Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Lecturas misa Sábado Santo 23 de Abril 2011

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Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Génesis 1, 1-31; 2, 1-2
    “Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno”En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos; y las tinieblas cubrían la faz del abismo. El espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.
    Dijo Dios:
    «Que exista la luz».
    Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.
    Dijo Dios:
    «Que haya una bóveda entre las aguas, que separe unas aguas de otras».
    E hizo Dios una bóveda y separó con ellas las aguas de arriba, de las aguas de abajo. Y así fue. Llamó Dios a la bóveda “cielo”. Fue la tarde y la mañana del segundo día.
    Dijo Dios:
    «Que se junten las aguas de debajo del cielo en un solo lugar y que aparezca el suelo seco».
    Y así fue. Llamó Dios “tierra” al suelo seco y “mar” a la masa de las aguas. Y vio Dios que era bueno.
    Dijo Dios:
    «Verdee la tierra con plantas que den semilla y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra».
    Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.
    Dijo Dios:
    «Que haya lumbreras en la bóveda del cielo, que separen el día de la noche, señalen las estaciones, los días y los años, y luzcan en la bóveda del cielo para iluminar la tierra».
    Y así fue. Hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para regir el día y la menor, para regir la noche; y también hizo las estrellas. Dios puso las lumbreras en la bóveda del cielo para iluminar la tierra, para regir el día y la noche, y separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del cuarto día.
    Dijo Dios:
    «Agítense las aguas con un hervidero de seres vivientes y revoloteen sobre la tierra las aves, bajo la bóveda del cielo».
    Creó Dios los grandes animales marinos y los vivientes que en el agua se deslizan y la pueblan, según su especie. Creo también el mundo de las aves, según sus especies. Vio Dios que era bueno y los bendijo, diciendo:
    «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra».
    Fue la tarde y la mañana del quinto día.
    Dijo Dios:
    «Produzca la tierra vivientes, según sus especies».
    Y así fue. Hizo Dios las fieras, los animales domésticos y los reptiles, cada uno según su especie. Y vio Dios que era bueno.
    Dijo Dios:
    «Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine a los peces del mar, a las aves del cielo, a los animales domésticos y a todo animal que se arrastra sobre la tierra».
    Y creó Dios al hombre a su imagen: a imagen suya lo creó; hombre y mujer los creó.
    Y los bendijo Dios y les dijo:
    «Sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos ser viviente que se mueve sobre la tierra».
    Y dijo Dios:
    «He aquí que les entrego todas las plantas de semilla que hay sobre la faz de la tierra, y todos los árboles que producen frutos y semilla, para que les sirvan de alimento. Y a todas las fieras de la tierra, a todos las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todos los seres que respiran, también les doy por alimento las verdes plantas».
    Y así fue. Vio Dios todo lo que había hecho y lo encontró muy bueno. Fue la tarde y la mañana del sexto día.
    Así quedaron concluidos el cielo y la tierra con todos sus ornamentos, y terminada su obra, descansó Dios el séptimo día de todo cuanto había hecho.
  • Salmo Responsorial: 103
    “Bendice al Señor, alma mía.”Bendice al Señor, alma mía; Señor y Dios mío, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    Sobre bases inconmovibles asentaste la tierra para siempre. Con un vestido de mares la cubriste y las aguas en las montañas concentraste.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    En los valles haces brotar las fuentes, que van corriendo entre montañas; junto a ellas vienen a vivir las aves, y entre las ramas cantan.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    Desde tu cielo riegas los montes y sacias la tierra del fruto de tus manos; haces brotar hierba para los ganados y pasto para los que sirven al hombre.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

    ¡Qué numerosas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con maestría!; la tierra está llena de tus criaturas. Bendice al Señor, alma mía.
    R. Bendice al Señor, alma mía.

  • Segunda Lectura: Génesis 22, 1-2.9a.-13.15-18
    “El sacrificio de nuestro patriarca Abrahán”En aquel tiempo, Dios le puso una prueba a Abraham y le dijo:
    «¡Abraham, Abraham!»
    El respondió:
    «Aquí estoy».
    Y Dios le dijo:
    «Toma a tu hijo único, Isaac, a quien tanto amas; vete a la región de Moria y ofrécemelo en sacrificio, en el monte que yo te indicaré».
    Abraham madrugó, aparejó su burro, tomó consigo a dos de sus criados y a su hijo Isaac; cortó leña para el sacrificio y se encaminó al lugar que Dios le había indicado. Al tercer día divisó a lo lejos el lugar. Les dijo entonces a sus criados:
    «Quédense aquí con el burro; yo iré con el muchacho hasta allá, para adorar a Dios y después regresaremos».
    Abraham tomó la leña para el sacrificio, se la cargó a su hijo Isaac y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Los dos caminaban juntos. Isaac dijo a su padre Abraham:
    «¡Padre!»
    El respondió:
    «¿Qué quieres, hijo?»
    El muchacho contestó:
    «Ya tenemos fuego y leña, ¿pero dónde está el cordero para el sacrificio?»
    Abraham le contestó:
    «Dios nos dará el cordero para el sacrificio, hijo mío».
    Y siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al sitio que Dios le había señalado, Abraham levantó un altar y acomodó la leña. Luego ató a su hijo Isaac, lo puso sobre el altar, encima de la leña, y tomó el cuchillo para degollarlo. Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y le dijo:
    «¡Abraham, Abraham!»
    El contestó:
    «Aquí estoy».
    El ángel le dijo:
    «No descargues la mano contra tu hijo, ni le hagas daño. Ya veo que temes a Dios, porque no le has negado a tu hijo único».
    Abraham levantó los ojos y vio un carnero, enredado por los cuernos en la maleza. Atrapó el carnero y lo ofreció en sacrificio, en lugar de su hijo. Abraham puso por nombre a aquel sitio “el Señor provee”, por lo que aun el día de hoy se dice: “el monte donde el Señor provee”. El ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo y le dijo:
    «Juro por mí mismo, dice el Señor, que por haber hecho esto y no haberme negado a tu hijo único, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y las arenas del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades enemigas. En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra, porque obedeciste a mis palabras».
  • Evangelio: Mateo 28, 1-10
    “Ha resucitado e irá delante de ustedes a Galilea”Transcurrido el sábado, al amanecer del primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro. De pronto se produjo un gran temblor, porque el ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima de ella. Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve. Los guardias, atemorizados ante él, se pusieron a temblar y se quedaron como muertos. El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo:
    «No teman. Ya sé que buscan a Jesús, el crucificado. No está aquí; ha resucitado, como lo había dicho. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto. Y ahora, vayan de prisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ustedes a Galilea; allá lo verán”. Eso es todo».
    Ellas se alejaron a toda prisa del sepulcro y, llenas de temor y de gran alegría, corrieron a dar la noticia a los discípulos. Pero de repente Jesús les salió al encuentro y las saludó. Ellas se le acercaron, le abrazaron los pies y lo adoraron. Entonces les dijo Jesús:
    «No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allá me verán».

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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