Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía domingo 11 de Julio 2010

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HOMILIA domingo 15 t.o.

Las últimas palabras de Jesús en el evangelio de hoy son un consejo para todos nosotros. “Anda, haz tú lo mismo”. A este consejo yo uniría una frase de la primera lectura que dice: “el precepto que yo te mando hoy, no es cosa que te exceda, ni inalcanzable”.

Hace unos meses recibí un correo electrónico, que tal vez lo hayáis recibido algunos de vosotros. Transcurría en un pueblo indio. Primero se veía a un padre con cara de no querer saber nada con el resto del mundo. Después un grupo de niños con problemas de para andar, todos con una o dos muletas, dispuestos para iniciar una carrera y ver quién de ellos ganaba. Todos echan a correr. Se ve cómo algunos adelantan a otros. De pronto uno de ellos se cae y comienza a llorar. Era el hijo de ese padre resignado. Todos los muchachos se paran, miran hacia atrás y corren a ayudar al que se ha caído. Le levantan y caminan juntos hacia la meta, entrando todos al unísono. El grupo de padres aplaude el gesto y lo celebran. Aquí podéis ver el vídeo:

 

¿Por qué os cuento esto? Porque aquí tenemos otro ejemplo semejante al realizado por el samaritano, se nos muestra una acción muy humana como respuesta al consejo de Jesús de “anda, haz tú lo mismo” y una realización práctica de ese precepto que no excede ni es inalcanzable para nadie: ayudar al necesitado.

Tal vez todo lo contrario de lo que vivimos en nuestra sociedad actual: vemos a una persona necesitada, alguien pide ayuda, pero no limosna, sino ayuda de verdad y… solemos adoptar la actitud del sacerdote o del levita: damos un rodeo y pasamos de largo. Lo hacemos por miedo a las consecuencias, porque podemos salir perjudicados, porque, decimos, “a mí no me gusta meterme en líos”.

                      

Tal vez haya algo de razón en esos motivos que aducimos, pero primero como personas, y segundo, como cristianos, creo, que deberíamos parecernos más al buen samaritano. Hoy sigue habiendo personas a quienes podemos ayudar, a quienes podemos curar, y las hay en nuestro entorno. Basta con tener los ojos un poco abiertos para darnos cuenta de ello. Basta, si queréis, con pensar en personas concretas a las que podríamos haber ayudado y no lo hicimos por “pasar de largo”.

El precepto de ser buen samaritano los unos con los otros no es un precepto que nos exceda, ni que sea inalcanzable. Tan solo oigamos a Jesús que nos dice: “anda, haz tú lo mismo” con quien te necesite.

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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