Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia domingo 11º tiempo ordinario ciclo B

Lo que voy a hacer este domingo es, primero, un gesto sencillo, que ahora explico y luego una breve aplicación a la vida.

GESTO:

 

1. En el presbiterio se colocan seis jardineras pequeñas llenas de tierra

2. En un plato hay semillas de plantas

3. Se pide a varias personas que salgan e introduzcan las semillas en la tierra.

4. Esto se realiza en silencio.

 

BREVE EXPLICACIÓN

Sirviéndonos del gesto realizado y con breve referencia a la primera lectura y al evangelio se puede hablar del crecimiento del Reino de Dios a tres niveles.

  1. nivel personal: Dios ha plantado la semilla del Reino en nuestro corazón. Nosotros somos la tierra que acoge con alegría dicha semilla. Esa semilla, el Reino, irá germinando y creciendo en nosotros a medida que la cuidemos. Dará fruto en la medida que nosotros nos dejemos llevar por el Espíritu de Dios y nos pongamos al servicio de los demás. Algunos podrán hacer germinar su semilla viéndonos a nosotros. Otros acudirán a nosotros para que les ayudemos. También nosotros pediremos ayuda a Dios y a los demás para crecer. El Reino de Dios crecerá con nosotros y en nosotros.
  2. nivel parroquial. Lo dicho en el nivel personal lo podemos decir en este nivel parroquial. Como parroquia podemos hacer crecer el Reino de Dios en nuestro entorno. Podemos dar testimonio de nuestra vida de fe y de compromiso ayudando a otros a hacer crecer su semilla. Podemos llevar a otros, de manera sencilla, el mensaje de Jesús. Aquí tenemos como parroquia una tarea evangelizadora muy bonita.
  3. nivel eclesial. De igual manera nuestra iglesia diocesana, o la iglesia universal puede considerarse esa semilla de Reino que puede ir sembrando en el corazón de muchas personas ayudándoles a vivir el mensaje de Jesús y a construir ya aquí el Reino de Dios. En la iglesia esa semilla se manifiesta de muchas maneras: testimonio, catequesis, oración, solidaridad, paz, justicia.

Cada uno de nosotros, a nivel personal y comunitario, piense qué semilla ha recibido para hacerla germinar para el bien común. Segundo, rece para que esa semilla no muera por falta de fe. Y, tercero, se comprometa a trabajar por el Reino con los dones que Dios le haya dado, con la semilla que haya recibido.


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Oraciones

 

• La Palabra, el agua y el Espíritu:
 tres fuerzas que crean y que lavan,
 que liberan y que sacian.

 Tres fragancias que recrean, vivifican,
 embriagan y fecundan.
 Tres signos que perdonan y transforman,
 santifican y embellecen.

• El Espíritu, el agua y la Palabra,

 las tres encontrarás en una sola casa.

• El agua, el Espíritu y la Palabra,

 los tres compenetrados son sacramentos que salvan.

• La Palabra, el agua y el Espíritu
 en una sola fuente:

 el Corazón de Cristo.

 

 

 

La Palabra se encarna

y se convierte para nosotros en…

Palabra de Vida

Palabra de esperanza

Palabra que acoge

Palabra que salva

Palabra de comunión

Palabra de alianza

Palabra de misericordia

Palabra que ama

Palabra de diálogo

Palabra que sana

Palabra comprensiva

Palabra de confianza

Palabra liberadora

 

Palabra callada

Palabra que perdona

Palabra que acompaña

Palabra sencilla

Palabra que nos da calma

Palabra exigente

Palabra de alabanza

Palabra que ilumina

Palabra que nos da la paz del alma

(Fernando López, Misionero de la Sda. Familia)

 

 


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Lecturas de la misa – Domingo 17 Junio 2012 – Dom. 11º T.O. ciclo B

Lecturas de la liturgia

Primera Lectura: Ezequiel 17,22-24

  • «Ensalzo los árboles humildes»Así dice el Señor Dios: «Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré. De sus ramas más altas arrancaré una tierna y la plantaré en la cima de un monte elevado; la plantaré e la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto y se hagas un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas. Y todos los árboles silvestres sabrán que yo soy el Señor, que humilla los árboles altos y ensalza los árboles humildes, que seca los árboles lozanos y hace florecer los árboles secos. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré».
  • Salmo Responsorial: 91
    «Es bueno darte gracias, Señor.»Es bueno dar gracias al Señor / y tocar para tu nombre, oh Altísimo, / proclamar por la mañana tu misericordia / y de noche tu fidelidad. R.

