Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Sabado Santo. 23 de abril 2011

A lo largo del año nos felicitamos unos a otros con motivo del santo, cumpleaños, de algún acontecimiento feliz. Hoy, en esta noche santa, tenemos que  felicitarnos por CREER. Muchas veces pensamos que la fe es algo difícil, algo que no siempre llena nuestras vidas. Para algunas personas la fe pertenece al pasado, a su infancia y miran a los que creen con cierta curiosidad incluso recelo o envidia. Pues bien esta noche tenemos que felicitarnos por CREER en Jesús, por CREER en su resurrección, por eso estamos aquí. ¡Felices los que creen sin haber visto!, dice Jesús a los apóstoles y esta noche nos lo dice a nosotros.¡Feliz tú que crees en mí, en mi resurrección, sin haberme visto!.

El evangelio de Mateo da pasos de gigante en el anuncio de Cristo resucitado. Al igual que a las mujeres, nos dice a nosotros: “no temáis”. Cuando Dios se acerca al hombre, de la manera que sea, su saludo es: “no temas”. Dios no es el dios del temor, sino del amor. Pero su presencia causa temor por lo inesperado de su visita. Las buenas mujeres que iban al sepulcro se encuentran con una doble sorpresa: la presencia de Dios por medio de un ángel y la ausencia de Jesús, el crucificado. Estas mujeres iban al sepulcro por la fe en Jesús y se encuentran con que tienen que depositar su fe en su ausencia, en su resurrección.

El ángel les recuerda algo que ya Jesús había dicho: “ha resucitado, como había dicho”. No busquéis a un muerto. Aquel a quien buscáis esta vivo, ha resucitado. La muerte, que podemos sentirla como una esclavitud por la que todos pasamos, no podía esclavizar a aquel que se mostró siempre libre por ser obediente al Padre. Jesús estaba seguro que el Padre no le abandonaría, que la muerte no tendría la última palabra sobre él, que la vida que él había entregado por nosotros, por todo hombre, le sería devuelta de una manera plena y definitiva, y que escapa a nuestro entender. Por eso se nos pide la fe en la vida, la fe en la resurrección.

Ante el anuncio “ha resucitado” las mujeres responden: impresionadas, llenas de alegría y corren para anunciarlo”. Ya no tienen miedo, se fían del ángel, que es lo mismo que fiarse de Dios, tienen fe, creen. Esta triple respuesta de las mujeres es una invitación a mostrarnos nosotros igual que ellas ante la resurrección: impresionados porque Cristo tiene una nueva vida, preludio de la nuestra. Llenos de alegría porque la vida no termina, sino que se transforma, como decimos en una oración y ¡ojala! corriéramos a anunciarlo a otros como ellas. Hay tenemos un ejemplo de fe.

La fe es algo impresionante para quien la tiene, y a veces impresiona a quien ve que otros la viven. Tener fe llena de alegría porque hace que la vida tenga otro sentido. Tener fe convierte a la persona en testigo, en mensajero de la buena noticia de confiar en el Dios de la vida que ha dado nueva vida a su Hijo Jesucristo.

Y para terminar el ángel les da un aviso que nos viene bien a nosotros. Ante los avatares de la vida, ante los acontecimientos varios: “no tengáis miedo”. Jesús va delante de nosotros en todo, en la vida y en la muerte. Jesús va delante de nosotros enla VIDA plena. Allí le veremos. 

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


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Lecturas misa Sábado Santo 23 de Abril 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Génesis 1, 1-31; 2, 1-2
    «Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno»En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
    Dijo Dios:
    «Que exista la luz».
    Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.
    Dijo Dios:
    «Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras».
    E hizo Dios una bóveda y separó con ellas las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.
    Dijo Dios:
    «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco».
    Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
    Dijo Dios:
    «Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra».
    Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
    Dijo Dios:
    «Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra».
    Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
    Dijo Dios:
    «Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo».
    Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creo también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
    «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra».
    Fue la tarde y la mañana del quinto día.
    Dijo Dios:
    «Produzca la tierra vivientes, según sus especies».
    Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.
    Dijo Dios:
    «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra».
    Y creó Dios al hombre a su imagen: a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
    Y los bendijo Dios y les dijo:
    «Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos ser viviente que se mueve sobre la tierra».
    Y dijo Dios:
    «He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todos las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas».
    Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
    Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.
  • Salmo Responsorial: 103
    «Bendice al Señor, alma mía.»Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en las montañas concentraste.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto a ellas vienen a vivir las aves, y entre las ramas cantan.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al hombre.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    ¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!; la tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

  • Segunda Lectura: Génesis 22, 1-2.9a.-13.15-18
    «El sacrificio de nuestro patriarca Abrahán»En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo:
    «¡Abraham, Abraham!»
    El respondió:
    «Aquí estoy».
    Y Dios le dijo:
    «Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré».
    Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
    «Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá, para adorar a Dios y después regresaremos».
    Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham:
    «¡Padre!»
    El respondió:
    «¿Qué quieres, hijo?»
    El muchacho contestó:
    «Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el sacrificio?»
    Abraham le contestó:
    «Dios nos dará el cordero para el sacrificio, hijo mío».
    Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
    «¡Abraham, Abraham!»
    El contestó:
    «Aquí estoy».
    El ángel le dijo:
    «No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único».
    Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por nombre a aquel sitio “el Señor provee”, por lo que aun el día de hoy se dice: “el monte donde el Señor provee”. El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo:
    «Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras».
  • Evangelio: Mateo 28, 1-10
    «Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea»Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo:
    «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán”. Eso es todo».
    Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro y, llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús:
    «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán».


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Homilia Viernes Santo. 22 de abril 2011

La celebración de este día está centrada en  la Pasióny Muerte de nuestro Señor Jesucristo y más concretamente en su signo visible que es la Cruz.Haremos una breve procesión con ella, cantaremos su victoria y la adoraremos porque es salvación.

Ante este signo tan importante y tan vital para muchas personas se dan varias reacciones y actitudes. Voy a nombrar cuatro que me parecen reales. La primera de ellas es la del rechazo ala Cruz. El 27 de noviembre de 2008 aparecía en el periódico ABC un dibujo de Máximo que decía: “no me aceptan ni como logotipo” y se veía una Cruz con Cristo crucificado. Hemos vivido estos días y lo seguiremos viviendo el intento de organizar una procesión laica por las calles de Madrid. Hay grupos de personas que profanan iglesias católicas en universidades españolas. Se pueden decir más.

