Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Domingo 22 de Mayo 2011 – Dom. 5º de Pascua

HOMILIA 5º domingo de Pascua

El Evangelio que acabamos de proclamar presenta tres momentos en los que Jesús descubre algo nuevo, algo íntimo a los discípulos. En el capítulo anterior Jesús les ha lavado los pies, les ha dado ejemplo de cómo tienen que comportarse los unos con los otros y les ha dejado el mandamiento nuevo: “que os améis como yo os he amado”.

A partir de este capítulo 14 Jesús se muestra con sus discípulos como su mejor amigo  les va a revelar cosas que solo se hablan entre amigos. En el evangelio de hoy Jesús se confía a ellos. Igual que confían en Dios, Jesús les pide que confíen en El. Y para ello les habla de tres cosas importantes, que también lo son para nosotros.

La primera es: “en la casa de mi Padre hay muchas estancias”. Mirad: frente al exclusivismo nuestro y de nuestras relaciones, Jesús nos habla de un Dios abierto a todos: “hay muchas estancias”. Nosotros somos dados a relacionarnos con los que son de nuestra cuerda dejando a un lado a aquellos que no piensan como nosotros, que no son de nuestro grupo. Dios Padre es universal. No pone trabas. Y Jesús nos lo muestra en el evangelio aceptando a todos. A unos perdonándoles, mostrándoles el cariño que Dios siente por ellos. A otros les hace ver que la conducta del orgullo, del egoísmo, del no respeto, no es la conducta que Dios quiere para con sus hijos. Pero incluso a esos no se les niega las estancias en la casa del Padre

La segunda es: “nadie va al Padre sino por mí”. Si la imagen que Jesús nos presenta de Dios es que es un Padre abierto a sus hijos y si Jesús se ha mostrado abierto a todos, es señal de que el mejor camino para ir al Padre es Jesús. Jesús es quien nos ha revelado plenamente cómo es el Padre. Jesús es el único mediador entre nosotros y el Padre. Lo que sucede es que a veces como seguir a Jesús, imitarle no es fácil, nos buscamos otros caminos, otros mediadores para ir a Dios. Resulta más fácil adecuar el evangelio a nuestras necesidades y gustos que reconocer que Jesús es el verdadero camino para ir al Padre. A veces hasta nos hacemos un evangelio a nuestra medida justificando así conductas que están muy lejos del Dios que nos ha mostrado Jesús.

La tercera es la respuesta a la pregunta de Felipe: “quien me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Jesús se duele ante la pregunta de Felipe. Jesús con su obrar ha ido mostrando a los discípulos la manera de obrar del Padre. Con su forma de hablar Jesús les ha mostrado la manera de hablar de Dios a los hombres. La manera de actuar y de hablar de Jesús es la manera de actuar y de hablar del Padre. No hay diferencia en el hablar y en el actuar del Padre y del Hijo. Su hablar y actuar se resume en amor y perdón.

Nos cuesta creer y  aceptar cómo actúa y habla Dios. Oponiéndolo con la manera de hablar y de actuar del hombre podemos decir: el hombre está por el odio, Dios por el amor. El hombre por la venganza, Dios por el perdón. El hombre por la esclavitud, Dios por la libertad. El hombre por la división, Dios por la unión. El hombre por la muerte, Dios por la vida.

El Dios Padre del que nos ha hablado Jesús es un Dios abierto a todos: “en la casa de mi Padre hay muchas estancias”. Es el Dios que nos ha enviado a su Hijo como camino para ir a El. Y es el Dios que se ha hecho hombre en Jesús, revelándonos así cómo es su hablar y su actuar a favor nuestro. De ahí que digamos que Jesús, la PALABRA DE DIOS, nos ha revelando plenamente a Dios. Escuchemos a Jesús y conoceremos al Padre.


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Homilía Domingo 15 de Mayo – 4º Dom. Pascua

HOMILIA domingo 4º de Pascua.

Estamos en plena campaña electoral. Oímos a los candidatos que nos prometen cosas, que van a solucionar los problemas, que son los mejores candidatos para gobernarnos… Y cuando hemos votado, ¿qué pasa con sus promesas? Un político español, imagino que muchos sabéis su nombre, dijo: “las promesas están para no cumplirlas”. Jesús en el evangelio no habla de promesas sino de vida, de dar vida y de cuidar a las personas.

