Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Con Francisco al timón de la barca decimos juntos en la misa de hoy:»Señor, Dios mio, a ti nos acogemos, líbranos y sálvanos» Misa del sábado de la cuarta semana de Cuaresma

Sábado. Sol radiante. Silencio ensordecedor sobre Madrid al igual que en el lugar donde te encuentras. Estamos tan solo a una semana de vivir la pasión de Jesús. Y no podemos perder el ritmo; no podemos achantarnos; no es permisible perder un instante en controversias vanas como aquella que nos relata hoy Juan en el Evangelio sobre la identidad del Galileo.

Todavía tengo en el corazón esa imagen sorprendente del Papa Francisco caminando solitario por la plaza de San Pedro bajo un cielo triste y gris, derramándose sobre Roma y el mundo, como llanto por la humanidad sufriente. La imagen del Papa en el timón de una barca a cuyas cuadernas golpean la olas en medio de la tempestad que atravesamos. La mirada del Pescador sobre la mujer, Salud del pueblo de Roma; los ojos elevados hacia el rostro del Crucificado al que desde el siglo XVI, se vuelven los habitantes de la Ciudad Eterna en los momentos más angustiosos. Imagino a Francisco, tocado por la lluvia y bañado por el dolor de los hijos e hijas de Dios, dirigirse al Señor con las palabras del salmista que hoy hemos proclamado en la eucaristía: «Señor, Dios mio, a ti me acojo, líbrame y sálvame». Señor, Dios mio, a ti nos acogemos, líbranos y sálvanos.

Pues recemos, oremos juntos, queridos amigos y amigas, sintiéndonos en la misma barca, remando con todas la fuerzas, sin discusiones ni divisiones estúpidas, poniendo lo mejor que tiene cada uno. Si la tempestad es fuerte, mayor el coraje de la tripulación. Un abrazo, mucho ánimo; navegamos buscando puerto seguro y lo alcanzaremos. Tras la sombra y la oscuridad de la cruz se adivina la luz de la Pascua. Ese es nuestro destino.

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«El Señor está cerca de los atribulados». Misa del viernes de la cuarta semana de cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, compañeros de camino. Es viernes de cuaresma. Los ojos se vuelven hacia el Crucificado, el Justo con quien se ha cebado el mal de este mundo. Mirarlo a Él es enfrentarse a la realidad lacerante de cuantos penden de la cruz hoy. Jesús, a quien seguimos de cerca en la particular subida a Jerusalén de este marzo duro y terrible, toma sobre sí el sufrimiento de toda la humanidad. Es un Misterio de Amor compasivo que no cabe en nuestras estrechas mentes y pequeños corazones.

Esta mañana, mientras celebrábamos la eucaristía por el pueblo de Dios, contemplaba a Jesús que con sus brazos delgados e inmensamente abiertos, me parecía querer abrazar al mundo entero, acoger en un toda su dimensión esta historia que estamos viviendo como en una pesadilla y en la que da la impresión de que se ha parado el reloj. La Palabra de Dios nos enseña hoy en el libro de la Sabiduría que la bondad es el elemento más revolucionario y contracultural, la respuesta más rotunda, al mal que pasea por el mundo y habita en los corazones. Contemplar la bondad y el amor absoluto de Jesús, el Justo, es la mayor medicina para curar nuestras iniquidades. En tu rostro, Jesús que guardas silencio, están los rostros de tantos amigos y amigas a los que queremos y que hoy sufren por la enfermedad y por la de los suyos. Te miramos a ti puesto en cruz por amor hacia nosotros, hacia cada uno de ellos y con el salmista afirmamos desde la fe: «El Señor está cerca de los atribulados». Y lo repetimos poniendo el nombre de aquellos que llevamos en el corazón y por los que rezamos con toda la fuerza de las que somos capaces. «El Señor esta cerca de…»

Un abrazo amiga. Un abrazo amigo. Caminamos juntos hacia la Pascua

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«Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo» Clamor del salmista y nuestro en la misa del jueves de la cuarta semana de Cuaresma desde Comunidad @MarianistasES SMP

¿Cómo andáis por casa?¿Cómo os encontráis? Me diréis: a ratos. Dependiendo del momento del día, de las noticias que me van llegando, de cómo están las personas que quiero, de por donde anda mi corazón. Ayer en la comunidad compartíamos cómo estábamos viviendo cada uno estos días raros y extraordinarios de confinamiento. Es verdad que el Señor nos ha hecho diferentes y cada uno enfoca la realidad desde su particular mirada y forma de ser pero hay un desasosiego compartido, una preocupación por las personas que queremos y que no sabemos qué les pasará, un no poder estar más cerca de quienes nos necesitan, un no ver el final, una tristeza porque se nos van personas queridas sin haberlas podido despedir cristianamente con el cariño que se merecen.

