Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – 31º Domingo del Tiempo Ordinario 30 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Malaquías 1, 14; 2, 2b. 8-10
    «Ustedes se apartaron del camino y han hecho tropezar a muchos»«Yo soy el rey soberano, dice el Señor de los ejércitos; mi nombre es temible entre las naciones. Ahora les voy a dar a ustedes, sacerdotes, estas advertencias: Si no me escuchan y si no se proponen de corazón dar gloria a mi nombre, Yo mandaré contra ustedes la maldición».
    Esto dice el Señor de los ejércitos:
    «Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad».
    ¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos traicionamos entre hermanos, profanando así la alianza de nuestros padres?
  • Salmo Responsorial: 130
    «Señor, consérvame en tu paz.»Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos soberbios; grandezas que superan mis alcances no pretendo.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

    Estoy, Señor, por lo contrario, tranquilo y en silencio, como niño recién amamantado en los brazos maternos.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

    Que igual en el Señor esperen los hijos de Israel, ahora y siempre.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 2, 7b-9.13
    «Queríamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino nuestra propia vida»Hermanos: Cuando estuvimos entre ustedes, los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos.
    Sin duda, hermanos, ustedes se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado el Evangelio de Dios.
    Ahora damos gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.
  • Evangelio: Mateo 23, 1-12
    «Los fariseos dicen una cosa y hacen otra»En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos:
    «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.
    Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».


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Homilía domingo 30º ciclo A. Domingo 23 de octubre 2011

El domingo pasado leíamos cómo querían comprometer a Jesús con una pregunta trampa (diríamos hoy). En el evangelio de este domingo un experto en la ley quiere poner a prueba a Jesús con otra pregunta curiosa.  Hay que saber que Jesús no era un maestro en la ley judía, ni pertenecía al grupo de los entendidos en la ley, pero, seguro, que de pequeño había acudido a la sinagoga y aprendido de memoria muchos de los mandamientos de la ley judía.

El experto en la ley sabía perfectamente cuál era el principal mandamiento, pero no se esperaba que Jesús, a quien él llama Maestro, le responda como lo hizo: uniendo el mandamiento del amor a Dios con el de amar al prójimo como a uno mismo. Todo buen judío sabía que había que amar a Dios sobre todas las cosas, pero no ponía en igualdad de condiciones el amor al prójimo.

El mensaje del reino de los cielos o reino de Dios, que es el centro de la predicación de Jesús, no separa el amor a Dios y al prójimo. Para Jesús no se puede amar a Dios y no amar al prójimo, igual que no se puede amar al prójimo y no amar a Dios. El mismo vive ese doble mandamiento de amor a Dios y al prójimo. Su relación de amor con el Padre la vive y la explica mediante las parábolas con que exponía su mensaje y los milagros que realizaba.

Ahora bien fácilmente caemos en la tentación de teorizar sobre el amor y no ponerlo en práctica. Fácilmente desvirtuamos el amor cuando lo centramos en nosotros mismos o cuando convertimos en objeto a las personas que deberíamos amar. Fácilmente el amor se convierte en pasión pasajera, en relación puntual, en interés personal, en cuestión de tiempo sin compromiso.

Quiero leer parte del himno de Primera Corintios sobre el amor donde se nos dice cómo tiene que ser el amor: “el amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”

Amar a Dios y amar al prójimo es un programa muy bonito, muy altruista, muy teórico. El problema está cuando ese amor a Dios y al prójimo hay que ponerlo en práctica, cuando hay que vivirlo día a día, cuando hay que vivirlo de la manera como nos dice San Pablo. Nos falta amar y amar de verdad. Pensamos más en tener, en poseer, en vivir deprisa sin pararnos a pensar. Dentro de esa vida agitada que llevamos, echamos a veces de menos alguien a quien amar o que alguien nos ame, o al menos que nos lo demuestre.  

Hoy el amor lo hemos sustituido por la autoestima, por la autorrealización, por una filantropía esporádica. Sucede que cuando hablas con algunas personas y profundizas en su vida, lo que te dicen es que echan de menos amar y ser amados y que esos sustitutivos que hoy abundan tanto no sacian la sed de amor.

