Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Celebramos en Familia Marianista nuestra fiesta: la Anunciación del Señor. Misa desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, familia. En medio de nuestro camino de cuaresma-cuarentena, nos llega como regalo de primavera la fiesta de la Anunciación del Señor. Hoy con toda la Familia Marianista celebramos nuestro día: la Encarnación de Jesús en el seno de la Mujer. Iniciativa de Dios, respuestas humana y acción del Espíritu se conjugan para hacer posible la salvación esperada, la liberación ansiada, la redención necesaria. Nosotros también como María estamos convocados a la respuesta, a la disponibilidad, al sí, a dejarnos llenar de la fuerza y la gracia de su Espíritu. Necesitamos comprender que Dios ha escogido este modo de actuar, que no se salta nada, que asume la historia y los procesos humanos. Dios se sigue haciendo presente en el mundo a través de quienes portamos a Jesús y su buena noticia. Y eso es lo que nos sigue tocando. Mientras confiamos en Él, mientras le decimos aquí me tienes, abrimos bien los ojos y nos remangamos para hacer posible que la alegría, la salud, la esperanza y el amor de Jesús lleguen a quienes lo necesitan.

Ayer he sentido el desgarro de muchos de vosotros con familiares en el hospital, mientras estáis solos en casa esperando la llamada de teléfono; el desgarro de médicos amigos agotados y rotos porque les duele la situación de desbordamiento y falta de medio para atender a tantos; la de quienes no pueden abrazar ni llorar a sus amigos en el momento de la pérdida de sus seres queridos. Nuestro mundo necesita redención. Dios la desea. Tu sí, tu palabra, tu animo, tu cariño, tu servicio, encarnan hoy a Jesús en el mundo, como hizo María. Seamos buenos hijos e hijas suyos cooperemos en esta preciosa misión de nuestra madre. Un abrazo y felicidades, amigos. En el fragor de la batalla bridemos por la vida y porque Dios nos anuncia la salvación. Un beso lleno de ternura maternal, la de María.

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Un río de aguas medicinales que brotan del corazón de Dios. Misa del martes de la cuarta semana de Cuaresma de la Comunidad @MarianistasES SMP

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 Martes 24 de Marzo. ¿Cómo te has levantado hoy? Sea como sea tu situación recuerda que no estás solo. Ayer me dormía tras leer un artículo de un jesuita de Nueva York que ante la pregunta, ¿qué hace Dios frente al coronavirus? se respondía: no lo sé. No sabemos. No es una cuestión fácil y es bastante antigua: ¿qué hace Dios frente al sufrimiento, frente a los desastres naturales? A muchas personas, esta pregunta les lleva a perder la fe. Si Dios es Todopoderoso porque no actúa, y si no lo puede todo es que no es Dios. Lo cierto es que la única respuesta está en mirar a Jesús. No se trata de un Dios teórico que pensamos en nuestras cabezas. Hablamos del Dios de Jesús. Y en estos días, el Evangelio se empeña en presentarnos a Jesús que ante los enfermos, se siente movido en las entrañas, se compadece y actúa desatando un proceso que conduce a la sanación. Y podemos vislumbrar que Dios no está en los espacios infinitos, sino que está aquí mismo, empeñándose en que se abran paso caminos de sanación a través del corazón y las manos de sus criaturas.

No tenemos muchas respuestas pero sentimos que lo más auténtico y verdadero reside en las manos de los hombres y mujeres que pelean en los hospitales por sacar adelante a sus paisanos; en la gente que conduce durante horas para asegurar el abastecimiento de los productos básicos; en quienes se levantan temprano y salen de casa para asegurar la limpieza y desinfección de los lugares en donde el contagio es más peligroso; en la ternura y el cuidado de quienes están sosteniendo la vida amenazada de los más mayores en residencias de ancianos. Allí Dios está actuando y lo hace a través de hombres y mujeres que por ser hijos suyos responden a una llamada inscrita en nuestras entrañas que nos hace cuidar a unos de otros, porque si no nos movemos, quien está a nuestro lado nunca llegará por si mismo a la piscina de Betesda, donde al agitarse las aguas, es posible alcanzar la salud. La primera lectura de hoy nos habla de las aguas que salen del santuario hacia la derecha del templo, haciendo fecunda la comarca y saneando las aguas salobres del mar muerto. También tú y yo estamos invitados a vivir unidos al Misterio del Dios Amor que habita en el templo de nuestro corazón y a ser parte de ese venero de aguas sanadoras que se extienden por la ciudad poniendo salud en medio de esta epidemia.