Jesús se define como la puerta de las ovejas y como buen pastor. Siguiendo el evangelio hay varias notas que merecen la pena comentarse.  La primera es: “las ovejas atienden su voz” porque las llama por su nombre. Para Dios, para Jesús cada uno de nosotros es único, y por eso nos conoce y nos llama por nuestro nombre. No estamos perdidos en la masa, ni somos anónimos. Porque nos llama por nuestro nombre, “atendemos su voz”, es decir, le escuchamos, no porque nos prometa cosas, sino porque es el mejor ejemplo de que lo que dice lo hace, lo vive. No es ajeno a nuestra vida, a nuestras necesidades. Y por no ser ajeno a nosotros, nosotros le respondemos atendiendo a su voz.

La segunda nota es que “camina delante de las ovejas”. Caminar delante significa varias cosas: hace frente a los riesgos y problemas para que no dañen a los que le siguen. Hace ver a los demás que se es consecuente con lo que predica. No se esconde ante peligros, da la cara para no decir una cosa y luego hacer otra. Caminar delante es también acompañar y dejarse acompañar.

La tercera nota es: “a un extraño no lo seguirán…porque no conocen su voz”. En la vida normal nos enfrentamos a esta situación. Hoy más que nunca evitamos a los extraños porque entre otras cosas su voz nos resulta desconocida. Porque su voz, por muy dulce que sea, no refleja cómo es esa persona, y por eso no la seguimos. Con su voz nos puede engañar, nos puede llevar por caminos que no conocemos y que no sabemos a dónde llevan. Seguir esa voz extraña nos puede pesar el resto de nuestros días.

La cuarta nota es: “quien entre por mí se salvará”. Jesús se manifiesta como aquel que nos conoce, que sabe nuestro nombre y nos llama por él. El camina delante de nosotros. Mejor dicho, caminó delante de nosotros dándonos ejemplo de servicio, de ayuda, de una palabra de esperanza, y sobre todo dándonos ejemplo de una vida entregada a los demás hasta el final. Jesús vino a este mundo para darnos vida, para darnos su vida. El mismo dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

A la hora de escuchar promesas en estos días previos a las elecciones, pensemos en quien, de verdad, conoce nuestras necesidades y quiere responder a ellas caminando delante de nosotros asumiendo riesgos y estando dispuesto a ser consecuente con lo que promete. Pensemos si seguimos a un extraño, si conocemos realmente su voz y si él conoce nuestra voz, en decir nuestras necesidades. Pensemos si es capaz de pensar en los demás antes de pensar en sí mismo. Es decir capaz de dar su vida por el bien común.

De Jesús conocemos su voz, porque nos llama por nuestro nombre, porque camina delante de nosotros, porque no nos resulta extraño, ni él ni su voz, y sobre todo porque seguirle a El es estar salvado, es tener vida en abundancia.


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Homilía Domingo 8 de Mayo 2011 – Dom. 3º Pascua

HOMILIA domingo 3º de Pascua

Cuando se explica la Eucaristía a los niños y adultos se les dice que consta de dos partes: liturgia de la palabra y liturgia del sacramento. Esto dicho así, con esa palabra de liturgia, puede sonar un poco extraño. Yo prefiero decir celebración de la palabra y celebración del sacramento. Porque la Eucaristía debería ser eso: celebración.

Celebramos la Palabra de Dios proclamándola, escuchándola, dando gracias por esa palabra que El nos ha dejado por medio de hombres y sobre todo llevándola a la vida. Y celebramos el sacramento de la Eucaristía recibiendo el Cuerpo de Jesús que nos une en un solo cuerpo. Tan importante es escuchar la Palabra de Dios como recibir su Cuerpo.

El evangelio de hoy, en una parte, nos muestra la celebración de la Eucaristía de Jesús con dos discípulos. Uno de ellos se llama Cleofás. Del otro no se dice su nombre porque podemos ser cada uno de nosotros.

