Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Domingo 8 de Agosto 2010

HOMILIA Domingo 19 tiempo ordinario ciclo C

  1. “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”.

La fe la vivimos en dos niveles:

   Nivel humano: es la confianza o desconfianza en los demás. Lo vemos en la vida ordinaria. Hay personas que nos ofrecen confianza, otras no. Y la confianza en el otro viene dada, sobre todo, por afinidad de ideas, sentimientos yporque vemos que una persona es consecuente consigo y con los demás.

   Nivel religioso: es la confianza o desconfianza en Dios. Y la confianza en Dios puede resultar dura, difícil porque no vemos, porque no obtenemos respuesta clara a lo que estamos buscando o a lo que estamos necesitando.

   Al igual que conocemos personas en las que podemos confiar, tenemos también ejemplos que personas que han confiado plenamente en Dios. Y personas que carne y hueso. El ejemplo más significativo lo tenemos en Jesús.                 

              Jesús tuvo la seguridad de que Dios su Padre no le dejaría solo, no le abandonaría, sino que confirmaría su vida y misión, como lo hizo, con la Resurrección.  De Jesús podemos decir que confió plenamente en el Padre, aunque pasó por momentos duros.

              Para cada uno de nosotros, la fe ¿es seguridad y prueba, es confianza? Yo diría que para muchos de nosotros la fe es un riesgo que hay que afrontar y vivir. Si hay personas que abandonan la fe es porque no quieren correr riesgos, es porque buscan una  seguridad que no es tal, sino que es que me den normas que tranquilicen lo que hago o que me dejen en paz. Creer, a nivel humano y religioso, es comprometerse. Si creo en  una persona, en una idea, me comprometo con ello. De nuevo la pregunta: la fe para mí es ¿seguridad de lo que espero y prueba de los que no veo, es confianza o es un riesgo que vivo cada día? Es un reto que nos lanza la Palabra de Dios hoy.   

               El segundo reto es el que nos lanza Jesús en el evangelio: “donde está tu tesoro  allí también estará tu corazón”.  Insistiendo un poco más, ¿es la fe uno de nuestros tesoros? Si lo es, se tiene que manifestar en la vida diaria, se tiene que manifestar en el compromiso de servir a los demás, se tiene que manifestar en llevar a la vida la Palabra de Dios que escuchamos y la Eucaristía que celebramos cada domingo.

               Os animo a vivir la fe, independientemente si para nosotros es seguridad, es prueba, es confianza o más bien riesgo. La fe se vive desde el compromiso por seguir a Jesús y por servir a los hermanos.


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Homilía domingo 1 de Agosto 2010

HOMILIA domingo 18 t.o.

A veces en la iglesia se dicen frases bonitas, pero que luego uno se pregunta: ¿qué ha querido decir con esta frase?.  Una de esas frases suena así: “los cristianos estamos llamados a vivir la novedad del Evangelio”.  El que pronuncia esta frase piensa que ha dicho algo importantísimo y el que la escucha opina que está bien dicha, pero se pregunta, ¿qué significa eso?

San Pablo nos da una ayuda para comprender esta frase de la novedad del Evangelio cuando nos dice: “despojaos del hombre viejo y revestíos del nuevo”. ¿Quién es el hombre viejo? ¿Quién es el hombre nuevo? ¿Cuándo se puede considerar uno hombre viejo y cuándo hombre nuevo?

La primera lectura y el Evangelio de hoy nos dan una clave para entender esto de la novedad del Evangelio y de despojarse del hombre viejo. En la primera lectura hemos escuchado: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La vanidad forma parte de la cultura que estamos viviendo en el primer mundo. La cultura de la vanidad es la cultura de la nada, es la cultura de hoy. La cultura de la vanidad es vivir sin pensar más allá de lo que puedo vivir hoy. Es llevar una vida con poco sentido, y sobre todo con poco sentido común. La cultura de la vanidad es dejarse llevar por lo que sea, por lo que nos impongan, es dejarse llevar por la nada.

Despojarse del hombre viejo es echar por tierra, es hacer desaparecer de una vez por todas la cultura de la vanidad. Revestirse del hombre nuevo es VIVIR , y vivir dando sentido a la vida y a lo que hacemos, sobre todo a lo que hacemos a favor de los demás. Revestirse del hombre nuevo es vivir lo nuevo que siempre y desde siempre nos ofrece el Evangelio: seguir a Cristo y servir a los hermanos.