Al comenzar la mañana me uno contigo a este torrente. Tú y yo, porque estamos habitados misteriosamente por el Dios de la Vida, somos vehículo de salvación. Así que en marcha. ¡Que en tu frescor y en el mío encuentren respuesta a la pregunta qué hace Dios en el coronavirus! Poner a sus hijos e hijas a responder con coraje a los efectos de la epidemia con la fuerza medicinal del amor fraterno! Un abrazo, amigos.

Piscina Betesda

 


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«Baja a curar a mi hijo que está muriéndose» clamamos a Jesús hoy con las palabras del Evangelio. Comparte con nosotros la misa del lunes cuarto de Cuaresma.

Es lunes. Segunda semana de este confinamiento. Siento cierto pudor al escribirte. Sé que estás cansado; que la energía con la que empezamos a afrontar esta crisis se va gastando con el paso de los días y la inquietud y las preguntas tocan tu corazón y también el mío. Misteriosamente, los niños son los que mejor la llevan. Ayer al preguntar por teléfono al pequeño Bruno si estaba aburrido de estar tantos días en casa me decía muy alegre: ¡Imposible! Con mis hermanos me lo paso muy bien. Los mayores nos interrogamos más pensando en el futuro y eso nos hace entrar en una cierta melancolía y desazón. A alguno de vosotros, estoy seguro, os ha visitado la enfermedad grave de un amigo o de alguien de la familia. Y hasta la propia muerte, esa realidad tan lacerante para quienes estamos hecho para la vida, puede que los haya alcanzado.

Hoy también nosotros acudimos a Jesús, ¡a quién si no!, como el funcionario real del evangelio de Juan, con la misma petición en los labios: “baja a curar a mi hijo que está muriéndose”. Tú y yo pensamos en tantos hijos e hijas, tantos en nuestros hospitales y deseamos oír de sus labios: “anda, tu hijo está curado”. Sentimos que el evangelio se hace vivo cuando escuchamos que algunos de nuestros amigos, resisten, se recuperan, salen adelante, “le va dejando la fiebre”. Vamos a salir adelante. Pero os lo ruego: creamos en la palabra de Jesús. Mantengamos calma. Sigamos caminando juntos, transitando esta cuarta semana de cuaresma. Juntos. En Jesús y en la red que formamos está nuestra fuerza. Un abrazo, amigos.

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Desde la ventana

 


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Déjate mirar por Jesús mientras repites: «Señor, ten compasión de mi» Audio de la misa del tercer sábado de Cuaresma desde la Comunidad @MarianistasES SMP

Buenos días, amigo. Buenos días amiga.

¿Qué tal te encuentras? A lo largo del día voy recibiendo algunos ecos de esta palabra que cada mañana quiere salir a vuestro encuentro como un abrazo de esos que no se pueden dar físicamente. Muchos me devolvéis el eco del mensaje; con algunos converso por teléfono y sé que, tras esta semana más o menos exótica y novedosa, extraña y sorprendente, en que hemos podido pasar más tiempo juntos en casa, la enfermedad toca a la puerta de las personas queridas o a la nuestra propia, brota el miedo en el fondo del corazón y una pregunta nos empieza a martillear: ¿cuánto va a durar esto?¿Seremos capaces de aguantar tantos días de encierro, incertidumbre, convivencia intensa en pocos metros cuadrados, falta de aire y espacio para respirar hondo?¿Seremos capaces de digerir el dolor que nos causa el sufrimiento de los amigos que conocemos y que ya están en el hospital o con familiares tocados? El horizonte de solución parece alejarse de nuestra mirada y postergarse semanas adelante.

