Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilia Fiesta apóstol Santiago. 25 de julio 2011

Una vivencia recorre las tres lecturas de esta fiesta de Santiago apóstol. Esa vivencia es la del TESTIMONIO. Como cristianos se nos invita a ser testigos no de una idea, ni de una ideología, sino de una persona: Jesús de Nazaret Hijo de Dios y testigos de su mensaje: predicar el Reino de Dios.

En la primera lectura se nos dice que los “apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús”. Por ser testigos de Jesús sufren persecución, y el texto nos cuenta al final que “Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago”. El mensaje de Jesús choca muchas veces con la forma de pensar de los hombres: los hombres hablan de poder, Jesús habla de servicio y quien quiera seguirlo tiene que aceptar y vivir este mensaje. Los hombres hablan de leyes, de normas e incluso de esclavitud. Jesús habla de libertad “porque El es Señor del sábado”. Los hombres hablan de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Jesús habla de la paz que brota del corazón que busca el bien de todos.

Los apóstoles vivieron este mensaje de servicio, de libertad y de paz. Por eso sufrían persecución. Por eso se les prohibía hablar de Jesús y de su mensaje. Apostar por ser servidores los unos de los otros, apostar por vivir en libertad, que es un regalo de Dios, y apostar por la paz no suele gustar a las autoridades, como en el caso de la primera lectura.

Este mensaje de Jesús, este ser testigos suyos “lo llevamos en vasijas de barro” nos dice el apóstol Pablo en la segunda lectura. Estas vasijas de barro somos nosotros que desde nuestra vida queremos ser testigos del mensaje de Jesús.  San Pablo nos anima diciendo que contamos con la fuerza de Dios. Esa fuerza es la fe en El, en su Hijo. Y desde la fe es desde donde podemos hablar. Hablar de servicio, de amor, de perdón, de justicia, de paz, de libertad. No hablamos de todo esto desde nuestra SOLA opinión, sino desde la fe en Jesús sabiendo que hablar a los demás del mensaje de Jesús puede traernos problemas, insultos, burlas. Lo que tiene que animarnos también es el testimonio de muchas personas que desde su vida, sea la que sea, edad, salud, profesión, nos están diciendo que su fe es una fe viva y comprometida.

En el evangelio vemos que no se trata de dar testimonio desde el poder, “estar sentados a la derecha y a la izquierda” sino desde el seguimiento de Jesús. Beber el cáliz es sinónimo de entregar la vida por los demás a ejemplo de Jesús. Beber el cáliz es servir como Jesús lo hizo. Beber el cáliz es saberse testigo de Jesús.

Santiago fue apóstol por ser testigo, por llevar una vida siguiendo a Jesús, por creer en El y por hablar de El a pesar de habérselo prohibido. Por todo esto Santiago también dio su vida por Jesús, por su mensaje, por su fe comprometida.

Este mensaje nos llega hoy a nosotros. Ser testigo de Jesús en el mundo actual es comprometerse a vivir la fe en Jesús que nos lleva a hablar, con la palabra y con la vida. Es comprometerse a servir a los demás, a vivir en la libertad de los hijos de Dios y a vivir la paz que Jesús nos trajo. Así seremos testigos, apóstoles de Jesús en el mundo actual.

 

 


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Himilía domingo 17º t.o. Ciclo A. Domingo 24 de julio 2011

Vivimos en la sociedad de la comunicación. Recibimos tanta información, y a veces de forma tan reiterada, que además de seleccionarla la olvidamos rápidamente. Es más fácil quedarse con una frase, un slogan, una imagen que con un largo discurso que puede llegar a aburrirnos. Lo mismo sucede con documentos escritos. Esos largos documentos o discursos que caen en nuestras manos nos aburren y a menudo buscamos un resumen o nos quedamos con los titulares. Podríamos decir algo semejante con las homilías. Fácilmente dejamos de escuchar al sacerdote porque habla un lenguaje lejano a nuestras realidades, o  porque se enrolla de tal manera que perdemos el hilo de su “discurso”.

La comunicación en tiempos de Jesús era fundamentalmente oral. Pocas personas sabían leer y escribir, de ahí que Jesús prefiera dirigirse a la gente que le seguía y escuchaba con narraciones sencillas y, en su mayor parte, breves. Así resultaba más fácil comprenderlas y memorizarlas. Las parábolas que hoy hemos proclamado son cortas, fáciles de aprender y de entender. La manera de enseñar Jesús era con autoridad y no como la de los fariseos y escribas, sus discursos eran largos e incomprensibles.   