Este rechazo puede provenir del odio a la Cruz, del odio a las personas que profesan la fe en el Crucificado, de una moda contra lo cristiano. Pero también puede provenir porque la Cruz, o más bien quienes la tenemos como signo, la hemos utilizado para conquistar, para matar, para imponer…algo que está muy alejado del mensaje y de la vida del mismo que está en la Cruz.

La segunda es la indiferencia ante la Cruz.En  la crisis de valores éticos y morales que vivimos donde la indiferencia es la tónica dominante, el signo de la Cruz no escapa a esta indiferencia. Hasta tal punto que para muchas personas no deja de ser un adorno más que llevar o también formar parte de la moda.  Esta indiferencia deja de serlo, al menos, momentáneamente, en ciertas fechas  como Navidad, Semana Santa, las fiestas de los pueblos. Aquíla Cruz parece tocar un poco el corazón de las personas y dejar de resultar indiferente.

La tercera va unida al dolor y la muerte. Para algunas personas la Cruz implica resignación, implica aceptación de realidades ante las que no podemos hacer nada. Uno puede resignarse, pero hay personas, y peor aún cuando se trata de sacerdotes, que hacen hincapié en esta actitud de dolor y muestran  la Cruzcomo algo querido por Dios aceptando el sufrimiento que conlleva y no exento de un cierto fanatismo.

 Y la cuarta actitud es la Cruz signo de vida. Decir esto no es querer dar una solución fácil, no. Hoy la Cruz sigue siendo escándalo y necedad para muchos como dice San Pablo en la carta a los Corintios, pero para los llamados es “sabiduría de Dios y  fuerza de Dios” (1ªCor 1,23ss).La Cruz como forma escandalosa e ignominiosa de morir se convierte en signo de salvación para quien cree en Jesús.La Cruz es la fuerza que tenemos los cristianos, es la sabiduría que calla toda boca que no tiene argumentos para contradecir la entrega de un inocente, es la salvación y liberación para quien en momentos difíciles la mira y encuentra en ella esperanza sabiendo que la Cruz es signo de amor, no de odio. Es signo de entrega y no de obligación. Es signo de vida, no de muerte. Es en definitiva la manifestación de la debilidad humana de Dios hecho hombre que dando su vida por nosotros nos ha dado vida..


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Lecturas Misa Viernes 22 Abril 2011 – Viernes Santo

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 52, 13-15; 53, 1-12
    «El fue traspasado por nuestros crímenes»Mi siervo tendrá éxito, crecerá y llegará muy alto. Lo mismo que muchos se horrorizaban al verlo, porque estaba tan desfigurado que no parecía hombre ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchas naciones. Los reyes se quedarán sin palabras, al ver algo que nunca les habían contado y comprender algo que nunca habían oído. ¿Quién creyó nuestro anuncio? ¿A quién se manifestó el poder del Señor?
    Creció ante el Señor como un retoño, como raíz en tierra árida. No tenía gracia ni belleza para que nos fijáramos en él, tampoco aspecto atractivo para que lo admiráramos. Fue despreciado y rechazado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento; como alguien a quien no se quiere mirar, lo
    despreciamos y lo estimamos en nada. Sin embargo, él llevaba nuestros sufrimientos, soportaba nuestros dolores. Nosotros lo creíamos castigado, herido por Dios y humillado, pero eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban y nuestras culpas las que lo trituraban. Sufrió el castigo para nuestro bien y con sus heridas nos sanó. Andábamos todos errantes como ovejas, cada uno por su camino, y el Señor cargó sobre él todas nuestras culpas. Cuando era maltratado, él se sometía, y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa ni juicio se lo llevaron, y ¿quién se preocupó de su suerte?
    Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron por los pecados de mi pueblo; lo enterraron con los malhechores, lo sepultaron con los malvados, aunque él no cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca. Pero el Señor quiso quebrantarlo con sufrimientos. Y si él entrega su vida como expiación, verá su
    descendencia, tendrá larga vida y por medio de él, prosperarán los planes del Señor. Después de una vida de amarguras verá la luz, comprenderá su destino. Mi siervo, el justo, traerá a muchos la salvación cargando con las culpas de ellos.
    Por eso, le daré un puesto de honor entre los grandes y con los poderosos participará del triunfo, por haberse entregado a la muerte y haber compartido la suerte de los pecadores. Pues él cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.
  • Salmo Responsorial: 30
    «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.» 

    A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado; líbrame por tu bondad. En tus manos encomiendo mi espíritu; tú, mi Dios leal, me librarás.
    R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

    Soy la burla de mis agresores, motivo de risa para mis vecinos, el espanto de mis conocidos; los que me ven por la calle huyen de mí; olvidado de todos como un muerto, me he convertido en un objeto inútil.
    R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
                                                                                                                                Pero yo confío en ti, Señor; yo te digo: «Tú eres mi Dios». Mi destino está en tus manos, líbrame de los enemigos que me persiguen.
    R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

    Que tu rostro resplandezca sobre tu siervo, sálvame por tu amor. Sean fuertes y anímense, todos los que esperan en el Señor.
    R. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