Hoy la Palabra de Dios que hemos proclamado en la eucaristía que cada mañana celebramos unidos a todos vosotros, nos invita a VOLVER AL SEÑOR. «En dos días nos sanará, al tercero nos resucitará y viviremos delante de Él» dice el profeta Oseas. Ciertamente esto no es cosa de dos días. Es cosa de entrar en la dinámica de la Pascua. Dejarse curar por Dios, no solo del coronavirus, que esperemos inspire a nuestros científicos y médicos, sino sobre todo de ese virus que nos hace vivir con autosuficiencia de espaldas a Dios y los hermanos. Hoy te invito a que te examines, más allá de toses, fiebres y malestar general y veas si últimamente te has erguido demasiado, has pensado que podías con todo, que lo que tienes es fruto de tu esfuerzo y que te lo mereces, como el fariseo de la parábola que hoy nos cuenta Lucas. Jesús pone la mirada en ti y en mi, en este momento de fragilidad. Ya no caben componendas. Todos somos publicanos del último banco, conscientes de nuestra fragilidad, de la necesidad de ser sostenidos, sanados, curados exterior e interiormente. Hoy con el publicano, desde el último banco te invito a dejarte mirar por Jesús y a dirigirte a él diciéndole: «Señor, ten compasión de mi». El nos escucha. Te lo aseguro. Su corazón está volcado sobre nosotros. Encuentra respiro y descanso en su mirada y sigamos adelante que nos queda mucha marcha. Vivamos juntos este sábado sostenidos por la compasión de Dios que derramará la lluvia de la sanación a su tiempo. Un abrazo, mis hermanos y hermanas. Unidos en la oración.

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Oracion

 

 


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Los que en ti confían no quedan defraudados. Audio de la misa del tercer martes de Cuaresma. La Comunidad @MarianistasES SMP reza contigo.

Buenos días, amigos y amigas.

Seguimos unidos a todos vosotros, desde la Comunidad Marianista de Santa María del Pilar, en esta ciudad de Madrid que vive con especial intensidad este golpe a la salud y a la vida cotidiana que se cuela por todas las rendijas y que afecta a mucha gente querida.

Hoy en la eucaristía celebrada con vuestros nombres y rostros en el corazón, el libro de Daniel nos ofrece la oración penitencial de Azarías. Una súplica que brota de los labios de quien se encuentra en peligro de muerte y que se dirige a Dios desde la indigencia, haciendo memoria de la historia de amor del Señor con su pueblo, apelando a su promesa de abundancia, fecundidad y descendencia.

Se me ocurría que también nosotros podemos sentir que esta parálisis social en que hemos quedado confinados y que nos impide hasta reunirnos físicamente como comunidad para celebrar la fe y alimentarnos de los sacramentos, reduce nuestra capacidad de alabar a Dios y de vivir nuestra vocación cristiana. Sin embargo, como Azarías, estamos llamados a ofrecer el sacrificio de nuestro corazón humilde, paciente, compasivo, servicial. Un culto distinto que no se puede realizar en el templo sino desde nuestro hogar; un culto que brota de la ternura con la que hacer las cosas pequeñas de cada día. Un culto que nace del reconocimiento de que nuestras vidas nacieron de las manos amorosas de Dios y a Él, Señor de la Vida, le pertenecen. El acepta nuestro culto razonable de estos días y nos acompaña y aliento. Estamos en los comienzos de la lucha. Apoyémonos en la Palabra de Dios y creámoslo: «Los que en ti confían no quedan defraudados. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.» ((Dn 3,25.34-43)

Un abrazo lleno de cariño. Te dejo la misa de hoy en nuestra comunidad por si quieres rezar con ella.

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Felicidades a todos las que llevan el nombre de María de la Merced, redentora de cautivos y en especial a la Familia #Marianista de Jerez

Para alguien que ha vivido parte de su vida en Jerez, hoy es un día de fiesta dedicada a María, la Virgen morena, redentora de cautivos. A todas cuantas lleváis su nombre, os felicitamos de corazón. También a los jerezanos y a cuantos en ciudades como Barcelona viven bajo la advocación de la Señora de la Merced.  Nos acordamos especialmente de cuantos están en prisión o sufren cualquier tipo de cautividad. Que María sea para ellos consuelo, compañía, reconciliación y camino de libertad.

