Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia Pascua de Resurrección

Ante todo: FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!!!

Para todo cristiano este domingo de Pascua, la fiesta más importante del año, como cualquier otro domingo, tendría que ser motivo de alegría por recordar, celebrar y vivirla Resurrecciónde Jesús. Motivo de esperanza porque su resurrección es prenda y garantía de nuestra propia resurrección y motivo de agradecimiento porque nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos y porque su última palabra esla VIDA.Eldomingo es el día del Señor, pero no de cualquier señor, sino de Jesús que siendo Señor nos ha dado ejemplo de una vida entregada a los demás.

En este domingo de Pascua las lecturas nos proponen tres acciones. La primera acción la tomamos del evangelio y es la de VER. El discípulo que Jesús tanto quería, y que somos cada uno de nosotros, VIO. El vio que Jesús ya no estaba allí, sí sus vendas y sudario, y tal vez hizo suya la reflexión de María Magdalena: “se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Su primera reacción después de ver la vendas en el suelo, fue la de no entrar. Se suele decir que por respeto a Simón Pedro, pero podemos pensar que no entró, no porque en él surgieran dudas sino porque quería confirmar y reafirmar su fe en Jesús, su fe en el maestro que había dicho que resucitaría. No entró porque ya no necesitaba más prueba que la de VER que Jesús no estaba allí. Su ver iba más lejos que la visión de los ojos. Su ver le lleva a la segunda acción que nos habla el evangelio: CREER.

Para el discípulo que Jesús tanto quería, ver le llevó a creer y creer definitivamente en Jesús. El ya no necesitaba más pruebas, ni siquiera las vendas y el sudario le servían como pruebas de la resurrección de Jesús. Ahora es la FEla que le lleva a CREER en Jesús. Ahora es cuando el discípulo que Jesús tanto quería y Pedro y los demás discípulos entienden  la Escrituray lo que esta decía de Jesús: “que él había de resucitar de entre los muertos”. La comprensión dela Escritura, es decir de la Palabrade Dios, les ayuda a CREER. Lo mismo nos debería pasar a nosotros. Leer y comprender la Escritura nos ayudará a vivir la fe.

La fe en Jesús resucitado llevó a este discípulo, a Pedro y a los demás discípulos a proclamar con su palabra y a ratificar con su vida y su martirio que Jesús había resucitado. Y esta es la tercera acción: la del testimonio. La vemos en la primera lectura. Pedro está hablando en casa de Cornelio, un centurión romano, y les expone con su palabra y su testimonio lo que Jesús hizo y dijo y cómo él y los demás discípulos son testigos de lo que habían visto y oído. Muchas personas han dado y siguen dando testimonio de que Jesús ha resucitado.

Estas tres acciones se nos proponen a nosotros desde nuestra aceptación consciente y libre de seguir a Jesús. Que veamos a Jesús en la vida, y que aunque se nos den pruebas, estas nos tienen que llevar a Jesús. Que creamos en Jesús y en su resurrección, que es lo mismo que decir, en la vida y tercero que después de ver y creer seamos testigos, demos testimonio con nuestra palabra y nuestra vida de Cristo resucitado.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


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Homilia Vigilia Pascual

En esta noche celebramos

1. el triunfo de la vida:  aunque nos parezca extraño…la vida triunfa sobre la muerte. Dios es un Dios de vivos… La resurrección de Jesús es el mejor signo que Dios nos ha dado para decirnos que la muerte no tiene la última palabra, sino que la tienela VIDA. Que resuene en nuestros oídos y corazón la frase de Jesús:  “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”…

2. el triunfo del amor:  El amor es más fuerte que la muerte: la pregunta de Pablo en Romanos: ¿Quién nos separará del amor de Dios? NADA ni NADIE…podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús. Manifestado en la resurrección de Jesús. El amor de Dios se ha manifestado en primer lugar en su Hijo querido y a través de El en todos nosotros…su amor triunfa sobre todo y por ello triunfa sobre la muerte.

3. el triunfo de la confianza/esperanza.  Cualquiera de los gritos de Jesús enla Cruzmanifiestan esta confianza en el Padre…pero sobre todo aquel de “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.  Todo lo que Jesús hizo y dijo lo pone en las manos del Padre para que por medio del Espíritu nos lo de a nosotros. Esa confianza de Jesús se prolonga en nuestra confianza en el Padre, en saber verdaderamente que la resurrección de Jesús es el signo de esperanza de nuestra propia resurrección.

