Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia 4º domingo Adviento.Domingo 18 de diciembre 2011

Podemos decir, a la luz del Antiguo y Nuevo Testamentos, que la manera de actuar de Dios nos puede chocar. Muy al contrario de lo que suele gustar a la mayoría de las personas, que gustamos de grandes manifestaciones, que pedimos a Dios que actúe con grandeza, que muestre todo su poder. La manera de actuar de Dios, repito, nos choca porque huye de lo grandioso, del poder y la fuerza y se manifiesta, normalmente, en lo sencillo.  

Hoy tenemos dos ejemplos en la primera lectura y el evangelio. El rey David, pensando al modo humano, quiere que Dios deje de habitar en una tienda y pase a hacerlo en un templo sólido. La respuesta de Dios no se hace esperar. El no quiere edificios suntuosos. Recordemos las palabras de Jesús a la samaritana: “los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Jn 4,23) Si David pensaba en un edificio construido por manos humanas, Dios piensa en otro tipo de edificio: una descendencia que durará para siempre en mi presencia.

A Dios le interesan más las personas que los edificios, aunque los edificios tengan una función. Somos las personas las que, en cualquier lugar y reunidos en el nombre del Señor formamos el verdadero templo de Dios. Porque Dios quiere estar presente en la vida de las personas. Los edificios suntuosos son muestras del poder humano, pero están lejos de la manera de manifestarse Dios. Las personas con nuestra vida y palabra somos parte de esa descendencia prometida. La nota principal de Dios es que es un Dios vivo, y El no quiere ser o estar encerrado en ningún lugar. El que no cabe en el universo no se deja manipular por su criatura, ni le gusta permanecer quieto en un lugar cerrado.

El otro ejemplo lo tenemos en el evangelio de Lucas. Pensemos en otro esquema de anuncio: podría hacer tenido lugar en Jerusalén y en el templo. Un hombre podría haber sido el destinatario, propio de sociedad patriarcal. Podría haber sido por medio de gestos o acciones maravillosas. Pero tenemos lo contrario, para hacernos ver la sencillez de esta manifestación de Dios.

La anunciación tiene lugar en un pueblo de Galilea, y sabemos que Galilea y los galileos no eran bien vistos por los judíos. El anuncio se hace en una casa humilde y a una mujer joven y desconocida. Aunque nosotros hemos idealizado la anunciación, intentemos ponernos por un momento, si podemos, en la mente de Dios. ¿Elegir lo humilde, lo sencillo, lo desconocido para anunciar la venida de su Hijo? Y ¿a una mujer? ¡Qué Dios es ese que se anuncia de esa manera!   

Esta manera de actuar de Dios la continúa su Jesús, que alaba lo humilde, lo sencillo, que huye de la grandeza y del poder, que se acerca al marginado para dignificarlo, y que inicia la descendencia que Dios prometió a David. No es un templo construido por manos humanas, sino una comunidad de discípulos que forman el verdadero templo de Dios. En este cuarto domingo de Adviento demos gracias a Dios por hacerse presente en nuestras vidas de manera desconcertante pero cercana y acogedora. Y quela Navidad, ya cercana, la vivamos en la intimidad personal, familiar y eclesial.

 

 

 


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Lecturas de la misa – domingo 18 Diciembre 2011 – 4º Dom. Adviento

DOMINGO IV DE ADVIENTO

Comentario y homilía en audio

PRIMERA LECTURA

El reino de David durará por siempre en la presencia del Señor

Lectura del segundo libro de Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16
Cuando el rey David se estableció en su palacio, y el Señor le dio la paz con todos los enemigos que le rodeaban, el rey dijo al profeta Natán:
– «Mira, yo estoy viviendo en casa de cedro, mientras el arca del Señor vive en una tienda.»
Natán respondió al rey:
«Ve y haz cuanto piensas, pues el Señor está contigo.»
Pero aquella noche recibió Natán la siguiente palabra del Señor:
«Ve y dile a mi siervo David: «Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella?
Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel.
Te pondré en paz con todos tus enemigos, te haré grande y te daré una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre.»»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (cf. 2a)

R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor, anunciaré tu fidelidad por todas las edades. Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R

«Sellé una alianza con mi elegido, jurando a David, mi siervo: «Te fundaré un linaje perpetuo, edificaré tu trono para todas las edades.»» R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.» Le mantendré eternamente mi favor, y mi alianza con él será estable. R.


