Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Lecturas del Domingo V del Tiempo Ordinario

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PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Isaías: aquí estoy, mándame.

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Junto a él estaban los serafines, y se gritaban uno a otro, diciendo: « ¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloría!» Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mi, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor del universo». Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía: «¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?» Contesté: «Aquí estoy, mándame».

 

SALMO RESPONSORIAL

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;

porque escuchaste las palabras de mi boca;

delante de los ángeles tañeré para ti,

me postraré hacia tu santuario.

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad,

porque tu promesa supera tu fama.

Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra,

al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor,

porque la gloria del Señor es grande.

Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Tu derecha me salva.

El Señor completará sus favores conmigo:

Señor, tu misericordia es eterna,

no abandones la obra de tus manos.

Mi boca contará tu salvación, Señor.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios: predicamos así y así lo creísteis vosotros.

Hermanos: yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.

 

Aleluya, aleluya, aleluya

Venid en pos de mí – dice el Señor -,

y os haré pescadores de hombres.

Aleluya, aleluya, aleluya

 

EVANGELIO 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas: Jesús, como Elías y Elíseo, no sólo es enviado a los judíos.

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios. Estando Él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

 

LX

 

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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