Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía domingo 27 de junio 2010

HOMILIA  13º domingo t.o.

En las lecturas de hoy aparecen dos temas que están relacionados: la libertad y seguir a Jesús. San Pablo nos habla de la libertad como algo conseguido gracias a Cristo. Y ese don, ese regalo que recibimos podemos usarlo, entre otras cosas, para seguir a Cristo.

Imagino que estaréis de acuerdo que sobre la libertad se dice mucho, se escribe mucho, incluso hay personas que se autoproclaman libres, porque, dicen, hacen lo que les da la gana. Es más pregonan que ser libre es hacer en cada momento lo que uno quiere. Yo voy a señalar tres notas sobre la libertad para referirlas al seguimiento de Cristo, que es el tema del evangelio.

La primera nota es, la libertad es un compromiso. Es curioso y resulta contradictorio que hoy cuanto más le cuesta a la gente comprometerse es cuando más se habla de libertad. Lo vemos en la vida diaria. Para algunas personas la libertad está en el no compromiso. Comprometerse libremente con alguien o con algo es señal de madurez. Vivir el compromiso de la fe libremente, vivir el seguimiento de Jesús con libertad hace que nuestras decisiones nos ayuden a madurar como personas y a trabajar por el bien de los demás.

La segunda nota es: la libertad es siempre una responsabilidad. Hoy en día huimos de las responsabilidades. Hay personas a quienes asusta tener una responsabilidad. Piensan que ser responsables coarta su libertad. En el evangelio Jesús apela a la responsabilidad de anunciar el Evangelio teniendo para ello que dejar a un lado cosas que son también importantes. La libertad lleva consigo la responsabilidad de elegir en la vida.

Y la tercera nota es: la libertad nos empuja a vivir la verdad. Cuando san Pablo dice: “para vivir en libertad, Cristo no has liberado”, está diciéndonos que en Cristo es donde encontramos la libertad. “Vuestra vocación es la libertad” continúa diciendo san Pablo. Yo creo que más claro no se puede decir. Intentar seguir a Cristo lo más libremente que podamos tiene que llevarnos a la verdad plena, y la verdad plena es el amor.

Cada día me asustan más la cantidad de normas que se nos imponen desde todos los ámbitos. En lugar de educar para la libertad, en lugar de invitar a seguir a Jesús, ponemos normas y normas que pueden llegar a impedirnos vivir esa libertad que san Pablo proclama. Habría que apelar más al compromiso personal y social y a la responsabilidad personal y social para llegar a ser verdaderamente libres.

Jesús nos invita a cada uno de nosotros a seguirle. Veamos este seguimiento como una llamada para el compromiso, para la responsabilidad y para vivir en la verdad. Así intentaremos parecernos a él, el verdadero hombre libre entregado a realizar la voluntad del Padre.  


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Lecturas de la misa – Domingo 27 de Junio 2010

Lecturas de la liturgia – 13º domingo de tiempo ordinario 27 de Junio de 2010

  • Primera Lectura: I Reyes 19, 16b. 19-21
    «Eliseo se levantó y marchó tras Elías»En aquellos días, el Señor dijo a Elías: «Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén.» Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto. Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: «Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.» Elías le dijo: «Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?» Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.
  • Salmo Responsorial: 15
    «Tú, Señor, eres el lote de mi heredad»Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.» El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano. R. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. R. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. R.
  • Segunda Lectura: Gálatas 5, 1. 13-18
    «Vuestra vocación es la libertad»Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado. Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud. Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: «Amarás al prójimo como a ti mismo.» Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente. Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais. En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.
  • Evangelio: Lucas 9, 51-62
    «Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas»

    Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante. De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?» Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adonde vayas.» Jesús le respondió: «Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.» A otro le dijo: «Sígueme.» Él respondió: «Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.» Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.» Jesús le contestó: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.»


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Homilía domingo 20 de junio 2010

HOMILIA  domingo 12º t.o. ciclo C.

Vivimos en una sociedad que da mucha importancia a las encuestas. A veces sufrimos encuestas para todo. Y esas encuestas crean estados de opinión. De vez en cuando salen datos sobre la confianza en tal o cual persona, institución, ideología. Y una constante que salta a la vista es la crisis de confianza. Las personas confiamos poco en tal o cual institución y en tal o cual persona.  Así establecemos diferencias y distinciones según nuestros gustos, nuestras opiniones e ideas y tal como van las cosas, somos muy críticos y bastante negativos.  