Y el Evangelio va en la misma dirección: de poco vale amontonar riquezas para sí. Hoy el primer mundo se está dando cuenta de lo poco que valen muchas cosas cuando éstas no están al servicio y el bien del hombre. El primer mundo ha creado y sigue creando “cosas materiales” que en el fondo no sacian sus ansias de mejorar su vida. Y el primer mundo se encuentra con que personas de otros mundos menos favorecidos quieren acceder a lo mismo…¿para qué? para encontrarse tan vacíos con el personaje del Evangelio que lo único que piensa es agrandar sus graneros para vivir mejor, para amontonar riquezas para sí. Es otra faceta de la cultura de la vanidad.

¿Qué nos proponen las lecturas de hoy? Vivir la novedad del Evangelio. Despojarse de la cultura de la vanidad, de la cultura de amontonar y atesorar por el solo hecho de amontonar y atesorar. Nos propone pensar que la vida es mucho más que lo meramente material. La vida es, para el cristiano, seguir a Cristo y seguir a Cristo es compromiso con la vida y con la persona.

Aceptemos el reto de san Pablo de despojarnos del hombre viejo y revertirnos de Cristo que según el mismo san Pablo: “me amó y se entregó por mí”.


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Homilía Domingo 25 de de Julio 2010 – Santiago Apostol

HOMILIA  SANTIAGO APOSTOL

Una de las películas que más me gusta y que a mi modo de ver mejor retrata la vida de Jesús es: “El evangelio según san Mateo” de P.P.Pasolini. En ella se nos muestra a un Jesús caminante, itinerante,  predicando el evangelio y curando a los enfermos.

Jesús no espera a que la gente vaya a él. El es quien va a buscarles para anunciarles el Reino de Dios. Y lo hace caminando…porque caminando conocerá las realidades que vive su pueblo y podrá predicarles partiendo de la vida misma y de los acontecimientos que las personas viven, conocen y trabajan. Por eso habla de la vid, del trigo y la cizaña, de los peligros de caminar solo…

Jesús no podía quedarse sentado esperando a que vinieran a él. No era un maestro al uso. Este detalle lo refleja muy bien la película citada. Mateo al mostrarnos a Jesús caminante, nos está diciendo que Jesús iba libre de todo peso, que no necesitaba nada ni dobles sandalias, ni bastón para predicar el evangelio. Que lo que necesitaba era dar una palabra de esperanza y de ánimo a quien le escuchara.

Cuando Jesús pregunta a los Zebedeos si son capaces de beber el cáliz que él va a beber, no se trata sólo de sufrir el martirio, como siempre se ha dicho. Jesús va más allá y con esa pregunta quiere saber si los discípulos van a ser capaces de seguir sus huellas, es decir convertirse en caminantes predicando el evangelio, sabiendo que eso les traerá problemas, persecuciones, incluso la muerte.

“Sentarse a la derecha o a la izquierda” en el contexto del evangelio, es una manera de decir que se quiere tener poder y desde ese poder predicar. Es una manera fácil de oprimir, de tiranizar, como lo hacen los jefes de los pueblos y los grandes. Sentarse es lo opuesto a caminar, es lo opuesto a servir, como termina el evangelio de hoy. El que se sienta quiere que le sirvan, el que está de pie, el que está caminando, está en disposición de servir, como Jesús.

El apóstol Santiago siguió los pasos de Jesús. Caminó y caminó predicando el evangelio hasta llegar, según la tradición, a nuestro país. Comprendió que el mensaje de Jesús no es el de ser servido sino el de servir, no el de sentarse, sino el de caminar para anunciar la Buena Noticia a ejemplo de Jesús. Fue capaz de beber el cáliz sabiendo que no llevaría una vida cómoda y que estaría expuesto a la incomprensión y a problemas como su maestro.

El Camino de Santiago nos ayuda a comprender este mensaje: Jesús envía a los discípulos a predicar caminando. “Beber el cáliz” es seguir los pasos de Jesús que recorría Galilea, Samaria, Judea.  Hoy muchos peregrinos, haciendo el Camino de Santiago, llegan a comprender y a valorar que el anuncio del Reino de Dios y del Evangelio de Jesús se hace caminando…se hace acompañando a otros que caminan viviendo su fe y siendo así testigos del servicio a los demás.