4. el triunfo de luz.  Cristo nos dice “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”… Tenemos un punto de referencia para saber si estamos en la luz o no. Ese punto es Cristo. Y si a los ojos de los hombres Cristo fracasó…a los ojos de Dios, a los ojos de quienes intentamos seguir a Jesús tenemos una luz que guía nuestros pasos. Hoy que muchas personas buscan una luz, buscan algo o alguien que guíe, que oriente su vida…ha que responderles que la luz que puede ayudarles y orientarles es Cristo.

5. el triunfo nuestro realizado ya en Cristo. Aunque pueda parecer extraño la resurrección de Jesús es también nuestro triunfo. Cristo se ha adelantado a todos nosotros en manifestar la nueva vida que Dios quiere para todos. Cristo se ha adelantado a manifestar esa nueva realidad que, aunque no sabemos cómo es, es vivida por los que nos ha precedido con el signo de la fe. Cristo se ha adelantado en todos nosotros a vencer al último enemigo nuestro que es la muerte y ha triunfado sobre ella. Por ello el triunfo de Cristo es ya nuestro propio triunfo adelantado.

Que en  nuestros corazones resuene esta noche la palabra triunfo que es el mejor sinónimo que hoy podemos decir de resurrección. 

FELICES PASCUAS DE RESURRECCION


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Homilia Viernes Santo

La celebración de este día está centrada enla Pasióny Muerte de nuestro Señor Jesucristo y más concretamente en su signo visible que esla Cruz.Haremosuna breve procesión con ella, cantaremos su victoria y la adoraremos porque es salvación.

Ante este signo tan importante y tan vital para muchas personas se dan varias reacciones y actitudes. Voy a nombrar cuatro que me parecen reales. La primera de ellas es la del rechazo ala Cruz. El27 de noviembre de 2008 aparecía en el periódico ABC un dibujo de Máximo que decía: “no me aceptan ni como logotipo” y se veía una Cruz con Cristo crucificado. Hemos vivido estos días y lo seguiremos viviendo el intento de organizar una procesión laica por las calles de Madrid. Hay grupos de personas que profanan iglesias católicas en universidades españolas. Se pueden decir más.

Este rechazo puede provenir del odio ala Cruz, del odio a las personas que profesan la fe en el Crucificado, de una moda contra lo cristiano. Pero también puede provenir porquela Cruz, o más bien quienes la tenemos como signo, la hemos utilizado para conquistar, para matar, para imponer…algo que está muy alejado del mensaje y de la vida del mismo que está enla Cruz.

La segunda es la indiferencia antela Cruz.Enla crisis de valores éticos y morales que vivimos donde la indiferencia es la tónica dominante, el signo dela Cruzno escapa a esta indiferencia. Hasta tal punto que para muchas personas no deja de ser un adorno más que llevar o también formar parte de la moda.  Esta indiferencia deja de serlo, al menos, momentáneamente, en ciertas fechas  como Navidad, Semana Santa, las fiestas de los pueblos. Aquíla Cruzparece tocar un poco el corazón de las personas y dejar de resultar indiferente.

La tercera va unida al dolor y la muerte. Para algunas personasla Cruzimplica resignación, implica aceptación de realidades ante las que no podemos hacer nada. Uno puede resignarse, pero hay personas, y peor aún cuando se trata de sacerdotes, que hacen hincapié en esta actitud de dolor y muestranla Cruzcomo algo querido por Dios aceptando el sufrimiento que conlleva y no exento de un cierto fanatismo. 

Y la cuarta actitud esla Cruzsigno de vida. Decir esto no es querer dar una solución fácil, no. Hoyla Cruzsigue siendo escándalo y necedad para muchos como dice San Pablo en la carta a los Corintios, pero para los llamados es “sabiduría de Dios y  fuerza de Dios” (1ªCor 1,23ss).La Cruzcomo forma escandalosa e ignominiosa de morir se convierte en signo de salvación para quien cree en Jesús.La Cruzes la fuerza que tenemos los cristianos, es la sabiduría que calla toda boca que no tiene argumentos para contradecir la entrega de un inocente, es la salvación y liberación para quien en momentos difíciles la mira y encuentra en ella esperanza sabiendo quela Cruzes signo de amor, no de odio. Es signo de entrega y no de obligación. Es signo de vida, no de muerte. Es en definitiva la manifestación de la debilidad humana de Dios hecho hombre que dando su vida por nosotros nos ha dado vida..