    El justo crecerá como una palmera, / se alzará como un cedro del Líbano; / plantado en la casa del Señor, / crecerá en los atrios de nuestro Dios. R.

    En la vejez seguirá dando fruto / y estará lozano y frondoso, / para proclamar que el Señor es justo, / que en mi Roca no existe la maldad. R

  • Segunda Lectura: II Corintios 5,6-10
    «En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor»Hermanos: Siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.
  • Evangelio: Marcos 4,26-34
    «Era la semilla más pequeña, pero se hace más alta que las demás hortalizas»En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.»

    Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas.» Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.


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Homilía Corpus Christi – domingo 10 de junio 2012

HOMILIA “Corpus Christi”.

 

En la vida de Jesús hay tres momentos importantes: el Bautismo en el Jordán, la muerte en Cruz y la Cena que comparte con sus discípulos la noche antes de morir en la Cruz. En esta Cena, Jesús toma un pan y dice: “tomad, esto es mi cuerpo”. Después, coge una copa y dice: “esta es mi sangre…derramada por todos.”.

 

En el Bautismo, Jesús se ve llamado a “anunciar la buena noticia a los pobres”. Misión que no es fácil como sabemos leyendo el evangelio. Pero es la misión que él acepta libremente y que vive en conflicto, a veces consigo mismo y con las autoridades religiosas de su tiempo. Esta misión le lleva a entregar su vida por el Reino de Dios y a manifestar su amor y el amor del Padre por los sencillos y necesitados.

 

El segundo es la muerte en Cruz, interpretada de diferentes maneras. Yo me quedo con la interpretación que leí en un libro de Religión hace años. Decía: “la muerte de Jesús es consecuencia de su vida”. (Religión de 2º de BUP Ediciones SM). La muerte de Jesús es consecuencia de una vida que nos habla del reino de Dios: de paz, de justicia, de amor, de perdón, reino de vida. Un reino opuesto, a veces, a los intereses humanos. Un reino donde el hombre está por encima de la ley. Y Jesús no duda en saltarse la ley cuando se trata de salvar, de curar, de liberar al hombre. “El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”.

 

El tercer momento es la Cena con sus discípulos. Esta última cena de Jesús reviste un carácter especial y extraordinario. No es una comida más de Jesús. Esta Cena, que es Eucaristía, es el signo que resume la vida de Jesús. Es el don de su vida a favor de los demás, o como dice el texto de Marcos: “de todos”.

 

Me centro en tres aspectos de la Eucaristía: como signo de vida, de amor y de compromiso. La vida de Jesús se resume en la Eucaristía. Su cuerpo entregado y su sangre derramada están haciendo referencia a la vida. La vida de Jesús fue una entrega total al bien de las personas. El quería darnos un ejemplo de lo que tiene que ser la vida de quien quiera seguirle. La vida de Jesús es ejemplo para todo creyente, es decir: hacer el bien, trabajar por la justicia, la paz, curar toda enfermedad. La Eucaristía nos interpela a seguir el ejemplo de Jesús y está orientada a crear fraternidad.

 

La Eucaristía es signo de amor. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”, dice Jesús. El, con su cuerpo y sangre, se entrega libremente y lo hace por amor y para ser consecuente con el Reino que ha predicado. Es imagen del Dios que es amor y que da la vida a todo hombre. No se puede celebrar la Eucaristía si falta el amor, si no se trabaja por la vida. Al comienzo de la Eucaristía pedimos perdón al Señor. Este pedir perdón es importante porque nos ayuda a darnos cuenta de nuestra falta de amor. Y si nos falta al amor, si no amamos, ¿qué significa la Eucaristía para nosotros? Jesús nos dice que hay que reconciliarse con el hermano. No podemos comulgar si nos falta el amor.

El tercer signo es el compromiso. Comulgar con Cristo nos tiene que llevar al compromiso de entregar la vida como él. Esto se traduce hoy en trabajar por el bien de los demás. En este tiempo de crisis no hay que olvidar este aspecto. No podemos comulgar y quedarnos de brazos cruzados.

 

 

 


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Oración y reflexiones en la fiesta del Corpus

Soluciones eucarísticas

• Compartir el pan, en vez de acapararlo. Es de justicia.

• Partir el pan, en vez de conservarlo. Es caridad.

• Sembrar el trigo, en vez de minas antipersonales. No más terror.

• Amasar la harina con ternura y esperanza. No con un frío interés.

• Cocer el pan en el horno del amor. No con el fuego de la avaricia.