En el evangelio Jesús hace también una encuesta a los discípulos sobre su persona. Jesús fue una persona signo de contradicción. Su mensaje no era igualmente aceptado por todos. Las autoridades lo temían, querían quitarlo de en medio. Sus familiares pensaban que estaba loco. La gente establecía diferencias entre Jesús y los demás rabinos. Y Jesús, pregunta primero a los discípulos: “¿quién dice la gente que soy yo?”, para luego hacerles la misma pregunta a ellos: “y, vosotros, ¿qué decís que soy yo?”.

Podemos pensar que los discípulos no lo tenían muy claro, porque en el libro de los Hechos de los Apóstoles le preguntan: “¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?”. Pensaban y esperaban que Jesús iba a ser rey al estilo nuestro. Pedro responde de otra manera, aunque luego le traiciona, le confiesa como “el  Mesías de Dios”.

Ante esta confesión, ante el resultado de esta encuesta, Jesús apela a la confianza en El sobre todo por los momentos duros que vivirá después: padecerá, será desechado, será ejecutado y resucitará. Ante este panorama y haciendo un poco de ficción cabría preguntarse: ¿la respuesta de Pedro habría sido la misma si Jesús hubiera dicho estas palabras antes de confesarle Pedro como Mesías? Pero eso es ficción y la realidad es que los discípulos dieron su vida por Jesús. Esa es la respuesta verdadera a la encuesta sobre Jesús.

¿Cuál es nuestra respuesta, cuál es mi respuesta a la pregunta de Jesús: ¿quién soy yo para ti? Seguro que tenemos muchas respuestas, pero tal vez, sean respuestas de palabra, respuestas sin compromiso. Pedro le confiesa “Mesías, y aunque le traiciona, da su vida por El. La confianza de Pedro y de los discípulos en Jesús no es de palabra sino con la vida.

Cuando respondemos a una encuesta, ¿lo hacemos desde el convencimiento o desde… bueno, respondo para salir del paso y que me dejen en paz?  Cuando leemos, escuchamos la palabra de Dios…¿lo hacemos por rutina o desde el convencimiento de que Jesús me invita a seguirle, a cargar con mi cruz, a negarme a mí mismo? 

Estar bautizado, estar revestido de Cristo, como dice san Pablo a los Gálatas, es seguir a Cristo en la vida, y seguir a Cristo en la vida es dar la vida por El y los hermanos. Así cuando nos pregunten, cuando me pregunten quién es Jesús para mí, responderemos, responderé que Jesús además de Hijo de Dios, es alguien a quien sigo de corazón y que da sentido a mi vida. 


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Lecturas de la misa – Domingo 20 de junio 2010

Lecturas de la liturgia – 12º domingo de tiempo ordinario 20 de Junio de 2010

  • Primera Lectura: Zacarías 12, 10-11; 13, 1
    «Mirarán al que atravesaron»Así dice el Señor: «Derramaré sobre la dinastía de David y sobre los habitantes de Jerusalén un espíritu de gracia y de clemencia. Me mirarán a mí, a quien traspasaron, harán llanto como llanto por el hijo Único, y llorarán como se llora al primogénito. Aquel día, será grande el luto en Jerusalén, como el luto de Hadad-Rimón en el valle de Meguido.» Aquel día, se alumbrará un manantial, a la dinastía de David y a los habitantes de Jerusalén, contra pecados e impurezas.
  • Salmo Responsorial: 62
    «Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío»Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R. ¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R. Porque fuiste mi auxilio, y a la sombra de tus alas canto con júbilo; mi alma está unida a ti, y tu diestra me sostiene. R.
  • Segunda Lectura: Gálatas 3, 26-29
    «Los que habéis sido bautizados os habéis revestido de Cristo»Hermanos: Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo. Ya no hay distinción entre judíos y gentiles, esclavos y libres, hombres y mujeres, porque todos sois uno en Cristo Jesús. Y, si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.
  • Evangelio: Lucas 9, 18-24
    «Tú eres el Mesías de Dios. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho»

    Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?» Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.» Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.» Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» Y, dirigiéndose a todos, dijo: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará.»