Por eso quiero hacer mías hoy las palabras de un creyente, el salmista, que hoy pone en nuestros labios palabras que bien podrían brotar desde el fondo de nuestra alma con el desgarro de la súplica: «Acuérdate de mí Señor, por amor a tu pueblo». En nuestra alegre y distraída vida, olvidamos referir nuestra existencia a quien es fuente y destino de nuestra vida. Nos entretenemos con otros diosecillos más manejables a los que rendimos la adoración de nuestro tiempo, energías y afectos. Pequeños ídolos de fundición que no pueden salvarnos, que son absolutamente superfluos cuando sentimos la vida en riesgo.

Hoy volvemos nuestra mirada a quien nos puso en este mundo, al que nos sostiene y nos espera. Mirando nuestra realidad amenazada, y la de nuestra gente, clamamos también nosotros diciendo: «Acuérdate de mi Señor, por amor a tu pueblo». La fe nos recuerda que Él es fiel a su promesa, que Él nos escucha, porque nos ama. No desfallezcamos. Confiemos, adoremos al único Dios, hagámoslo juntos, como comunidad creyente que espera en el Señor. Un abrazo amigos y amigas.

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Celebramos en Familia Marianista nuestra fiesta: la Anunciación del Señor. Misa desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, familia. En medio de nuestro camino de cuaresma-cuarentena, nos llega como regalo de primavera la fiesta de la Anunciación del Señor. Hoy con toda la Familia Marianista celebramos nuestro día: la Encarnación de Jesús en el seno de la Mujer. Iniciativa de Dios, respuestas humana y acción del Espíritu se conjugan para hacer posible la salvación esperada, la liberación ansiada, la redención necesaria. Nosotros también como María estamos convocados a la respuesta, a la disponibilidad, al sí, a dejarnos llenar de la fuerza y la gracia de su Espíritu. Necesitamos comprender que Dios ha escogido este modo de actuar, que no se salta nada, que asume la historia y los procesos humanos. Dios se sigue haciendo presente en el mundo a través de quienes portamos a Jesús y su buena noticia. Y eso es lo que nos sigue tocando. Mientras confiamos en Él, mientras le decimos aquí me tienes, abrimos bien los ojos y nos remangamos para hacer posible que la alegría, la salud, la esperanza y el amor de Jesús lleguen a quienes lo necesitan.

Ayer he sentido el desgarro de muchos de vosotros con familiares en el hospital, mientras estáis solos en casa esperando la llamada de teléfono; el desgarro de médicos amigos agotados y rotos porque les duele la situación de desbordamiento y falta de medio para atender a tantos; la de quienes no pueden abrazar ni llorar a sus amigos en el momento de la pérdida de sus seres queridos. Nuestro mundo necesita redención. Dios la desea. Tu sí, tu palabra, tu animo, tu cariño, tu servicio, encarnan hoy a Jesús en el mundo, como hizo María. Seamos buenos hijos e hijas suyos cooperemos en esta preciosa misión de nuestra madre. Un abrazo y felicidades, amigos. En el fragor de la batalla bridemos por la vida y porque Dios nos anuncia la salvación. Un beso lleno de ternura maternal, la de María.