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Homilia Jueves Santo. 2012

En esta tarde de Jueves Santo celebramosla Cena del Señor por excelencia. Decir por excelencia, significa que todas las demás Cenas del Señor, o lo que es lo mismo, todas las Eucaristías, tienen su origen en esta Cena. Se trata, o se debería tratar, de una  celebración de carácter íntimo. El Señor se reúne con sus discípulos para entregarles, primero, lo más preciado que tiene toda persona: su vida. Y en segundo lugar, para entregarles su mensaje.

El evangelio nos introduce en una atmósfera cálida e intensa. Cálida porque el Señor hace con ellos algo impensable para un maestro: ¡lavar los pies a sus discípulos!. Impensable para un judío de la época. A nosotros acostumbrados a oírlo nos puede parecer normal. A los discípulos ese gesto les sorprendió. Pedro se niega, pero pensemos que posiblemente los demás discípulos también se horrorizarían ante lo que Jesús iba a hacer con ellos. Atmósfera cálida, también,  porque este gesto está hecho con cariño y desde lo que Jesús quería transmitir a los discípulos. El discípulo tiene que aprender del maestro. “Os he dado ejemplo…para que vosotros también lo hagáis”.

Hablaba también de una atmósfera intensa porque esa cena tan inesperada de Jesús con sus discípulos, hay que tener en cuenta que no se trata de la cena pascual judía, tiene un cierto aire de espera en algo que va a suceder y que los apóstoles no saben ni se lo imaginan. Intensa por el inicio con que introduce san Juan el texto: “Jesús…sabiendo que había llegado la hora…los amó hasta el extremo”. Se iniciaba la Pasión.

Hoy Jesús quiere estar a solas con los discípulos para decirles algo importante, y para ENTREGARLES el mensaje que resume toda su vida: el SERVICIO a los demás y su VIDA entregada por medio del pan y del vino. Y esto lo hace en un clima de intimidad. Este texto de san Juan, junto con el de Corintios, se parece a los que nos gusta hacer a nosotros cuando tenemos que comunicar algo importante a nuestros seres queridos. Lo hacemos en un ambiente familiar, cercano, íntimo.

El mensaje de Jesús es doble:

1º. El servicio a los demás. Sin este mensaje no se puede entender el de entregar la vida. Jesús pregunta “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?” El ejemplo que os doy y que quiero guardéis es el del servicio mutuo. Sin el ejemplo del servicio, no entendéis nada de lo que os he dicho y de lo que he hecho estando con vosotros. El resumen lo tenemos en esta frase: “Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”.

A nosotros, hoy, Jesús nos dice “comprendéis lo que he hecho con vosotros?” Y Jesús nos hace esta pregunta en un ambiente íntimo, el ambiente de esta Eucaristía. El gesto de lavar los pies…comprendámoslo y asumámoslo como el gesto de servicio por excelencia.  Lavar los pies, en definitiva, es querer decirnos Jesús que su mensaje es un mensaje de amor por la persona que necesite de nosotros.

Y 2º la vida entregada por  medio del pan y el vino. El mejor gesto para conocer a Jesús y su mensaje es tomar un trozo de pan y decir: “esto mi cuerpo” y una copa de vino: “este el cáliz de mi sangre”. En este sencillo gesto está resumida la entrega de Jesús a nosotros. Nos entrega su vida significada en el pan y el vino. Comprender y aceptar que el pan entregado y la sangre derramada son el signo de la permanencia de Cristo entre nosotros es comprender y aceptar el mensaje de Jesús como servicio y como vida.

Hoy también nosotros podemos leer en presente: “Jesús sabiendo que había llegado su hora…NOS amó hasta el extremo”.


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Homilia domingo de Ramos

Animo a tener los mismos sentimientos que tuvo JC:

               . fidelidad a Dios su Padre

               . servicio por amor a todos

               . entregar libremente su vida

               . trabajar por construir su reino…reino de paz.