Para predicar sobre el Reino de Dios no hace falta largos discursos queriendo llegar a la inteligencia de las personas. Hace falta llegar al corazón con narraciones comprensibles y que partan de la vida. Un tesoro escondido, una perla de gran valor, una red repleta de peces, pertenecen a la vida de las personas.¡Quién no desea encontrar algo parecido!

Pero no hay que quedarse en el tesoro, la perla o la red, sino que estas realidades nos están señalando algo más, nos quieren llevar más lejos de lo que son. Jesús nos dice que estas realidades son un signo del Reino de Dios y que no basta solo con encontrarlas para guardarlas y quedarse con ellas, sino que estas realidades son ejemplo de lo que es y significa el Reino de Dios.

Cuando encontramos algo de gran valor lo guardamos “como oro en paño”, lo ponemos a salvo para que nadie nos lo robe, incluso hay gente que llega a ser esclavo de eso que ha encontrado. El Reino de Dios no nos pide ser esclavos de nadie ni siquiera de Dios, pero sí nos pide que si lo hemos encontrando, lo guardemos en nuestro corazón, sí, pero que hagamos a los demás partícipes de ese regalo.  El Reino de Dios se recibe con alegría, se vive con alegría y se comparte con alegría para que al conocerlo los demás, primero se animen a buscarlo en su interior y, después de encontrarlo, a mostrarse alegres y felices por haberlo encontrado.

Encuentran el Reino de Dios, es decir, el tesoro, la perla o la red repleta quienes tienen un corazón sencillo y sin doblez ante Dios y los demás. Quienes tienen un corazón dispuesto a trabajar por la vida, la paz, la justicia, la felicidad. Quienes tienen un corazón abierto para acoger a todos, sobre todo a aquellos que nadie quiere. De ahí que resulte difícil encontrar el Reino de Dios a quienes andan preocupados por sí mismos, por ganar dinero a toda costa, por ganar poder, prestigio. Para estos el Reino de Dios significa nada, porque les importa poco la vida, el hombre, la justicia….

El Reino de Dios es precisamente eso: acoger a Jesús y su mensaje con corazón sincero y alegre, vivir ese mensaje y transmitirlo a los demás desde una vida feliz, haciendo que los demás tengan también una vida feliz. ¡Ojalá que los discursos y documentos dela Iglesiay, me atrevería a decir las homilías, fuesen tan claros, sencillos y breves como las enseñanzas de Jesús!


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Homilía domingo 16º t.o. Ciclo A. 17 de julio de 2011

Muchas veces nos encontramos con personas que quieren que las cosas se hagan YA. Sucede que cuando encargamos un trabajo a otra persona le solemos decir que lo queremos para “ayer mejor que para hoy”. Actuamos con prisas porque vivimos en una sociedad acelerada. No nos damos cuenta que las prisas no suelen ser buenas.

Las lecturas de hoy nos ofrecen pautas para actuar poniendo como modelo a Dios. El libro de la Sabiduríanos habla de un Dios que, a veces, no cuadra con nuestra manera de pensar. Se nos dice que Dios cuida de todo, que no juzga injustamente, que su poder es principio de justicia, que perdona a todos, que juzga con moderación y que gobierna con indulgencia.

Esta es una manera muy humana de presentarnos a Dios y que luego Jesús corrobora en el Evangelio. Habrá personas a las que estas frases del libro dela Sabiduríales resultarán lejanas, extrañas, porque esas cualidades que describe de Dios no son reales en la vida diaria. Sin embargo, podemos pensar, que esas cualidades que se atribuyen a Dios son un ejemplo de cómo debería ser el comportamiento humano, o una invitación a comportarnos con los demás como Dios es descrito en este texto. 

Ojalá que los hombres fuésemos capaces de cuidar los unos de los otros, de no juzgar injustamente, a lo que yo añadiría tanto por defecto como por exceso. Hoy hay personas que teniendo datos suficientes para ser juzgadas, se les exime de juicio por su posición social o se buscan subterfugios para liberarles. Hay a quienes teniendo datos se les juzga y se hace recaer el peso de la ley sobre ellos por su posición, digamos, no social.