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Homilía domingo 18 de Julio 2010

HOMILIA domingo 16º t.o. ciclo C

Vivimos en un mundo en el que se da relativa importancia a la palabra. En otros tiempos la palabra era respetada, era, por así decir, sagrada. Una palabra dada era considerada norma o ley a cumplir. Nosotros hemos relativizado tanto la palabra que la importancia que la damos viene dada por la persona que la pronuncia y si está o no de acuerdo con lo que cada uno pensamos. Hoy solo escuchamos aquellas palabras que nos interesan. 

En el ambiente religioso hacemos lo mismo. Cada uno escucha aquellos teólogos, maestros de vida espiritual y sacerdotes que le interesan. No todos nos convencen, no todos nos gustan, y elegimos aquellos que van más con nuestra formación, educación, ambiente social. Llegamos a desechar formas de pensar y de interpretar la fe y la Palabra de Dios, que pensamos o nos han dicho que pensemos, que no son del todo ortodoxas.

El personaje de María del evangelio de hoy nos da la clave. María se sienta a escuchar a Jesús. Recordemos aquí las palabras mismas de Jesús: “felices los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. La actitud de María y las palabras de Jesús me llevan a preguntar: ¿a quién escuchamos nosotros? ¿a Jesús y su palabra? ¿A quienes para interpretarla acuden al mismo Jesús o acuden a sí mismos?

La actitud de María no se opone a la de Marta, cosa que frecuentemente se oye decir. Las dos actitudes son complementarias. Escuchamos a Jesús para luego vivir según su palabra y vivimos según la palabra de Jesús después de escucharla. La palabra de Jesús no se queda solo en mera palabra sino que hay que hacerla vida. Es verdad que hay que interiorizar la palabra de Jesús, pero no se debe quedar solo en eso. Si solo la interiorizamos, ¿dónde queda nuestro compromiso vivencial de la fe? ¿Dónde queda llevar a la vida la palabra escuchada? En definitiva, ¿dónde queda nuestra fe hecha vida?

Pensemos en todas aquellas personas que después de escuchar e interiorizar la palabra de Dios, la palabra de Jesús, la hacen vida en el servicio y entrega a los demás, incluso hasta llegar a dar su vida. Escuchar la Palabra de Dios en la Eucaristía dominical no es solo para decir: ¡qué bien! ¡qué bonita! es también y sobre todo para llevarla a la vida.

Cuando se nos anuncia a Cristo, como dice san Pablo en la segunda lectura, es para llegar “a la madurez en nuestra vida en Cristo”. La palabra de Dios que escuchamos cada domingo no es un rito que hay que cumplir, no es solo para interpretarla de forma espiritual,…es para llevarla a la vida. De ahí que es importante llegar a tiempo a la Eucaristía para escucharla. Si no la escuchamos porque llegamos tarde, ¿cómo podremos llevarla a la vida?

Las actitudes de Marta y María, repito, son complementarias. Escuchar y llevar a la vida lo escuchado nos ayudarán a vivir nuestra fe y nuestro compromiso y harán que lleguemos a la madurez en Cristo, que nos dice san Pablo.  


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Homilía domingo 11 de Julio 2010

HOMILIA domingo 15 t.o.

Las últimas palabras de Jesús en el evangelio de hoy son un consejo para todos nosotros. “Anda, haz tú lo mismo”. A este consejo yo uniría una frase de la primera lectura que dice: “el precepto que yo te mando hoy, no es cosa que te exceda, ni inalcanzable”.

Hace unos meses recibí un correo electrónico, que tal vez lo hayáis recibido algunos de vosotros. Transcurría en un pueblo indio. Primero se veía a un padre con cara de no querer saber nada con el resto del mundo. Después un grupo de niños con problemas de para andar, todos con una o dos muletas, dispuestos para iniciar una carrera y ver quién de ellos ganaba. Todos echan a correr. Se ve cómo algunos adelantan a otros. De pronto uno de ellos se cae y comienza a llorar. Era el hijo de ese padre resignado. Todos los muchachos se paran, miran hacia atrás y corren a ayudar al que se ha caído. Le levantan y caminan juntos hacia la meta, entrando todos al unísono. El grupo de padres aplaude el gesto y lo celebran. Aquí podéis ver el vídeo:

 

¿Por qué os cuento esto? Porque aquí tenemos otro ejemplo semejante al realizado por el samaritano, se nos muestra una acción muy humana como respuesta al consejo de Jesús de “anda, haz tú lo mismo” y una realización práctica de ese precepto que no excede ni es inalcanzable para nadie: ayudar al necesitado.