 

Hoy seamos conscientes que la pasión de JC es también la pasión del hombre, de muchos hombres:

 

   Sentido positivo : (pasión=deseo)

    . de ser fieles a Dios nuestro Padre

    . de construir un mundo más fraterno…más evangélico

    . de entregar la vida al servicio de los demás.

    . de predicar con el ejemplo…

    . etc…

 

   Sentido negativo : (pasión=sufrimiento)

     . seguimos matando.

     . seguimos cometiendo injusticias que hacen sufrir

     . seguimos destruyendo el mundo

     . el reino que manda es el del fuerte, el del poderoso, …

     . etc.

 

De ahí…repito:  tengamos los mismos sentimientos que JC:

     . digamos palabras de ánimo (1ª lectura)

     . no nos echemos para atrás ante las dificultades…

     . contemos con la ayuda del Señor…

     . animémonos unos a otros con la entrega y servicio a los demás.

 

Así también Dios nos dará un nombre sobre todo nombre: HIJOS.


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Homilia domingo 5º de Cuaresma. 25 de marzo 2012

Posiblemente en un par de semanas podemos encontrarnos con una situación parecida a la que se nos narra al comienzo del evangelio: “entre los que habían venido a celebrar la fiesta…”. En un par de semanas, es decir, en Semana Santa, puede haber  personas que vayan a diversos lugares a celebrar la fiesta de Semana Santa y hagan la misma pregunta que los griegos hacen a Felipe: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”.  Para bastantes personasla SemanaSantase reduce a eso: quieren ver procesiones, quieren ver a Jesús, pero tal vez como espectáculo.

Esas personas están muy lejos del Jesús que nos presenta el cuarto evangelista. El Jesús del cuarto evangelio no es el Jesús de la pasión, del sufrimiento, sino el Jesús ya  glorificado. Basta con leer atentamente la pasión según san Juan para darse cuenta que Jesús es quien, por así decirlo, maneja los hilos de toda la acción. Podríamos decir que san Juan nos muestra no tanto el Jesús humano que sufre, sino el Jesús glorificado por la resurrección.

Esa glorificación que por dos veces se alude en el texto tiene tres aspectos. La primera es que Jesús, como el grano de trigo, pasa de la muerte a la vida. Es más Jesús pasa por la muerte, no para quedarse en ella, sino para dar vida, para traer vida. No puede dar vida quien antes no experimenta la muerte. El grano de trigo tiene que morir, que ser enterrado, para que de él surja una nueva vida, una espiga. En nuestra vida, a veces sin darnos cuenta, morimos a unas etapas, para hacer surgir, para dar vida a otras. Pensemos en los cambios que experimentamos a lo largo de nuestra existencia. Esos cambios pueden significar morir a algo antiguo para vivir algo nuevo.

El segundo aspecto está en negarse a sí mismo. Jesús nos da ejemplo de negarse a sí mismo para darse a los demás, para sacrificarse por todos. Quien se ama a sí mismo, se pierde. Y esto es verdad. Pensemos en esas personas que solo se preocupan por ellos mismos. Viven en la más absoluta soledad, no tienen amigos, sí conocidos, y al final se encuentran solos por haber pasado su vida en un puro pensar en sí mismos. Sin embargo cuando uno se da, cuando uno se niega a sí mismo, se guarda para la vida. Puede parecer un contrasentido, pero aceptemos que darse, que negarse no es perder, sino ganar. Jesús se dio, se negó a sí mismo para cumplir la voluntad del Padre. Viviendo la voluntad del Padre, el Padre le dio la vida, le dio un nombre sobre todo nombre.

Y el tercer aspecto es el seguimiento de Jesús. Seguir a Jesús es servir a los demás. O al revés, servir a los demás es seguir a Jesús. Jesús nos dice “no he venido a ser servido sino a servir”. Para llegar a decir y a vivir esta frase Jesús pasó por el desierto. Su paso por el desierto fue vivir todo un proceso de conversión personal, como decía el primer domingo de cuaresma, para elegir vivir según la voluntad del Padre. Vivir esa voluntad divina le costó oración y súplicas, (segunda lectura). El confió en el Padre y el Padre escuchó la oración del Hijo. El Padre le convirtió en autor de salvación para todos.

En este último tramo dela CuaresmaJesúsnos invita a morir al hombre viejo para vivir el hombre nuevo dela Pascua.Nosinvita a negarnos a nosotros mismos, para tener la misma vida que El, y nos invita a servir a los demás como signo de seguimiento. En estos tres aspectos está nuestra glorificación como la estuvo en Jesús por ser fiel a la voluntad del Padre.

