Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas del Domingo XXXI del Tiempo Ordinario y hoja de la semana

Hoy tengo que alojarme en tu casa

Comenzamos el mes de noviembre. Tiempo de vivir ese misterio de nuestra fe que es la comunión de los santos. Formamos una gran comunidad con todos aquellos hermanos nuestros que siguiendo a Jesús, fueron testigos de la fe y viven ya junto a él. En este mes damos gracias por sus vidas y hacemos memoria de cuantos nos dejaron y  viven ya la plenitud del amor de Dios.

Algunas citas para esta semana corta de puente escolar: el jueves, tendremos nuestra oración mensual de Taizé a las 20.45 h en el oratorio. El viernes 4 somos convocados por nuestro obispo a la vigilia de oración en la Almudena que reúne a los jóvenes madrileños cada primer viernes de mes a las 22.00h. Los amigos de los grupos de fe SENDA de 1º y 2º ESO tendrán convivencia en el Colegio el sábado y domingo. Y finalmente, a lo largo de la jornada dominical, viviremos en Santa María del Pilar la Jornada de ACCIÓN MARIANISTA que cada año organiza la Delegación de Madrid y que comenzará a las 10 de la mañana.

Dejemos que Jesús, una semana más, pase a nuestra casa. Su presencia hace reconocer la verdad de nuestra vida, transformándonos con la fuerza del perdón y de la aceptación incondicional de Dios. Buena semana

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Comienzan los trabajos del Grupo parroquial del Plan Diocesano de Evangelización (PDE)

Hoy martes a las 18.30h, en la Sala Madeleine continuamos con los trabajos del  Grupo parroquial del Plan Diocesano de Evangelización que comenzara a funcionar en el curso pasado. De esta forma nos sumamos esta camino de oración y reflexión cara a ofrecer el tesoro del Evangelio a los madrileños desde la comunidad de fe que formamos en la Iglesia de Madrid.

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Continúan las jornadas para sacerdotes en San Dámaso sobre Amoris Laetitia

Las jornadas de reflexión para los sacerdotes de Madrid en el Seminario Conciliar prosiguen este martes con una conferencia del jesuita Pablo Guerrero, profesor de Teología Pastoral en la Universidad Pontificia Comillas, titulada Aproximación a la psicología de la pareja matrimonial. El miércoles intervendrán José Barceló Llauger y María Bazal González, matrimonio de la Fundación Casa de la Familia, quienes hablarán sobre La belleza del amor en el matrimonio cristiano según Amoris Laetitia. En ambos casos el horario es de 11:30 a 13:00.

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Lecturas del domingo XXX del Tiempo Ordinario y hoja semanal

Sal de tu tierra

Estamos ya en el domingo XXX del Tiempo Ordinario en este mes de octubre misionero. En esta jornada celebramos el DOMUND y hacemos memoria de cuántos son testigos de la Buena Noticia de Jesús en las periferias del mundo. Por ellos rezamos y con ellos queremos colaborar economicamente.  En la hoja de esta semana encontrais algunos momentos importantes para nuestra comunidad de fe. El lunes a las 18h, arranca el curso de formación para adultos de nuestra comunidad de fe que en este año del bicentenario fundacional estará dedicado a la Espiritualidad Marianista. El martes a las 19h tenemos el “Despegue Pelícano” con los padres y madres de 2º Primaria que con ilusión se han sumado a la Red de Padres en la Iniciación Cristiana de los niños.  Y finalmente, el jueves a las 18.30h, se reune el grupo parroquial de Plan Diocesano de Evangelización para comenzar con los trabajo de este curso. Buena semana a todos.

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Comienza el curso de formación: “Conocer y amar la espiritualidad marianista en el bicentenario fundacional”

Este lunes 24 de octubre, en el aula de Bachillerato de la terraza, comienza el curso de formación permanente que todos los años ofrece la parroquia a los adultos de nuestra comunidad de fe.  En este primer cuatrimestre, estará dedicada a la Espiritualidad Marianista con ocasión del bicentenario fundacional de la Compañía de María.