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Ecos del DECIMO ANIVERSARIO @SendaSMP @SMPilarmadrid por Jorge Cea

EL DÉCIMO.

10 años de vida. 10 años dando servicio a los demás.10 años luchando por ser mejores cada día. 10 años de alegrías y emociones encontradas.10 años siendo lo que tu quieres que sea. 10 años de SENDA.

Lo que un día empezó siendo un grupo con poquitos monitores y chavales ,hoy podemos decir que contamos con unos poquitos más de todo. Pero con la misma ilusión y ganas desde la primera reunión de todas. Con el mismo objetivo de siempre, hacer senda algo único e inolvidable. Guiados por el mismo sentimiento, guiados por la fé que nos trasmite día a día Jesús.

Gracias a todos los responsables que hace 10 años tenían un sueño y creyeron que este gran proyecto pudiera salir adelante. Hoy ese sueño se ha cumplido. El sueño de esas personas ahora es el sueño de cada niño y niña de 1,2,3 y 4 de la ESO y de 1 de Bach.
Gracias a toda persona que ha pasado por senda y que ha aportado su granito de arena en estos años. Ahora toca a los monitores actuales seguir sus pasos.Seguir con la senda que Jesús nos nos invita a continuar, haciendo feliz a los demás. Con él a nuestro lado siempre podremos seguir caminando. Él es nuestro guía,nuestra luz.

El futuro está en nuestras manos. En la de todos. Es nuestro.
Sigamos haciendo lo que queremos que sea senda.

Por 10 años más de vida.

Por senda.

decimo


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Continúan los encuentros cuaresmales en SMP animados por Miguel Angel Cortés

Hoy martes, a las 19.30 tendremos el segundo día de los encuentros cuaresmales en Santa María del Pilar. En el día de ayer, el Padre Miguel Angel Cortés, Provincial de los Religiosos Marianistas comenzó este itinerario que lleva por título «Del silencio al amor» hablándonos del silencio y los silencios, como camino en el crecimiento espiritual.

La reflexión comenzó con la formulación de una pregunta: ¿hacia donde caminamos? Nos preguntamos qué es el silencio de la mano de Pablo D’Ors y Benjamín González Revuelta para terminar presentando el camino que nos ofrece Chaminade y que denominamos los cinco silencios: el de la palabra, los gestos corporales, la mente, la imaginación y los afectos.

Los silencios son la llave de la vida de la fe y su fruto es la evangelización de nuestra persona.

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Pregón del Domund 2016: el grito de una no creyente que cree en los hombres y mujeres de Dios

Nuestra amiga María Fraile, nos recomienda la lectura del pregón del DOMUND: un anunció de la Jornada que viviremos este domingo orando y apoyando a tantos hombres y mujeres que dejando su tierra han salido a las periferias del mundo a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Son palabras de una mujer que se reconoce no creyente pero que sin embargo cree en los hombres y mujeres de Dios que son amor concreto para tantos hermanos nuestros. No os lo perdáis. Y a rezar por los misioneros.

PREGÓN DOMUND 2016

La patria del corazón

PRONUNCIADO POR PILAR RAHOLA EN LA SAGRADA FAMILIA DE BARCELONA, 15/10/2016

Excelentísimo Sr. Arzobispo Juan José Omella,
monseñores, autoridades, amigas y amigos:

No puedo empezar este pregón sin compartir los sentimientos que, en este preciso momento, me tienen el corazón en un puño. Estoy en la Sagrada Familia, donde, como decía el poeta Joan Maragall, se fragua un mundo nuevo, el mundo de la paz. Y estoy aquí porque he recibido el inmerecido honor de ser la pregonera de un grandioso acto de amor que, en nombre de Dios, nos permite creer en el ser humano. Si me disculpan la sinceridad, pocas veces me he sentido tan apelada por la responsabilidad y, al mismo tiempo, tan emocionada por la confianza.