Tal vez todo lo contrario de lo que vivimos en nuestra sociedad actual: vemos a una persona necesitada, alguien pide ayuda, pero no limosna, sino ayuda de verdad y… solemos adoptar la actitud del sacerdote o del levita: damos un rodeo y pasamos de largo. Lo hacemos por miedo a las consecuencias, porque podemos salir perjudicados, porque, decimos, “a mí no me gusta meterme en líos”.

                      

Tal vez haya algo de razón en esos motivos que aducimos, pero primero como personas, y segundo, como cristianos, creo, que deberíamos parecernos más al buen samaritano. Hoy sigue habiendo personas a quienes podemos ayudar, a quienes podemos curar, y las hay en nuestro entorno. Basta con tener los ojos un poco abiertos para darnos cuenta de ello. Basta, si queréis, con pensar en personas concretas a las que podríamos haber ayudado y no lo hicimos por “pasar de largo”.

El precepto de ser buen samaritano los unos con los otros no es un precepto que nos exceda, ni que sea inalcanzable. Tan solo oigamos a Jesús que nos dice: “anda, haz tú lo mismo” con quien te necesite.


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Homilía Domingo 4 de Agosto 2010

HOMILIA domingo 14º t.o. ciclo C

Una frase que, creo, resumiría les lecturas de hoy, sería: “un ejemplo vale más que mil palabras”. Y parece ser que en nuestro mundo se da más eso de las mil palabras que lo del ejemplo. Hoy, se habla mucho, se dicen muchas cosas, y luego…se desdicen de lo que dicho, dicen que no se quería decir eso… También vemos cómo escasean los  ejemplos que arrastren de verdad.

Hay dos formas de evangelizar: con las palabras y con el ejemplo. Normalmente las religiones han evangelizado más con las palabras. Aún hoy vemos grupos que lo hacen.

Gran parte de la evangelización actual se hace mediante el ejemplo, o llamémoslo de otra manera, mediante el testimonio. Pensemos en personas, laicos, religiosos, sacerdotes que son como esos setenta y dos del evangelio que se ponen en marcha, que van delante de Jesús precisamente para anunciarle mediante un ejemplo, un testimonio de vida entregada a los demás.

Las tres lecturas nos señalan algo sobre el testimonio, el ejemplo a dar hoy:

La primera nos habla del testimonio de la alegría y del consuelo. Es verdad que nuestro mundo sufre y sufre mucho. Sufre violencia, paro, dolor, guerras, hambre,…Decir que ante todo esto hay que dar testimonio de alegría, puede parecer ilusorio y hasta extraño.

Sin embargo sí podemos dar testimonio y ser testigos que consuelen. No un falso consuelo, sino el consuelo que supone trabajar por la paz, por erradicar la violencia y el hambre de nuestro entorno, por ayudar a mitigar el dolor y sufrimiento,…eso sí que podemos hacerlo y sí podemos dar testimonio con un ejemplo de vida al servicio de los demás, que será un testimonio de esperanza.

La segunda lectura va más allá y nos dice que lo importante, que lo que cuenta es ser “una criatura nueva”. Ser una criatura nueva significa “llevar en nuestro cuerpo las marcas de Jesús”. A San Pablo lo que le interesaba era ser testigo de Jesús, que su vida fuera un auténtico testimonio de Aquel por quien Pablo había dejado todo. A Pablo ya no le valen las palabras, pues las palabras pueden llegar a tergiversar el mensaje de Jesús. Lo que para Pablo tiene sentido es seguir a Cristo. Cristo se convierte así en el ejemplo que atrae a Pablo y que lleva a seguirle definitivamente.