El lema del Domund es “así os envío yo”. Jesús nos recuerda a todos que el amor a Dios y al prójimo son inseparables. El es el enviado del Padre para recordarnos el amor de Dios por cada uno de nosotros. Lo que El vivió y enseñó nos lo transmite para que allí donde estemos, allí donde vayamos, allí donde El nos envía seamos testigos del amor de Dios y del amor a Dios y al prójimo.


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Lecturas de la misa – 30º Domingo del Tiempo Ordinario 23 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Exodo 22, 21-27
    «Si explotan a las viudas y a los huérfanos, se encenderá mi ira contra ustedes» 

    Esto dice el Señor:

    No oprimirás ni viajarás al forastero, porque forasteros fueron ustedes en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y los haré morir a espada, dejando a nuestras mujeres viudas y a nuestros hijos huérfanos.

    Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.

  • Salmo Responsorial: 17
    «Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.»Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

    Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza, y quedo libre de mis enemigos.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

    Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 1, 5c-10
    «Abandonaste los índoles para servir a Dios y esperar la vuelta de su Hijo»Hermanos: Saben cual fue nuestra actuación entre ustedes para nuestro bien. Y ustedes seguiste nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra entre tanta lucha con alegría del Espíritu Santo. Así llegaste a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde nuestra comunidad, la palabra del Señor del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes; nuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que los hicimos: cómo abandonando los ídolos, les devolviste a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que los libra del castigo futuro.
  • Evangelio: Mateo 22, 34-40
    «Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo» 

    En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

    El les dijo:

    «Amarás al Señor tu Dios como todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.


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Homilía domingo 29º t.o. Ciclo A. Domingo 16 de octubre de 2011

A menudo las personas no jugamos limpio los unos para con los otros, sobre todo cuando hay de por medio intereses personales o sociales o si nos mueve al envidia. Esto lo describen los evangelistas con palabras como: “iban a tentar a Jesús”, “querían ponerle a prueba” o  “comprometer a Jesús”, como en el caso de hoy.

Los fariseos afirman tres cosas de Jesús antes de lanzarle la pregunta, y sobre esas tres cosas quiero pararme. La primera es “sabemos que eres sincero”. He buscado en el diccionario el significado de sincero y lo define como: “falta de fingimiento”. Los fariseos que suelen discutir con Jesús llegan a la conclusión que cuando habla y actúa lo hace sin fingir, es decir que Jesús se muestra coherente y que en El no hay doblez.

Su mensaje es siempre el mismo: el reino de los cielos está en vosotros y este reino lo acogen mejor aquellos que también viven sin fingimiento, que son sinceros con ellos mismos y ante la sociedad. La sinceridad de Jesús, que a veces exaspera a las autoridades, está además de en su mensaje, en “hablar abiertamente” como él mismo dice cuando le están juzgando en la Pasión.La sinceridad de Jesús le viene de su relación especial con el Padre. Por ser sincero, por no fingir Jesús podrá decir: “yo soy la verdad”.

Lo segundo que dicen de El es: “enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”. El camino de Dios no está escrito en los libros, sino que el camino de Dios es Jesús mismo. “Yo soy el camino”. Yo soy el camino para ir al Padre: “nadie va al Padre sino por mí”. Y el camino de Dios se hace siguiendo las huellas de Jesús. Y seguir las huellas de Jesús es tratar de actuar como El, es “pasar haciendo el bien”.

Y añaden “conforme a la verdad”. Para un judío la verdad está en la Ley.Para Jesús la verdad es El. Para todo cristiano la verdad tiene que ser Jesús, su hablar, su actuar. Transmitir la Palabra de Jesús con sinceridad, sin fingimiento significa “conforme a la verdad”. Buscar la verdad, actuar según la verdad, transmitir la verdad es además de enseñar el camino de Dios, seguir a Jesús y su mensaje de liberación.