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Un río de aguas medicinales que brotan del corazón de Dios. Misa del martes de la cuarta semana de Cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

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 Martes 24 de Marzo. ¿Cómo te has levantado hoy? Sea como sea tu situación recuerda que no estás solo. Ayer me dormía tras leer un artículo de un jesuita de Nueva York que ante la pregunta, ¿qué hace Dios frente al coronavirus? se respondía: no lo sé. No sabemos. No es una cuestión fácil y es bastante antigua: ¿qué hace Dios frente al sufrimiento, frente a los desastres naturales? A muchas personas, esta pregunta les lleva a perder la fe. Si Dios es Todopoderoso porque no actúa, y si no lo puede todo es que no es Dios. Lo cierto es que la única respuesta está en mirar a Jesús. No se trata de un Dios teórico que pensamos en nuestras cabezas. Hablamos del Dios de Jesús. Y en estos días, el Evangelio se empeña en presentarnos a Jesús que ante los enfermos, se siente movido en las entrañas, se compadece y actúa desatando un proceso que conduce a la sanación. Y podemos vislumbrar que Dios no está en los espacios infinitos, sino que está aquí mismo, empeñándose en que se abran paso caminos de sanación a través del corazón y las manos de sus criaturas.

No tenemos muchas respuestas pero sentimos que lo más auténtico y verdadero reside en las manos de los hombres y mujeres que pelean en los hospitales por sacar adelante a sus paisanos; en la gente que conduce durante horas para asegurar el abastecimiento de los productos básicos; en quienes se levantan temprano y salen de casa para asegurar la limpieza y desinfección de los lugares en donde el contagio es más peligroso; en la ternura y el cuidado de quienes están sosteniendo la vida amenazada de los más mayores en residencias de ancianos. Allí Dios está actuando y lo hace a través de hombres y mujeres que por ser hijos suyos responden a una llamada inscrita en nuestras entrañas que nos hace cuidar a unos de otros, porque si no nos movemos, quien está a nuestro lado nunca llegará por si mismo a la piscina de Betesda, donde al agitarse las aguas, es posible alcanzar la salud. La primera lectura de hoy nos habla de las aguas que salen del santuario hacia la derecha del templo, haciendo fecunda la comarca y saneando las aguas salobres del mar muerto. También tú y yo estamos invitados a vivir unidos al Misterio del Dios Amor que habita en el templo de nuestro corazón y a ser parte de ese venero de aguas sanadoras que se extienden por la ciudad poniendo salud en medio de esta epidemia.

Al comenzar la mañana me uno contigo a este torrente. Tú y yo, porque estamos habitados misteriosamente por el Dios de la Vida, somos vehículo de salvación. Así que en marcha. ¡Que en tu frescor y en el mío encuentren respuesta a la pregunta qué hace Dios en el coronavirus! Poner a sus hijos e hijas a responder con coraje a los efectos de la epidemia con la fuerza medicinal del amor fraterno! Un abrazo, amigos.

Piscina Betesda

 


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«Baja a curar a mi hijo que está muriéndose» clamamos a Jesús hoy con las palabras del Evangelio. Comparte con nosotros la misa del lunes cuarto de Cuaresma.

Es lunes. Segunda semana de este confinamiento. Siento cierto pudor al escribirte. Sé que estás cansado; que la energía con la que empezamos a afrontar esta crisis se va gastando con el paso de los días y la inquietud y las preguntas tocan tu corazón y también el mío. Misteriosamente, los niños son los que mejor la llevan. Ayer al preguntar por teléfono al pequeño Bruno si estaba aburrido de estar tantos días en casa me decía muy alegre: ¡Imposible! Con mis hermanos me lo paso muy bien. Los mayores nos interrogamos más pensando en el futuro y eso nos hace entrar en una cierta melancolía y desazón. A alguno de vosotros, estoy seguro, os ha visitado la enfermedad grave de un amigo o de alguien de la familia. Y hasta la propia muerte, esa realidad tan lacerante para quienes estamos hecho para la vida, puede que los haya alcanzado.

Hoy también nosotros acudimos a Jesús, ¡a quién si no!, como el funcionario real del evangelio de Juan, con la misma petición en los labios: “baja a curar a mi hijo que está muriéndose”. Tú y yo pensamos en tantos hijos e hijas, tantos en nuestros hospitales y deseamos oír de sus labios: “anda, tu hijo está curado”. Sentimos que el evangelio se hace vivo cuando escuchamos que algunos de nuestros amigos, resisten, se recuperan, salen adelante, “le va dejando la fiebre”. Vamos a salir adelante. Pero os lo ruego: creamos en la palabra de Jesús. Mantengamos calma. Sigamos caminando juntos, transitando esta cuarta semana de cuaresma. Juntos. En Jesús y en la red que formamos está nuestra fuerza. Un abrazo, amigos.