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Homilía domingo 13 de junio 2010

HOMILIA domingo 11º tiempo ordinario. Ciclo C

El perdón, fruto del amor. Creo que es la frase que mejor puede resumir las lecturas de hoy. La repito, el perdón, fruto del amor.

En la primera lectura Dios perdona a David por el amor que le tiene. David ha cometido un gran pecado: matar a espada a Urías y quedarse con su mujer. David reconoce su pecado y Dios le perdona. Pero le perdona por el amor que le tiene. Fruto de ese amor que profesa a David, le ha dado cantidad de cosas, como nos dice la lectura, y aún le dará más: una descendencia de la que nacerá el Mesías.

En la segunda lectura se nos dice que nuestra justificación, es decir nuestro ser justos ante Dios no es gracias a la ley, sino a la fe en Jesús. El perdón de Dios hacia nosotros no es fruto de la ley, el perdón de Dios es fruto del amor. Si el perdón dependiera de la ley sería horrible, pues estaríamos bajo el poder de la ley, y la ley, depende de quien la interprete, puede ser dura e implacable, más aún cuando se interpreta al pie de la letra. Jesús dice en el evangelio: “el sábado se ha hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. Para Dios el hombre está y estará siempre por encima de la ley, sobre todo de toda ley que oprima a la persona.

Y en el evangelio vemos con mayor claridad que el perdón es fruto del amor. “Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”. Esta frase puede extrañar hoy a muchas personas al igual que a los hombres del tiempo de Jesús. La manera de actuar de Dios con respecto al perdón, entre otras cosas, no es nuestra manera de actuar. Dios perdona siempre y nos dice que hay que perdonar hasta setenta veces siete. No creo que sea bueno adoptar una actitud moralista ante esta frase de Jesús. Quien lo haga demuestra no entender el obrar de Dios y de Jesús, que va más en la línea de salvar y perdonar que de condenar, de amar por encima de todo.  

Vayamos al terreno humano y seamos realistas: nos cuesta perdonar porque no amamos. Y si no, pensemos en alguien concreto a quien no hemos perdonado, sobre todo si es  una persona cercana a nosotros…¿por qué? porque no le amamos.  No perdonamos porque emitimos un juicio fruto del odio, del rencor, de la ira, o incluso del dolor y lo peor de todo es que nos creemos con todo el derecho a juzgar y más aún a condenar. Estamos lejos de aceptar que el perdón es fruto del amor.   

Hoy en las lecturas tenemos tres ejemplos que nos pueden ayudar a ejercer el perdón hacia los demás fruto del amor que les podamos tener. Para ejercer el perdón hay que ser misericordiosos, es decir, tener un corazón semejante al de Dios, que es lo mismo que decir,  un corazón lleno de amor por sus criaturas. Para ejercer el perdón hay que

poner a la persona por encima de la ley. Sólo así podremos comprender que el perdón es fruto no de la ley sino del amor. Para ejercer el perdón tendremos que aceptar que no somos jueces, sino que el juicio se lo dejemos a Dios que, por encima de todo, perdona.

Termino recordando las palabras de Jesús: “sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor”.


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Lecturas de la misa – Domingo 13 de Junio 2010