  • Segunda Lectura: Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9
    «Aprendió a obedecer y se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen»Hermanos: Ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
    Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha sido probado en todo como nosotros excepto en el pecado.
    Acerquémonos, pues, con plena confianza al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y encontrar la gracia de un socorro oportuno.
    El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas al que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y precisamente porque era Hijo, aprendió sufriendo a obedecer. Llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
  • Evangelio: Juan 18, 1-40; 19, 1-42
    «† Pasión de nuestro Señor Jesucristo»C. En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron el torrente Cedrón y entraron en un huerto que había cerca. Este lugar era conocido por Judas, el traidor, porque Jesús se reunía frecuentemente allí con sus discípulos. Así que Judas, llevando consigo un destacamento de soldados romanos y los guardias puestos a su disposición por los sumos sacerdotes y los fariseos, se dirigió a aquel lugar. Iban armados y equipados con faroles y antorchas.
    Jesús, que sabía todo lo que iba a ocurrir, salió a su encuentro y les preguntó:
    †. «¿A quién buscan?»
    C. Ellos contestaron:
    S. «A Jesús de Nazaret».
    C. Les dijo Jesús:
    †. «Yo soy».
    C. Judas, el traidor, estaba allí con ellos. En cuanto les dijo:“Yo soy”, retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les preguntó de nuevo:
    †. «¿A quién buscan?»
    C. Volvieron a contestarle:
    S. «A Jesús de Nazaret».
    C. Jesús les dijo:
    †. «Ya les he dicho que soy yo. Por tanto, si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan».
    C. Así se cumplió lo que él mismo había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.
    Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó e hirió con ella a un criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Pero Jesús dijo a Pedro:
    †. «Guarda tu espada. ¿Es que no debo beber este cáliz de amargura que el Padre me ha preparado?»
    C. Los soldados romanos, con su comandante al frente, y la guardia judía, arrestaron a Jesús y le ataron las manos. Acto seguido, lo condujeron a casa de Anás, el cual era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”.
    Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo, que era conocido del sumo sacerdote, entró al mismo tiempo que Jesús en el patio interior de la casa del sumo sacerdote. Pedro, en cambio, tuvo que quedarse fuera junto a la puerta, hasta que el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera y consiguió que lo dejara entrar. Pero la portera preguntó a Pedro:
    S.«¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
    C. Pedro le contestó:
    S. «No, no lo soy».
    C. Como hacía frío, los criados y la guardia habían preparado una fogata y estaban en torno a ella calentándose. Pedro estaba también con ellos calentándose.
    El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús declaró:
    †. «Yo he hablado siempre en público. He enseñado en las sinagogas y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. No he enseñado nada clandestinamente. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído, y ellos podrán informarte».
    C. Al oír esta respuesta, uno de los guardias, que estaba junto a él, le dio una bofetada, diciéndole:
    S. «¿Cómo te atreves a contestar así al sumo sacerdote?»
    C. Jesús le dijo:
    †. «Si he hablado mal, demuéstrame en qué; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?»
    C. Entonces Anás lo envió, con las manos atadas, a Caifás, el sumo sacerdote.
    Mientras Simón Pedro estaba junto a la fogata, calentándose, uno le preguntó:
    S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
    C. Pedro lo negó diciendo:
    S. «No, no lo soy».
    C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro había cortado la oreja, le insistió:
    S. «¿Cómo que no? Yo mismo te vi en el huerto con él».
    C. Pedro volvió a negarlo. Y en aquel momento cantó el gallo.
    Después condujeron a Jesús desde la casa de Caifás hasta el palacio del gobernador. Era de madrugada. Los judíos no entraron en el palacio para no contraer impureza legal, y poder celebrar así la cena de pascua. Pilato, por su parte, salió adonde estaban ellos y les preguntó:
    S. «¿De qué acusan a este hombre?»
    C. Ellos le contestaron:
    S. «Si no fuera un criminal, no te lo habríamos entregado».
    C. Pilato les dijo:
    S. «Llévenselo y júzguenlo según su ley».
    C. Los judíos dijeron:
    S. «Nosotros no estamos autorizados para condenar a muerte a nadie».
    C. Así se cumplió la palabra de Jesús, que había anunciado de qué forma iba a morir. Pilato volvió a entrar en su palacio, llamó a Jesús y le interrogó:
    S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
    C. Jesús le contestó:
    †. «¿Dices eso por ti mismo o te lo han dicho otros de mí?»
    C. Pilato respondió:
    S. «¿Acaso soy yo judío? Son los de tu propia nación y lo sumos sacerdotes los que te han
    entregado a mí. ¿Qué has hecho?»
    C. Jesús le explicó:
    †. «Mi reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis seguidores hubieran luchado para impedir que yo fuera entregado a los judíos. Pero no, mi reino no es de este mundo».
    C. Pilato insistió:
    S. «Entonces, ¿eres rey?»
    C. Jesús le respondió:
    †. «Soy rey, como tú dices. Y mi misión consiste en dar testimonio de la verdad. Precisamente para eso he nacido y para eso he venido al mundo. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».
    C. Pilato le preguntó:
    S. «¿Y qué es la verdad?»
    C. Después de decir esto, Pilato salió de nuevo y dijo a los judíos:
    S. «Yo no encuentro delito alguno en este hombre. Pero como ustedes tienen derecho a que les ponga en libertad un prisionero durante la fiesta de la pascua, ¿quieren que deje en libertad al rey de los judíos?»
    C. Pero ellos seguían gritando:
    S. «¡No, a ése no! ¡Deja en libertad a Barrabás!» (El tal Barrabás era un bandido).
    C. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. Los soldados prepararon una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza. También le colocaron sobre los hombros un manto rojo. Y se acercaban a él, diciendo:
    S. «¡Salve, rey de los judíos!»
    C. Y le daban bofetadas. Pilato salió, una vez más, y les dijo:
    S. «Miren, lo traigo de nuevo para que quede bien claro que yo no encuentro delito alguno en este hombre».
    C. Salió, pues, Jesús afuera. Llevaba sobre su cabeza la corona de espinas y sobre sus hombros el manto rojo. Pilato lo presentó con estas palabras:
    S. «¡Este es el hombre!»
    C. Los sumos sacerdotes y los guardias, al verlo, comenzaron a gritar:
    S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
    C. Pilato les dijo:
    S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo; porque yo no encuentro delito alguno en él».
    C. Los judíos insistieron:
    S. «Nosotros tenemos una ley y, según ella, debe morir, porque se ha presentado a sí mismo como Hijo de Dios».
    C. Al oír esto, Pilato sintió aún más miedo. Entró de nuevo en el palacio y preguntó a Jesús:
    S. «¿De dónde eres tú?»
    C. Pero Jesús no le contestó. Pilato le dijo:
    S. «¿Te niegas a contestarme? ¿Es que no sabes que yo tengo autoridad, tanto para dejarte en libertad como para ordenar que te crucifiquen?»
    C. Jesús le respondió:
    †. «No tendrías autoridad alguna sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto; por eso, el que me entregó a ti tiene más culpa que tú».
    C. Desde ese momento Pilato intentaba ponerlo en libertad. Pero los judíos le gritaban:
    S. «Si pones en libertad a ese hombre, no eres amigo del emperador romano. Porque cualquiera que tenga la pretensión de ser rey, es enemigo del emperador».
    C. Pilato, al oír esto, mandó que sacaran fuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el lugar conocido con el nombre de «Enlosado» (que en la lengua de los judíos, se llama “Gábbata”). Era la víspera de la fiesta de la pascua, hacia el mediodía. Pilato dijo a los judíos:
    S. «¡Aquí tienen a su rey!»
    C. Ellos comenzaron a gritar:
    S. «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!»
    C. Pilato insistió:
    S. «¿Cómo voy a crucificar a su rey?»
    C. Pero los sumos sacerdotes contestaron:
    S. «Nuestro único rey es el emperador romano».
    C. Entonces Pilato les entregó a Jesús para que lo crucificaran.
    Se hicieron, pues, cargo de Jesús quien, llevando a hombros su propia cruz, salió de la ciudad hacia un lugar llamado “La Calavera” (que en la lengua de los judíos se dice “Gólgota”). Allí lo crucificaron junto con otros dos, uno a cada lado de Jesús.
    Pilato mandó escribir y poner sobre la cruz un letrero con esta inscripción: “Jesús de Nazaret, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque el lugar donde Jesús había sido crucificado estaba cerca de la ciudad, y estaba escrito en hebreo, en latín y en griego. Los sumos sacerdotes se presentaron a Pilato y le dijeron:
    S. «No escribas: “El rey de los judíos”, sino más bien: “Este hombre ha dicho: Yo soy el rey de los judíos”».
    C. Pilato les contestó:
    S. «Lo que he escrito, escrito queda».
    C. Los soldados, después de crucificar a Jesús, se apropiaron de sus vestidos e hicieron con ellos cuatro partes, una para cada uno. Dejaron aparte la túnica. Como era una túnica sin costuras, tejida de una sola pieza de arriba abajo, los soldados llegaron a este acuerdo:
    S. «Es mejor que no la dividamos, vamos a sortearla para ver a quién le toca».
    C. Así se cumplió este texto de la Escritura:
    Dividieron entre ellos mis vestidos y mi túnica la echaron a suertes.
    Eso fue lo que hicieron los soldados.
    Junto a la cruz de Jesús
    estaban su madre, la hermana de su madre, María la mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre:
    †. «Mujer, ahí tienes a tu hijo».
    C. Después dijo al discípulo:
    †. «Ahí tienes a tu madre».
    C. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió como suya. Después Jesús, sabiendo que todo se había cumplido, para que también se cumpliera la Escritura, exclamó:
    †. «Tengo sed».
    C. Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en el vinagre y se la acercaron a la boca. Jesús probó al vinagre y dijo:
    †. «Todo está cumplido».
    C. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