Hoy el poder más que principio de justicia, resulta estar aliado con la justicia para favorecer al poderoso. El perdón que Dios otorga a todos no nos convence, porque Dios debería actuar según nuestros criterios de perdón. Juzgar con moderación y gobernar con indulgencia están lejos de la realidad que vivimos en el mundo actual. Por eso viene bien leer y releer este texto en las circunstancias actuales. Por último Dios invita al justo a ser humano y da lugar al arrepentimiento. He aquí todo un programa para aquel que quiera trabajar por el bien de los demás desde un puesto sea o no relevante.

El evangelio nos da una pauta para poder llevar actuar así. Esa pauta esla PACIENCIA.Lapaciencia como se nos dice en el evangelio consiste en esperar el tiempo oportuno para actuar. Más que arrasar con todo, hay que esperar. Más que destruir todo hay que tener y actuar con paciencia. El tiempo de la siega, el tiempo de saber diferenciar llega en su momento oportuno. El tiempo de la siega hace felices a las personas porque pueden distinguir lo que realmente vale de lo que hay que echar al fuego.

Juzgar, el poder, perdonar, gobernar no se puede hacer con prisas, ni avasallando a la gente, ni dejando pasar el tiempo para que sea el tiempo quien solucione el problema. Juzgar, el poder, perdonar, gobernar hay que hacerlo con paciencia para descubrir lo que merece la pena y lo que hay que “quemar”, que “destruir” porque va en detrimento de los hombres.

San Pablo nos da una clave a los cristianos: para poder hacer todo esto, aunque no  nos demos cuenta: el Espíritu que examina los corazones para que a la hora de juzgar, de tener poder, de perdonar y de gobernar se haga desde el respeto a la persona y a la vida, sin juzgar precipitadamente pero sin dilatar el tiempo innecesariamente. Ojalá sintamos el Espíritu en nuestras vidas que nos ayude a saber esperar y a saber actuar.


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Homilía domingo 15º t.o ciclo A. Domingo 10 de julio 2011

Vivimos en un mundo que espera algo mejor, que algunas cosas cambien para que las personas podamos vivir con dignidad. Cada época ha tenido sus pequeños o grandes momentos de cambio, de convulsiones e incluso de revoluciones. Podemos decir que cada época ha deseado renacer o recrearse, es decir volver a nacer o volver a crearse, por no encontrarse a gusto con lo que vive. El hombre es por una parte culpable de que las cosas sean como son y sigan como están y por otra parte el hombre desea cambios que ayuden al mundo a progresar.

Las lecturas de hoy van en la línea de renacer, de recrearse. Tomando la carta de san Pablo a los romanos, leemos: “la creación…está aguardando la plena manifestación,  ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno”, (por el hombre) y la creación espera verse liberada de la esclavitud.

San Pablo no puede ser más claro. A lo largo de la historia han surgido personas, grupos o movimientos, incluso hoy día, que han trabajado y deseado que la creación sea liberada de esa esclavitud. En unos casos ese deseo y trabajo ha surtido efecto y la creación, el hombre, ha conseguido logros que han mejorado la vida. En otros esos deseos y trabajos no han conseguido lo que se buscaba o han sido vencidos por quienes se oponían a esas mejoras.

Esos deseos de liberar la creación, de liberar al hombre de la esclavitud son la semilla que el sembrador, Dios, pone en el corazón de todo hombre de buena voluntad que anhela, busca y en algunos casos consigue, que la semilla de los frutos deseados y haga de este mundo un lugar más humano, más fraterno, más justo y libre.

Pero al igual que sucede con la semilla en la parábola, así sucede en el corazón de cada hombre. No todos recibimos esa semilla, ese deseo, de igual manera. No todos nos mostramos tan entusiastas con algunos cambios que habría que hacer en el mundo para que fuese un poco mejor. Nos resulta más fácil quedarnos como estamos y que las cosas sigan su curso. Tendríamos que abrir nuestros ojos y nuestro corazón a los profetas, a los verdaderos profetas, que nos invitan a salir de nuestra apatía y conformismo para hacer que la creación, que el hombre se vea liberado de esa esclavitud que habla san Pablo.

Hoy hay personas que reciben la semilla dela Palabrade Dios y la dejan morir precisamente por no abrir los ojos y el corazón y trabajar por la llegada del Reino de Dios que nos predicó Jesús. Hay personas que tan solo se conforman con hacer algo, a lo mejor con solo venir a misa pero sin nada más, para así cumplir con Dios pero olvidándose del prójimo. Y hay personas que se dan o que dan parte de su tiempo, el que puedan, por hacer que la creación, que el hombre se vea liberado.