• Proteger a los que siembran el pan con el sudor de su frente.

• Que el pan se coma en la mesa de la solidaridad y la fraternidad.

• Que comas menos pan, si alguien pasa hambre.

• Que se busquen los medios justos y solidarios de repartir los panes.

• Que si ya no tienes panes, tú mismo te hagas pan, como Dios.

ORACIÓN DE ALABANZA

Gracias, Cristo, Señor ungido,

por tu perfume de cielo,

gracias, Jesús, por tu santo Nombre,

Salvador, el Compasivo, el Consuelo.

Gracias por tus palabras

y por tus brazos abiertos.

Gracias por las semillas

que nos dejaste del Reino.

Y gracias por tu Abba, por tu Espíritu,

las bienaventuranzas y el Padre nuestro.

Gracias por la Eucaristía,

las gracias en sacramento;

todo el misterio de la Pascua

que comemos y bebemos.

Gracias por tu presencia,

medicina y alimento;

el pecado redimido,

la muerte ya no da miedo.

Te has quedado con nosotros,

nuestro amigo y compañero.

Solo te pido una cosa,

ser tu pan y tu fermento.

  • Vivir eucarísticamente es optar por la fuerza misteriosa de Cristo resucitado.
  • Vivir eucarísticamente es contar con la fuerza liberadora del Espíritu Santo.
  • Vivir eucarísticamente es creer que el pan partido es un fermento de renovación de las personas, de la Iglesia y de la sociedad.
  • Vivir eucarísticamente es crear lazos de comunión en un mundo roto y enfrentado.
  • Vivir eucarísticamente es aprender a colaborar, respetando la dignidad y los derechos de cada uno, respetando los carismas y capacidades de todos.
  • Vivir eucarísticamente es aprender a compartir.
  • Vivir eucarísticamente es aprender a servir.
  • Vivir eucarísticamente es optar por la gratuidad
  • Vivir eucarísticamente es vivir en el amor. Pero el amor entregado como el de Cristo, que se parte y se deja comer. «El que me come vivirá por mí» (Jn 6,57)


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Lecturas de la misa – Domingo 10 Junio 2012 – Cuerpo y Sangre de Cristo

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

PRIMERA LECTURA

Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros 


Lectura del libro del Éxodo 24, 3-8

En aquellos días, Moisés bajó y contó al pueblo todo lo que había dicho el Señor y todos sus mandatos; y el pueblo contestó a una: – «Haremos todo lo que dice el Señor.»

Moisés puso por escrito todas las palabras del Señor. Se levantó temprano y edificó un altar en la falda del monte, y doce estelas, por las doce tribus de Israel. Y mandó a algunos jóvenes israelitas ofrecer al Señor holocaustos, y vacas como sacrificio de comunión. Tomó la mitad de la sangre, y la puso en vasijas, y la otra mitad la derramó sobre el altar. Después, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en alta voz al pueblo, el cual respondió:

– «Haremos todo lo que manda el Señor y lo obedeceremos.»
Tomó Moisés la sangre y roció al pueblo, diciendo:
– «Ésta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos.»

Palabra de Dios.


Salmo Responsorial
Sal 115, 12-13. 15 y 16bc. 17-18 (W.: 13)
Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando su nombre.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.


SEGUNDA LECTURA

La sangre de Cristo podrá purificar nuestra conciencia

Lectura de la carta a los Hebreos 91 11-15

Hermanos:
Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos. Su tabernáculo es más grande y más perfecto: no hecho por manos de hombre, es decir, no de este mundo creado.

No usa sangre de machos cabríos ni de becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la liberación eterna.

Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas de una becerra tienen el poder de consagrar a los profanos, devolviéndoles la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo, que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo.

Por esa razón, es mediador de una alianza nueva: en ella ha habido una muerte que ha redimido de los pecados cometidos durante la primera alianza; y así los llamados pueden recibir la promesa de la herencia eterna.

Palabra de Dios.


Aleluya Jn 6, 51
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo – dice el Señor-
el que coma. de este pan vivirá para siempre.
EVANGELIO

Esto es mi cuerpo. Ésta es mi sangre

Lectura del santo evangelio según san Marcos 14-12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
– «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
– «ld a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: «El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?»
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
– «Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron.
Y les dijo:
– «Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra de Dios.