En el evangelio cuando Jesús avisa a los discípulos que no lleven “talega, alforja, sandalias”…es porque todo eso representa las mil palabras que nos valemos para justificar nuestra predicación. La talega, las alforjas, las sandalias nos atan más que nos liberan, nos impiden ir ligeros de equipaje, es decir, sólo con nuestro testimonio, nos llevan a preocuparnos por lo exterior, cuando en realidad lo que nos debe preocupar es lo interior. “Lo esencial es lo interior” decía el Beato Chaminade. Lo esencial es el testimonio, el ejemplo que demos a los demás de cómo vivimos nuestra fe. A las personas les atraerá mucho más un testimonio de hombres de paz, de entrega, de servicio callado, de curar a otros, de predicar con el ejemplo, que mil palabras que les digamos. “Las palabras vuelan, los ejemplos permanecen”.

Seamos cristianos de testimonio y ejemplo. Seguro que llevaremos consuelo a otras personas, llegaremos a ser criaturas nuevas y seremos en verdad discípulos de Jesús. Entonces y solo entonces “estaremos alegres, porque nuestros nombres están inscritos en el cielo”.


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Homilía domingo 27 de junio 2010

HOMILIA  13º domingo t.o.

En las lecturas de hoy aparecen dos temas que están relacionados: la libertad y seguir a Jesús. San Pablo nos habla de la libertad como algo conseguido gracias a Cristo. Y ese don, ese regalo que recibimos podemos usarlo, entre otras cosas, para seguir a Cristo.

Imagino que estaréis de acuerdo que sobre la libertad se dice mucho, se escribe mucho, incluso hay personas que se autoproclaman libres, porque, dicen, hacen lo que les da la gana. Es más pregonan que ser libre es hacer en cada momento lo que uno quiere. Yo voy a señalar tres notas sobre la libertad para referirlas al seguimiento de Cristo, que es el tema del evangelio.

La primera nota es, la libertad es un compromiso. Es curioso y resulta contradictorio que hoy cuanto más le cuesta a la gente comprometerse es cuando más se habla de libertad. Lo vemos en la vida diaria. Para algunas personas la libertad está en el no compromiso. Comprometerse libremente con alguien o con algo es señal de madurez. Vivir el compromiso de la fe libremente, vivir el seguimiento de Jesús con libertad hace que nuestras decisiones nos ayuden a madurar como personas y a trabajar por el bien de los demás.

La segunda nota es: la libertad es siempre una responsabilidad. Hoy en día huimos de las responsabilidades. Hay personas a quienes asusta tener una responsabilidad. Piensan que ser responsables coarta su libertad. En el evangelio Jesús apela a la responsabilidad de anunciar el Evangelio teniendo para ello que dejar a un lado cosas que son también importantes. La libertad lleva consigo la responsabilidad de elegir en la vida.

Y la tercera nota es: la libertad nos empuja a vivir la verdad. Cuando san Pablo dice: “para vivir en libertad, Cristo no has liberado”, está diciéndonos que en Cristo es donde encontramos la libertad. “Vuestra vocación es la libertad” continúa diciendo san Pablo. Yo creo que más claro no se puede decir. Intentar seguir a Cristo lo más libremente que podamos tiene que llevarnos a la verdad plena, y la verdad plena es el amor.

Cada día me asustan más la cantidad de normas que se nos imponen desde todos los ámbitos. En lugar de educar para la libertad, en lugar de invitar a seguir a Jesús, ponemos normas y normas que pueden llegar a impedirnos vivir esa libertad que san Pablo proclama. Habría que apelar más al compromiso personal y social y a la responsabilidad personal y social para llegar a ser verdaderamente libres.

Jesús nos invita a cada uno de nosotros a seguirle. Veamos este seguimiento como una llamada para el compromiso, para la responsabilidad y para vivir en la verdad. Así intentaremos parecernos a él, el verdadero hombre libre entregado a realizar la voluntad del Padre.  


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Homilía domingo 20 de junio 2010

HOMILIA  domingo 12º t.o. ciclo C.

Vivimos en una sociedad que da mucha importancia a las encuestas. A veces sufrimos encuestas para todo. Y esas encuestas crean estados de opinión. De vez en cuando salen datos sobre la confianza en tal o cual persona, institución, ideología. Y una constante que salta a la vista es la crisis de confianza. Las personas confiamos poco en tal o cual institución y en tal o cual persona.  Así establecemos diferencias y distinciones según nuestros gustos, nuestras opiniones e ideas y tal como van las cosas, somos muy críticos y bastante negativos.  