No soy creyente, aunque algún buen amigo me dice que soy la no creyente más creyente que conoce. Pero tengo que ser sincera, porque, aunque me conmueve la espiritualidad que percibo en un lugar santo como este y admiro profundamente la elevada trascendencia que late el corazón de los creyentes, Dios me resulta un concepto huidizo y esquivo. Sin embargo, esta dificultad para entender la divinidad no me impide ver a Dios en cada acto solidario, en cada gesto de entrega y estima al prójimo que realizan tantos creyentes, precisamente porque creen. ¡Qué idea luminosa, qué ideal tan elevado sacude la vida de miles de personas que un día deciden salir de su casa, cruzar fronteras y horizontes, y aterrizar en los lugares más abandonados del mundo, en aquellos agujeros negros del planeta que no salen ni en los mapas! ¡Qué revuelta interior tienen que vivir, qué grandeza de alma deben de tener, mujeres y hombres de fe, qué amor a Dios que los lleva a entregar la vida al servicio de la humanidad! No imagino ninguna revolución más pacífica ni ningún hito más grandioso.

Vivimos tiempos convulsos, que nos han dejado dañados en las creencias, huérfanos de ideologías y perdidos en laberintos de dudas y miedos. Somos una humanidad frágil y asustada que camina en la niebla, casi siempre sin brújula. En este momento de desconcierto, amenazados por ideologías totalitarias y afanes desaforados de consumo y por el vaciado de valores, el comportamiento de estos creyentes, que entienden a Dios como una inspiración de amor y de entrega, es un faro de luz, ciertamente, en la tiniebla.

Hablo de ellos, de los misioneros, y esta palabra tan antigua como la propia fe cristiana —no en vano los cristianos empezaron a salir de su tierra, para ir a la tierra de todos, desde los principios de los tiempos—, esta palabra, decía, ha sido ensuciada muchas veces, arrastrada por el fango del desprecio. Es cierto que los misioneros tienen un doble deseo, una doble misión: son portadores de la palabra cristiana y, a la vez, servidores de las necesidades humanas. Es decir, ayudan y evangelizan, y pongo el acento en este último verbo, porque es el que ha sufrido los ataques más furibundos, sobre todo por parte de las ideologías que se sienten incómodas con la solidaridad, cuando se hace en nombre de Cristo. De esta incomodidad atávica, nace el desprecio de muchos.

Es evidente que las críticas históricas a determinadas prácticas en nombre de la evangelización son pertinentes y necesarias. Estoy convencida, leyendo el Nuevo Testamento, de que el mismo Jesús las rechazaría. Pero no estamos en la Edad Media, ni hace siglos, cuando, en nombre del Dios cristiano, se perpetraron acciones poco cristianas. Desgraciadamente, el nombre de todos los dioses se usa en vano para hacer el mal, y este hecho tan humano tiene muy poco que ver con la idea trascendente de la divinidad. Pero, al mismo tiempo, hay que poner en valor la entrega de miles y miles de cristianos que, a lo largo de los siglos, han hecho un trabajo de evangelización, convencidos de que difundir los valores fraternales, la humildad, la entrega, la paz, el diálogo, difundir, pues, los valores del mensaje de Jesús, era bueno para la humanidad. Si es pertinente hacer proselitismo político, cuando quien lo hace cree que defiende una ideología que mejorará el mundo, ¿por qué no ha de ser pertinente llevar la palabra de un Dios luminoso y bondadoso, que también aspira a mejorar el mundo? ¿Por qué, me pregunto —y es una pregunta retórica—, hacer propaganda ideológica es correcto, y evangelizar no lo es? Es decir, ¿por qué ir a ayudar al prójimo es correcto cuando se hace en nombre de un ideal terrenal, y no lo es cuando se hace en nombre de un ideal espiritual? Y me permito la osadía de responder: porque los que lo rechazan lo hacen también por motivos ideológicos y no por posiciones éticas.