SEGUNDA LECTURA

El misterio, mantenido en secreto durante siglos, ahora se ha manifestado

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 16,25-27
Hermanos:
Al que puede fortaleceros según el Evangelio que yo proclamo, predicando a Cristo Jesús, revelación del misterio mantenido en secreto durante siglos eternos y manifestado ahora en los escritos proféticos, dado a conocer por decreto del Dios eterno, para traer a todas las naciones a la obediencia de la fe al Dios, único sabio, por Jesucristo, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios.


Aleluya Lc 1, 38
Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

EVANGELIO
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:
– «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:
– «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:
– «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:
– «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:
– «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

Palabra de Dios


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Homilia domingo 3º Adviento (1ª) 11 de diciembre 2011

Se me ocurre comenzar estas palabras haciendo una breve distinción, a modo de oposición,  entre “poder” y “autoridad”. Hay personas que se atribuyen un poder o viven en el poder, pero demuestran tener poca o ninguna autoridad. Por eso recurren al poder como ordeno y mando. Por el contrario hay quienes tienen autoridad sin tener poder. Tan solo su presencia, su palabra, su vida son testigos de la autoridad que irradian.

En todos los ámbitos de la vida se da esta diferencia entre quienes dicen tener poder y quienes tienen autoridad. Hoy se nota esta diferencia: sacerdotes y levitas que dicen tener poder y son enviados por otros que también se arrogan poder, le preguntan a Juan: “¿Tú quién eres?” Es decir, ¿qué poder tienes para presentarte así? Recordad que lo mismo le sucede a Jesús cuando le preguntan si es lícito pagar o no tributo al César.

Juan no tiene ningún poder. El se presenta y actúa con la autoridad que le da ser “voz que grita: allanad el camino del Señor”. Le siguen preguntando, esta vez los fariseos: ¿Por qué bautizas? Es decir ¿quién te ha dado poder para bautizar? Parece que en este mundo todo se basa en tener poder o recibir poder de alguien para hacer algo.

En nuestro mundo y, también por qué no en la misma iglesia, parece que hay que tener poder para hacer algo, cuando en realidad lo que tendría que darse, al menos en la iglesia, es autoridad. Mucho se critica a la iglesia de actuar con poder y se echa en falta actuar con autoridad a ejemplo de Jesús que sin tener ningún poder hablaba y enseñaba con autoridad y no como los escribas (Mt 7,29). La autoridad con la que actúa Jesús le viene del Padre, de estar ungido por el Espíritu y de ser consecuente con su mensaje.

Como cristianos deberíamos dejar a un lado el poder y tener un poco más de autoridad en el mundo. Pero no autoridad para mandar, sino esa otra que llamamos autoridad moral. Juan se reconoce testigo por estar lleno del Espíritu de Dios, que recibió su madre Isabel cuando María la fue a visitar y a ayudar.

Nosotros, cristianos, no somos la luz, sino testigos de la luz verdadera que es Cristo. Cada uno de nosotros puede decir con el profeta Isaías: “el Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha ungido”. Ahí está nuestra autoridad para dar testimonio de Jesús. No en un poder que nos hayamos dado a nosotros mismos sino que esa autoridad para ser testigos nos viene del mismo Espíritu que ungió a Jesús en su bautismo.

No pretendamos poder, no actuemos con poder. Respondamos como Juan: somos testigos de la luz. Luz que orienta nuestra vida y la llena de alegría. Luz que es Cristo y que nos da autoridad moral para predicarle a El, que no vino a ser servido como quien tiene poder sino a servir con la autoridad de su mensaje y su vida.

La autoridad de un testimonio lleno de alegría vale más que el poder vacío que muchas veces vemos nuestro mundo. Un testimonio lleno de alegría es mensaje de esperanza para quienes nos vean vivir y actuar así.


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Homilia domingo 3º de Adviento (2ª). Domingo 11 de diciembre de 2011

En este tiempo de Adviento se insiste mucho en la esperanza. Es verdad que nos hace falta mucha esperanza para vivir y sobre todo vivir la fe-confianza en Dios y en nosotros mismos. Pero junto a esa esperanza el Adviento añade otra nota que también es propia de este tiempo: la alegría. Alegría, ¿por qué?