 

 


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Homilía de San José

Notas sobre San José:

 

  1. su confianza en Dios. Es el hombre callado que escucha –a lo mejor no comprende- pero obedece.

La fe es confianza en la escucha y obediencia.

            Cabe preguntar y preguntarse…pero al final se confía.

José se pregunta…y confía.

            Si de Abraham se dice en la 2ª lectura que “creyó”…eso  mismo podemos decir

            de José: él creyó “contra toda esperanza” que llegaría a ser padre.

 

  1. es el hombre “silencioso”. Está ahí….junto a María y a Jesús…pero en silencio

Los evangelios nos hablan de él, pero él no dice nada. Tan solo ESTA.

Ese “estar” es acompañar…es compartir…es buscar…es cumplir con su ser

padre de Jesús…es hacer todo esto y más…en silencio.

  1. es el hombre centrado en la vida y para la vida.

Busca un lugar donde nazca “la vida” que es Jesús…Tiene que huir a Egipto

para preservar y salvar la vida de su hijo… como muchos padres y madres que

HOY también están centrados en la vida (suya y de sus hijos)

Cuando un padre o una madre luchan por una vida (del hijo)…nos dicen que

no hay cosa más preciada y preciosa para ellos que eso: recientes muertes…

 

  1. acepta que no es fácil entender al hijo. Algo parecido a lo que sucede hoy.

También es consciente que Jesús, según Lucas, sigue bajo su autoridad.

Autoridad entendida como respeto a las funciones que cada uno tiene que

desarrollar en la familia y que no son intercambiables, sino que son funciones

que sumadas facilitan el crecimiento de las personas.

Autoridad entendida como amor hacia la persona que la ayuda a crecer y a

desarrollar su persona en todos los aspectos. Autoridad que no impone sino

expone…que no coarta sino que abre puertas…

Creo que estas notas valen también para los sacerdotes y seminaristas…

Parte de nuestra misión como sacerdotes es la de confiar en el Padre de Jesús…realizar nuestra tarea en el silencio…trabajar por la vida y para la vida…y aceptar a las personas no imponiendo nuestra autoridad sino mostrarnos abiertos para, con otras personas, ayudar a crecer a la comunidad que se nos ha encomendado.


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Homilia domingo 4º de Cuaresma. 18 de marzo de 2012

De Dios solemos decir muchas cosas, intentamos definirle, aunque toda definición que hagamos de El siempre se quedará corta. En la 1ª carta de san Juan se le define como “Dios es amor” (1Jn 4,8.16). Al definirlo así estamos diciendo lo que Dios es para sí. Y no puede ser otra cosa que amor, porque Dios no es un ser solitario, sino que se nos muestra como Padre, Hijo y Espíritu y entre ellos la relación que existe es la del amor.

Ese amor se extiende a todos nosotros. Y la carta a los Efesios nos dice que Dios es “rico en misericordia”. Es el título de una encíclica de Juan Pablo II. Este Dios rico en misericordia lo es respecto de cada uno de nosotros. Es, si queréis, la manera de definirse Dios respecto de sus criaturas. La palabra misericordia incluye la palabra latina “cor-cordis”, corazón. Por ello decimos que Dios es rico de corazón, o bien, Dios tiene un gran corazón.

Y hoy la segunda lectura y el evangelio nos hablan del amor de Dios a nosotros: “por el gran amor con que nos amó”, dice la carta a los Efesios. Y “tanto amó Dios al mundo”, nos dice Jesús en el evangelio. El amor de Dios es pura gratuidad, es puro regalo, es algo que deberíamos interiorizar más que con la inteligencia, con el corazón. Y su amor al ser gratuito no pide nada a cambio.

Ese amor no nos lo ha manifestado con grandes signos o manifestaciones, no. Nos lo ha demostrado y manifestado enviándonos al Hijo. Y el Hijo se ha hecho uno de nosotros, ha tomado nuestra carne para de esa manera poder revelarnos mejor quién es el Padre y cómo es su amor por nosotros.

