I. Alzaré la copa de la salvación (cf. Sal 115)
• Levantaré el cáliz rebosante
con el vino de bodegas celestiales,
con el vino de entregas radicales,
con la sangre de Cristo,
con el vino del amor de Dios.
• Me siento siempre en deuda con mi Dios.
No pagaré con sacrificios ni con ofrendas,
ni con méritos acumulados.
La alabanza de mi boca, de mi Vida,
es lo que a Dios agrada.
• Señor, yo soy tu siervo,
pero sirviendo me regalas libertad,
y rompes mis cadenas,
me sientas a tu mesa en la santa fiesta del amor,
y pones en mis manos una copa de alegría;
brindaré por la vida,
porque Cristo me ha librado de la muerte.
Comulgaré con el pan y con el vino
para vivir muriendo en el amor.