La semilla que el sembrador siembra en nosotros recibe su abono, su lluvia y nieve para que no muera, para que no desaparezca comida por los pájaros o pisoteada por la gente. Esa lluvia, esa nieve es la ayuda que recibimos de Dios y que se manifiesta a través de los demás, de la oración, del trabajo a favor de otros y que hace que la creación, que el hombre llegue a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Hagamos que la lluvia empape la semilla y que de el ciento por ciento de fruto. Dejemos que la semilla sembrada por Dios en nuestro corazón, sea empapada por la lluvia dela Palabrade su Hijo y que el fruto sea la salvación, la redención y la liberación de nuestro cuerpo, es decir de todo hombre.


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Homilía domingo 14º tiempo ordinario. Domingo 3 de julio

Siempre recordaré esta frase de un buen profesor de teología moral y que dice así: “los que tienen poder o se sienten con poder no se acercarán a confesarse”. Esos que tienen poder o se sienten con poder podemos identificarlos con los “sabios y entendidos” que dice Jesús en el evangelio. Para esos Dios no puede revelarles nada porque, creen, que ya lo saben todo. Y no tienen que confesarse de nada porque lo hacen todo bien.

Esos sabios y entendidos los hay en todas partes y cada día lo constatamos más. Actúan en beneficio propio y suelen tener miedo a enfrentarse con la verdad. De ahí que se refugien en sus castillos, que tengan muchos guardaespaldas, que solo hablen entre ellos porque así no tienen que rendir cuentas a nadie, solo se aman a ellos mismos y sobre todo porque se creen por encima del bien y del mal. Esos sabios y entendidos los hay en todas las clases sociales y en todos los ámbitos de la sociedad.

Si se atreven a actuar así ante los hombres, con mayor razón lo hacen, o pretenden hacerlo, ante Dios. Por ejemplo, no se confiesan porque Dios no tiene nada que perdonarles. Se mantienen en su orgullo de saber todo y de controlar todo lo que cae en sus manos. Pero la mayor parte de las veces ellos mismos se convierten en esclavos de ese poder, de su supuesta sabiduría y entendimiento.

Jesús dice “has escondido estas cosas a los sabios y entendidos”. Este esconder de Dios no significa cerrar el acceso a estas cosas, como si quisiera mantenerse oculto, sino que están escondidas para que el hombre las busque y hallándolas las viva. Dios invita al  hombre a buscar el bien de todos y no solo el de unos pocos. Invita a esos “sabios y entendidos” a no quedarse encerrados en sí mismos y en su poder. Les invita a salir de ese castillo en el que se han refugiado y a sentirse necesitados de buscar, de encontrarse con los demás, de encontrarle a El, en definitiva de vivir.

La acción de gracias de Jesús va para este Padre que sabe revelarse a los sencillos. Y además añade, “así te ha parecido mejor”. Mejor que tener poder o sentirse con poder es abrirse a este Dios que se revela como Padre. Mejor que ser sabio y entendido, es decir,  mejor que sentirse pagado de uno mismo es sentirse objeto del amor del Padre. Este Padre que nos ha sido revelado por el Hijo como amor, perdón, libertad, paz, justicia.

Para conocer al Padre hay que ir al Hijo. Es una verdad dicha por el mismo Jesús y que nos cuesta aceptar. Los sabios y entendidos se fabrican un dios y una religión a su medida porque así lo controlan mejor y nada nuevo se les puede revelar. Los sencillos se dejan llevar por el Espíritu de Jesús para ir al Padre. Los sencillos recuerdan que Jesús en el evangelio, sobre todo san Juan, “no cesa de recordarnos que hay que volverse hacia el Padre más que hacia él”(pág 131). (Adolphe Gesché. La paradoja del cristianismo. Sígueme). Los sencillos no necesitan buscar a Dios porque El se les revela. Se les revela en la vida, en todo hombre, en la libertad, en la oración. 

Jesús estuvo siempre vuelto hacia el Padre y su voluntad. De ahí que el querer de Dios Padre y el querer de Jesús se identifiquen. Estemos también nosotros siempre vueltos hacia el Padre y su voluntad. Entonces seremos sencillos portadores de la revelación de Dios manifestada en su Hijo Jesús. Revelación que es salvación y liberación de todo hombre, de todo el hombre y para todo hombre.