Y lo tercero que dicen de El es que “no miras lo que la gente sea”. Jesús no hace acepción de personas. Acoge a todo el que acude a El con corazón sincero. Reprende a todo el que oprime a su hermano, perdona, cura, sin mirar otra cosa que no sea pedir con fe y sinceridad. Después de todo esto la pregunta para comprometerle: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

Jesús no se opuso al poder romano que oprimía al pueblo judío. El mensaje que  transmite está por encima de la violencia. Su mensaje es revolucionario porque se dirige al corazón de las personas y que ese corazón cambie las relaciones humanas: más que opresión y violencia, paz, más que acumular riquezas, compartir, más que egoísmo, solidaridad. Ahí está la sinceridad de Jesús, ahí está el camino de Dios conforme a la verdad, ahí está el no mirar lo que la gente sea. Faltando una de estas tres cosas o las tres se comprende la mala voluntad de las personas, como Jesús lo ve en los fariseos. El César tendrá que recibir lo suyo, pero tendrá que devolverlo al pueblo para beneficio común. Actuar como Jesús no es fácil, pero es posible.    

 


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Lecturas de la misa – 29º Domingo del Tiempo Ordinario 16 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 45, 1.4-6
    «El Señor tomó de la mano a Ciro para someter ante él a las naciones»Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado.
    «Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
    Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro».
  • Salmo Responsorial: 95
    «Cantemos la grandeza del Señor.»Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos al los pueblos; de nación en nación sus maravillas.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Alaben al Señor, pueblos de orbe, reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos. «Reina el Señor», digamos a los pueblos . El gobierna a las naciones con justicia.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 1, 1-5
    «Recordamos nuestra fe, esperanza y caridad»Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los Tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
    En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
    Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.
  • Evangelio: Mateo 22, 15-21
    «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de qué pudieran acusarlo.
    Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran:
    «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?»
    Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
    «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo».
    Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
    «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»
    Le respondieron:
    «Del César».
    Y Jesús concluyó:
    «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».


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Homilia Virgen del Pilar. 12 de octubre de 2011

La Virgen María ha ocupado siempre un lugar preferente en la vida de la Iglesia.Ser la madre de Jesús, el Hijo de Dios, hace que muchos cristianos acudamos a ella. Su Hijo Jesús la alaba por escucharla Palabra de Dios y cumplirla. Mejor alabanza no se puede decir de María y, creo, que de cualquier persona que siga su ejemplo.

María no solo ocupa un lugar preferente en la vida de la Iglesia, sino que está presente en la Iglesiay está con la Iglesia allí donde se predica a su Hijo. Lo vemos en la segunda lectura de hoy. María está con la Iglesia primitiva representada por los apóstoles y forma parte de esa Iglesia que ora en común. No se siente ajena a la vida de la Iglesia. En el evangelio de san Juan, el discípulo amado la “recibió en su casa”.

María es ejemplo para todos nosotros de las tres peticiones que hacemos a la Virgendel Pilar: fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. En primer lugar María es ejemplo de fortaleza en la fe. Los marianistas tenemos en nuestro escudo fundacional “fortes in fide”: fuertes en la fe. El lema de la  JMJ es: “firmes en la fe”. La fortaleza de la fe de María nos la señala san Juan en el momento de la crucifixión de Jesús con un verbo latino “STABAT” que no es solo estar, sino que significa “estar de pie”. Ese estar de pie junto a la cruz de su Hijo es fruto de la fe de la madre en el Hijo y en su mensaje. Para nosotros la fortaleza en la fe significa estar de pie junto a todo hombre que quiere vivir su fe y necesita ayuda. Esa ayuda es sobre todo nuestro testimonio vivido como servicio.

En segundo lugar María es ejemplo de seguridad en la esperanza. María acompaña a su Hijo de manera callada. Pensemos que María pudo tener dudas acerca de la misión de su Hijo. Recordemos ese pasaje del Evangelio donde se dice que su familia le tenía por loco (Mc 3,21). Sin embargo María acompaña a su Hijo en el momento en que toda esperanza acerca de su misión parece perdida. Y le acompaña hasta el final, cuando todos le abandonan, creyendo y esperando que la muerte no tendría la última palabra sobre el Hijo anunciado a ella de manera especial y que pasó su vida haciendo el bien.

En tercer lugar María es ejemplo de constancia en el amor. El amor de María se manifiesta en lo sencillo: la visita a su prima Isabel, el amor por su Hijo perdido en Jerusalén, su intervención en las bodas de Caná. Gestos que nos muestran el amor de María y su preocupación por las personas necesitadas. El amor hay que vivirlo de forma constante aunque se manifieste en pequeños gestos. A menudo los grandes gestos de amor pueden esconder intereses. En María el amor era desinteresado.