Serán catorces sesiones de octubre a febrero, en las que recorreremos algunos de los pilares fundamentales de este modo de vivir la existencia cristiana según el carisma marianista. Comenzaremos con el papel de María en nuestras espiritualidad de la mano de Guillermo José Chaminade.

Las sesiones serán de algo más de una hora, cada lunes a las 18.15. ¡Ojalá este camino que emprendemos juntos nos ayude a conocer, amar y servir a María, en su misión de traer a Jesús al mundo!

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Pregón del Domund 2016: el grito de una no creyente que cree en los hombres y mujeres de Dios

Nuestra amiga María Fraile, nos recomienda la lectura del pregón del DOMUND: un anunció de la Jornada que viviremos este domingo orando y apoyando a tantos hombres y mujeres que dejando su tierra han salido a las periferias del mundo a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Son palabras de una mujer que se reconoce no creyente pero que sin embargo cree en los hombres y mujeres de Dios que son amor concreto para tantos hermanos nuestros. No os lo perdáis. Y a rezar por los misioneros.

PREGÓN DOMUND 2016

La patria del corazón

PRONUNCIADO POR PILAR RAHOLA EN LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA, 15/10/2016

Excelentísimo Sr. Arzobispo Juan José Omella,
monseñores, autoridades, amigas y amigos:

No puedo empezar este pregón sin compartir los sentimientos que, en este preciso momento, me tienen el corazón en un puño. Estoy en la Sagrada Familia, donde, como decía el poeta Joan Maragall, se fragua un mundo nuevo, el mundo de la paz. Y estoy aquí porque he recibido el inmerecido honor de ser la pregonera de un grandioso acto de amor que, en nombre de Dios, nos permite creer en el ser humano. Si me disculpan la sinceridad, pocas veces me he sentido tan apelada por la responsabilidad y, al mismo tiempo, tan emocionada por la confianza.

No soy creyente, aunque algún buen amigo me dice que soy la no creyente más creyente que conoce. Pero tengo que ser sincera, porque, aunque me conmueve la espiritualidad que percibo en un lugar santo como este y admiro profundamente la elevada trascendencia que late el corazón de los creyentes, Dios me resulta un concepto huidizo y esquivo. Sin embargo, esta dificultad para entender la divinidad no me impide ver a Dios en cada acto solidario, en cada gesto de entrega y estima al prójimo que realizan tantos creyentes, precisamente porque creen. ¡Qué idea luminosa, qué ideal tan elevado sacude la vida de miles de personas que un día deciden salir de su casa, cruzar fronteras y horizontes, y aterrizar en los lugares más abandonados del mundo, en aquellos agujeros negros del planeta que no salen ni en los mapas! ¡Qué revuelta interior tienen que vivir, qué grandeza de alma deben de tener, mujeres y hombres de fe, qué amor a Dios que los lleva a entregar la vida al servicio de la humanidad! No imagino ninguna revolución más pacífica ni ningún hito más grandioso.

Vivimos tiempos convulsos, que nos han dejado dañados en las creencias, huérfanos de ideologías y perdidos en laberintos de dudas y miedos. Somos una humanidad frágil y asustada que camina en la niebla, casi siempre sin brújula. En este momento de desconcierto, amenazados por ideologías totalitarias y afanes desaforados de consumo y por el vaciado de valores, el comportamiento de estos creyentes, que entienden a Dios como una inspiración de amor y de entrega, es un faro de luz, ciertamente, en la tiniebla.

Hablo de ellos, de los misioneros, y esta palabra tan antigua como la propia fe cristiana —no en vano los cristianos empezaron a salir de su tierra, para ir a la tierra de todos, desde los principios de los tiempos—, esta palabra, decía, ha sido ensuciada muchas veces, arrastrada por el fango del desprecio. Es cierto que los misioneros tienen un doble deseo, una doble misión: son portadores de la palabra cristiana y, a la vez, servidores de las necesidades humanas. Es decir, ayudan y evangelizan, y pongo el acento en este último verbo, porque es el que ha sufrido los ataques más furibundos, sobre todo por parte de las ideologías que se sienten incómodas con la solidaridad, cuando se hace en nombre de Cristo. De esta incomodidad atávica, nace el desprecio de muchos.