Cuando venimos a celebrar, repito a celebrar, la Eucaristía dominical cada uno de nosotros viene con su vida, es decir, con sus alegrías, esperanzas, ilusiones, recuerdos gratos, pero también trae sus penas, tristezas, achaques, momentos difíciles… Venimos a celebrar trayendo lo que somos y hacemos, lo que queremos hacer y lo que nos cuesta hacer. Nos parecemos a los dos discípulos que vuelven a su aldea tristes porque sus esperanzas no se han cumplido. Dicen: “ya ves…nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel”. “algunos…vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles”. Ellos llevan a esa celebración que van a tener con el Señor, al que no reconocen, sus tristezas, su falta de esperanza y de ánimo. Algo parecido nos puede pasar a veces a nosotros.

Sin embargo, Jesús toma la iniciativa y tiene con ellos la doble celebración: les habla de todo lo que se refería a él en la Escritura, celebración de la palabra.  Después Jesús toma el pan, como en la última Cena, lo parte y se lo da, celebración de su Cuerpo entregado. Aquí los discípulos caen cuenta que quien está con ellos, que quien les ha hablado al corazón y ha partido el pan es el mismo Jesús que ellos conocieron en la última Cena.

Para ellos todo cambia.  Jesús les infunde esperanza, ánimo, confianza en El.

Nosotros proclamamos la Palabra de Dios centrándola en Jesucristo, su vida, su mensaje, en definitiva, en su misterio de amor por nosotros. Partimos el pan, que es su Cuerpo entregado. Dos preguntas: ¿le reconocemos en la Eucaristía? ¿Cambia algo nuestra vida? Estos discípulos se convierten en testigos de Jesús y lo anuncian alegres a los demás. Si de verdad Jesús, la eucaristía, significa algo para nosotros, nos debería pasar como a esos dos discípulos: tendríamos que convertirnos en testigos de Cristo Resucitado, tendríamos que ser capaces, con nuestra palabra y nuestra vida, de decir a los demas: «Era verdad, ha resucitado el Señor». Tendríamos que salir de aquí con esperanza, ánimo, y confianza en Jesús.

La Eucaristía es para nosotros un encuentro con Jesús por medio de su palabra y de su cuerpo y ¡ojalá!cambie algo nuestra vida y nos infunda siempre confianza en él.


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Homilia domingo 3º Pascua. 1º de mayo 2011

Jesús dice a los discípulos: “donde dos ó más están reunidos en mi nombre, estoy yo en medio de ellos”. Nosotros nos reunimos todos los domingos para celebrarla Eucaristía.  Tendríamos que preguntarnos, ¿sentimos la presencia de Jesús en medio de nosotros?  

Hoy Jesús nos invita a reconocer su presencia en medio de nosotros. En las lecturas tenemos los dos extremos. En el evangelio los discípulos están reunidos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. En la primera lectura “los hermanos” no tenían miedo, “eran constantes en escuchar a los apóstoles, en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Dos realidades bien distintas y que reflejan lo que los cristianos vivimos a lo largo y ancho del mundo. En unos países los cristianos sufren persecución a causa de su fe, en otros pueden vivir su fe libremente. En las dos situaciones Jesús se hace presente en medio de ellos.

En el evangelio, en primer lugar, Jesús nos transmite un deseo: “paz a vosotros”. Este deseo es también una vivencia personal suya. La paz que él transmite es fruto y resumen de su mensaje. La paz que él desea es la paz de Dios Padre. Esa paz es más que la mera armonía del mundo, hombre y naturaleza. Es la paz que brota del corazón obediente a la voluntad del Padre. Jesús vivió esa paz por su obediencia filial. Pero esa paz le llevaba a denunciar las falsas paces que construimos los hombres y que basamos en el dominio de unos sobre otros.

La voluntad de Dios se centra en el respeto a la vida, al hombre, a la dignidad que El mismo ha conferido al hombre. Se centra en la no explotación de nadie, en la confianza mutua sin recelos, en el no engaño. La paz verdadera se dará cuando el hombre sea capaz de adorar a Dios en espíritu y verdad, sin tener más reglas que el amor.

En segundo lugar hay una transmisión de un poder. Pero no de un poder para oprimir sino para liberar, para perdonar. Jesús exhala su aliento, al igual que hizo enla Cruz, para entregar a los discípulos ese poder, recibido del Padre y que es servicio de perdonar. El poder de perdonar se ha recibido gratis, hay que darlo gratis. Al ser un poder que libera, hay que usarlo para liberar. Cuando Jesús perdonaba, liberaba a la persona de la opresión, de la enfermedad. Cuando nosotros perdonamos en nombre de Jesús seguimos su ejemplo de liberar, de curar, de devolver la dignidad. Así también se construye la paz que él nos trajo.