El amor se vive junto a la fe y la esperanza. Las tres son grandes. Pero como dice san Pablo en la primera carta a los Corintios: “ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1ªCor. 13, 13). La constancia en el amor hace que la fe sea fuerte y la esperanza segura.

Que María siga ocupando un lugar preferente en la vida dela Iglesia, es decir, en la vida de cada uno de nosotros, y que sea ejemplo de vivir la fortaleza en la fe, la seguridad en la esperanza y la constancia en el amor.


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Homilia domingo 28º t.o. Ciclo A. Domingo 9 de octubre

A menudo, los medios de comunicación, ofrecen resultados de encuestas sobre temas sociales, que son los que más preocupan a las personas. Con estas ellas se toma el pulso a la situación que se vive en ese momento. Pocas veces se hacen encuestas sobre el nivel de esperanza que podamos tener. Bien es verdad que puede resultar difícil medir el nivel de esperanza no solo ante los problemas, sino sobre todo ante las soluciones propuestas. Esta misma semana en un periódico de nivel nacional se decía que tres cuartas partes de las personas encuestadas tenían poca esperanza en las medidas adoptadas por el gobierno.

No resulta fácil infundir esperanza ante una situación como la que vivimos.. Es más fácil echar la culpa a los demás, a lo que sea, con tal de no aceptar los errores cometidos. Es fácil abandonar el barco cuando se está hundiendo, sobre todo sabiendo que se podían haber buscado medios para mejorar la situación. Esas personas se asemejan a los convidados que no quisieron asistir a la boda. Buscan excusas para tener su propia fiesta olvidándose de la gran fiesta de todos.

La primera lectura y el evangelio nos hablan de abundancia y de fiesta, en una palabra de esperanza: festín de manjares suculentos, vinos de solera, boda del hijo del rey. A todo esto, y más, se nos invita. ¿Cuál es nuestra reacción?

Primero la de no creérnoslo. El hombre de hoy es poco crédulo, está perdiendo confianza en sí mismo y en las instituciones. No ha perdido, gracias a Dios, las ganas de fiesta. Pero esas ganas de fiesta, ese vivir la fiesta, no aumenta la confianza en lo que se es y en lo que se hace porque nunca se está satisfecho. Hoy más que nunca se vive el presente porque el presente es lo que importa.   

Segundo la de no aceptarlo. Cada vez somos más reacios a escuchar y a aceptar promesas. Queremos hechos. Nada de anunciarnos esperanzas futuras. Queremos que esas esperanzas se hagan YA realidad. Todas esas promesas que estamos escuchando, ¿en qué quedarán luego?

Tercero la de no estar preparado. Como no nos lo creemos, como no lo aceptamos, nos damos cuenta que no estamos preparados cuando se nos anuncia algo que puede llenar nuestras vidas de alegría, de esperanza, de futuro cierto. Eso es lo que le pasa al hombre que ha entrado en la fiesta sin el traje adecuado. ¿Para que prepararse si no se oyen más que promesas que no se van a cumplir? Es la respuesta de algunas personas.

Ante todo esto el Señor no solo anuncia abundancia, festín, boda, sino que pone a nuestro alcance medios para que todo eso sea realidad. El pone de su parte un anuncio, una invitación, un salir a buscarnos para vivir. Pongamos nosotros los medios para que ese anuncio de abundancia, esa invitación a la fiesta llegue a todos y, sobre todo, sea vivida realmente por todos. No seamos convidados que no queremos asistir al banquete y no seamos de los que no dejamos a otros asistir a la fiesta. La abundancia que hablan las lecturas la tenemos en nuestras manos. Queda por hacer que esa esperanza y esa abundancia se conviertan en realidad para todos los hombres.

Creamos en el anuncio de la Palabra de Dios. Aceptemos la Palabra de Dios y estemos preparados para vivirla y entregarla a los demás. La Palabra de Dios es abundancia, es esperanza y es festín de bodas al que todos estamos invitados


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Lecturas de la misa – 28º Semana del Tiempo Ordinario 9 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 25, 6-10
    «El Señor preparará un banquete y enjugará las lágrimas de todos los rostros» 

    En aquel día, el Señor del universo preparará sobre este monte un festín con platillos suculentos para todos los pueblos; un banquete con vinos exquisitos y manjares sustanciosos. El arrancará en este monte el velo que cubre el rostro de todos los pueblos, el paño que oscurece a todas las naciones. Destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros y borrará de toda la tierra la afrenta de su pueblo. Así lo ha dicho el Señor. En aquel día se dirá:
    «Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara. Alegrémonos y gocemos con la salvación que nos trae, porque la mano del Señor reposará en este monte».