Es evidente que las críticas históricas a determinadas prácticas en nombre de la evangelización son pertinentes y necesarias. Estoy convencida, leyendo el Nuevo Testamento, de que el mismo Jesús las rechazaría. Pero no estamos en la Edad Media, ni hace siglos, cuando, en nombre del Dios cristiano, se perpetraron acciones poco cristianas. Desgraciadamente, el nombre de todos los dioses se usa en vano para hacer el mal, y este hecho tan humano tiene muy poco que ver con la idea trascendente de la divinidad. Pero, al mismo tiempo, hay que poner en valor la entrega de miles y miles de cristianos que, a lo largo de los siglos, han hecho un trabajo de evangelización, convencidos de que difundir los valores fraternales, la humildad, la entrega, la paz, el diálogo, difundir, pues, los valores del mensaje de Jesús, era bueno para la humanidad. Si es pertinente hacer proselitismo político, cuando quien lo hace cree que defiende una ideología que mejorará el mundo, ¿por qué no ha de ser pertinente llevar la palabra de un Dios luminoso y bondadoso, que también aspira a mejorar el mundo? ¿Por qué, me pregunto —y es una pregunta retórica—, hacer propaganda ideológica es correcto, y evangelizar no lo es? Es decir, ¿por qué ir a ayudar al prójimo es correcto cuando se hace en nombre de un ideal terrenal, y no lo es cuando se hace en nombre de un ideal espiritual? Y me permito la osadía de responder: porque los que lo rechazan lo hacen también por motivos ideológicos y no por posiciones éticas.

Quiero decir, pues, desde mi condición de no creyente: la misión de evangelizar es, también, una misión de servicio al ser humano, sea cual sea su condición, identidad, cultura, idioma…, porque los valores cristianos son valores universales que entroncan directamente con los derechos humanos. Por supuesto, me refiero a la palabra de Dios como fuente de bondad y de paz, y no al uso de Dios como idea de poder y de imposición. Pero, con esta salvedad pertinente, el mensaje cristiano, especialmente en un tiempo de falta de valores sólidos y trascendentes, es una poderosa herramienta, transgresora y revolucionaria; la revolución del que no quiere matar a nadie, sino salvar a todos.

Permítanme que lo explicite una manera gráfica: si la humanidad se redujera a una isla con un centenar de personas, sin ningún libro, ni ninguna escuela, ni ningún conocimiento, pero se hubiera salvado el texto de los Diez Mandamientos, podríamos volver a levantar la civilización moderna. Todo está allí: amarás al prójimo como a ti mismo, no robarás, no matarás, no hablarás en falso…; ¡la salida de la jungla, el ideal de la convivencia! De hecho, si me disculpan la broma, solo sería necesario que los políticos aplicaran las leyes del catecismo para que no hubiera corrupción ni falsedad ni falta de escrúpulos. El catecismo, sin duda, es el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar.

Y de la idea menospreciada, criticada y tan a menudo rechazada de la evangelización, a otro concepto igualmente demonizado: el concepto de la caridad. ¿Cuántas personas de bien que se sienten implicadas en la idea progresista de la solidaridad, y alaban las bondades indiscutibles que la motivan, no soportan, en cambio, el concepto de la caridad cristiana? Y uso el término con todas sus letras: caridad cristiana, consciente de cómo molesta esa motivación en determinados ambientes ideológicos. Sin embargo, esta idea, que personalmente encuentro luminosa, pero que otros consideran paternalista e incluso prepotente, ha sido el sentimiento que ha motivado a millones de cristianos, a lo largo de los siglos, a servir a los demás. Y cuando hablamos de los demás, hablamos de servir a los desarraigados, a los olvidados, a los perdidos, a los marginados, a los enfermos, a los invisibles. ¡Quiénes somos nosotros, gente acomodada en nuestra feliz ética laica, para poner en cuestión la moral religiosa, que tanto bien ha hecho a la humanidad! La caridad cristiana ha sido el sentimiento pionero que ha sacudido la conciencia de muchos creyentes, decididos a entregar la vida propia para mejorar la vida de todos.