    C. Como era el día de la preparación de la fiesta de pascua, los judíos no querían que los cuerpos quedaran en la cruz aquel sábado, ya que aquel día se celebraba una fiesta muy solemne. Por eso pidieron a Pilato que ordenara romper las piernas a los crucificados y que los bajaran de la cruz.
    Fueron, pues, los soldados y rompieron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando se acercaron a Jesús, se dieron cuenta de que ya había muerto; por eso no le rompieron las piernas. Pero uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y en seguida brotó del costado sangre y agua.
    El que vio estas cosas da testimonio de ellas, y su testimonio es verdadero. El sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: No le quebrarán ningún hueso. La Escritura dice también en otro pasaje: Mirarán al que traspasaron.
    Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque lo mantenía en secreto por miedo a los judíos, pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió.
    Entonces él fue y tomó el cuerpo de Jesús. Llegó también Nicodemo, el que en una ocasión había ido a hablar con Jesús durante la noche, con unos treinta kilos de una mezcla de mirra y perfume. Entre los dos se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas de lino bien empapadas en la mezcla de mirra y perfume, según la costumbre judía de sepultar a los muertos.
    Cerca del lugar donde fue crucificado Jesús había un huerto y, en el huerto, un sepulcro nuevo en el que nadie había sido enterrado. Allí, pues, depositaron a Jesús, dado que el sepulcro estaba cerca y era la víspera de la fiesta de pascua.


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Homilia Jueves Santo 21 abril 2011

En esta tarde de Jueves Santo celebramosla Cenadel Señor por excelencia. Decir por excelencia, significa que todas las demás Cenas del Señor, o lo que es lo mismo, todas las Eucaristías, tienen su origen en esta Cena. Se trata, o se debería tratar, de una  celebración de carácter íntimo. El Señor se reúne con sus discípulos para entregarles, primero, lo más preciado que tiene toda persona: su vida. Y en segundo lugar, para entregarles su mensaje.

El evangelio nos introduce en una atmósfera cálida e intensa. Cálida porque el Señor hace con ellos algo impensable para un maestro: ¡lavar los pies a sus discípulos!. Impensable para un judío de la época. A nosotros acostumbrados a oírlo nos puede parecer normal. A los discípulos ese gesto les sorprendió. Pedro es el que se niega, pero pensemos que posiblemente los demás discípulos también se horrorizarían ante lo que Jesús iba a hacer con ellos. Atmósfera cálida, también,  porque este gesto está hecho con cariño y desde lo que Jesús quería transmitir a los discípulos. El discípulo tiene que aprender del maestro. “Os he dado ejemplo…para que vosotros también lo hagáis”.

Hablaba también de una atmósfera intensa porque esa cena tan inesperada de Jesús con sus discípulos, hay que tener en cuenta que no se trata de la cena pascual judía, tiene un cierto aire de espera en algo que va a suceder y que los apóstoles no saben ni se lo imaginan. Intensa por el inicio con que introduce san Juan el texto: “Jesús…sabiendo que había llegado la hora…los amó hasta el extremo”. Se iniciabala Pasión. 

Hoy Jesús quiere estar a solas con los discípulos para decirles algo importante, y para ENTREGARLES el mensaje que resume toda su vida: el SERVICIO a los demás y su VIDA entregada por medio del pan y del vino. Y esto lo hace en un clima de intimidad. Este texto de san Juan, junto con el de Corintios, se parece a los que nos gusta hacer a nosotros cuando tenemos que comunicar algo importante a nuestros seres queridos. Lo hacemos en un ambiente familiar, cercano, íntimo.

El mensaje de Jesús es doble:

1º. El servicio a los demás. Sin este mensaje no se puede entender el de entregar la vida. Jesús pregunta “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?” El ejemplo que os doy y que quiero guardéis es el del servicio mutuo. Sin el ejemplo del servicio, no entendéis nada de lo que os he dicho y de lo que he hecho estando con vosotros. El resumen lo tenemos en esta frase: “Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”.   A nosotros, hoy, Jesús nos dice “comprendéis lo que he hecho con vosotros?” Y Jesús nos hace esta pregunta en un ambiente íntimo, el ambiente de esta Eucaristía. El gesto de lavar los pies…comprendámoslo y asumámoslo como el gesto de servicio por excelencia.  Lavar los pies, en definitiva, es querer decirnos Jesús que su mensaje es un mensaje de amor por la persona que necesite de nosotros.

