Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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ADVIENTO EN FAMILIA: LUCES PARA LOS “DESCARTADOS”

Motivación

Hemos apostado por una recuperación abierta del “tejido social”. Queremos que nuestro “confina­miento” haya podido servir para aprender a vivir y ser de otra manera, luchando por deshacer, en positivo, el “otro modo” -ya periclitado- de construir la ciudad. No creemos en lo bueno y maravilloso que es poner el partido por encima del bien común, el consumo por encima de la felicidad, el di­nero por encima del amor, el tener sobre el ser. Ahora ya estamos vacunados, o podemos estarlo, si queremos. Hemos tenido la oportunidad de aprender la “resistencia” y la “paciencia”. Hemos aprendido que “aplaudir” a las ocho de la tarde era una manera de luchar y que hemos de traducirlo, creativamente, en “otra cosa”,una “nueva realidad” que tire por la borda el “viejo mundo” con el que nos habíamos engañado…

Pero, en ese nuevo “tejido social” que estamos llamados a recrear, no puede seguir habiendo “descartados” del nuevo tejido relacional, de ese “no­sotros”: ellos son los que no cuentan,  a quienes no podemos “des-cuidar”.

La voz de los profetas

Decía Juan Bautista: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías» (Evangelio: Jn 1,23)Isaías, por su parte, anunciaba la misión de aquel del que el mismo Juan decía: «en medio de voso­tros hay uno que no conocéis,el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia» (Evangelio: Jn 1,26-27).

El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha en­viado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor» (1ª lectura: Is 61, 1-2).

¿Dónde está Dios más presente aún?

Jesús de Nazaret, “el que había de venir”, se presentó también entre nosotros teniendo en su boca las mismas palabras de Isaías y del Bautista: “El Señor me ha ungido; el Espíritu de Dios está sobre mí” para anunciar la Buena Noticia a los “últimos” (Lc 4,16-22).

La presencia del Señor “que viene” se hace más intensa, precisamente en los “descarta­dos” de nuestra sociedad, los “des-cuidados”, los des-conectados de la vida y de la relación.

Las luces de la ciudad

Si queremos hoy ser, como Juan Bautista, “la voz que grita en el desierto” de nuestra sociedad, no podemos hacer otra cosa que dedicar nuestros esfuerzos a estos “descartados” de la vida, a quien Isaías y Jesús llaman “los que sufren, los corazones desgarrados, los cautivos, los prisioneros”, los… pobres: los últimos de desgarro social. Hasta ellos no han llegado aún “las luces de la ciu­dad” y Dios, en ellos, está esperando para su venida.

Un gesto comunitario

Se trata, pues, comunitariamente, de IDENTIFICAR A ESTOS la vida…

Adelantándonos a ello, recordamos a los “psico­lógicamente descartados” (personas psicológica­mente frágiles, discapacitados mentales, autistas, depresivos, pusilánimes…), a los “socialmente descartados” (ancianos en soledad o en malas ­residencias, “menes”, inmigrantes, presos y otros tantos seres humanos al límite de la vida digna…) y a los “económicamente descartados” (mujeres empleadas en precario, parados sin subsidios, mi­grantes en la economía sumergida, personas sin casa donde quedarse, madres sin ingresos y niños sin escuela ni medios, temporeros, etc.)

Al nombrar cada grupo de “descartados” vamos encendiendo una vela de la corona de adviento (serían tres)

La Corona de Adviento

En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz.

Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Y, como Isaías, y más tarde Jesús, se anuncia la buena noticia.

Los pobres, los descartados, los últimos de la vida son sus destinatarios.

Preparad sus caminos, abridles las puertas: en ellos está el Señor, que ya se acerca.

Cuando encendemos esta tercera vela cada uno de nosotros sentimos la llamada

a ser la misma voz de Juan que clama en el desierto de la vida.

Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!


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ADVIENTO EN FAMILIA

SEGUNDA SEMANA: LUCES PARA UNA TIERRA NUEVA

Motivación

Por todas partes nos anuncian que el momento más duro de la epidemia ya ha pasado. Ese “pa­sado” nos ha dado muchas lecciones. Pero ahora estamos iniciando una “nueva etapa”, un nuevo momento histórico del que somos responsables de cara al futuro. Es una oportunidad importante para crear algo nuevo, para “re-crear” el “tejido social”, una “tierra nueva”, un nuevo humanismo, haciendo presente, con ello, la esperanza de un Dios que está con nosotros y que sigue viniendo.