Y no me refiero solo a los misioneros actuales, a los más de quinientos catalanes, o a los casi trece mil de todo el Estado, repartidos por todo el mundo, allí donde hay necesidad más extrema, sino también a aquellos lejanos cristianos que, por amor a su fe, protagonizaron gestas heroicas. ¿Qué podemos decir, por ejemplo, de los mercedarios que se intercambiaban por personas que estaban presas en tierras musulmanas, como acto sublime de sacrificio propio, en favor de los demás? El mismo ideal espiritual que motivaba a san Serapión a ir hasta el Magreb, entrar en la prisión de un sultán y liberar a un desconocido, convencido de que aquel acto de amor era un tributo a Dios, es el que motivó a Isabel Solà Matas, una joven enfermera catalana, perteneciente a la Congregación de Jesús-María, a estar dieciocho años en Guinea y ocho en Haití, hasta que fue asesinada. Durante todos estos años de entrega, dejó su estela de bondad y servicio, y, gracias a ella, por ejemplo, existe ahora el Proyecto Haití, un centro de atención y rehabilitación de mutilados que fabrica prótesis para los haitianos que no tienen recursos. La conocían como «la monja de los pies», porque, gracias a ella, muchos haitianos pobres habían tenido una segunda oportunidad. Casi ochocientos años separaban a san Serapión de Isabel Solà, y, en ocho siglos, el mismo alto ideal de servicio y entrega los motivaba, empujados por la creencia en un Dios de amor.

Y como Isabel, tantos otros misioneros, monjas, curas y seglares, muertos en cualquier rincón del mundo, asesinados, abatidos por virus terribles, caídos en las guerras de la oscuridad. Cómo no recordar al hermano Manuel García Viejo, miembro de la Orden de San Juan de Dios, que, después de 52 años dedicados a la medicina en África, se infectó del ébola en Sierra Leona y murió. O a su compañero de Orden Miguel Pajares, que desde los doce años dedicaba su vida a los más pobres y que regentaba un hospital en una de las zonas de Liberia más castigadas por el virus. Todos ellos, caídos en el servicio a la humanidad, motivados por su fe religiosa y por la bondad de su alma. Isabel, Manuel, Miguel son la metáfora de lo que significa el ideal del misionero: el de amar sin condiciones, ni concesiones. Si Dios es el responsable de tal entrega completa, de tal sentimiento poderoso que atraviesa montañas, identidades, idiomas, culturas, religiones y fronteras, para aterrizar en el corazón mismo del ser humano, si Dios motiva tal viaje extraordinario, cómo no querer que esté cerca de nosotros, incluso cerca de aquellos que no conocemos el idioma para hablarle.

Decía Isabel Solà en 2011, en un vídeo-blog para pedir ayuda para su centro de prótesis: «Os preguntaréis cómo puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria, entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera. Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios».

No encuentro palabras más intensas para describir la fuerza grandiosa del amor. He dicho al inicio de este pregón que no soy creyente en Dios, y esta afirmación es tan sincera como, seguramente, triste. ¡Estamos tan solos ante la muerte los que no tenemos a Dios por compañía! Pero soy una creyente ferviente de todos estos hombres y mujeres que, gracias a Dios, nos dan intensas lecciones de vida, apóstoles infatigables de la creencia en la humanidad. El papa Francisco ha pedido, en su Mensaje para este DOMUND, que los cristianos «salgan» de su tierra y lleven su mensaje de entrega, pero no porque los obliga una guerra o el hambre o la pobreza o la desdicha, como tantas víctimas hay en el mundo, sino porque los motiva el sentido de servicio y la fe trascendente. Es un viaje hacia el centro de la humanidad. Esta llamada nos interpela a todos: a los creyentes, a los agnósticos, a los ateos, a los que sienten y a los que dudan, a los que creen y a los que niegan, o no saben, o querrían y no pueden. Las misiones católicas son una ingente fuerza de vida, un inmenso ejército de soldados de la paz, que nos dan esperanza a la humanidad, cada vez que parece perdida.

Solo puedo decir: gracias por la entrega, gracias por la ayuda, gracias por el servicio; gracias, mil gracias, por creer en un Dios de luz, que nos ilumina a todos.