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Homilía Corpus Christi. Domingo 26 de junio

El domingo pasado hablaba de la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La relación entre el Padre y el Hijo es muy íntima y está animada por el mismo Espíritu de Dios. Ninguno de nosotros la puede romper y, creo, que cuando no se llega a comprender la relación de amor que existe enla Trinidad, entonces se habla de misterio. Tal vez algo parecido, digo algo parecido, se puede dar entre las personas. Hablamos de misterio de amor entre las personas porque no llegamos a conocer o comprender lo que es verdaderamente el amor: donación, entrega, ayuda, comprensión, cariño…

Jesucristo se ha quedado con nosotros y se hace presente de varias formas en nuestras vidas: “cuando dos ó más se reúnen en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”. “Todo lo que hagáis a uno de mis hermanos más pequeños, a mí me lo hacéis”. Podríamos citar más frases del evangelio. Pero la forma más especial de hacerse presente entre nosotros es con su Cuerpo y Sangre.  Celebrarla Eucaristía, celebrar la solemnidad del Corpus Christi  es celebrar a Jesucristo. Quisiera darle un doble sentido.

Primero: Jesucristo nos deja, nos entrega, nos da como alimento su Cuerpo y su Sangre y nos dice “haced esto en memoria mía”. Al dársenos así se establece entre El y cada uno de nosotros una relación íntima, una relación muy especial. Me atrevería a decir una relación semejante a la que existe entre Jesús y el Padre. Por eso tendríamos que preguntarnos, ¿qué recuerdo nos queda de Jesús? Un simple venir a misa, comulgar y dejar pasar el tiempo hasta venir otra vez a misa y comulgar? O ¿guardamos en nuestro corazón y llevamos a la vida lo que El vivió? Su memoria, lo que ahora celebramos no es para que se quede aquí, sino para vivirlo y entregarlo nosotros a los demás.La Eucaristíaes mucho más que lo que aquí celebramos. Es hacer memoria de Jesús en nuestra vida, en nuestros gestos y palabras.

Segundo: Ese Cuerpo de Cristo lo formamos todos los que creemos en El. Y de igual manera que se da una relación íntima, especial de cada uno de nosotros con Jesús, de la misma manera se da esa relación como cuerpo que todos formamos con El. Lo bueno o lo malo que hagamos a uno de estos pequeños…lo hacemos al cuerpo total. Nos deberían alegrar las alegrías y nos deberían doler los sufrimientos de todos los hombres.La Eucaristía, el Cuerpo de Cristo tiene así una dimensión social y de justicia. A menudo olvidamos esta dimensión porque hemos espiritualizado demasiado este sacramento.La Eucaristía, comulgar el Cuerpo de Cristo no tiene que quedarse en algo personal, tiene que llevarnos a hacer el bien y a curar toda dolencia, como se nos dice de Jesús.

Trabajar por la justicia que libera, instaurar la justicia que Dios quiere y es que todos sus hijos puedan vivir dignamente es hacer memoria de la entrega de Jesús por nosotros, es celebrarla Eucaristíacomo culmen de la vida de Jesús. Vida que libera a todo hombre y a todo el hombre.

 Si Jesús nos deja su Cuerpo no es solo para comulgar, sino para invitarnos a “hacer memoria”, es decir a vivir y trabajar para construir su Reino. Es para hacer nuestras las alegrías y las esperanzas de los hombres, pero también las tristezas y las dudas como nos dice el Concilio Vaticano II. Hacer memoria de Cristo es hacerle presente en la vida de todo hombre que vive y trabaja por construir un mundo más humano y más fraterno.


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Homilía Santísima Trinidad. Domingo 19 de junio 2011

 

Creo que uno de los deseos del hombre, tal vez uno de los mayores deseos, es conocer a Dios. A lo largo de la historia el hombre ha ido progresando en desvelar aspectos de la vida que le parecían misterios. Y lo ha hecho por medio del conocimiento y de la ciencia. Todos sabemos que aún quedan algunos de esos misterios por resolver: el dolor, la muerte, la vida misma, a pesar de todos los descubrimientos que se están haciendo en este campo.

 Decía que un deseo del hombre es llegar a conocer a Dios. Queremos llegar a conocerle porque así sabremos cómo es, cómo y por qué actúa de una determinada manera. Porque conociéndole le pondremos un nombre, y al darle un nombre lo definiremos y el sentido primero de definir algo o a alguien significa marcarle sus límites. Llegar a conocer a Dios, llegar a nombrarle y por ello a definirle, es tener poder sobre él para manipularle, porque si no nos gusta su nombre y cómo es o cómo actúa se lo cambiamos y nos hacemos un Dios como nosotros queremos. Con Dios toda definición solo se queda en eso: definición sin llegar a abarcar lo que El es, porque El sobrepasa toda definición.