La voz del profeta

La esperanza no puede ser un adormecimiento pasivo. Si hay algo que pueda haber sido positivo, en estos meses de pandemia, son esas luces de la “cultura del cuidado” que nos han mostrado con su vida muchas personas llevadas, sin saberlo, por el Espíritu de Dios. Ninguna de esas cosas que hemos aprendido deberíamos olvidarlas ahora. Sería un retroceso histórico imperdonable.

Nosotros seguimos esperando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia». (2ª lectura: 2Pe 3,8-14).Isaías, a su vez, nos anima también este domingo en esta direc­ción mirando hacia el futuro para que seamos nosotros mismos profetas de futuro. Se trata de “re-crear” la humanidad perdida, el “tejido social”.

«Consolad, consolad a mi pueblo. Una voz grita: “En el desierto preparadle un cami­no al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí está vuestro Dios» (1ª lectura: Is 40,1-11).

¿Dónde está Dios?

Dios sigue estando donde estaba, como vimos el domingo pasado. Pero no podemos bajar los brazos: Dios quiere que los tengamos siempre levantados. A veces la prisa y la impaciencia nos detiene y hace retroceder; perdemos la esperanza y la utopía.

«No olvidéis una cosa, queridos míos, -dice Pedro (2ª lectura: 2Pe 3, 8-14)- que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda…»

Nosotros somos ahora, como Juan Bautista, los “pregoneros” y continuadores de la historia para “preparar los caminos”. (Evangelio: Mc 1,1-8).

Las luces de la ciudad

Pero hay que mirar al presente y al futuro para “recrear” lo que queremos que sea nuestra humani­dad recuperada. Es lo que ahora nos toca: encender nuevas luces de esperanza donde, pasado lo pasado y “sin bajar la guardia”, mantengamos lo aprendido y demos nuevos pasos para “recrear” un nuevo tejido social, una posible nueva humanidad.

Un gesto comunitario

Hoy, entre todos, nos preguntamos

• Qué podemos añadir nosotros, desde nuestras posibilidades para mantener lo que tenemos y añadir alguna nueva luz en la ciudad.

• ¿Cuáles son los rasgos de esa “cultura de los cuidados” que ahora podemos estre­nar sin perder lo aprendido?

• ¿Qué puedo hacer yo?

Entre todos VAMOS NOMBRANDO A ESAS REALIDADES inaplazables. Vamos, pues, añadiendo papeletas amarillas cubriendo las ventanas que todavía no estén ilumina­das.

Podemos también escribirlos, incluso con nuestros compromisos personales, en otras papeletas . Podemos igualmente expresarlas de viva voz.

La Corona de Adviento

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel anunciando un nuevo tiempo de esperanza. “No temas, porque yo estoy contigo”, dice Dios. “Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. Vosotros sois mis testigos.

No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo;mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”

Nosotros, como símbolo de la nueva justicia, encendemos esta segunda vela del Adviento mirando hacia el futuro. mirando hacia el futuro. Que cada uno de nosotros se comprometa por una nueva tierra de esperanza para que nada de lo aprendido se pierda.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!


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Lecturas del II Domingo de Adviento

1ª lectura (Isaías 40, 1-5. 9-11): Preparadle un camino al Señor.

«Consolad, consolad a mi pueblo, -dice vuestro Dios-; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que
se ha cumplido su servicio, y está pagado su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble
paga por sus pecados».
Una voz grita:
«En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso
se iguale.
Se revelará la gloria del Señor, y la verán todos juntos – ha hablado la boca del Señor – ».
Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no
temas, di a las ciudades de Judá: «Aquí está vuestro Dios. Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su
brazo manda.
Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño, reúne con su brazos los corderos y los lleva sobre el
pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían».

Salmo: Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.
La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.
El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R.

2ª lectura (segunda carta del apóstol san Pedro 3, 8-14): esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva.

