús nos dice hoy también a nosotros: “ya no os llamo siervos, sino amigos” Con los amigos se comparten recuerdos, sentimientos, historias personales.

Jesús hoy acude a sus raíces para compartirlas con los discípulos, de forma más directa, pero también con nosotros por considerarnos sus amigos. Y lo que comparte son cuatro sentimientos que nos ayudan a descubrir cómo  es el Padre.

Estos cuatro sentimientos son, primero: “como el Padre me ha amado”. Jesús nos transmite el mejor sentimiento de un padre por su hijo: el amor. Ese mismo amor es el que Jesús tiene por nosotros. Jesús nos dice: mi raíz con el Padre está en el amor. Yo quiero uniros a ese amor que es vida. Y os invito a permanecer en este amor.

El segundo sentimiento es: “he guardado los mandamientos de mi Padre”. Guardar los mandamientos es la mejor manera de estar unido a Padre. Guardar los mandamientos es conservar en el corazón y en la vida todo lo recibido del Padre. Jesús nos invita a guardar, a conservar “los mandamientos del Padre” como El lo hizo.

El tercer sentimiento es: “lo que he oído a mi Padre”. A veces nos acordamos de consejos que nos dieron nuestros padres para la vida. Jesús nos transmite a lo largo del evangelio consejos que ha recibido del Padre: dar vida, conservar la vida, transmitir vida, no guardar la vida para sí mismo sino para entregarla a los demás. Todo esto es lo que Jesús “nos ha dado a conocer” de parte del Padre.

Y el cuarto sentimiento es: “lo que pidáis al Padre en mi nombre”. Cuando uno se considera parte de la familia se puede pedir. Nosotros se lo pedimos al Padre en nombre del Hijo amado. Las oraciones de la misa terminan siempre haciendo referencia al Hijo. “Por Jesucristo nuestro Señor”.

Hoy Jesús nos habla de sus raíces, de su unión con el Padre. Y nos lo cuenta a nosotros sus amigos, pidiéndonos dos cosas: “permanecer en su amor” y “guardar mis mandamientos”. Si nos consideramos amigos de Jesús guardemos el único mandamiento que nos ha dejado: “amaos como yo os he amado”.  Así nos mantendremos unidos a la verdadera raíz, que es el Padre de todos.


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Lecturas de la misa – Domingo 13 Mayo 2012 – Dom. 6º de Pascua

DOMINGO VI DE PASCUA

PRIMERA LECTURA

El don del Espíritu Santo se ha derramado también sobre los gentiles

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 25-26. 34-35. 44-48

Cuando iba a entrar Pedro, salió Cornelio a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje, pero Pedro lo alzó, diciendo:  -«Levántate, que soy un hombre como tú.»

Pedro tomó la palabra y dijo:  – «Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea.»
Todavía estaba hablando Pedro, cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que escuchaban sus palabras.
Al oírlos hablar en lenguas extrañas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes circuncisos, que habían venido con Pedro, se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se derramara también sobre los gentiles.

Pedro añadió:
– «¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?»
Y mandó bautizarlos en el nombre de Jesucristo.
Le rogaron que se quedara unos días con ellos.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 c£ 2b)

El Señor revela a las naciones su salvación.

Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; gritad, vitoread, tocad.


SEGUNDA LECTURA

Dios es amor

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 4, 7-10

Queridos hermanos:
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.
En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados.

Palabra de Dios.


Aleluya Jn 14, 23
El que me ama guardará mi palabra, -dice el Señor- y mi Padre lo amará, y vendremos a él.
EVANGELIO
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.
Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y’ permanezco en su amor.
Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.
Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.
No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.
De modo que lo que pidáis el Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra de Dios.

 


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Homilia domingo 5º Pascua. 6 de mayo 2012

En el mundo actual y en esta sociedad individualista que vivimos, las personas buscamos pertenecer a grupos de diversa índole: de amigos, sociales, religiosos, políticos. Estos grupos tienen sus características, sus normas, sus líderes. Sin ir más lejos, aclamar a un equipo de fútbol o a un cantante es una forma de buscar amigos que compartan con nosotros ilusiones y que nos hagan salir del anonimato que padecemos.

Este salir del anonimato nos da alegrías y también penas. Por eso cuando nos cansamos de ellos (equipo, cantante), les damos de lado, les abandonamos, o hasta nos aburrimos y pasamos a otra cosa. Somos nosotros quienes decidimos nuestra relación con ellos. A este aspecto de la vida le damos un sentido utilitarista.

El evangelio de hoy va más allá de lo dicho hasta ahora. Jesús nos dice: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. Y en el mismo evangelio de Juan, en otro texto, nos dice “no me habéis elegido vosotros a mí. Soy yo quien os he elegido y os he destinado para que deis fruto”.

Para que haya sarmientos, antes tiene que haber un tronco. Los sarmientos no existen si no es porque está el tronco de la vid.  Dios nos elige a todos para formar parte de esa vid que es Jesús. Permaneciendo unidos a la vid es como tenemos vida de fe individual y comunitaria. Dios da el primer paso haciendo brotar del tronco sarmientos que tengan vida. Dios da el primer paso haciendo que nosotros formemos parte dela Iglesia.Seguiren ella depende de nosotros. Pero no podemos, no debemos convertir nuestra unión con la vid, nuestra permanencia con Cristo o nuestro ser Iglesia en algo utilitarista.

Jesús nos dice que El es la vid, pero señala que más importante que El, es el Padre. El Padre es el labrador y es el que poda al sarmiento para dar más fruto o el que lo arranca  si no da fruto. Así como a nivel humano aclamar a un equipo o cantante no da muchos frutos en la vida personal, aunque sí satisfacciones o penas, permanecer unido a Cristo  hará que demos frutos abundantes y el Padre nos podará para seguir creciendo.

Para Dios no hay categorías, no hay exclusividades. Esto lo hacemos los hombres, incluso dentro de la iglesia. Dios nos elige, nos une a El, por puro amor. Nos invita por medio de su Hijo a quitar el sentido utilitarista de nuestra unión con El y a permanecer unidos a la vid que es Cristo.

En la segunda lectura san Juan nos dice algo que nos puede ayudar en esta relación personal con Dios. “Dios es mayor que nuestra conciencia y conoce todo”. A veces podemos sentir que somos sarmientos sin fruto. No será así si permanecemos unidos a Jesús. E incluso en el peor de los casos, incluso aunque demos todo por perdido, confiemos en este Dios que es mayor que nuestra conciencia y que actúa siempre en beneficio nuestro.

Recordemos que Dios nos ama y nos conoce. Eliminemos de nuestra relación con Dios cualquier sentido utilitarista y “tengamos plena confianza en Dios”, en el labrador que quiere que demos fruto unidos a la vid que es su Hijo. Estando unidos a Jesús, la vid, le conoceremos y Jesús, con su palabra y sus gestos, nos muestra cómo es el Padre y cómo actúa con nosotros: con amor y perdón.