En primer lugar, porque nuestro Dios es un Dios que además de prometer, cumple sus promesas anunciándonos, primero, y enviándonos, luego, un Salvador. Los profetas se lo anunciaron al pueblo de Israel. Hoy Isaías lo corrobora: Dios envía un salvador que salva de verdad: anuncia buenas noticias a los que sufren, a los corazones desgarrados, a los cautivos, a los prisioneros. Esas buenas noticias si de verdad lo son, llenan de alegría

En segundo lugar, porque nuestro Dios para conocernos mejor no se queda en su cielo, sino que desciende a la tierra y se hace uno de nosotros. Vive lo que nosotros vivimos. Nada que vive el hombre le es ajeno a Dios. Ni siquiera el pecado le es ajeno porque lo ve en el mal que causa el mismo pecado, lo ve en el dolor que cura, en la muerte de amigos y en su propia muerte. Pero experimenta también la alegría de acoger a niños, de alimentar a la gente, de perdonar, de ser acogido en casa de pecadores y hacer que su vida cambie. Vive y ve la alegría del pueblo sencillo que se maravilla de las buenas obras que hace a favor de los demás.

En tercer lugar, porque es el Dios que nos hace partícipes de su alegría. “Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios”. Esto solo puede decirlo alguien que ha experimentado a Dios en su vida. Vestir un traje de gala, envolver en manto de triunfo y adornar con joyas nos está hablando de un Dios que ama la fiesta, que es feliz y que transmite felicidad. Es un Dios que quiere contagiar su alegría.

Este tiempo de Adviento es también tiempo de alegría. Alegría porque nos preparamos para recibir a Aquel que nos anuncia buenas noticias también a nosotros. Creo que no se puede celebrar bienla Navidadsi antes no hemos abierto nuestro corazón al Evangelio, que significa “buena noticia”.

Podemos hacernos dos preguntas: ¿qué buenas noticias espero yo? ó ¿qué buenas noticias transmito yo? A nosotros se nos ha dado ya para siempre la buena noticia de la salvación: estamos salvados. Nos toca a nosotros transmitir esa buena noticia a los demás con nuestra vida y con nuestra palabra. Sé que es duro y difícil anunciar a otros buenas noticias, pero para eso tenemos cuatro semanas para prepararnos a recibirla y a anunciarla.

Dios quiere contagiarnos una vez más su alegría anunciándonos la venida de su Hijo. Dios quiere mostrar su alegría compartiendo su vida con nosotros. Dios quiere ser presentado como un Dios alegre y por eso se nos muestra en el rostro de su Hijo Jesús. Termino con las palabras de san Pablo: “estad siempre alegres, y nos apaguéis el espíritu” el espíritu de la alegría del Dios alegre.     

 

 


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Lecturas de la misa – Domingo 11 Diciembre 2011 – 3º Dom. Adviento

PRIMERA LECTURA

Desbordo de gozo con el Señor

Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11

El Espíritu del Señor est sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor.

Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Como el suelo echa sus brotes, como un jardín hace brotar sus semillas, así el Señor hará brotar la justicia y los himnos ante todos los pueblos.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial
Lc 1, 46-48. 49-50. 53-54(R.: Is 6 1, 1 Ob)

Me alegro con mi Dios.

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.  desde ahora me felicitarán todas las generaciones. R

Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. R.

A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia.R


SEGUNDA LECTURA

Que vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado hasta la venida del Señor

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5,16-24

Hermanos:

Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros.

No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno.

Guardaos de toda forma de maldad. Que el mismo Dios de la Paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo, sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.

El que os ha llamado es fiel y cumplirá sus promesas. 

Palabra de Dios.


Aleluya Lc 4,18
El Espíritu del Señor está sobre mí; me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres.

EVANGELIO

En medio de vosotros hay uno que no conocéis

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:  este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: – <<¿Tú quién eres?>> El confesó sin reservas: – <<Yo no soy el Mesías.>> Le preguntaron: – <Entonces, qué? Eres tú Elías?>> El dijo: – <(No lo soy.>> – <eres tú el Profeta?>> Respondió: – <No.> Y le dijeron: – <<¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?>>
contestó:
<<Yo soy la voz que grita en el desierto: «Allanad el camino del Señor», Como dijo el profeta Isaías.> Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: – <<Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta? Juan les respondió: – <<Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia. Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

Palabra de Dios


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Homilía Solemnidad Inmaculada Concepción

Si contrastamos la lectura del Génesis con el evangelio de Lucas encontramos tres notas opuestas. Bien es verdad que esas notas opuestas se dan porque lo que se nos narra en las dos lecturas contiene mensajes distintos.