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Homilia Santisima Trinidad

En la historia judeo cristiana para hablar de Dios se han usado lenguajes más o menos adaptados para comprenderle o intentar hacerle comprensible. El Antiguo Testamento acude a realidades diversas para que el pueblo de Israel llegue a conocer a Dios. Lo describe como el que cuida del pueblo, el que le quiere y está cercano a él en momentos difíciles, el que siempre le promete un futuro mejor por medio de los profetas.

En los evangelios, Jesús habla generalmente de Dios como Padre animado por el Espíritu de Dios. Lo vemos en algunas parábolas, cuando enseña a los discípulos a rezar, diciendo “Padre nuestro”, cuando le da gracias por estar con él. En el momento de la cruz oímos a Jesús acudir o rezar al Padre poniéndose en sus manos y pidiendo que perdone a los que le crucifican. Cuando habla del Padre usa un lenguaje accesible y comprensible por los que le escuchan.

Bien, decía, que a lo largo de la historia se han usado lenguajes más o menos adaptados para hacer comprensible a Dios. Hoy tenemos que buscar el mejor lenguaje para que los hombres de nuestro tiempo lleguen a conocer al Dios que nos predicó Jesús. Con todo respeto creo que la filosofía y la teología basada en la filosofía han elaborado un discurso sobre Dios que está muy lejano de nuestra manera de pensar y que poco sirve hoy para hablar de Dios.

Se trata de un discurso que aún sigue vigente. Todavía hoy rezamos, lo haremos en el prefacio, con lenguaje medieval para hablar de Dios como Trinidad. Se dirá “tres personas en una sola naturaleza”, y “adoramos tres personas distintas de única naturaleza  e iguales en su dignidad”. ¿Dónde usa Jesús en los evangelios esta forma hablar del Padre y del Espíritu?  

Si Jesús es más sencillo y nos habla de un Padre cercano, que perdona, que se preocupa de sus hijos que nos quiere. Si Jesús nos habla del Espíritu que El y el Padre nos enviarán para “guiarnos hasta la verdad plena”, es porque la gente que le escuchaba comprendía su mensaje y sus palabras. Jesús hablaba a personas que querían escuchar otra manera de hablar de Dios distinta a la que usaban los escribas y fariseos.

Jesús no hablaba tanto del Dios de la ley cuanto del Dios de la libertad. No tanto del Dios juez cuanto del Dios padre. No tanto del Dios lejano cuanto del Dios que está en nuestro corazón. No tanto del Dios que quiere sacrificios, sino del Dios que quiere misericordia. No tanto del Dios que exige cumplir la ley cuanto del Dios que pide ayudar al necesitado. No tanto del Dios encerrado en unas categorías filosóficas cuanto del Dios divino pero también humano. Jesús habla, en definitiva, de un Dios que es amor.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu iniciamos nuestra vida cristiana, iniciamos, muchas veces nuestro día, nuestra oración, nuestra Eucaristía. Hoy nos toca hablar más y mejor de un Dios parecido al que habla la primera lectura que al Dios “personas, naturaleza, sin distinción”. El hombre de hoy necesita, pide que le hablemos del Dios cercano a su vida y a su corazón. El hombre de hoy necesita que le hablemos del Dios que nos ha hablado Jesús en los evangelios. Hagámoslo así. Seguro que llegaremos a la gente de nuestro tiempo como Jesús llegó a su gente. Seguro que verán en este Dios un Dios en quien creer y amar.


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Oraciones para este domingo de la Trinidad

Una preciosa bendición de los Tres

 

Es una palabra que significa oración o versículo.

 Solía aprenderse de memoria.

Se encontraba a menudo en oraciones dedicadas

 a la Santísima Trinidad en la Irlanda cristiana.

 

Que la gracia de Dios descanse sobre ti,

que la gracia del amor descanse sobre ti,

que la gracia de la casa descanse sobre ti.

Que la gracia y la dignidad de tu fe descansen sobre ti.

Que la guarda del Dios de la vida te acompañe,
que la guarda del Cristo del Amor te acompañe,
que la guarda del Espíritu Santo te acompañe.

Que Dios te dé su cariño,
que Dios te sostenga,
que Dios te rodee.

Los tres sobre tu cabeza,
los tres sobre tu corazón,
los tres sobre tu cuerpo. 

Que pases cada noche y cada día
en el abrazo de los tres.
Todos los días de tu vida
y para siempre. Amén.

 

 

 

 

 

 

Bendito eres, Señor

• Bendito tu Santo Nombre:

«Señor»,fuente de toda vida,
Padre de amor.

• Bendito eres tú.
Palabra del Padre.
Verdad y Luz. 

• Bendito eres, Amor.
Danza y abrazo divino,
Consolador.

