Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Lecturas del Domingo III del Tiempo Ordinario

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PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro de Nehemías: leyeron el libro de la ley, explicando su sentido.

En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en la plaza que está delante de la Puerta del Agua, desde la mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo escuchaba con atención la lectura del libro de la ley. El escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión. Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas. «Amén, amén». Luego se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra. Los levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de modo que entendieran la lectura. Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea: «Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis» (y es que todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley) Nehemías les dijo: «Id, comed buenos manjares y bebed buen vino, e invitad a los que no tienen nada preparado, pues este día está consagrado al Señor. ¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza».

SALMO RESPONSORIAL

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

El temor del Señor es puro y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

Que te agraden las palabras de mi boca, y llegue a tu presencia

el meditar de mi corazón, Señor, Roca mía, Redentor mío.

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida. 

SEGUNDA LECTURA 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios: Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos. Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Aleluya, aleluya, aleluya

El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres,

a proclamar a los cautivos la libertad.

Aleluya, aleluya, aleluya 

EVANGELIO 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas: hoy se ha cumplido esta Escritura.

Ilustre Teófilo: puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido. En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor». Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que le ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en Él. Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

g. josé chaminade-1

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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