La primera nota es que frente al miedo que experimentan el hombre y la mujer, escondiéndose, tenemos el mensaje de alegría del ángel a María. El hombre y la mujer se esconden porque estaban desnudos. Pero no solo desnudos físicamente, sino sobre todo desnudos interiormente. Dios los había creado transparentes, felices y ellos ahora caen en la cuenta que no son los mismos que Dios había creado. Tienen miedo y se esconden. El miedo y la desnudez del hombre y la mujer son signos del cambio operado en ellos por romper esa transparencia con la que fueron creados.

En el evangelio de Lucas la primera nota es la alegría. Alegría porque el plan de salvación de Dios se va a realizar en la persona de su Hijo. Alegría porque se van a cumplir todas las esperanzas del pueblo de Israel con la venida de Jesús. Alegría porque Dios está con aquel que abre su corazón para aceptar su mensaje de paz y amor. Alegría porque todo un Dios, arriesgándose, espera la respuesta de una mujer a su pregunta.

La segunda nota del Génesis es la realidad del mal y del dolor. Se trata de dos misterios que no tienen fácil respuesta. ¿Por qué existe el mal y el dolor? Dios no ha creado el mal. El mal existe en el mundo porque lo quiso, y lo quiere, el hombre. Si no fijémonos en la manera de actuar del hombre a lo largo de la historia. El hombre es responsable del mal que existe en el mundo. Tal vez sea fruto del miedo y de sentirse desnudo, por seguir con el discurso anterior. Ante el miedo y el sentirse desnudo, por así decirlo, el hombre más que construir, destruye, más que causar felicidad, causa dolor.

Frente al mal y el dolor, el evangelio nos da un mensaje de liberación, de salvación. El que va a venir no va a causar dolor y mal, sino que va a salvar, a liberar. Cuando Jesús cura a enfermos, cuando libra a una mujer de ser lapidada, cuando se aloja en casa de un pecador, está salvando, está liberando, está eliminando el dolor y el mal y devolviendo la vida a esas personas que sufrían. María abre su corazón, su seno de mujer a la vida, a aquel esperado por el pueblo sencillo de Israel que le liberaría de todo mal.

La tercera nota del Génesis es la cerrazón del hombre y la mujer en sí mismos. El egoísmo aparece y marca la vida de los hombres. Frente a este egoísmo tenemos la disponibilidad de María: su “hágase” es la novedosa respuesta del hombre a Dios, personalizada en María. El hombre dispuesto a colaborar con Dios en la creación y salvación. El hombre abierto a compartir la vida. El hombre respondiendo sí al Dios que nos ama, que nos elige, que nos bendice y que nos destina a ser otros Cristos.  María resume este triple mensaje de alegría, de liberación y de disponibilidad con una sola palabra: “hágase”. Esta palabra tiene que estar en nuestro corazón y en nuestra vida para seguir respondiendo a Dios como lo hicieron María y, sobre todo, Jesús.

 

 


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Lecturas de la misa – Jueves 8 Diciembre 2011 – Inmaculada Concepción

LA INMACULADA CONCEPCIÓN
DE SANTA MARÍA VIRGEN

8 DE DICIEMBRE

PRIMERA LECTURA

Establezco hostilidad entre tu estirpe y la de la mujer

Lectura del libro del Génesis 3, 9-15. 20.

Después que Adán comió del árbol, el Señor llamó al hombre: <<Dónde estás?>> El contestó: <<Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo, y me escondí.>>

El Señor le replicó: <<Quién te informó de que estabas desnudo? Es que has comido del árbol que te prohibí comer? Adán respondió: <<La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto, y comí.>> El Señor dijo a la mujer: <<Qué es lo que has hecho?>> Ella respondió: <<La serpiente me engañó, y comí.>>

El Señor Dios dijo a la serpiente: <<Por haber hecho eso, serás maldita entre todo el ganado y todas las fieras del campo; te arrastrarás sobre el vientre y comerás polvo toda tu vida; establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón.>>

El hombre llamó a su mujer Eva, por ser la madre de todos los que viven.