 En el evangelio de san Mateo, 11,27 leemos: “…nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Para conocer a Dios, que no para definirle, el mismo Dios ha enviado al Hijo para revelarnos quién es. Jesús, el Hijo, que recibió la plenitud el Espíritu en el bautismo en el Jordán nos ha dado a conocer a Dios.

 Este Dios que Jesús nos revela es definido como ABBA, PADRE. Pero el ser Padre de Dios sobrepasa toda definición que hagamos de padre. Y si no leamos las parábolas donde se nos habla de “un padre” que se comporta de manera muy diferente a nuestro concepto de padre. El Padre del que nos habla Jesús perdona, ama, paga de manera diferente a como lo haríamos nosotros. El lo hace pensando en las necesidades reales de una familia y da el denario a los últimos que han trabajado poco, pero que igualmente tienen que alimentar a su familia. Este Padre, ABBA, que nos predica Jesús se sale de los límites con los que definimos la función padre.

 Todo el actuar de Jesús está animado por el Espíritu recibido en el bautismo. Ese mismo Espíritu le impulsa a curar, a hacer el bien, a acoger a los marginados, a perdonar con escándalo de los buenos de la sociedad: “Solo Dios puede perdonar los pecados” (Mc 2,7), Este mismo Espíritu lo entrega Jesús cuando está enla Cruz.“Inclinando la cabeza entregó el Espíritu” (Jn 19,30). Jesús entrega su Espíritu ala Iglesianaciente.

 Celebrar hoyla SantísimaTrinidades una invitación a conocer, que no definir, a amar y dejarse amar por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. A esta Trinidad la conocemos por el Hijo que se hizo hombre y que vivía una especial intimidad con el Padre animado por el mismo Espíritu de Dios.

 Para nosotrosla Trinidaddeja de ser un misterio si miramos al Hijo que animado por el Espíritu nos la ha revelado como amor, perdón, fuerza, sabiduría que confunde a los poderosos de este mundo, y sobre todo si la contemplamos amando y salvando al hombre hasta el final, hasta darnos su misma vida. Contemplándola así llegaremos a ser en plenitud imagen y semejanza suya como este Dios nos creó.

 


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Homilía Domingo 12 de Junio 2011 – Pentecostés

HOMILIA  PENTECOSTES ciclo A.

A lo largo de los evangelios Jesús nos ha ido revelando cómo es Dios y cómo se nos ha dado. Dios ha creado el mundo por amor. Nos ha salvado por puro amor mediante su Hijo. Y nos acompaña con amor por medio del Espíritu Santo. Este mensaje lo recordamos y lo deberíamos vivir todo el año. Olvidar o pasar por alto el amor de Dios hacia nosotros es no conocer el Dios revelado por Jesús.

Una de las características de Jesús hacia las personas y más especialmente hacia los discípulos era darles ánimo, o como dice el evangelio de hoy “exhalar su aliento sobre ellos”. El cuarto evangelio no nos dice que Jesús muere, sino que Jesús enla Cruzinclina la cabeza y “entrega su espíritu” que es lo mismo que decir: “exhala su aliento” sobre los que estaban junto a él: su madre y el discípulo amado y alguna mujer más.

 En el libro del Génesis 2,7 se nos dice que Dios sopló en la nariz del hombre un aliento de vida. Ese aliento de vida es el mismo Espíritu de Dios. Es la manera como Dios nos hace a imagen y semejanza suya: dándonos su Espíritu, haciéndonos partícipes de lo que El es y El es VIDA. Y san Pablo nos dirá (2ªCor 3,8) “…donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad”. Libertad que se manifiesta en carismas, dones, ministerios para el bien común.

Cuando Jesús dice a los discípulos: “recibid el Espíritu Santo” les está haciendo partícipes de lo que Padre y Jesús son: VIDA, fuerza, viento, fuego, en definitiva les está dando el ESPIRITU. “Recibid el Espíritu Santo” es la mejor manera como Dios se nos da a cada uno de nosotros.