Lecturas de la liturgia – 11º domingo de tiempo ordinario 13 de Junio de 2010

  • Primera Lectura: II Samuel 12, 7-10. 13
    «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás»En aquellos días, Natán dijo a David: «Así dice el Señor, Dios de Israel: «Yo te ungí rey de Israel, te libré de las manos de Saúl, te entregué la casa de tu señor, puse sus mujeres en tus brazos, te entregué la casa de Israel y la de Judá, y, por si fuera poco, pienso darte otro tanto. ¿Por qué has despreciado tú la palabra del Señor, haciendo lo que a él le parece mal? Mataste a espada a Urías, el hitita, y te quedaste con su mujer. Pues bien, la espada no se apartará nunca de tu casa; por haberme despreciado, quedándote con la mujer de Urías.»» David respondió a Natán: «¡He pecado contra el Señor!» Natán le dijo: «El Señor ha perdonado ya tu pecado, no morirás.»
  • Salmo Responsorial: 31
    «Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado»Dichoso el que está absuelto de su culpa, a quien le han sepultado su pecado; dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito. R. Había pecado, lo reconocí, no te encubrí mi delito; propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R. Tú eres mi refugio, me libras del peligro, me rodeas de cantos de liberación. R. Alegraos, justos, y gozad con el Señor; aclamadlo, los de corazón sincero. R.
  • Segunda Lectura: Gálatas 2, 16. 19-21
    «Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí»Hermanos: Sabemos que el hombre no se justifica por cumplir la Ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso, hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la Ley. Porque el hombre no se justifica por cumplir la Ley. Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Yo no anulo la gracia de Dios. Pero, si la justificación fuera efecto de la Ley, la muerte de Cristo sería inútil.
  • Evangelio: Lucas 7, 36-8, 3
    «Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor»

    En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.» Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.» Él respondió: «Dímelo, maestro.» Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?» Simón contesto: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.» Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.» Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.» Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.» Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?» Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.» Después de esto iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.


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Homilía domingo 6 de Junio 2010 – Corpus Christi

Cada domingo nos reunimos para celebrar la Eucaristía también llamada la Cena del Señor. En ella hacemos memorial de su entrega por nosotros y pronunciamos la acción de gracias que Jesús pronunció, es decir tomamos el pan y decimos: “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros” y tomamos la copa y decimos: “este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre…haced esto en memoria mía”.

Un autor decía que Jesús fue el hombre para los demás. No solo por lo que dijo e hizo, sino sobre todo porque se entregó por nosotros y nos dejó el memorial de su Cuerpo y Sangre. Para nosotros los cristianos este memorial, la Eucaristía, es el signo distintivo de nuestra fe y de él deriva todo lo demás. La iglesia vive de la Eucaristía, título de una encíclica.

El mensaje de Jesús fue un claro compromiso con la persona, con su vida, su dignidad y apostó por ello hasta entregar su propia vida. El mensaje de Jesús no se quedó en palabras bonitas sino que lo ratificó con el hecho de entregarse por nosotros y quedarse con nosotros.

Ese mensaje de Jesús lo leemos hoy claramente en el evangelio cuando dice a los apóstoles: “dadle vosotros de comer”. Estas no son palabras bonitas sino que es una orden clara de continuar haciendo lo que El hizo y dijo.

Dadles vosotros de comer lo podemos interpretar de diversos modos.

  1. dar comida al que pasa hambre, al que está en un descampado, como dice el evangelista.
  2. celebrar y distribuir la Eucaristía, hacer que llegue a todos los hombres, que todos puedan recibir el Cuerpo de Cristo.
  3. y es también, y sobre todo, el compromiso por predicar y vivir el evangelio.

A nosotros nos toca hoy dar de comer a otras personas. No podemos separar la Eucaristía de este mandato del Señor de dar de comer a otros. No celebraremos verdaderamente la Eucaristía si no hay por nuestra parte el compromiso de ayudar a los demás. Ya de los primeros cristianos se nos dice que “nadie pasaba necesidad, porque ponían todo en común”. Ahí tenemos un ejemplo práctico de “dadles vosotros de comer”.

Los que formamos la iglesia lo hacemos de muchas maneras. Cualquier ayuda, personal o material, que se entrega a la iglesia llega, muchas veces, donde no llegan otras ayudas: comedores sociales, parados, emigrantes, visitas a enfermos…estas y otras muchas formas de ayudar son la respuesta a la orden de Jesús: “dadles vosotros de comer”.

La Eucaristía no es solo lo que celebramos aquí. La Eucaristía continúa en lo que hacemos cada día a favor de nuestros hermanos. Jesús se entregó por nosotros, se nos da como alimento. El mismo Jesús nos dice hoy a nosotros: dadles vosotros de comer…de comer el pan de la palabra de Dios, el pan del Cuerpo y Sangre de Cristo, el pan de cada día que pedimos en el Padre nuestro. Hagamos nuestra el gesto de los apóstoles: repartamos del pan de la bendición a todo el que lo necesite.

Que así sea.