  • Salmo Responsorial: 22
    «Habitaré en la casa del Señor toda la vida.»El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Por ser un Dios fiel a sus promesas, me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo. Tu vara y tu bastón me dan seguridad.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tú mismo me preparas la mesa, a despecho de mis adversarios; me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término.
    R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 12-14.19-20
    «Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza»Hermanos: Yo sé lo que es vivir en pobreza y también lo que es tener de sobra. Estoy acostumbrado a todo: lo mismo a comer bien que a pasar hambre; lo mismo a la abundancia que a la escasez. Todo lo puedo unido a Aquél que me da fuerza. Sin embargo, han hecho ustedes bien en socorrerme cuando me vi en dificultades.
    Mi Dios, por su parte, con su infinita riqueza, remediará con esplendidez todas las necesidades de ustedes, por medio de Cristo Jesús. Gloria a Dios, nuestro Padre, por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 22, 1-14
    «Inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren»En aquel tiempo, Jesús volvió a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:
    «El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir. Envió de nuevo a otros criados que les dijeran:
    “Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda”.
    Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron. Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, las cuales dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego les dijo a sus criados:
    “La boda está preparada, pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos e inviten al banquete de bodas a todos los que encuentren”.
    Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de invitados. Cuando el rey entró a saludar a los invitados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?”
    Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados:
    “Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos”».


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Lecturas de la misa – 27º Domingo del Tiempo Ordinario 2 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 5, 1-7
    «La viña del Señor es la casa de Israel»Voy a cantar, en nombre de mi amado, una canción a su viña. Mi amado tenía una viña en una ladera fértil. Removió la tierra, quitó las piedras y plantó en ella vides selectas; edificó en medio una torre y excavó un lagar. El esperaba que su viña diera buenas uvas, pero la viña dio uvas agrias.
    Ahora bien, habitantes de Jerusalén y gente de Judá, yo les ruego que sean jueces entre mi viña y yo. ¿Qué más pude hacer por mi viña, que yo no lo hiciera? ¿Por qué cuando yo esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?
    Ahora voy a darles a conocer lo que haré con mi viña: le quitaré su cerca y será destrozada. Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un desierto, nadie la podará ni le quitará los cardos; crecerán en ella los abrojos y las espinas; mandaré a la nubes que no lluevan sobre ella.
    Pues bien, la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación preferida. El Señor esperaba de ellos que obraran rectamente y ellos, en cambio, cometieron iniquidades; él esperaba justicia y sólo se oyen reclamaciones.
  • Salmo Responsorial: 79
    «La viña del Señor es la casa de Israel.»Señor, tú trajiste de Egipto una vid; arrojaste de aquí a los paganos y la plantaste; ella extendió sus sarmientos hasta el mar y sus brotes llegaban hasta el río.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, ¿por qué has derribado su cerca, de modo que puedan saquear tu viña los que pasan, pisotearla los animales salvajes, y las bestias del campo destrozarla?
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Señor, Dios de los ejércitos, vuelve tus ojos, mira tu viña y visítala; protege la planta sembrada por tu mano, el renuevo que tú mismo cultivaste.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

    Ya no nos alejaremos de ti; consérvanos la vida; alabaremos tu poder.
    Restablécenos, Señor, Dios de los ejércitos; míranos con bondad y estaremos a salvo.
    R. La viña del Señor es la casa de Israel.

