Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Homilía domingo 2º de Cuaresma. Domingo 4 de marzo 2012

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El domingo pasado hablaba de cómo Jesús aceptó libremente el plan de Dios, con sus luces y sombras, y cómo no siempre fue fácil para él. Ponerse de parte de Dios, de los necesitados, de los marginados de su tiempo le llevó a vivir momentos duros y  también momentos gratificantes.

El acontecimiento de la transfiguración es uno de esos momentos gratificantes en la vida de Jesús. San Marcos nos da un detalle curioso diciendo que los vestidos de Jesús se volvieron tan blancos como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Con este detalle el evangelista nos ofrece un signo. Es el signo de la nueva vida que el Padre dará a Jesús resucitándolo. Es la manera de decirnos que el Hijo, Jesús, inaugura la nueva vida, la vida que Dios quiere para cada uno de nosotros.

Pero vayamos al evangelio. En él hablan tres personas. Primero san Pedro. En este texto san Pedro se muestra conformista. Ya lo hace en el capítulo anterior al reprender a Jesús cuando anuncia a los discípulos que sufrirá la pasión, la muerte y que resucitará. San Pedro no quiere problemas, no quiere perder a Jesús que le da fuerza y seguridad y por eso se muestra conformista.

“¡Qué bien se está aquí!” dice san Pedro. Posiblemente esto lo decimos nosotros a menudo. No queremos problemas y por eso nos construimos una tienda, un refugio para no ver lo que sucede. La novedad del evangelio nos asusta y preferimos quedarnos como estamos. Una postura conformista que, a veces, también se da en la iglesia. Las cosas hay que dejarlas como están.

La segunda persona que habla es el Padre que reconoce por segunda vez a Jesús como el Hijo amado, la primera fue en el bautismo. Aquí el Padre añade: “escuchadle”. Moisés, el legislador, y Elías, el profeta representan el pasado. Por eso desaparecen. Ahora hay que escuchar al Hijo. San Marcos se lo dice a los tres discípulos que luego fueron importantes en la iglesia primitiva.

El Padre apuesta ya y para siempre por el Hijo. El Padre muestra con la transfiguración  que todo lo ha puesto en sus manos. El Hijo es la voz, es la palabra del Padre. Esto lo vemos sobre todo en el evangelio de san Juan donde Jesús hablará de su relación con el Padre, donde nos dirá que lo que hace y dice es porque se lo ha mandado el Padre y se lo ha oído al Padre. A nosotros también nos dice el Padre: escuchad a mi Hijo amado.

Y Jesús es la tercera persona que habla. Jesús manda a los discípulos no contar lo que han visto hasta que resucite. Ellos no lo entienden porque no entienden a Jesús. No entienden su vida, su mensaje. Les cuesta aceptar que Jesús les habla de un Reino que es servicio a los demás, es no buscar los primeros puestos, es dar la vida, es curar a los enfermos, es trabajar por la justicia, la paz, es vivir el perdón y el amor. No comprender esto es no comprender la transfiguración y la resurrección de Jesús.

Los discípulos comprendieron el mensaje y la vida de Jesús cuando le sintieron vivo en sus corazones. Nosotros comprenderemos el mensaje y la vida de Jesús cuando también le sintamos vivo en nuestro corazón y seamos capaces de vivir y trabajar por el Reino que Jesús predicó. Comprenderemos la novedad del Evangelio si de verdad escuchamos a Jesús y nos abrimos a la acción del Espíritu de Dios. Escuchemos en nuestras vidas la palabra del Padre que nos pide escuchar al Hijo y seguirle.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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