Este Espíritu de Dios lo recibimos al ser bautizados. Ser o estar bautizados no es solo derramar agua sobre nuestras cabezas. Es por encima de todo recibir este Espíritu de Dios que nos ayuda, nos invita y nos da fuerzas para vivir siguiendo a Cristo en el interior dela Iglesiay poniendo al servicio de los demás lo que hemos recibido de El: Todos hemos recibido un regalo de Dios que hay que ponerlo al servicio de los demás.

El Espíritu que Jesús derrama sobre nosotros tiene una función específica: ser un Espíritu de perdón. Un gesto característico en la vida de Jesús fue perdonar y enseñar a perdonar como el Padre perdona. Esta petición la rezamos en el Padre nuestro. ¿Por qué un Espíritu de perdón? Porque el perdón siempre es necesario y está a la base para construir el Reino de Dios. Sin perdón no se puede construir nada y menos el Reino predicado por Jesús. Por ello el Espíritu que Jesús nos entrega tiene como primera misión derramar el perdón, animar a perdonar, hacernos agentes del perdón.

Todo lo que el Espíritu nos da dones, carismas y ministerios están orientados a trabajar por la unidad del Cuerpo de Cristo, que esla Iglesia.Todoesto hay que hacerlo desde el servicio a los demás. El servicio puede ser, a veces, fuente de envidias, de celos, de ansias de poder. Si sucede esto se rompe la unidad del amor y tiene que venir el Espíritu de Jesús a recordarnos que el perdón es el primer paso para que ese servicio sea de nuevo vivido como lo más importante para construir el Reino.

Sin Espíritu de Jesús, sin Espíritu de perdón difícilmente se podrá construir el Reino. Sin Espíritu de Jesús, sin Espíritu de perdón no será creíble el mensaje de Jesús. Abramos nuestro corazón y nuestra vida al Espíritu que todos recibimos y seamos conscientes que el Espíritu está para formar un cuerpo donde el perdón y el amor sean los signos característicos.


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Homilía Domingo 5 de Junio 2011 – Ascensión del Señor

HOMILIA: ASCENSION del Señor.

La fiesta de la Ascensión la podemos contemplar como el signo de confianza de Jesús en sus discípulos y en nosotros. Jesús ha pasado un tiempo con los discípulos, les ha hecho ver cómo hay que tratar a las personas, con cariño, con amor. Les ha hablado del Padre, del Reino de los cielos, motivo principal de su predicación. Les ha dicho que hay que curar, que hay que tener predilección por los sencillos como Dios lo hace. En definitiva, les ha enseñado lo que tienen que hacer con los demás a la hora de predicar en su nombre.

No todos los discípulos, no todos los once que fueron a Galilea confiaban plenamente en Jesús. El texto nos dice que algunos vacilaban. Eso sí se postran ante Jesús, pero les cuesta creer en El. Han sido testigos de milagros, le han escuchado hablar a la gente en parábolas, y todavía siguen dudando de este Jesús que se acerca a ellos para animarles.

Como siempre la actitud de Jesús es la de acercarse a ellos. Cuando los discípulos dudan, Jesús se les acerca. Cuando tienen miedo, le infunde paz. Cuando se sienten solos y encerrados, se les aparece. Jesús está siempre con ellos. Por eso, ahora, ante su duda, se les acerca de nuevo y les hace ver una vez más que está con ellos. No solo ahora, sino hasta el fin de mundo.

Los evangelistas siempre nos muestran a Jesús cercano a las personas, sobre todo al que necesita de El. No rechaza a nadie. Su cercanía es signo de amor, de perdón, de acogida, de infundir ánimo y fuerza, de paz. Pensemos que por eso la gente sencilla se sentía a gusto con El y lo seguía.

El gesto de acercarse ahora Jesús a los discípulos es para, además, de infundirles confianza para otorgarles un poder. Pero para Jesús el poder no es signo de fuerza, sino de servicio. No es signo de autoridad a imagen de la autoridad terrena, sino que esa autoridad recibida del Padre está orientada a hacer el bien a los demás, a cuidar de los más débiles, a proclamar que el Reino de Dios es un reino de justicia y paz verdaderas.

En nombre de ese poder, que es servicio y que los discípulos tienen que aprender y seguir, Jesús les envía a predicar el Reino y a bautizar. La misión de los discípulos, nuestra misión, es continuar la misión de Jesús. Quien acepta Reino, acepta el signo de pertenencia a ese Reino: ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Este bautismo no nos da ningún poder, sino que nos invita al servicio y a dar la vida por los demás, a ejemplo de Jesús.