• Bendito eres, uno y trino,
de comunión misterio,

y de la gracia río. 

• Bendito Principio, Santa Trinidad,
Alfa y Omega,

permanente eternidad. 

• Bendito, mi Dios,
mi amor y mi luz,
mi dueño y mi Tú,
mi vida y mi sol,

y mi Yo.

Bendito seas, Señor.

 

 

 

 


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Lecturas de la misa – Domingo 3 Junio 2012 – Santísima Trinidad

SOLEMNIDAD DE LA
SANTÍSIMA TRINIDAD

PRIMERA LECTURA

El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro

Lectura del libro del Deuteronomio 4, 32-34. 39-40

Moisés habló al pueblo, diciendo:
– «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor5 vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?

Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22 1 2b)
Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.

La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos, porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.


SEGUNDA LECTURA

Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre)

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 14-17

Hermanos:

Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios.
Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre).
Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

Palabra de Dios.


Aleluya Ap 1, 8
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al Dios que es, que era y que viene.
EVANGELIO
Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
– «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

Palabra de Dios.


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Homilia «Pentecostés. 2012

El domingo pasado hablaba de cómo Dios Padre descansó el séptimo día y nos dejó la obra de la creación y de cómo Jesús, al subir a los cielos, encargó a los discípulos anunciarla BuenaNoticiaa todos los hombres. Decía también que ni el Padre ni Jesús nos dejan solos. Prometen estar con nosotros siempre y nos envían el Espíritu.

El Espíritu es el mismo Dios que se nos da para continuar la obra de la creación y para anunciar el Evangelio a toda la creación. Este Espíritu, que es Dios mismo, es el que descendió sobre Jesús en el momento de su Bautismo en el Jordán. Es el mismo Espíritu que Jesús, al morir, exhaló sobre la iglesia incipiente representada en su madre y en el discípulo amado. Este Espíritu, es decir, Dios mismo, se hace presente en la vida dela Iglesiaanimándola y dándole fuerzas para ser testigo del Reino de Dios.

Aparte de todo lo que se pueda decir de él, yo me centraré en tres notas tomadas de las lecturas de hoy. La primera nota es la libertad. El Espíritu de Dios actúa libremente. Nadie puede poner límites a su acción. Dice san Pablo en la segunda carta a los Corintios: “…donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2Cor 3,17). Nadie tiene la exclusividad del Espíritu porque siendo libre, no se deja encasillar por nosotros.

Esa libertad se manifiesta, como dice la segunda lectura de hoy, en dones, ministerios, funciones. El Espíritu quiere que su libertad, la vivan también aquellos sobre quienes El actúa. Es más esa libertad, que tiene que servir para el bien común, no está exenta de problemas. Los hay que por dejarse llevar por el Espíritu han sufrido. Pensemos que el primero que tuvo problemas por dejarse guiar por El, fue Jesús. El Espíritu es libre y derrama libertad sobre todo hombre.

La segunda nota es la universalidad de Espíritu. Lo vemos en la primera lectura de hoy. Todos oían hablar a los apóstoles de las maravillas de Dios en su propia lengua. El Espíritu, por ser el mismo Dios, no es exclusivista. Se manifiesta incluso en aquellos que nos parecen alejados de Dios. Esa universalidad del Espíritu es la que rompe toda barrera para hacerse presente en la vida de todo hombre sin distinción de raza, lengua, nación, ideología. No es un Espíritu elitista sino abierto porque es libre.Y la tercera nota que complementa a la anterior es que es un Espíritu personal. Aun actuando de manera universal, El centra su acción a través de personas. Las palabras de Jesús en el evangelio: “recibid el Espíritu Santo” van dirigidas a cada uno de los discípulos en particular y a todos como comunidad de testigos de Jesús. Este Espíritu es el que más tarde guiará a cada discípulo para predicarla BuenaNoticiaa toda la creación. Este Espíritu es el que hoy nos guía a cada uno de nosotros para con nuestra vida y palabra continuemos la acción de Jesús.

Nosotros recibimos el Espíritu de Dios en el bautismo. Lo recibimos cada día para continuar la obra de la creación del Padre y de la salvación operada por el Hijo. Hoy nosotros recibimos esa libertad del Espíritu para ser libres, recibimos dones, ministerios y funciones para el bien común y lo recibimos de forma personal y como miembros de la Iglesia. Para recibirlo Jesús nos deja su paz y nos envía al mundo como El fue enviado por el Padre. Os invito a acoger el Espíritu y a dejarse guiar por El