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Desde la ventana

 


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Eucaristía del domingo cuarto de Cuaresma desde la Comunidad Marianista SMP : Jesús abre los ojos al ciego de nacimiento. Él nos ayuda a transitar de la oscuridad a la luz

Queridos amigos:

Hoy es domingo y no cualquiera. En este cuaresma-cuarentena somos invitados a la ALEGRÍA, porque la alegría brota del corazón de quien se siente tocado por Jesús. Él nos ve como aquel ciego de nacimiento al que se encontró por el camino. Se aproxima, se implica con todo su ser a nuestra realidad y cura nuestros ojos para que puedan abrirse y ver la luz. El se compadece de nuestra perplejidad, de la incapacidad para comprender lo que nos está pasando y lo que estamos viviendo. El nos pide empezar un proceso de confianza que nos lleva al sencillo gesto de lavarnos en la fuente. En medio de tu desasosiego, fíate de Jesús, cree en quien se pone delante de ti como luz en medio de tu noche. En estos días no dejes de ponerte delante de su mirada. Cree en Él. De ésta vamos a salir con una nueva mirada sobre la realidad. Atravesaremos las sombras y seremos fortalecidos para alumbrar a muchos que van a quedar social y económicamente malheridos. Será el tiempo de mostrar con hechos más que con palabras que Jesús nos ha abierto los ojos y somos compañeros del Señor de la Luz.

Os ofrezco la misa celebrada hoy a las 12.30h en la Comunidad. Un abrazo

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Déjate mirar por Jesús mientras repites: «Señor, ten compasión de mi» Audio de la misa del tercer sábado de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, amigo. Buenos días amiga.

¿Qué tal te encuentras? A lo largo del día voy recibiendo algunos ecos de esta palabra que cada mañana quiere salir a vuestro encuentro como un abrazo de esos que no se pueden dar físicamente. Muchos me devolvéis el eco del mensaje; con algunos converso por teléfono y sé que, tras esta semana más o menos exótica y novedosa, extraña y sorprendente, en que hemos podido pasar más tiempo juntos en casa, la enfermedad toca a la puerta de las personas queridas o a la nuestra propia, brota el miedo en el fondo del corazón y una pregunta nos empieza a martillear: ¿cuánto va a durar esto?¿Seremos capaces de aguantar tantos días de encierro, incertidumbre, convivencia intensa en pocos metros cuadrados, falta de aire y espacio para respirar hondo?¿Seremos capaces de digerir el dolor que nos causa el sufrimiento de los amigos que conocemos y que ya están en el hospital o con familiares tocados? El horizonte de solución parece alejarse de nuestra mirada y postergarse semanas adelante.

Hoy la Palabra de Dios que hemos proclamado en la eucaristía que cada mañana celebramos unidos a todos vosotros, nos invita a VOLVER AL SEÑOR. «En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará y viviremos delante de Él» dice el profeta Oseas. Ciertamente esto no es cosa de dos días. Es cosa de entrar en la dinámica de la Pascua. Dejarse curar por Dios, no solo del coronavirus, que esperemos inspire a nuestros científicos y médicos, sino sobre todo de ese virus que nos hace vivir con autosuficiencia de espaldas a Dios y los hermanos. Hoy te invito a que te examines, más allá de toses, fiebres y malestar general y veas si últimamente te has erguido demasiado, has pensado que podías con todo, que lo que tienes es fruto de tu esfuerzo y que te lo mereces, como el fariseo de la parábola que hoy nos cuenta Lucas. Jesús pone la mirada en ti y en mi, en este momento de fragilidad. Ya no caben componendas. Todos somos publicanos del último banco, conscientes de nuestra fragilidad, de la necesidad de ser sostenidos, sanados, curados exterior e interiormente. Hoy con el publicano, desde el último banco te invito a dejarte mirar por Jesús y a dirigirte a él diciéndole: «Señor, ten compasión de mi». El nos escucha. Te lo aseguro. Su corazón está volcado sobre nosotros. Encuentra respiro y descanso en su mirada y sigamos adelante que nos queda mucha marcha. Vivamos juntos este sábado sostenidos por la compasión de Dios que derramará la lluvia de la sanación a su tiempo. Un abrazo, mis hermanos y hermanas. Unidos en la oración.