Las expresiones: “nos ha hecho vivir con Cristo”, “nos ha creado en Cristo Jesús” de la carta a los Efesios, las podemos unir a las de evangelio: “Dios entregó a su Hijo para que tengamos vida eterna”, “Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él”

Cuando se ama a una persona, como Dios nos ama, solo se quiere el bien para la persona amada, solo se busca lo mejor para ella, respetando su libertad. El verdadero amor respeta, deja a la otra persona ser ella misma. El verdadero amor une y ayuda sin exigir nada a cambio. Dios nos ama por pura gratuidad.

Dios rico en misericordia ha hecho y sigue haciendo todo lo que puede para manifestar su amor al mundo y a las personas.  Dios no hace las cosas por interés, las realiza por puro amor. Por puro amor nos hace vivir con Cristo, por puro amor nos entrega al Hijo, por puro amor nos salva, por puro amor nos resucita con Cristo y nos sienta con él en el cielo. ¿Se puede pedir más?

A nosotros nos queda vivir ese amor de Dios respondiendo con la fe en El. Dice un autor: “¿qué diferencia hay entre amor y fe? ¿Amar a alguien no es creer en él?” (A. Gesché. El hombre). A nivel humano, cuando amamos a alguien creemos en él. Lo mismo ocurre con Dios: Dios nos ama y cree en nosotros. O bien, Dios cree en nosotros y nos ama. Nosotros amamos a Dios y creemos en Él. O bien, nosotros creemos en Dios y le amamos. Amemos a este Dios rico en misericordia que nos amó hasta el extremo de enviar a su Hijo para salvarnos. Como dice el refrán: “amor con amor se paga”.  

 

 

 

 


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Homilía domingo 3º Cuaresma. Ciclo B. 11 de marzo 2012

Se puede decir que desde siempre el hombre busca y quiere signos. Hoy más que nunca se buscan signos en la economía, en la sociedad, en valores. Se habla de signos de reactivación, de regeneración, de crecimiento. La palabra signos está en boca de muchas personas.

También a la iglesia, de la que todos formamos parte, se le piden signos. Signos de vivencia del Evangelio. De compromiso con la fe que profesamos. De presencia en el mundo actual. De diálogo con las culturas que nos rodean.  De comunión con otras iglesias. De presencia entre los más pobres y necesitados.  

En la segunda lectura, san Pablo dice que los judíos piden signos y los griegos buscan sabiduría. Y en el evangelio los judíos preguntan a Jesús: “¿Qué signos nos muestras para obrar así?” Se trata de una pregunta con todo sentido. A una acción dura de Jesús le sigue una pregunta del por qué obra así. Dice un autor: “dentro de la sociedad y religión judías, Jesús no tenía ninguna autoridad para hacer eso…lo que tenía era la libertad personal para hacer la voluntad de Dios, sin que le importara lo que los demás pudieran pensar o decir” (Albert Nolan. Jesús hoy. Sal Terrae). El templo había perdido, en parte, su función de casa de oración.

Los judíos no ven o no quieren ver los signos que Jesús hace. San Pablo les hace el mismo reproche. Algo parecido pasa hoy en nuestro mundo. No se quieren ver los signos que la iglesia, entre otras instituciones, hace a favor de los demás con sus luces y sombras.

Jesús es signo para los de su generación y para toda generación posterior. Es signo de vida, de perdón, de nueva ley. El curaba, perdonaba, con escándalo de muchos, ponía a la persona por encima de la ley y nos dejó una nueva ley: amar como El amó.

Jesús es signo del nuevo templo. El templo de Jerusalén ya había sido destruido al escribir san Juan estas palabras. Jesús dice a la samaritana que a Dios se le adora y se le rinde culto “en espíritu y verdad”. Jesús inaugura unos tiempos nuevos donde el verdadero templo es El y su cuerpo, formado por todos los que intentamos seguirle.

Jesús es signo de la nueva relación de Dios con el hombre. Nueva relación  porque  Dios se ha hecho uno de nosotros, ha tomado nuestra condición humana, y se nos ha dado a conocer por los gestos y las palabras del Hijo. Conocer a Jesús es conocer al Padre. “Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”, dirá.

Jesús es signo de la nueva relación del hombre con el hombre. Jesús se acerca a todo aquel que sufre, que es despreciado, que es marginado para decirnos que esas barreras que establecemos entre nosotros han sido suprimidas de una vez por todas. El se ha acercado a nosotros, sea cual sea nuestra condición, para señalarnos el camino a seguir en nuestras relaciones: relaciones de hijos del mismo Padre y de hermanos en Jesús.