  • Segunda Lectura: Filipenses 4, 6-9
    «Obren bien y el Dios de la paz estará con ustedes»Hermanos: No se inquieten por nada; más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios, quien sobrepasa toda inteligencia, y él custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
    Por lo demás, hermanos, aprecien todo lo que es verdadero y noble, cuanto hay de justo y puro, todo lo que es amable y honroso, todo lo que sea virtud y merezca elogio. Pongan por obra cuanto han aprendido y recibido de mí, todo lo que yo he dicho y me han visto hacer; y así, el Dios de la paz estará con ustedes.
  • Evangelio: Mateo 21, 33-43
    «Alquilará el viñedo a otros viñadores»En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola:
    «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
    Llegado el tiempo de la cosecha, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando:
    “A mi hijo lo respetarán”.
    Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
    “Éste es el heredero.Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia”.
    Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
    Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?»
    Ellos le respondieron:
    «Dará muerte terrible a esos desalmados y alquilará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».
    Entonces Jesús agregó:
    «¿No han leído nunca la Escritura que dice:
    “La Piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?”
    Por esta razón les digo a ustedes que les será quitado el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».


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Homilía domingo 26º del t.o.Ciclo A. Domingo 25 de septiembre de 2011

En la vida normal sucede que creemos conocer a las personas con las que normalmente convivimos. Ese conocimiento nos lleva a pensar que sabemos cómo van a reaccionar ante un acontecimiento, una situación personal… Tal vez nos hemos llevado un “chasco” con alguna persona que no ha reaccionado como nosotros creíamos que iba a hacerlo. Eso es lo que nos muestra el evangelio.

Las personas, a veces, somos impredecibles. El padre del evangelio seguro que conocía a sus hijos, seguro que pensaba: “mis hijos son de tal o cual manera, seguro que el mayor es así y el pequeño no”, pero, posiblemente no se esperaba la respuesta que  cada uno dio una orden suya, reaccionando de forma diversa. Seguro que algo parecido nos sucede también a nosotros en la vida normal.

Lo que a Jesús le interesa saber es la reacción de los que le escuchan, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. Ellos eran lo que emitían juicios ante situaciones vividas por el resto del pueblo.  Y lo que no se esperaban era la respuesta de Jesús: “Juan os enseñó el camino de la justicia y no le creísteis”. Ahí está el verdadero problema: quienes se consideraban los guardianes de la justicia, no creen, no aceptan la justicia que trajo Juan el Bautista, que era la justicia de la conversión.

La justicia de la conversión se manifiesta mediante signos. “Por sus frutos los conoceréis” dice Jesús. De ahí que la respuesta de los sumos sacerdotes y ancianos sea la correcta desde la conversión: el primer hijo dice que no va, luego se arrepiente y va. Los sumos sacerdotes y los ancianos han contestado bien. Pero como decía más arriba, no se esperan el reproche de Jesús a su conducta después de la predicación de Juan.

Para nosotros, cristianos, el mayor signo de llamada a la conversión es Jesús. Pero no a una conversión puntual, sino a la justicia de la conversión, es decir, a lo que nos dice la segunda lectura: “tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”. Esos sentimientos de Cristo Jesús están relacionados con el Padre y con todos nosotros.

La vida de Jesús, es decir su hablar y su actuar, es una vida consecuente y congruente. Su vida fue siempre un SI al Padre y un SI a los hombres. De ahí que su persona, su mensaje y su forma de actuar no gustara a las autoridades religiosas de su tiempo porque les hace ver que se comportan como los hijos de la parábola.

Hoy vemos cómo se cambia fácilmente de opinión según las circunstancias y las presiones. Jesús reprocha esa forma de comportarse y nos propone aceptar la justicia de la conversión. Esto conlleva vivir con unas convicciones serias a la vez que críticas. No se trata de acomodarse al viento que sopla para obtener provecho. Se trata de mantenerse firme en lo aprendido desde el Evangelio y desde hacer el bien a los demás.

Las convicciones de Jesús vienen de la obediencia filial al Padre y de la predicación del Reino de Dios a los hombres. El se “despojó de su rango”, se hizo igual a nosotros, menos en el pecado, actuó como uno de nosotros para mostrarnos que su mensaje es un mensaje que se puede vivir y que una vez aceptado tiene que servir como norma de comportamiento. Hoy, posiblemente, Jesús nos echaría en cara a nosotros que somos como los hijos del texto. Pensemos si nuestra vida no es, a veces, decir sí o no según nos convenga. Aceptando nuestras limitaciones, intentemos convertirnos, mantengamos firmes nuestras convicciones desde el Evangelio y hagamos el bien a los demás