No olvidéis una cosa, queridos míos, que: para el Señor un día es como mil años y mil años como
un día.
El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene mucha paciencia con vosotros,
porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión.
Pero el día del Señor llegará como un ladrón.
Entonces los cielos desaparecerán estrepitosamente, los elementos se disolverán abrasados y la
tierra con cuantas obras hay en ella quedará al descubierto.
Puesto que todas estas cosas van a disolverse de este modo ¡qué santa y piadosa debe ser vuestra
conducta, mientras esperáis y apresuráis la llegada del Día de Dios!
Ese día los cielos se disolverán incendiados y los elementos se derretirán abrasados.
Pero nosotros, según su promesa, esperamos unos cielo nuevos y una tierra nueva en los que habite
la justicia.
Por eso, queridos míos, mientras esperáis estos acontecimientos, procurad que Dios os encuentre en
paz con él, intachables e irreprochables.

Aleluya Lc 3, 4cd. 6
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
V. Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.
Toda carne verá la salvación de Dios. R.

Evangelio (Marcos 1, 1-8): enderezad los senderos del Señor.

Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: ‘Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”»
Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les
perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y
él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».





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VIGILIA DE LA INMACULADA

MARÍA, ALUMBRA NUESTRA ESPERANZA

María, alumbra nuestra esperanza es el lema con el que la diócesis de Madrid celebrará la tradicional Vigilia de la Inmaculada el lunes, 7 de diciembre, a las 21:00 horas en los tres templos que habitualmente acogen esta celebración:

Catedral de la Almudena (Bailén, 10). En la celebración presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, tendrán especial protagonismo las personas que se han visto afectadas por la pandemia, que dirigirán cada misterio del rosario: familias que han perdido a seres queridos; familias que han tenido a varios o a todos sus miembros enfermos; médicos y personal sanitario; familias que han perdido el trabajo o han visto cómo sus empresas tenían que cerrar; y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. La celebración se retransmitirá en directo por el canal de YouTube de la diócesis.

Basílica de la Merced (Edgar Neville, 23). Presidida por el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, estará coordinada por el instituto secular Stabat Mater.

Santuario de María Auxiliadora (Ronda de Atocha, 25). Presidida por monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, estará coordinada por el instituto secular Cruzados de María.

Para garantizar la salud de todos, habrá aforo limitado en todos los templos de acuerdo con las pautas vigentes en ese momento y se aplicarán el resto de medidas de seguridad e higiene.

La vigilia, abierta a todo el mundo pero con una llamada especial a los jóvenes, está precedida de una campaña de pequeños testimonios en redes sociales con el hashtag #LaInmaculadaNuncaFalla. En ellos, diversas personas explican por qué María es su esperanza, su modelo, su guía y su luz.

Un faro del que brota la luz de Cristo

El cardenal Osoro, en la carta que ha escrito a los fieles con motivo de esta celebración, explica que, aunque este año será todo diferente, «acogemos como una providencia singular que Dios nos ofrece esta nueva situación, gracias a la cual podemos experimentar que realmente María es esa Madre que nunca abandona a sus hijos». La Virgen María se convierte, como en el cartel, en un faro desde el que brota la luz de Cristo, «que es la que alumbra la esperanza a todos los que navegan por las movidas aguas de un mar agitado».

«Hemos de seguir anunciando –indica– que hay Alguien que puede hacer renacer la Esperanza: Jesucristo». Por eso, igual que María fue a visitar a su prima Isabel, así anima el arzobispo de Madrid a los cristianos a «salir al encuentro de tantos hermanos nuestros que están sufriendo hoy»: aquellos que han perdido algún ser querido, los que se han quedado sin trabajo o han visto arruinados sus negocios o «tantas personas que van perdiendo la esperanza ante un futuro demasiado incierto y preocupante».

Vigilias desde 1947

La primera Vigilia de la Inmaculada se celebró fue en el año 1947, convocada en Madrid por el padre Tomás Morales, SJ –en proceso de beatificación–, que tenía una especial devoción por esta advocación de María. Reunió a 300 personas y, desde entonces, estos encuentros de oración se han extendido por toda España, Europa y América Latina.

La palabra vigilia procede del latín y significa estar despierto o en vela. Jesús en el Evangelio anima en varias ocasiones a velar y a orar, y es tradición en la Iglesia que las grandes celebraciones litúrgicas estén precedidas de noches de vela para que los fieles se dispongan interiormente para la fiesta.