Y en tercer lugar ante el deseo de paz y la transmisión del poder de perdonar se nos pide la fe. “Señor mío y Dios mío” dice Tomás. Este acto de fe en Jesús debería ser un acto personal de cada uno de nosotros. Fe en el Señor de la paz y en el Señor que nos da poder de perdonar. Estas tres realidades: paz, perdón y fe son tres columnas de la iglesia primitiva y ¡ojalá! lo sean de nuestra iglesia actual. La paz y el perdón son encargos del Señor a quienes quieren seguirle. La fe es la respuesta a la puesta en práctica de la paz y del perdón. Que nuestra comunidad parroquial viva y trabaje por la paz, sea portadora y elemento de perdón y manifieste su fe en nuestro mundo actual.


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Homilia Pascua de Resurrección. 24 de abril 2011

Ante todo: FELICES PASCUAS DE RESURRECCION!!!

Para todo cristiano este domingo de Pascua, la fiesta más importante del año, como cualquier otro domingo, tendría que ser motivo de alegría por recordar, celebrar y vivirla Resurrecciónde Jesús. Motivo de esperanza porque su resurrección es prenda y garantía de nuestra propia resurrección y motivo de agradecimiento porque nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos y porque su última palabra esla VIDA.El domingo es el día del Señor, pero no de cualquier señor, sino de Jesús que siendo Señor nos ha dado ejemplo de una vida entregada a los demás. 

En este domingo de Pascua las lecturas nos proponen tres acciones. La primera acción la tomamos del evangelio y es la de VER. El discípulo que Jesús tanto quería, y que somos cada uno de nosotros, VIO. El vio que Jesús ya no estaba allí, sí sus vendas y sudario, y tal vez hizo suya la reflexión de María Magdalena: “se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. 

Su primera reacción después de ver la vendas en el suelo, fue la de no entrar. Se suele decir que por respeto a Simón Pedro, pero podemos pensar que no entró, no porque en él surgieran dudas sino porque quería confirmar y reafirmar su fe en Jesús, su fe en el maestro que había dicho que resucitaría. No entró porque ya no necesitaba más prueba que la de VER que Jesús no estaba allí. Su ver iba más lejos que la visión de los ojos. Su ver le lleva a la segunda acción que nos habla el evangelio: CREER.

Para el discípulo que Jesús tanto quería, ver le llevó a creer y creer definitivamente en Jesús. El ya no necesitaba más pruebas, ni siquiera las vendas y el sudario le servían como pruebas de la resurrección de Jesús. Ahora es la FE la que le lleva a CREER en Jesús. Ahora es cuando el discípulo que Jesús tanto quería y Pedro y los demás discípulos entienden la Escrituray lo que esta decía de Jesús: “que él había de resucitar de entre los muertos”. La comprensión dela Escritura, es decir dela Palabrade Dios, les ayuda a CREER. Lo mismo nos debería pasar a nosotros. Leer y comprender la Escrituranos ayudará a vivir la fe.

La fe en Jesús resucitado llevó a este discípulo, a Pedro y a los demás discípulos a proclamar con su palabra y a ratificar con su vida y su martirio que Jesús había resucitado. Y esta es la tercera acción: la del testimonio. La vemos en la primera lectura. Pedro está hablando en casa de Cornelio, un centurión romano, y les expone con su palabra y su testimonio lo que Jesús hizo y dijo y cómo él y los demás discípulos son testigos de lo que habían visto y oído. Muchas personas han dado y siguen dando testimonio de que Jesús ha resucitado.

Estas tres acciones se nos proponen a nosotros desde nuestra aceptación consciente y libre de seguir a Jesús. Que veamos a Jesús en la vida, y que aunque se nos den pruebas, estas nos tienen que llevar a Jesús. Que creamos en Jesús y en su resurrección, que es lo mismo que decir, en la vida y tercero que después de ver y creer seamos testigos, demos testimonio con nuestra palabra y nuestra vida de Cristo resucitado.