Salmo Responsorial
Sal. 97, 1. 2-3ab. 3c-4

R/ Cantad al Señor un cántico nuevo, porque
ha hecho maravillas.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.


SEGUNDA LECTURA

Nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Efesios 1, 3-6. 11-12.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor. El nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya.

Por su medio hemos heredado también nosotros. A esto estábamos destinados por decisión del que hace todo según su voluntad.

Y así, nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, seremos alabanza de su gloria.


EVANGELIO

Alégrate, llena de gracias, el Señor está contigo

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1, 26-38

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: <<Alégrate, llena de gracias, el Señor esta contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres.>>

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel.

El ángel le dijo: <<No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.>>

Y María dijo al ángel: <<Cómo será eso, pues no conozco a varón?>>

El ángel le contestó: << El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.>>

María contestó: << Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.>> Y la dejó el ángel.


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Homilia 2º domingo Adviento ciclo B. Domingo 4 de diciembre 2011

Os recuerdo cuatro notas del Adviento que os decía el domingo pasado y que bien pueden ayudarnos en este segundo domingo. Decía: Adviento es como una ráfaga de viento, como una luz, una invitación a ponernos al servicio de los demás, un mensaje positivo. Vienen bien estas notas del domingo pasado para animarnos a vivir dos invitaciones que nos hacen las lecturas de hoy.

Las dos invitaciones son: “una voz grita en el desierto” y “preparar el camino del Señor” (o al Señor). Desde hace tiempo nos están bombardeando con anuncios, con  luces encendidas en escaparates y calles anunciándonosla Navidad.Pensemosque para llegar ala Navidadhay que tener un tiempo de preparación. No vale eso de quemar etapas, si queremos prepararnos verdaderamente para celebrarla Navidad.

“Una voz grita en el desierto”. ¿No se parecen nuestras calles al desierto? Sabemos que en el desierto hay soledad, silencio, tendencia a salvarse uno mismo, se dan espejismos, se busca un lugar seguro. Repito: ¿no se parecen nuestras calles al desierto? Se ve mucha soledad, se dan espejismos que nos llevan a sitios ficticios, se busca lugar seguro refugiándose rápidamente uno en casa, en grandes almacenes donde todo parece ideal, pero también bastante irreal.

A toda persona de buena voluntad se le invita a ser “voz que grita en el desierto”, desierto en que se han convertido nuestras calles, nuestro mundo. Pero, ¿qué gritar? ¿a quién hay que gritar? Se nos llama a gritar: “preparad el camino del Señor, o al Señor”. Cuando se prepara un camino es para que sea transitable para todo aquel que quiera pasear por él.

Ahora bien, ¿a qué señor hay que preparar el camino? Porque en nuestro mundo hay cosas que se han convertido, o las hemos convertido en señores. Repito, ¿a qué señor hay que preparar el camino? ¿Al consumo? ¿a situaciones forzadas que viviremos estos días? ¿a las tarjetas de Navidad de compromiso? ¿a las ganas de que pasen pronto estos días por los recuerdos que nos traen?

¿A qué Señor hay que preparar el camino?

1. al que viene a traernos un mensaje de liberación       

2. al que viene a decirnos que Navidad es todo el año

3. al que viene a denunciar la mentira, la injusticia, la falsedad de algunas vidas.

4. al que viene a decirnos que el perdón y el amor son signos de la presencia de Dios

5. al que viene a invitarnos a seguir su ejemplo de “servir y no ser servidos”

6. al que viene de manera sencilla y humilde a plantar su tienda entre nosotros.

A este Señor es al que hay que preparar el camino. Para ello hay que enderezar lo torcido del corazón. Hay que allanar los senderos de la paz y la justicia. Hay que consolar al triste. Hay que ser portadores de perdón. Hay que ser brisa suave, luz que alumbre a todo el que busque al Señor. Hay que aportar optimismo.

 Las luces de estos días en breve se apagarán. La luz de Dios brillará siempre entre nosotros y llegará a todo hombre como mensaje salvador. Adviento es y será siempre “una voz que grita en el desierto” de toda vida y un “preparar el camino al Señor” que viene a liberarnos.