En el evangelio Jesús hace también una encuesta a los discípulos sobre su persona. Jesús fue una persona signo de contradicción. Su mensaje no era igualmente aceptado por todos. Las autoridades lo temían, querían quitarlo de en medio. Sus familiares pensaban que estaba loco. La gente establecía diferencias entre Jesús y los demás rabinos. Y Jesús, pregunta primero a los discípulos: “¿quién dice la gente que soy yo?”, para luego hacerles la misma pregunta a ellos: “y, vosotros, ¿qué decís que soy yo?”.

Podemos pensar que los discípulos no lo tenían muy claro, porque en el libro de los Hechos de los Apóstoles le preguntan: “¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?”. Pensaban y esperaban que Jesús iba a ser rey al estilo nuestro. Pedro responde de otra manera, aunque luego le traiciona, le confiesa como “el  Mesías de Dios”.

Ante esta confesión, ante el resultado de esta encuesta, Jesús apela a la confianza en El sobre todo por los momentos duros que vivirá después: padecerá, será desechado, será ejecutado y resucitará. Ante este panorama y haciendo un poco de ficción cabría preguntarse: ¿la respuesta de Pedro habría sido la misma si Jesús hubiera dicho estas palabras antes de confesarle Pedro como Mesías? Pero eso es ficción y la realidad es que los discípulos dieron su vida por Jesús. Esa es la respuesta verdadera a la encuesta sobre Jesús.

¿Cuál es nuestra respuesta, cuál es mi respuesta a la pregunta de Jesús: ¿quién soy yo para ti? Seguro que tenemos muchas respuestas, pero tal vez, sean respuestas de palabra, respuestas sin compromiso. Pedro le confiesa “Mesías, y aunque le traiciona, da su vida por El. La confianza de Pedro y de los discípulos en Jesús no es de palabra sino con la vida.

Cuando respondemos a una encuesta, ¿lo hacemos desde el convencimiento o desde… bueno, respondo para salir del paso y que me dejen en paz?  Cuando leemos, escuchamos la palabra de Dios…¿lo hacemos por rutina o desde el convencimiento de que Jesús me invita a seguirle, a cargar con mi cruz, a negarme a mí mismo? 

Estar bautizado, estar revestido de Cristo, como dice san Pablo a los Gálatas, es seguir a Cristo en la vida, y seguir a Cristo en la vida es dar la vida por El y los hermanos. Así cuando nos pregunten, cuando me pregunten quién es Jesús para mí, responderemos, responderé que Jesús además de Hijo de Dios, es alguien a quien sigo de corazón y que da sentido a mi vida. 


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Homilía domingo 13 de junio 2010

HOMILIA domingo 11º tiempo ordinario. Ciclo C

El perdón, fruto del amor. Creo que es la frase que mejor puede resumir las lecturas de hoy. La repito, el perdón, fruto del amor.

En la primera lectura Dios perdona a David por el amor que le tiene. David ha cometido un gran pecado: matar a espada a Urías y quedarse con su mujer. David reconoce su pecado y Dios le perdona. Pero le perdona por el amor que le tiene. Fruto de ese amor que profesa a David, le ha dado cantidad de cosas, como nos dice la lectura, y aún le dará más: una descendencia de la que nacerá el Mesías.

En la segunda lectura se nos dice que nuestra justificación, es decir nuestro ser justos ante Dios no es gracias a la ley, sino a la fe en Jesús. El perdón de Dios hacia nosotros no es fruto de la ley, el perdón de Dios es fruto del amor. Si el perdón dependiera de la ley sería horrible, pues estaríamos bajo el poder de la ley, y la ley, depende de quien la interprete, puede ser dura e implacable, más aún cuando se interpreta al pie de la letra. Jesús dice en el evangelio: “el sábado se ha hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. Para Dios el hombre está y estará siempre por encima de la ley, sobre todo de toda ley que oprima a la persona.

Y en el evangelio vemos con mayor claridad que el perdón es fruto del amor. “Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”. Esta frase puede extrañar hoy a muchas personas al igual que a los hombres del tiempo de Jesús. La manera de actuar de Dios con respecto al perdón, entre otras cosas, no es nuestra manera de actuar. Dios perdona siempre y nos dice que hay que perdonar hasta setenta veces siete. No creo que sea bueno adoptar una actitud moralista ante esta frase de Jesús. Quien lo haga demuestra no entender el obrar de Dios y de Jesús, que va más en la línea de salvar y perdonar que de condenar, de amar por encima de todo.  