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


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Homilía Sabado Santo. 23 de abril 2011

A lo largo del año nos felicitamos unos a otros con motivo del santo, cumpleaños, de algún acontecimiento feliz. Hoy, en esta noche santa, tenemos que  felicitarnos por CREER. Muchas veces pensamos que la fe es algo difícil, algo que no siempre llena nuestras vidas. Para algunas personas la fe pertenece al pasado, a su infancia y miran a los que creen con cierta curiosidad incluso recelo o envidia. Pues bien esta noche tenemos que felicitarnos por CREER en Jesús, por CREER en su resurrección, por eso estamos aquí. ¡Felices los que creen sin haber visto!, dice Jesús a los apóstoles y esta noche nos lo dice a nosotros.¡Feliz tú que crees en mí, en mi resurrección, sin haberme visto!.

El evangelio de Mateo da pasos de gigante en el anuncio de Cristo resucitado. Al igual que a las mujeres, nos dice a nosotros: “no temáis”. Cuando Dios se acerca al hombre, de la manera que sea, su saludo es: “no temas”. Dios no es el dios del temor, sino del amor. Pero su presencia causa temor por lo inesperado de su visita. Las buenas mujeres que iban al sepulcro se encuentran con una doble sorpresa: la presencia de Dios por medio de un ángel y la ausencia de Jesús, el crucificado. Estas mujeres iban al sepulcro por la fe en Jesús y se encuentran con que tienen que depositar su fe en su ausencia, en su resurrección.

El ángel les recuerda algo que ya Jesús había dicho: “ha resucitado, como había dicho”. No busquéis a un muerto. Aquel a quien buscáis esta vivo, ha resucitado. La muerte, que podemos sentirla como una esclavitud por la que todos pasamos, no podía esclavizar a aquel que se mostró siempre libre por ser obediente al Padre. Jesús estaba seguro que el Padre no le abandonaría, que la muerte no tendría la última palabra sobre él, que la vida que él había entregado por nosotros, por todo hombre, le sería devuelta de una manera plena y definitiva, y que escapa a nuestro entender. Por eso se nos pide la fe en la vida, la fe en la resurrección.

Ante el anuncio “ha resucitado” las mujeres responden: impresionadas, llenas de alegría y corren para anunciarlo”. Ya no tienen miedo, se fían del ángel, que es lo mismo que fiarse de Dios, tienen fe, creen. Esta triple respuesta de las mujeres es una invitación a mostrarnos nosotros igual que ellas ante la resurrección: impresionados porque Cristo tiene una nueva vida, preludio de la nuestra. Llenos de alegría porque la vida no termina, sino que se transforma, como decimos en una oración y ¡ojala! corriéramos a anunciarlo a otros como ellas. Hay tenemos un ejemplo de fe.

La fe es algo impresionante para quien la tiene, y a veces impresiona a quien ve que otros la viven. Tener fe llena de alegría porque hace que la vida tenga otro sentido. Tener fe convierte a la persona en testigo, en mensajero de la buena noticia de confiar en el Dios de la vida que ha dado nueva vida a su Hijo Jesucristo.

Y para terminar el ángel les da un aviso que nos viene bien a nosotros. Ante los avatares de la vida, ante los acontecimientos varios: “no tengáis miedo”. Jesús va delante de nosotros en todo, en la vida y en la muerte. Jesús va delante de nosotros enla VIDA plena. Allí le veremos. 

FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN


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Homilia Viernes Santo. 22 de abril 2011

La celebración de este día está centrada en  la Pasióny Muerte de nuestro Señor Jesucristo y más concretamente en su signo visible que es la Cruz.Haremos una breve procesión con ella, cantaremos su victoria y la adoraremos porque es salvación.

Ante este signo tan importante y tan vital para muchas personas se dan varias reacciones y actitudes. Voy a nombrar cuatro que me parecen reales. La primera de ellas es la del rechazo ala Cruz. El 27 de noviembre de 2008 aparecía en el periódico ABC un dibujo de Máximo que decía: “no me aceptan ni como logotipo” y se veía una Cruz con Cristo crucificado. Hemos vivido estos días y lo seguiremos viviendo el intento de organizar una procesión laica por las calles de Madrid. Hay grupos de personas que profanan iglesias católicas en universidades españolas. Se pueden decir más.