Y 2º la vida entregada por  medio del pan y el vino. El mejor gesto para conocer a Jesús y su mensaje es tomar un trozo de pan y decir: “esto mi cuerpo” y una copa de vino: “este el cáliz de mi sangre”. En este sencillo gesto está resumida la entrega de Jesús a nosotros. Nos entrega su vida significada en el pan y el vino. Comprender y aceptar que el pan entregado y la sangre derramada son el signo de la permanencia de Cristo entre nosotros es comprender y aceptar el mensaje de Jesús como servicio y como vida.

Hoy también nosotros podemos leer en presente: “Jesús sabiendo que había llegado su hora…NOS amó hasta el extremo.


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Lecturas misa 21 Abril 2011 – Jueves Santo

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Exodo 12, 1-8.11-14
    «Prescripciones sobre la cena pascual»En aquellos días, el Señor dijo a Moisés y a Aarón en Egipto:
    «Este mes será para ustedes el más importante de todos, será el primer mes del año. Digan a toda la asamblea de Israel:
    Que el día décimo de este mes prepare cada uno un cordero por familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comerlo entero, que invite a cenar en su casa a su vecino más próximo, según el número de personas y la porción de cordero que cada cual pueda comer.
    Será un animal sin defecto, macho, de un año; podrá ser cordero o cabrito. Lo guardarán hasta el día catorce de este mes, y toda la comunidad de Israel lo inmolará al atardecer. Luego rociarán con la sangre el marco de la puerta en las casas donde vayan a comerlo. Lo comerán esa noche asado al fuego, con panes sin levadura y hierbas amargas. Y lo comerán así: el cinturón puesto, los pies calzados, bastón en mano y a toda prisa, porque es la pascua del Señor.
    Esa noche pasaré yo por el país de Egipto y mataré a todos sus primogénitos, tanto de los hombres como de los animales. Así ejecutaré mi sentencia contra todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. La sangre servirá de señal en las casas donde estén; al ver yo la sangre, pasaré de largo y, cuando yo castigue a Egipto, la plaga exterminadora no los alcanzará cuando hiera yo a Egipto.
    Este día lo recordarán siempre y lo celebrarán como fiesta del Señor, institución perpetua para todas las generaciones».
  • Salmo Responsorial: 115
    «Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.»¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de la salvación, invocando su nombre.
    R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

    El Señor siente profundamente la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava; rompiste mis ataduras.
    R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

    Te ofreceré un sacrificio de acción de gracias invocando tu nombre; cumpliré mis promesas al Señor en presencia de todo el pueblo.
    R. Gracias, Señor, por tu sangre que nos lava.

  • Segunda Lectura: I Corintios 11, 23-26
    «Cada vez que comen de este pan y beben de este cáliz, proclaman la muerte del Señor»Hermanos: Por lo que a mí toca, del Señor recibí la tradición que les he transmitido, a saber, que Jesús, el Señor, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo:
    «Esto es mi cuerpo entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía».
    Igualmente, después de cenar, tomó el cáliz y dijo:
    «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; cuantas veces beban de él, háganlo en memoria mía».
    Así pues, siempre que coman de este pan y beban de este cáliz, anuncian la muerte del Señor hasta que él venga.
  • Evangelio: Juan 13, 1-15
    «Los amó hasta el extremo»Era la víspera de la fiesta de la pascua. Jesús sabía que le había llegado la hora de dejar este mundo para ir al Padre. Y él, que había amado a los suyos, que estaban en el mundo, llevó su amor hasta el final.
    Estaban cenando y ya el diablo había convencido a Judas Iscariote, hijo de Simón, para que entregara a Jesús. Entonces Jesús, sabiendo que el Padre le había entregado todo, y que de Dios había venido y a Dios regresaba, se levantó de la mesa, se quitó el manto, tomó una toalla y se la colocó en la cintura.
    Después echó agua en una palangana y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba a la cintura.
    Cuando llegó a Simón Pedro, éste se resistió:
    «Señor, ¿cómo vas a lavarme tú a mí los pies?»
    Jesús le contestó:
    «Lo que estoy haciendo, tú no lo puedes comprender ahora; lo comprenderás después».
    Pedro insistió:
    «Jamás permitiré que me laves los pies».
    Entonces Jesús le contestó:
    «Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo».
    Simón Pedro reaccionó diciendo:
    «Señor, no sólo los pies; lávame también las manos y la cabeza».
    Pero Jesús le dijo:
    «El que se ha bañado sólo necesita lavarse los pies, porque está completamente limpio; y ustedes están limpios, aunque no todos».
    Sabía muy bien Jesús quién lo iba a entregar; por eso dijo: “No todos están limpios”.
    Después de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a sentarse a la mesa y dijo:
    «¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque efectivamente lo soy. Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también ustedes deben hacer lo mismo unos con otros. Les he dado ejemplo, para que hagan lo mismo que yo he hecho con ustedes».


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Homilia Domingo de Ramos. 17 de Abril

Una de las preguntas del catecismo que muchos de nosotros hemos estudiado de pequeños, y que tal vez hoy se sigue preguntando es: ¿para qué vino Jesús a este mundo? La respuesta que aprendimos y que posiblemente no hemos olvidado es: “Jesús vino a este mundo para salvarnos”. La salvación de la que se nos hablaba era la salvación eterna. Poco o nada tenía que ver con este mundo esa salvación. Todo lo que se nos pedía que hiciéramos, rezar, sacrificios, limosnas…era con vistas a la salvación eterna.

Posiblemente ayudados por los acontecimientos sociales y religiosos que se vivieron a partir de la segunda mitad del siglo XX, la teología comenzó a reflexionar y a darse cuenta que la salvación que nos trajo Jesucristo no es solo la salvación eterna, sino que incluía la salvación aquí en este mundo, la liberación de hombre de toda esclavitud.

Esa esclavitud no es solo del pecado y de la muerte, que era fundamentalmente lo que se nos enseñaba entonces y que sigue siendo real,  sino que la salvación que Jesús predicaba a sus contemporáneos incluía también la liberación de toda esclavitud. Sus críticas fuertes contra toda opresión, civil o religiosa, le llevaron, en parte, a la muerte. Un libro de religión decía “la muerte de Jesús fue consecuencia de su vida”.