Jesús les pide a los discípulos, nos pide a nosotros que seamos transmisores de su palabra y de sus gestos. Eso es enseñar a guardar lo que os he mandado. Y lo que Jesús ha mandado se resume en predicar el Reino, en pasar haciendo el bien, en curar toda dolencia. Más que normas, leyes y mandatos, hay que enseñar y ser testigos de lo que Jesús dijo e hizo. Nuestro testimonio será más auténtico cuanto más se parezca al obrar y hablar de Jesús. Y Jesús no dejó normas, dejó un testimonio del amor y del perdón del Padre. Y para llevar a cabo ese testimonio nuestro, Jesús nos asegura su presencia: Yo estaré con vosotros siempre. De ahí que para saber su realizamos lo que El nos dijo, hay que mirarle a El y a su forma de actuar a favor de los demás. La enseñanza de Jesús llegará mejor a los demás con el testimonio de una vida según el Evangelio.


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Homilía Domingo 29 de Mayo 2011 – 6º Dom. Pascua

HOMILIA 6º domingo de Pascua

Imagino que alguna vez nos preguntamos, ¿qué me anima a seguir a Jesús? ¿cuál es mi relación personal con El? ¿por qué vivo la fe en Jesús? O a lo mejor nos hacemos también esta pregunta: ¿cuál es la relación de Jesús conmigo?

Creo que la mejor y, yo diría, la única respuesta a estas preguntas está en el Evangelio. La relación entre Jesús y cada uno de nosotros no es de servidumbre, ni de fe ciega, ni siquiera, yo diría, de obediencia. Jesús no nos llama “siervos”(el siervo obedece), sino amigos, no exige una fe ciega en El sino confiar en su palabra, no pide obediencia sin más sino que invita. De ahí que la relación entre Jesús y nosotros sea una relación de amor y de libertad. Se nos invita a vivir la fe desde el amor y la libertad.

 

A menudo podemos caer en la tentación de pensar que la fe es el único vínculo de unión con Jesús. Si solo fuera la fe, nuestra unión con El y con el Padre sería una unión muy débil, entre otras cosas porque resulta difícil mantener la fe en algo que no vemos. Nuestra unión con Jesús y con el Padre además de estar marcada por la fe, necesita, digo, necesita una unión de amor. Pero de una fe y un amor vividos desde la libertad de sentirnos hijos del Padre, salvados por el Hijo y animados por el Espíritu.

Su amor por nosotros le lleva a preocuparse por no dejarnos solos. Le pide al Padre que nos envíe el Espíritu de la verdad. Más que dejarnos normas, leyes, mandatos, más que una relación de obediencia, se trata de una relación de amor en libertad guiados por el Espíritu de la verdad. “La verdad os hará libres”,(Jn 8,32). No podemos vivir la fe en Jesús si no estamos animados por ese Espíritu. Y para sentirse animado por el Espíritu hay que vivir como Jesús vivió: alimentándose de la voluntad de Padre y  predicando el Reino de Dios, pasando haciendo el bien y curando de toda dolencia.

Seguir a Jesús es sobre todo una cuestión de amor. Los santos lo han entendido y vivido así. “Si me amáis…” nos dice hoy en el Evangelio. Si amamos a Jesús, el Padre y El nos amarán y se revelarán a nosotros. La relación entre el Padre, el Hijo y nosotros debe ser  una relación de amor. Y quien actúa, quien opera esa relación de amor es el Espíritu de la verdad. Si llegamos a comprender, a aceptar y a vivir esto somos los hombres más felices y más libres del mundo. Mi relación con Dios es una relación de amor. Mi seguimiento de Jesús es una relación de amor. Sentirme animado por el Espíritu es una relación de amor. Pero sin perder de vista que quien ha tomado la iniciativa de amarnos ha sido Dios.

 

Si llegamos a comprender, a aceptar y a vivir esta relación de amor estaremos siempre dispuestos a “dar razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida” nos dice San Pedro en la segunda lectura. A la gente le costará comprender nuestra esperanza si no es capaz de comprender que lo que nos une a Dios y a los demás es el amor. Esa esperanza que el Espíritu de la verdad pone en nuestros corazones hará que vivamos trabajando por la llegada del Reino de Dios, a pesar de sentirnos a veces calumniados, como también dice san Pedro.

Os invito a vivir nuestra relación con Dios desde el amor que El mismo ha puesto en nuestros corazones por medio del Espíritu de la verdad y que ese mismo Espíritu nos anime a ser personas esperanzadas.