 


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Homilia 2º domingo Adviento.ciclo B. Domingo 4 de diciembre 2011

Os recuerdo cuatro notas del Adviento que os decía el domingo pasado y que bien pueden ayudarnos en este segundo domingo. Decía: Adviento es como una ráfaga de viento, como una luz, una invitación a ponernos al servicio de los demás, un mensaje positivo. Vienen bien estas notas del domingo pasado para animarnos a vivir dos invitaciones que nos hacen las lecturas de hoy.

Las dos invitaciones son: “una voz grita en el desierto” y “preparar el camino del Señor” (o al Señor). Desde hace tiempo nos están bombardeando con anuncios, con  luces encendidas en escaparates y calles anunciándonosla Navidad.Pensemosque para llegar ala Navidadhay que tener un tiempo de preparación. No vale eso de quemar etapas, si queremos prepararnos verdaderamente para celebrarla Navidad.

“Una voz grita en el desierto”. ¿No se parecen nuestras calles al desierto? Sabemos que en el desierto hay soledad, silencio, tendencia a salvarse uno mismo, se dan espejismos, se busca un lugar seguro. Repito: ¿no se parecen nuestras calles al desierto? Se ve mucha soledad, se dan espejismos que nos llevan a sitios ficticios, se busca lugar seguro refugiándose rápidamente uno en casa, en grandes almacenes donde todo parece ideal, pero también bastante irreal.

A toda persona de buena voluntad se le invita a ser “voz que grita en el desierto”, desierto en que se han convertido nuestras calles, nuestro mundo. Pero, ¿qué gritar? ¿a quién hay que gritar? Se nos llama a gritar: “preparad el camino del Señor, o al Señor”. Cuando se prepara un camino es para que sea transitable para todo aquel que quiera pasear por él.

Ahora bien, ¿a qué señor hay que preparar el camino? Porque en nuestro mundo hay cosas que se han convertido, o las hemos convertido en señores. Repito, ¿a qué señor hay que preparar el camino? ¿Al consumo? ¿a situaciones forzadas que viviremos estos días? ¿a las tarjetas de Navidad de compromiso? ¿a las ganas de que pasen pronto estos días por los recuerdos que nos traen?

¿A qué Señor hay que preparar el camino?

1. al que viene a traernos un mensaje de liberación       

2. al que viene a decirnos que Navidad es todo el año

3. al que viene a denunciar la mentira, la injusticia, la falsedad de algunas vidas.

4. al que viene a decirnos que el perdón y el amor son signos de la presencia de Dios

5. al que viene a invitarnos a seguir su ejemplo de “servir y no ser servidos”

6. al que viene de manera sencilla y humilde a plantar su tienda entre nosotros.

A este Señor es al que hay que preparar el camino. Para ello hay que enderezar lo torcido del corazón. Hay que allanar los senderos de la paz y la justicia. Hay que consolar al triste. Hay que ser portadores de perdón. Hay que ser brisa suave, luz que alumbre a todo el que busque al Señor. Hay que aportar optimismo.

Las luces de estos días en breve se apagarán. La luz de Dios brillará siempre entre nosotros y llegará a todo hombre como mensaje salvador. Adviento es y será siempre “una voz que grita en el desierto” de toda vida y un “preparar el camino al Señor” que viene a liberarnos.

 


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Sin paciencia

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

 

Esperar con paciencia

 

La esperanza tiene muchos matices y muchos acentos. Hoy se nos invita
especialmente a esperar con paciencia, pero sin perder la ilusión. Es lo que
llamamos Adviento.

 

La paciencia, ¡cómo la necesitamos!

• Sin paciencia, no hay esperanza.

• Sin paciencia, no hay convivencia.

• Sin paciencia, no hay madurez

• Sin paciencia, no hay crecimiento.

• Sin paciencia, no hay hondura.

• Sin paciencia, no hay virtud.

• Sin paciencia, no hay capacitación

• Sin paciencia, no hay sabiduría.

• Sin paciencia, no hay estima del don.

• Sin paciencia, no hay victoria.

• Sin paciencia, no hay excelencia.

• Sin paciencia, no hay fruto ni floración.

• Sin paciencia, no hay amor.

Y sin paciencia, no alcanzaremos a Dios.

O sea. Sin Adviento no llegará la Navidad ni la Parusía.