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Oracion

 

 


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Escucha, abre tu oído, despierta, acoge el clamor de la realidad. Solo te pido una cosa: AMA. Audio de la misa del tercer viernes de cuaresma desde la comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días amigo. Buenos días amiga.

¿Te has acercado ya a Jesús hoy? ¿Le has llevado tu conversación, tus preguntas, tus inquietudes, tus desasosiegos? Hoy la palabra de Dios nos habla de un escriba que le pregunta a Jesús cuál es el mandamiento más importante. Nosotros podríamos decirle: «Jesús, ¿qué quieres de mi, qué es lo más importante, qué es lo esencial?» El responde al escriba, a ti y a mi: «Escucha, abre tu oído, despierta, acoge el clamor de la realidad. Solo te pido una cosa. AMA. Ama a Dios por encima de todas la cosas. Y concrétalo, amando a quien tienes a tu vera, a quien está próximo a ti. Y hazlo como si te fuera la vida en ello. Con toda la fuerza de que seas capaz. No hay nada más importante.»

Me quedo con está música de Jesús en mi corazón de escriba y empiezo este viernes tercero de cuaresma. Un día como los anteriores sumergido en esta distopía, en esta rutina que perfora el alma y que nos hace preguntarnos: ¿qué nos está pasando? La palabra y la mirada de Jesús que me atraviesa, su presencia en la bendita eucaristía ofrecido por todos vosotros, por su pueblo, por nuestra gente querida, por tanta gente que vive hoy puesta en cruz como Jesús por esta enfermedad que nos ha puesto todo del revés, me da fuerzas para comenzar. Solo tienes que hacer una cosa hoy: AMA CON TODO EL CORAZÓN A DIOS EN TU PRÓJIMO. Pues eso, os quiero mucho, amigos. Un abrazo enorme. Vamos a por ello fiados en la palabra de Jesús que pone a toda su tropa a funcionar. ¡Y qué falta hace! Os dejo la misa de hoy como cada día, con la oración de la comunidad de Santa María del Pilar que está muy unida a vosotros.

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¡Qué bien nos vienes José! Hoy celebramos tu fiesta y nos impulsa al cuidado sencillo y callado con la firmeza tierna del padre! Audio de la misa de hoy en Comunidad @MarianistasES SMP.

Buenos días, familia. Hoy es un día especial. Celebramos a San José, el esposo de María. Es una fiesta muy querida para los marianistas. El cuidó de la mujer elegida, llamada, convocada al SÍ. La mujer que fue toda disponibilidad al plan de Dios que quería hacerse un hombre en todo igual a nosotros. Un Dios que quiso pedir permiso y abrirse paso en la historia desde el vientre de una chiquilla humilde de Nazaret y crecer en una familia de gente sencilla, como la de José el Carpintero. Como José queremos cuidar de María, asistirla en su misión de traer a Jesús al mundo. Esta es nuestra vocación como marianistas. Y pensaba yo: ¡qué bien nos vienes José! Tú, actor de reparto, nunca protagonista, siempre presente, sin discurso conocido más que por la palabra elocuente de la acción, para ser nuestro patrón en estos días: el patrón del cuidado, de la atención, de la compañía, de la disponibilidad, de la capacidad de acoger el plan menos esperado y que pone bocabajo la vida. Tú, siempre a la vera de María, sosteniendo, trabajando, desviviéndote como esposo y padre. Mira José, danos fuerza en estos días para que no dejemos de cuidar los unos de los otros en estas semanas difíciles que tenemos por delante y que como tantos hombres y mujeres buenos, anónimos, sencillo, tantos voluntarios, tanta gente de nuestro pueblo lo hagamos con humildad y con una enorme confianza en el Dios que te habló en sueños y que a nosotros nos habla en estos días con una fuerza inusitada en la realidad que nos toca vivir. Un abrazo desde la Comunidad Marianista y muchas felicidades sobre todos para los papas. Disfrutad de vuestro hijos ahora que hay más tiempo para estar con ellos en casa.

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San Jose