Este rechazo puede provenir del odio a la Cruz, del odio a las personas que profesan la fe en el Crucificado, de una moda contra lo cristiano. Pero también puede provenir porque la Cruz, o más bien quienes la tenemos como signo, la hemos utilizado para conquistar, para matar, para imponer…algo que está muy alejado del mensaje y de la vida del mismo que está en la Cruz.

La segunda es la indiferencia ante la Cruz.En  la crisis de valores éticos y morales que vivimos donde la indiferencia es la tónica dominante, el signo de la Cruz no escapa a esta indiferencia. Hasta tal punto que para muchas personas no deja de ser un adorno más que llevar o también formar parte de la moda.  Esta indiferencia deja de serlo, al menos, momentáneamente, en ciertas fechas  como Navidad, Semana Santa, las fiestas de los pueblos. Aquíla Cruz parece tocar un poco el corazón de las personas y dejar de resultar indiferente.

La tercera va unida al dolor y la muerte. Para algunas personas la Cruz implica resignación, implica aceptación de realidades ante las que no podemos hacer nada. Uno puede resignarse, pero hay personas, y peor aún cuando se trata de sacerdotes, que hacen hincapié en esta actitud de dolor y muestran  la Cruzcomo algo querido por Dios aceptando el sufrimiento que conlleva y no exento de un cierto fanatismo.

 Y la cuarta actitud es la Cruz signo de vida. Decir esto no es querer dar una solución fácil, no. Hoy la Cruz sigue siendo escándalo y necedad para muchos como dice San Pablo en la carta a los Corintios, pero para los llamados es “sabiduría de Dios y  fuerza de Dios” (1ªCor 1,23ss).La Cruz como forma escandalosa e ignominiosa de morir se convierte en signo de salvación para quien cree en Jesús.La Cruz es la fuerza que tenemos los cristianos, es la sabiduría que calla toda boca que no tiene argumentos para contradecir la entrega de un inocente, es la salvación y liberación para quien en momentos difíciles la mira y encuentra en ella esperanza sabiendo que la Cruz es signo de amor, no de odio. Es signo de entrega y no de obligación. Es signo de vida, no de muerte. Es en definitiva la manifestación de la debilidad humana de Dios hecho hombre que dando su vida por nosotros nos ha dado vida..


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Homilia Jueves Santo 21 abril 2011

En esta tarde de Jueves Santo celebramosla Cenadel Señor por excelencia. Decir por excelencia, significa que todas las demás Cenas del Señor, o lo que es lo mismo, todas las Eucaristías, tienen su origen en esta Cena. Se trata, o se debería tratar, de una  celebración de carácter íntimo. El Señor se reúne con sus discípulos para entregarles, primero, lo más preciado que tiene toda persona: su vida. Y en segundo lugar, para entregarles su mensaje.

El evangelio nos introduce en una atmósfera cálida e intensa. Cálida porque el Señor hace con ellos algo impensable para un maestro: ¡lavar los pies a sus discípulos!. Impensable para un judío de la época. A nosotros acostumbrados a oírlo nos puede parecer normal. A los discípulos ese gesto les sorprendió. Pedro es el que se niega, pero pensemos que posiblemente los demás discípulos también se horrorizarían ante lo que Jesús iba a hacer con ellos. Atmósfera cálida, también,  porque este gesto está hecho con cariño y desde lo que Jesús quería transmitir a los discípulos. El discípulo tiene que aprender del maestro. “Os he dado ejemplo…para que vosotros también lo hagáis”.

Hablaba también de una atmósfera intensa porque esa cena tan inesperada de Jesús con sus discípulos, hay que tener en cuenta que no se trata de la cena pascual judía, tiene un cierto aire de espera en algo que va a suceder y que los apóstoles no saben ni se lo imaginan. Intensa por el inicio con que introduce san Juan el texto: “Jesús…sabiendo que había llegado la hora…los amó hasta el extremo”. Se iniciabala Pasión. 

Hoy Jesús quiere estar a solas con los discípulos para decirles algo importante, y para ENTREGARLES el mensaje que resume toda su vida: el SERVICIO a los demás y su VIDA entregada por medio del pan y del vino. Y esto lo hace en un clima de intimidad. Este texto de san Juan, junto con el de Corintios, se parece a los que nos gusta hacer a nosotros cuando tenemos que comunicar algo importante a nuestros seres queridos. Lo hacemos en un ambiente familiar, cercano, íntimo.