El templo de Jerusalén es signo de una alianza del pasado. Dice el evangelio que Jesús hablaba del templo de su cuerpo. El cuerpo de Jesús resucitado es el nuevo templo donde la única jerarquía es el servicio manifestado en dones para beneficio de todos. Aceptar este nuevo templo es formar parte de la iglesia que vive y transmite el mensaje de Jesús, que ejerce su acción caritativa a favor de los necesitados y que se reúne para celebrar su memoria enla Eucaristía.Nosotrossomos hoy signo de la presencia de Cristo en el mundo, somos el nuevo y definitivo templo que es su Cuerpo.


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Homilía domingo 2º de Cuaresma. Domingo 4 de marzo 2012

El domingo pasado hablaba de cómo Jesús aceptó libremente el plan de Dios, con sus luces y sombras, y cómo no siempre fue fácil para él. Ponerse de parte de Dios, de los necesitados, de los marginados de su tiempo le llevó a vivir momentos duros y  también momentos gratificantes.

El acontecimiento de la transfiguración es uno de esos momentos gratificantes en la vida de Jesús. San Marcos nos da un detalle curioso diciendo que los vestidos de Jesús se volvieron tan blancos como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Con este detalle el evangelista nos ofrece un signo. Es el signo de la nueva vida que el Padre dará a Jesús resucitándolo. Es la manera de decirnos que el Hijo, Jesús, inaugura la nueva vida, la vida que Dios quiere para cada uno de nosotros.

Pero vayamos al evangelio. En él hablan tres personas. Primero san Pedro. En este texto san Pedro se muestra conformista. Ya lo hace en el capítulo anterior al reprender a Jesús cuando anuncia a los discípulos que sufrirá la pasión, la muerte y que resucitará. San Pedro no quiere problemas, no quiere perder a Jesús que le da fuerza y seguridad y por eso se muestra conformista.

“¡Qué bien se está aquí!” dice san Pedro. Posiblemente esto lo decimos nosotros a menudo. No queremos problemas y por eso nos construimos una tienda, un refugio para no ver lo que sucede. La novedad del evangelio nos asusta y preferimos quedarnos como estamos. Una postura conformista que, a veces, también se da en la iglesia. Las cosas hay que dejarlas como están.

La segunda persona que habla es el Padre que reconoce por segunda vez a Jesús como el Hijo amado, la primera fue en el bautismo. Aquí el Padre añade: “escuchadle”. Moisés, el legislador, y Elías, el profeta representan el pasado. Por eso desaparecen. Ahora hay que escuchar al Hijo. San Marcos se lo dice a los tres discípulos que luego fueron importantes en la iglesia primitiva.

El Padre apuesta ya y para siempre por el Hijo. El Padre muestra con la transfiguración  que todo lo ha puesto en sus manos. El Hijo es la voz, es la palabra del Padre. Esto lo vemos sobre todo en el evangelio de san Juan donde Jesús hablará de su relación con el Padre, donde nos dirá que lo que hace y dice es porque se lo ha mandado el Padre y se lo ha oído al Padre. A nosotros también nos dice el Padre: escuchad a mi Hijo amado.

Y Jesús es la tercera persona que habla. Jesús manda a los discípulos no contar lo que han visto hasta que resucite. Ellos no lo entienden porque no entienden a Jesús. No entienden su vida, su mensaje. Les cuesta aceptar que Jesús les habla de un Reino que es servicio a los demás, es no buscar los primeros puestos, es dar la vida, es curar a los enfermos, es trabajar por la justicia, la paz, es vivir el perdón y el amor. No comprender esto es no comprender la transfiguración y la resurrección de Jesús.

Los discípulos comprendieron el mensaje y la vida de Jesús cuando le sintieron vivo en sus corazones. Nosotros comprenderemos el mensaje y la vida de Jesús cuando también le sintamos vivo en nuestro corazón y seamos capaces de vivir y trabajar por el Reino que Jesús predicó. Comprenderemos la novedad del Evangelio si de verdad escuchamos a Jesús y nos abrimos a la acción del Espíritu de Dios. Escuchemos en nuestras vidas la palabra del Padre que nos pide escuchar al Hijo y seguirle.