El texto de Isaías y el himno a los Filipenses que hemos proclamado nos ayudan a concretar esta salvación, esta liberación que Jesús propiciaba. El texto de Isaías nos habla de “decir palabras de aliento”, de “escuchar”, de soportar la violencia, que no tiene sentido. Todo esto lo vivió Jesús. Sus palabras  fueron de aliento para los pobres y sencillos. Las Bienaventuranzas son palabras de aliento y esperanza. Las parábolas que, a veces, resultaban molestas para los jefes civiles y religiosos, eran acogidas con sentimientos de alegría y admiración por los pobres y sencillos.

Su escuchar producía vida en las personas. Lo vemos en los milagros. Los milagros son la respuesta a la fe de las personas que acuden a Jesús para que les escuche. Y la violencia la vivió Jesús en su propio cuerpo en su pasión y muerte. Así lo dice el texto de Filipenses: “se sometió incluso a la muerte y una muerte de Cruz”. Esta violencia sobre Jesús es semejante a la violencia que hoy siguen sufriendo muchas personas. Personas que buscan una palabra de aliento en aquellos que seguimos a Jesús y que desean ser escuchadas para poder llevar una vida digna.

Pero los dos textos no se quedan en la sola violencia sino que terminan con palabras de esperanza. En el texto de Isaías, el siervo dice: “el Señor me ayuda” y en Filipenses leemos algo todavía más fuerte y que es la respuesta de Dios a Jesús: Dios le da un NOMBRE. Ese nombre es salvación. Ese nombre está por encima de todo otro nombre, porque es el nombre que, por excelencia, LIBERA. Ese nombre en JESUS.

Para todo cristiano decir Jesús tendría que significar LIBERACION, SALVACION de todo aquello que esclaviza: poder, dinero, drogas, opresores. Pero no solo significar sino ser motivo de trabajo para eliminar de este mundo todo aquello que oprime al hombre. Jesús pasó haciendo el bien, liberando a muchos de enfermedades y dolencias. A nosotros nos toca hoy seguir el ejemplo de Jesús. Cada uno vea cómo puede hacerlo en su vida diaria. No solo tenemos que acompañar a Jesús en su muerte sino sobre todo en su resurrección, en su nueva vida que Dios le concedió.


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Horarios Semana Santa

PARROQUIA SANTA MARIA DEL PILAR

 

SEMANA SANTA

 

Domingo 1712.15h Bendición y procesión con Ramos

 

Días 18 – 19 y 20: Horario de misas: 13.15 y 20.00h

                       (se suprime la misa de 8.00)

Jueves 21:      13.00h confesiones

                       19.00h Celebración de la cena del Señor

                       22.00h Hora santa

Viernes 22:    13.00h Celebración de la Pasión

                                  del Señor

                       19.00h Via Crucis

Sábado 23:    22.00h Celebración de la VIGILIA            

                                   PASCUAL

Domingo 24: PASCUA DE RESURRECCIÓN

Horario de misas:  11.30h – 12.30h – 13.30h – 20.00h

                      (se suprime la misa de 9.00h)


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Lecturas misa Domingo 17 de Abril 2010 – Domingo de Ramos

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 50, 4-7
    «No oculté el rostro a insultos, y sé que no quedaré avergonzado»En aquel entonces, dijo Isaías:
    «El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar al abatido con palabras de aliento. Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás.
    Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
    Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso endureció mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado».
  • Salmo Responsorial: 21
    «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» 

    Al verme se burlan de mí, hacen muecas, mueven la cabeza: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere».
    R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

    Me acorrala una jauría de perros, me rodea una banda de malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos.
    R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

    Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.
    R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

    Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré. Fieles del Señor, alábenlo; linaje de Jacob, glorifíquenlo; témanlo, linaje de Israel.
    R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado

  • Segunda Lectura: Filipenses 2, 6-11
    «Cristo se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó»Hermanos: Cristo, siendo Dios, no consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así, hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte, y una muerte de cruz.
    Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
  • Evangelio: Mateo 26, 14-75; 27, 1-54
    «Pasión de nuestro Señor Jesucristo» 

    A. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos sacerdotes y les dijo:
    B. «¿Cuánto me dan si les entregó a Jesús?»
    A. Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
    El primer día de la fiesta de los panes Ázimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:
    B. «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
    A. El respondió:
    †. «Vayan a la ciudad, a casa de fulano y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa” ».
    A. Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la cena de Pascua.
    Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce, y mientras cenaban, les dijo:
    †. «Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme».
    A. Ellos se pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno:
    B. «¿Acaso soy yo, Señor?»
    A. El respondió:
    †. «El que moja su pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera a ese hombre no haber nacido».
    A. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
    B. «¿Acaso soy yo, Maestro?»
    A. Jesús le respondió:
    †. «Tú lo has dicho».
    A. Durante la cena, Jesús tomó un pan, y pronunciada la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
    †. «Tomen y coman. Este es mi Cuerpo».
    A. Luego tomó en sus manos una copa de vino, y pronunciada la acción de gracias, la pasó a sus discípulos, diciendo:
    †. «Beban todos de ella, porque ésta es mi Sangre, Sangre de la nueva alianza, que será derramada por todos, para el perdón de los pecados. Les digo que ya no beberé más del fruto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el Reino de mi Padre».
    A. Después de haber cantado el himno, salieron hacia el monte de los Olivos. Entonces Jesús les dijo:
    †. «Todos ustedes se van a escandalizar de mí esta noche, porque está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea».
    A. Entonces Pedro le replicó:
    B. «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré».
    A. Jesús le dijo:
    †. «Yo te aseguro que esta misma noche, antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces».
    A. Pedro le replicó:
    B. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
    A. Y lo mismo dijeron todos los discípulos.
    Entonces Jesús fue con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a los discípulos:
    †. «Quédense aquí mientras yo voy a orar más allá».
    A. Se llevó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Entonces les dijo:
    †. «Mi alma está llena de una tristeza mortal. Quédense aquí y velen conmigo».
    A. Avanzó unos pasos más, se postró rostro en tierra y comenzó a orar, diciendo:

    †. «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz; pero que no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
    A. Volvió entonces a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
    †. «¿No han podido velar conmigo ni una hora? Velen y oren, para no caer en la tentación, porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
    A. Y alejándose de nuevo, se puso a orar, diciendo:
    †. «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
    A. Después volvió y encontró a sus discípulos otra vez dormidos, porque tenían los ojos cargados de sueño. Los dejó y se fue a orar de nuevo, por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. Después de esto, volvió a donde estaban los discípulos y les dijo:
    †. «Duerman ya y descansen. He aquí que llega la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levántense! ¡Vamos! Ya está aquí el que me va a entregar».
    A. Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó Judas, uno de los Doce, seguido de una chusma numerosa con espadas y palos, enviada por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El que lo iba a entregar les había dado esta señal:
    B. «Aquel a quien yo le dé un beso, ése es. Aprehéndanlo».
    A. Al instante se acercó a Jesús y le dijo:
    B. «¡Buenas noches, Maestro!»
    A. Y lo besó. Jesús le dijo:
    †. «Amigo, ¿es esto a lo que has venido?»
    A. Entonces se acercaron a Jesús, le echaron mano y lo apresaron.
    Uno de los que estaban con Jesús, sacó la espada, hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó una oreja. Le dijo entonces Jesús:
    †. «Vuelve la espada a su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo se lo pidiera a mi Padre, él pondría ahora mismo a mi disposición más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían entonces las Escrituras, que dicen que así debe suceder?»
    A. Enseguida dijo Jesús a aquella chusma:
    †. «¿Han salido ustedes a apresarme como a un bandido, con espadas y palos? Todos los días yo enseñaba, sentado en el templo, y no me aprehendieron. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las predicciones de los profetas».
    A. Entonces todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.
    Los que aprehendieron a Jesús lo llevaron a la casa del sumo sacerdote Caifás, donde los escribas y los ancianos estaban reunidos. Pedro los fue siguiendo de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote. Entró y se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.
    Los sumos sacerdotes y todo el sanedrín andaban buscando un falso testimonio contra Jesús, con ánimo de darle muerte; pero no lo encontraron, aunque se presentaron muchos testigos falsos. Al fin llegaron dos, que dijeron:
    B. «Este dijo: “Puedo derribar el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
    A. Entonces el sumo sacerdote se levantó y le dijo:
    B. «¿No respondes nada a lo que éstos atestiguan en contra tuya?»
    A. Como Jesús callaba, el sumo sacerdote le dijo:
    B. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
    A. Jesús le respondió:
    †. «Tú lo has dicho. Además, yo les declaro que pronto verán al Hijo del hombre, sentado a la derecha de Dios, venir sobre las nubes del cielo».
    A. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras y exclamó:
    B. «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Ustedes mismos han oído la blasfemia. ¿Qué les parece?»
    A. Ellos respondieron:
    B. «Es reo de muerte».
    A. Luego comenzaron a escupirle en la cara y a darle de bofetadas. Otros lo golpeaban, diciendo:
    B. «Adivina quién es el que te ha pegado».
    A. Entretanto, Pedro estaba fuera, sentado en el patio. Una criada se le acercó y le dijo:
    B. «Tú también estabas con Jesús, el galileo».
    A. Pero él lo negó ante todos, diciendo:
    B. «No sé de qué me estás hablando».
    A. Ya se iba hacia el zaguán, cuando lo vio otra criada y dijo a los que estaban allí:
    B. «También ése andaba con Jesús, el nazareno».
    A. El de nuevo lo negó con juramento:
    B. «No conozco a ese hombre».
    A. Poco después se acercaron a Pedro los que estaban allí y le dijeron:
    B. «No cabe duda de que tú también eres de ellos, pues hasta tu modo de hablar te delata».
    A. Entonces él comenzó a echar maldiciones y a jurar que no conocía a aquel hombre. Y en aquel momento cantó el gallo. Entonces se acordó Pedro de que Jesús había dicho: “Antes de que cante el gallo, me habrás negado tres veces”. Y saliendo de allí se soltó a llorar amargamente.
    Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Después de atarlo, lo llevaron ante el procurador, Poncio Pilato, y se lo entregaron.
    Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo:
    B. «Pequé, entregando la sangre de un inocente».
    A. Ellos dijeron:
    B. «¿Y a nosotros qué nos importa? Allá tú».
    A. Entonces Judas arrojó las monedas de plata en el templo, se fue y se ahorcó.
    Los sumos sacerdotes tomaron las monedas de plata y dijeron:
    B. «No es lícito juntarlas con el dinero de las limosnas, porque son precio de sangre».
    A. Después de deliberar, compraron con ellas el Campo del alfarero, para sepultar allí a los extranjeros. Por eso aquel campo se llama hasta el día de hoy «Campo de sangre”. Así se cumplió lo que dijo el profeta Jeremías: “Tomaron las treinta monedas de plata en que fue tasado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel, y las dieron por el Campo del alfarero, según lo que me ordenó el Señor”.
    Jesús compareció ante el procurador, Poncio Pilato, quien le preguntó:
    B. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
    A. Jesús respondió:
    †. «Tú lo has dicho».
    A. Pero nada respondió a las acusaciones que le hacían los sumos sacerdotes y los ancianos. Entonces le dijo Pilato:
    B. «¿No oyes todo lo que dicen contra ti?»
    A. Pero él nada respondió, hasta el punto de que el procurador se quedó muy extrañado. Con ocasión de la fiesta de la Pascua, el procurador solía conceder a la multitud la libertad del preso que quisieran. Tenían entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Dijo, pues, Pilato a los allí reunidos:
    B. «¿A quién quieren que les deje en libertad: a Barrabás o a Jesús, que se dice el Mesías?»
    A. Pilato sabía que se lo habían entregado por envidia.
    Estando él sentado en el tribunal, su mujer mandó decirle:
    B. «No te metas con ese hombre justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa».
    A. Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la muchedumbre de que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Así, cuando el procurador les preguntó:
    B. «¿A cuál de los dos quieren que les suelte?».
    A. Ellos respondieron:
    B. «A Barrabás».
    A. Pilato les dijo:
    B. «¿Y qué voy a hacer con Jesús, que se dice el Mesías?»
    A. Respondieron todos:
    B. «Crucifícalo».
    A. Pilato preguntó:
    B. «Pero, ¿qué mal ha hecho?»
    A. Mas ellos seguían gritando cada vez con más fuerza:
    B. «¡Crucifícalo!»
    A. Entonces Pilato, viendo que nada conseguía y que crecía el tumulto, pidió agua y se lavó las manos ante el pueblo, diciendo:
    B. «Yo no me hago responsable de la muerte de este hombre justo. Allá ustedes».
    A. Todo el pueblo respondió:
    B. «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
    A. Entonces Pilato puso en libertad a Barrabás. En cambio a Jesús lo hizo azotar y lo entregó para que lo crucificaran.
    Los soldados del procurador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a todo el batallón. Lo desnudaron, le echaron encima un manto de púrpura, trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza; le pusieron una caña en su mano derecha, y arrodillándose ante él, se burlaban diciendo:
    B. «¡Viva el rey de los judíos!»
    A. Y le escupían. Luego, quitándole la caña, lo golpeaban con ella en la cabeza. Después de que se burlaron de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y lo llevaron a crucificar. Juntamente con él crucificaron a dos ladrones.
    Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Al llegar a un lugar llamado Gólgota, es decir, “Lugar de la Calavera”, le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no lo quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos, echando suertes, y se quedaron sentados allí para custodiarlo. Sobre su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Juntamente con él, crucificaron a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
    Los que pasaban por allí lo insultaban moviendo la cabeza y gritándole:
    B. «Tú, que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz».
    A. También se burlaban de él los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, diciendo:
    B. «Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo. Si es el rey de Israel, que baje de la cruz y creeremos en él. Ha puesto su confianza en Dios, que Dios lo salve ahora, si es que de verdad lo ama, pues él ha dicho: “Soy el Hijo de Dios”».
    A. Hasta los ladrones que estaban crucificados a su lado lo injuriaban.
    Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, se oscureció toda aquella tierra. Y alrededor de las tres, Jesús exclamó con fuerte voz:
    †«Elí, Elí, ¿ lemá sabactaní?»
    A. Que quiere decir:
    †. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
    A. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
    B. «Está llamando a Elías».
    A. Enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y sujetándola a una caña, le ofreció de beber. Pero los otros le dijeron:
    B.«Déjalo. Vamos a ver si viene Elías a salvarlo».
    A. Entonces Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, expiró.