Quiero decir, pues, desde mi condición de no creyente: la misión de evangelizar es, también, una misión de servicio al ser humano, sea cual sea su condición, identidad, cultura, idioma…, porque los valores cristianos son valores universales que entroncan directamente con los derechos humanos. Por supuesto, me refiero a la palabra de Dios como fuente de bondad y de paz, y no al uso de Dios como idea de poder y de imposición. Pero, con esta salvedad pertinente, el mensaje cristiano, especialmente en un tiempo de falta de valores sólidos y trascendentes, es una poderosa herramienta, transgresora y revolucionaria; la revolución del que no quiere matar a nadie, sino salvar a todos.

Permítanme que lo explicite una manera gráfica: si la humanidad se redujera a una isla con un centenar de personas, sin ningún libro, ni ninguna escuela, ni ningún conocimiento, pero se hubiera salvado el texto de los Diez Mandamientos, podríamos volver a levantar la civilización moderna. Todo está allí: amarás al prójimo como a ti mismo, no robarás, no matarás, no hablarás en falso…; ¡la salida de la jungla, el ideal de la convivencia! De hecho, si me disculpan la broma, solo sería necesario que los políticos aplicaran las leyes del catecismo para que no hubiera corrupción ni falsedad ni falta de escrúpulos. El catecismo, sin duda, es el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar.

Y de la idea menospreciada, criticada y tan a menudo rechazada de la evangelización, a otro concepto igualmente demonizado: el concepto de la caridad. ¿Cuántas personas de bien que se sienten implicadas en la idea progresista de la solidaridad, y alaban las bondades indiscutibles que la motivan, no soportan, en cambio, el concepto de la caridad cristiana? Y uso el término con todas sus letras: caridad cristiana, consciente de cómo molesta esa motivación en determinados ambientes ideológicos. Sin embargo, esta idea, que personalmente encuentro luminosa, pero que otros consideran paternalista e incluso prepotente, ha sido el sentimiento que ha motivado a millones de cristianos, a lo largo de los siglos, a servir a los demás. Y cuando hablamos de los demás, hablamos de servir a los desarraigados, a los olvidados, a los perdidos, a los marginados, a los enfermos, a los invisibles. ¡Quiénes somos nosotros, gente acomodada en nuestra feliz ética laica, para poner en cuestión la moral religiosa, que tanto bien ha hecho a la humanidad! La caridad cristiana ha sido el sentimiento pionero que ha sacudido la conciencia de muchos creyentes, decididos a entregar la vida propia para mejorar la vida de todos.

Y no me refiero solo a los misioneros actuales, a los más de quinientos catalanes, o a los casi trece mil de todo el Estado, repartidos por todo el mundo, allí donde hay necesidad más extrema, sino también a aquellos lejanos cristianos que, por amor a su fe, protagonizaron gestas heroicas. ¿Qué podemos decir, por ejemplo, de los mercedarios que se intercambiaban por personas que estaban presas en tierras musulmanas, como acto sublime de sacrificio propio, en favor de los demás? El mismo ideal espiritual que motivaba a san Serapión a ir hasta el Magreb, entrar en la prisión de un sultán y liberar a un desconocido, convencido de que aquel acto de amor era un tributo a Dios, es el que motivó a Isabel Solà Matas, una joven enfermera catalana, perteneciente a la Congregación de Jesús-María, a estar dieciocho años en Guinea y ocho en Haití, hasta que fue asesinada. Durante todos estos años de entrega, dejó su estela de bondad y servicio, y, gracias a ella, por ejemplo, existe ahora el Proyecto Haití, un centro de atención y rehabilitación de mutilados que fabrica prótesis para los haitianos que no tienen recursos. La conocían como «la monja de los pies», porque, gracias a ella, muchos haitianos pobres habían tenido una segunda oportunidad. Casi ochocientos años separaban a san Serapión de Isabel Solà, y, en ocho siglos, el mismo alto ideal de servicio y entrega los motivaba, empujados por la creencia en un Dios de amor.

