Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía Santísima Trinidad. Domingo 19 de junio 2011

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Creo que uno de los deseos del hombre, tal vez uno de los mayores deseos, es conocer a Dios. A lo largo de la historia el hombre ha ido progresando en desvelar aspectos de la vida que le parecían misterios. Y lo ha hecho por medio del conocimiento y de la ciencia. Todos sabemos que aún quedan algunos de esos misterios por resolver: el dolor, la muerte, la vida misma, a pesar de todos los descubrimientos que se están haciendo en este campo.

 Decía que un deseo del hombre es llegar a conocer a Dios. Queremos llegar a conocerle porque así sabremos cómo es, cómo y por qué actúa de una determinada manera. Porque conociéndole le pondremos un nombre, y al darle un nombre lo definiremos y el sentido primero de definir algo o a alguien significa marcarle sus límites. Llegar a conocer a Dios, llegar a nombrarle y por ello a definirle, es tener poder sobre él para manipularle, porque si no nos gusta su nombre y cómo es o cómo actúa se lo cambiamos y nos hacemos un Dios como nosotros queremos. Con Dios toda definición solo se queda en eso: definición sin llegar a abarcar lo que El es, porque El sobrepasa toda definición.

 En el evangelio de san Mateo, 11,27 leemos: “…nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Para conocer a Dios, que no para definirle, el mismo Dios ha enviado al Hijo para revelarnos quién es. Jesús, el Hijo, que recibió la plenitud el Espíritu en el bautismo en el Jordán nos ha dado a conocer a Dios.

 Este Dios que Jesús nos revela es definido como ABBA, PADRE. Pero el ser Padre de Dios sobrepasa toda definición que hagamos de padre. Y si no leamos las parábolas donde se nos habla de “un padre” que se comporta de manera muy diferente a nuestro concepto de padre. El Padre del que nos habla Jesús perdona, ama, paga de manera diferente a como lo haríamos nosotros. El lo hace pensando en las necesidades reales de una familia y da el denario a los últimos que han trabajado poco, pero que igualmente tienen que alimentar a su familia. Este Padre, ABBA, que nos predica Jesús se sale de los límites con los que definimos la función padre.

 Todo el actuar de Jesús está animado por el Espíritu recibido en el bautismo. Ese mismo Espíritu le impulsa a curar, a hacer el bien, a acoger a los marginados, a perdonar con escándalo de los buenos de la sociedad: “Solo Dios puede perdonar los pecados” (Mc 2,7), Este mismo Espíritu lo entrega Jesús cuando está enla Cruz.“Inclinando la cabeza entregó el Espíritu” (Jn 19,30). Jesús entrega su Espíritu ala Iglesianaciente.

 Celebrar hoyla SantísimaTrinidades una invitación a conocer, que no definir, a amar y dejarse amar por Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. A esta Trinidad la conocemos por el Hijo que se hizo hombre y que vivía una especial intimidad con el Padre animado por el mismo Espíritu de Dios.

 Para nosotrosla Trinidaddeja de ser un misterio si miramos al Hijo que animado por el Espíritu nos la ha revelado como amor, perdón, fuerza, sabiduría que confunde a los poderosos de este mundo, y sobre todo si la contemplamos amando y salvando al hombre hasta el final, hasta darnos su misma vida. Contemplándola así llegaremos a ser en plenitud imagen y semejanza suya como este Dios nos creó.

 

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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