    A. Entonces el velo del templo se rasgó en dos partes, de arriba a abajo, la tierra tembló y las rocas se partieron. Se abrieron los sepulcros y resucitaron muchos justos que habían muerto, y después de la resurrección de Jesús, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. Por su parte, el oficial y los que estaban con él custodiando a Jesús, al ver el terremoto y las cosas que ocurrían, se llenaron de un gran temor y dijeron:
    B. «Verdaderamente éste era Hijo de Dios».
    A. Estaban también allí, mirando desde lejos, muchas de las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo. Entre ellas estaban María Magdalena, María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
    Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús, y Pilato dio orden de que se lo entregaran. José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, que había hecho excavar en la roca para sí mismo. Hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se retiró. Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
    Al otro día, el siguiente de la preparación de la Pascua, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron:
    B. «Señor, nos hemos acordado de que ese impostor, estando aún en vida, dijo: “A los tres días resucitaré”. Manda, pues, asegurar el sepulcro hasta el tercer día; no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: “Resucitó de entre los muertos”, porque esta última impostura sería peor que la primera».
    A. Pilato les dijo:
    B. «Tomen un pelotón de soldados, vayan y aseguren el sepulcro como ustedes quieran».
    A. Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, poniendo un sello sobre la puerta y dejaron allí la guardia.


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Homilia domingo 10 de abril. 5º domingo Cuaresma

Hace un par de días paseando por el parque del Retito oí que un señor le decía a otro: “oye, con un poco de agua y mucha luz…¡mira cómo se han puesto los árboles! Y el otro le contestó: “donde hay agua y luz… hay vida”. Este comentario me gustó y me hizo pensar en los evangelios de estos domingos pasados.

El tercer domingo leíamos el pasaje de Jesús con la samaritana. El centro del pasaje es Jesús,  agua viva. El domingo pasado, cuarto de Cuaresma, leíamos el texto del ciego de nacimiento. El ciego se encuentra con Cristo, recobra la vista y confiesa su fe en Jesús luz verdadera que alumbra a todo hombre.

Hoy, domingo quinto, leemos la resurrección de Lázaro. Jesús se define diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida”. Siguiendo la lógica de los dos señores, podemos decir que si donde hay agua y luz…hay vida, Jesús que es el agua viva y es la luz verdadera, allí donde está El…hay vida. Jesús que es la vida, se la transmite a Lázaro.

Me voy a fijar en tres aspectos del evangelio. El primero es que la enfermedad de Lázaro “servirá para la gloria de Dios”. En el evangelio de Juan, Jesús está siempre volcado en su relación con el Padre y en hacer que esa relación sea conocida por todos.

Esta relación íntima de Jesús con el Padre es el centro de su vida y su actividad. De ahí que lo que realmente preocupe a Jesús, no es tanto lo que El hace cuanto que lo que El hace lleve a los hombres a reconocer a Dios y su amor por los hombres.

La gloria de Dios es la vida del hombre y la vida en plenitud. Lázaro había gozado de la vida, pero es Jesús, quien le da la vida verdadera, resucitándole. Y esa nueva vida es fruto del amor. “Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro” nos dice el evangelista, y  más abajo pone en boca de los judíos: “¡Cómo le quería!”. Ese amor es el amor de Dios que nos da la vida y que nos la ha transmitido por medio de su Hijo querido.

En segundo lugar está la fe. Parte del texto es un diálogo sobre la fe en la vida nueva que nos da Jesús. Marta, más que confesar su fe en la vida, confiesa la fe en quien verdaderamente nos da la vida y es la vida para nosotros. “Creo que tú eres el Hijo de Dios”. La fe pasa desapercibida para los judíos, que tan solo caen en la cuenta del cariño de Jesús por Lázaro. Les falta dar el paso a la fe. Hay personas que se quedan en lo superficial y no dan el paso de la fe. Marta lo dio y es un ejemplo para nosotros. Su fe en Jesús la lleva a confiar en El, en lo que Jesús nos ha traído, que es la vida, y en lo que Jesús hará por su hermano: darle una nueva vida.

El tercer paso es que la verdadera vida que Jesús nos da de parte de Dios es libertad.“Desatadlo y dejadlo andar”, del final del texto es la mejor manera de decirnos Jesús a cada uno de nosotros que la vida es libertad. Nada ni nadie tiene que detenernos porque la vida que Dios nos ha dado es un don que hay que agradecerle a El y que la mejor manera de agradecérselo es vivirla y vivirla en libertad. Jesús al resucitar a Lázaro, al darle nueva vida, le libera definitivamente de todo lo que le ata. Ya ni siquiera la muerte puede atarnos, como tampoco le ató a El cuando resucitó. “Dejadlo andar” es la manera de decirnos:  nada te impide vivir y vivir como Dios te ha creado, libre.

Jesús es el agua que sacia nuestra sed, es la luz que alumbra y es la vida que nos desata y nos deja andar en libertad como El lo hizo.