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Jóvenes de SMP con la Comunidad de San Egidio: este viernes a las 19h

Nuestros amigos de la Comunidad de San Egidio nos invitan este viernes a las 19.00h a un encuentro que lleva por título “El joven Francisco de Asís. Cambia el mundo empezando por tu ciudad.”  Hace muy poco, estuvieron con nosotros en Sotillo de la Adrada compartiendo su experiencia de servicio a las personas sin techo de la ciudad, su tarea como mediadores internacionales de paz, y su presencia entre las personas en situaciones más difíciles. Desde este verano, D. Carlos Osoro les ha encomendado la Iglesia de Nuestra Señora de la Maravillas. Allí  nos han invitado este viernes para un momento de charla y para un rato de oración.

Aquello que os animéis a participar podemos quedar en el la puerta de la nuestra parroquia de Santa María a las 18.15h para ir juntos.  De antemano agracemos a los amigos de la comunidad de San Egidio su invitación.

 

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Santa María del Pilar participa en el Plan Diocesano de Evangelización

El pasodo jueves 13 de octubre, el arzobispo de Madrid reunió a los grupos que en la Vicaría 3 estamos trabajando en el Plan Diocesano de Evangelización.  El curso pasado se formaron en nuestra comunida de fe, tres grupos que estuvieron aportando a la diócesis nuestras propuestas en este proceso de renovación de la vida de la Iglesia de Madrid.

Al término del primer año, y tras la sintesis realizada por el Consejo Episcopal, éstas son las diez líneas que D. Carlos Osoro, nos invita a discernir e ir concretando en las comunidades parroquiales y realidades eclesiales de la diócesis:

  1. Favorecer un dinamismo de salida en nuestras comunidades eclesiales
  2. Cuidar la acogida y la preparación de las celebraciones sacramentales
  3. Fortalecer la vida espiritual de agentes y comunidades
  4. Cuidar y fomentar la formación de los fieles y especialmente la de los agentes de pastoral.
  5. Renovar, fortalecer, e innovar  la pastoral familiar
  6. Asegurar la corresponsabilidad de los laicos en la misión de la Iglesia
  7. Aprender a usar más eficazmente en la pastoral ordinaria los medios de comunicación social
  8. Acoger, discernir y acompañar la fragilidad
  9. Potenciar, cuidar e innovar en pastoral de adolescentes y jóvenes
  10. Organizar y participar en jornadas y encuentros sobre temas de actualidad

A partir de este mes comenzamos los trabajos del segundo año del PDE, que tendrán los siguientes núcleos:

  1. Renovar el encuentro personal con Jesucristo y ser discípulos misioneros
  2. Aprender a vivir, celebrar y anunciar la alegría del evangelio para ser comunidades en salida.
  3. Innovar la pastoral para fortalecer la comunión y responder a la llamada que el Señor hace a todos

En nuestra parroquia hay tres grupos de PDE haciendo este camino con la diócesis. Aquella persona de nuestra comunidad de fe que quiera incorporarse, puede hacerlo poniéndose en contacto con nosotros en esta dirección: parroquia@santamariadelpilar.es

Para más información podéis acudir a estas web: www.vevangelizacionmadrid.com

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Lecturas del domingo XXIX del Tiempo Ordinario y hoja de la semana

Orar siempre sin desanimarse

Esta es la llamada que nos hace el evangelio de este domingo que ya podéis leer junto con el resto de lecturas en la hoja de la semana.  En ella se nos recuerda que comenzamos la semana del DOMUND: nuestros amigos misioneros se encontrarán esta semana con los chicos de nuestra comunidad de fe para escuchar en primera persona el testimonio de quienes han hecho realidad el mensaje del DOMUND de este año: “Sal de tu tierra”. Las colectas de la misas del próximo fin de semana estarán dedicadas a esta campaña en favor de la tarea evangelizadora de la Iglesia.

No dejemos de orar, sin cansarnos, en contacto con la fuente que es Jesús el Señor. Pidamos por los misioneros, y también por nosotros para que seamos testigos del Evangelio saliendo el encuentro de nuestra gente. ¡Buena semana a todos!

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