Y como Isabel, tantos otros misioneros, monjas, curas y seglares, muertos en cualquier rincón del mundo, asesinados, abatidos por virus terribles, caídos en las guerras de la oscuridad. Cómo no recordar al hermano Manuel García Viejo, miembro de la Orden de San Juan de Dios, que, después de 52 años dedicados a la medicina en África, se infectó del ébola en Sierra Leona y murió. O a su compañero de Orden Miguel Pajares, que desde los doce años dedicaba su vida a los más pobres y que regentaba un hospital en una de las zonas de Liberia más castigadas por el virus. Todos ellos, caídos en el servicio a la humanidad, motivados por su fe religiosa y por la bondad de su alma. Isabel, Manuel, Miguel son la metáfora de lo que significa el ideal del misionero: el de amar sin condiciones, ni concesiones. Si Dios es el responsable de tal entrega completa, de tal sentimiento poderoso que atraviesa montañas, identidades, idiomas, culturas, religiones y fronteras, para aterrizar en el corazón mismo del ser humano, si Dios motiva tal viaje extraordinario, cómo no querer que esté cerca de nosotros, incluso cerca de aquellos que no conocemos el idioma para hablarle.

Decía Isabel Solà en 2011, en un vídeo-blog para pedir ayuda para su centro de prótesis: «Os preguntaréis cómo puedo seguir viviendo en Haití, entre tanta pobreza y miseria, entre terremotos, huracanes, inundaciones y cólera. Lo único que podría decir es que Haití es ahora el único lugar donde puedo estar y curar mi corazón. Haití es mi casa, mi familia, mi trabajo, mi sufrimiento y mi alegría, y mi lugar de encuentro con Dios».

No encuentro palabras más intensas para describir la fuerza grandiosa del amor. He dicho al inicio de este pregón que no soy creyente en Dios, y esta afirmación es tan sincera como, seguramente, triste. ¡Estamos tan solos ante la muerte los que no tenemos a Dios por compañía! Pero soy una creyente ferviente de todos estos hombres y mujeres que, gracias a Dios, nos dan intensas lecciones de vida, apóstoles infatigables de la creencia en la humanidad. El papa Francisco ha pedido, en su Mensaje para este DOMUND, que los cristianos «salgan» de su tierra y lleven su mensaje de entrega, pero no porque los obliga una guerra o el hambre o la pobreza o la desdicha, como tantas víctimas hay en el mundo, sino porque los motiva el sentido de servicio y la fe trascendente. Es un viaje hacia el centro de la humanidad. Esta llamada nos interpela a todos: a los creyentes, a los agnósticos, a los ateos, a los que sienten y a los que dudan, a los que creen y a los que niegan, o no saben, o querrían y no pueden. Las misiones católicas son una ingente fuerza de vida, un inmenso ejército de soldados de la paz, que nos dan esperanza a la humanidad, cada vez que parece perdida.

Solo puedo decir: gracias por la entrega, gracias por la ayuda, gracias por el servicio; gracias, mil gracias, por creer en un Dios de luz, que nos ilumina a todos.

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Carta pastoral para el DOMUND 2015: Llamados a salir, como misioneros de la MISERICORDIA

Este domingo 18 de octubre, celebremos el DOMUND, Jornada Mundial de la Misiones. En esta ocasión y a las puertas del Jubileo estamos invitados a ser todos MISIONEROS DE LA MISERICORDIA. Es tiempo de orar por quienes se desplazan de su tierra para llevar la misericordia de Dios y la alegría del Evangelio a quienes más lo necesitan. Es tiempo de sentirnos también nosotros urgidos a salir de nuestros espacios cómodos, al encuentro de la gente, para comunicar la Buena Noticia de Jesús. Y es momento de ayudar con nuestros recursos económicos a la labor de evangelizadora de estos hombres y mujeres que llevan el rostro de Cristo y la bondad de Dios a los confines de la Tierra. Las colectas de este domingo estarán destinadas a este fin.

El Arzobispo de Madrid nos alienta vivir esta jornada del DOMUND en la siguiente carta pastoral que te invito a leer:

http://www.misionmadrid.com/assets/103e796a/patoral_domund__15.pdf

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