Vayamos al terreno humano y seamos realistas: nos cuesta perdonar porque no amamos. Y si no, pensemos en alguien concreto a quien no hemos perdonado, sobre todo si es  una persona cercana a nosotros…¿por qué? porque no le amamos.  No perdonamos porque emitimos un juicio fruto del odio, del rencor, de la ira, o incluso del dolor y lo peor de todo es que nos creemos con todo el derecho a juzgar y más aún a condenar. Estamos lejos de aceptar que el perdón es fruto del amor.   

Hoy en las lecturas tenemos tres ejemplos que nos pueden ayudar a ejercer el perdón hacia los demás fruto del amor que les podamos tener. Para ejercer el perdón hay que ser misericordiosos, es decir, tener un corazón semejante al de Dios, que es lo mismo que decir,  un corazón lleno de amor por sus criaturas. Para ejercer el perdón hay que

poner a la persona por encima de la ley. Sólo así podremos comprender que el perdón es fruto no de la ley sino del amor. Para ejercer el perdón tendremos que aceptar que no somos jueces, sino que el juicio se lo dejemos a Dios que, por encima de todo, perdona.

Termino recordando las palabras de Jesús: “sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”.


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Homilía domingo 6 de Junio 2010 – Corpus Christi

Cada domingo nos reunimos para celebrar la Eucaristía también llamada la Cena del Señor. En ella hacemos memorial de su entrega por nosotros y pronunciamos la acción de gracias que Jesús pronunció, es decir tomamos el pan y decimos: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros” y tomamos la copa y decimos: “este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre…haced esto en memoria mía”.

Un autor decía que Jesús fue el hombre para los demás. No solo por lo que dijo e hizo, sino sobre todo porque se entregó por nosotros y nos dejó el memorial de su Cuerpo y Sangre. Para nosotros los cristianos este memorial, la Eucaristía, es el signo distintivo de nuestra fe y de él deriva todo lo demás. La iglesia vive de la Eucaristía, título de una encíclica.

El mensaje de Jesús fue un claro compromiso con la persona, con su vida, su dignidad y apostó por ello hasta entregar su propia vida. El mensaje de Jesús no se quedó en palabras bonitas sino que lo ratificó con el hecho de entregarse por nosotros y quedarse con nosotros.

Ese mensaje de Jesús lo leemos hoy claramente en el evangelio cuando dice a los apóstoles: “dadle vosotros de comer”. Estas no son palabras bonitas sino que es una orden clara de continuar haciendo lo que El hizo y dijo.

Dadles vosotros de comer lo podemos interpretar de diversos modos.

  1. dar comida al que pasa hambre, al que está en un descampado, como dice el evangelista.
  2. celebrar y distribuir la Eucaristía, hacer que llegue a todos los hombres, que todos puedan recibir el Cuerpo de Cristo.
  3. y es también, y sobre todo, el compromiso por predicar y vivir el evangelio.

A nosotros nos toca hoy dar de comer a otras personas. No podemos separar la Eucaristía de este mandato del Señor de dar de comer a otros. No celebraremos verdaderamente la Eucaristía si no hay por nuestra parte el compromiso de ayudar a los demás. Ya de los primeros cristianos se nos dice que “nadie pasaba necesidad, porque ponían todo en común”. Ahí tenemos un ejemplo práctico de “dadles vosotros de comer”.

Los que formamos la iglesia lo hacemos de muchas maneras. Cualquier ayuda, personal o material, que se entrega a la iglesia llega, muchas veces, donde no llegan otras ayudas: comedores sociales, parados, emigrantes, visitas a enfermos…estas y otras muchas formas de ayudar son la respuesta a la orden de Jesús: “dadles vosotros de comer”.

La Eucaristía no es solo lo que celebramos aquí. La Eucaristía continúa en lo que hacemos cada día a favor de nuestros hermanos. Jesús se entregó por nosotros, se nos da como alimento. El mismo Jesús nos dice hoy a nosotros: dadles vosotros de comer…de comer el pan de la palabra de Dios, el pan del Cuerpo y Sangre de Cristo, el pan de cada día que pedimos en el Padre nuestro. Hagamos nuestra el gesto de los apóstoles: repartamos del pan de la bendición a todo el que lo necesite.

Que así sea.