El mensaje de Jesús es doble:

1º. El servicio a los demás. Sin este mensaje no se puede entender el de entregar la vida. Jesús pregunta “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?” El ejemplo que os doy y que quiero guardéis es el del servicio mutuo. Sin el ejemplo del servicio, no entendéis nada de lo que os he dicho y de lo que he hecho estando con vosotros. El resumen lo tenemos en esta frase: “Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”.   A nosotros, hoy, Jesús nos dice “comprendéis lo que he hecho con vosotros?” Y Jesús nos hace esta pregunta en un ambiente íntimo, el ambiente de esta Eucaristía. El gesto de lavar los pies…comprendámoslo y asumámoslo como el gesto de servicio por excelencia.  Lavar los pies, en definitiva, es querer decirnos Jesús que su mensaje es un mensaje de amor por la persona que necesite de nosotros.

Y 2º la vida entregada por  medio del pan y el vino. El mejor gesto para conocer a Jesús y su mensaje es tomar un trozo de pan y decir: “esto mi cuerpo” y una copa de vino: “este el cáliz de mi sangre”. En este sencillo gesto está resumida la entrega de Jesús a nosotros. Nos entrega su vida significada en el pan y el vino. Comprender y aceptar que el pan entregado y la sangre derramada son el signo de la permanencia de Cristo entre nosotros es comprender y aceptar el mensaje de Jesús como servicio y como vida.

Hoy también nosotros podemos leer en presente: “Jesús sabiendo que había llegado su hora…NOS amó hasta el extremo.


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Homilia Domingo de Ramos. 17 de Abril

Una de las preguntas del catecismo que muchos de nosotros hemos estudiado de pequeños, y que tal vez hoy se sigue preguntando es: ¿para qué vino Jesús a este mundo? La respuesta que aprendimos y que posiblemente no hemos olvidado es: “Jesús vino a este mundo para salvarnos”. La salvación de la que se nos hablaba era la salvación eterna. Poco o nada tenía que ver con este mundo esa salvación. Todo lo que se nos pedía que hiciéramos, rezar, sacrificios, limosnas…era con vistas a la salvación eterna.

Posiblemente ayudados por los acontecimientos sociales y religiosos que se vivieron a partir de la segunda mitad del siglo XX, la teología comenzó a reflexionar y a darse cuenta que la salvación que nos trajo Jesucristo no es solo la salvación eterna, sino que incluía la salvación aquí en este mundo, la liberación de hombre de toda esclavitud.

Esa esclavitud no es solo del pecado y de la muerte, que era fundamentalmente lo que se nos enseñaba entonces y que sigue siendo real,  sino que la salvación que Jesús predicaba a sus contemporáneos incluía también la liberación de toda esclavitud. Sus críticas fuertes contra toda opresión, civil o religiosa, le llevaron, en parte, a la muerte. Un libro de religión decía “la muerte de Jesús fue consecuencia de su vida”.

El texto de Isaías y el himno a los Filipenses que hemos proclamado nos ayudan a concretar esta salvación, esta liberación que Jesús propiciaba. El texto de Isaías nos habla de “decir palabras de aliento”, de “escuchar”, de soportar la violencia, que no tiene sentido. Todo esto lo vivió Jesús. Sus palabras  fueron de aliento para los pobres y sencillos. Las Bienaventuranzas son palabras de aliento y esperanza. Las parábolas que, a veces, resultaban molestas para los jefes civiles y religiosos, eran acogidas con sentimientos de alegría y admiración por los pobres y sencillos.

Su escuchar producía vida en las personas. Lo vemos en los milagros. Los milagros son la respuesta a la fe de las personas que acuden a Jesús para que les escuche. Y la violencia la vivió Jesús en su propio cuerpo en su pasión y muerte. Así lo dice el texto de Filipenses: “se sometió incluso a la muerte y una muerte de Cruz”. Esta violencia sobre Jesús es semejante a la violencia que hoy siguen sufriendo muchas personas. Personas que buscan una palabra de aliento en aquellos que seguimos a Jesús y que desean ser escuchadas para poder llevar una vida digna.

Pero los dos textos no se quedan en la sola violencia sino que terminan con palabras de esperanza. En el texto de Isaías, el siervo dice: “el Señor me ayuda” y en Filipenses leemos algo todavía más fuerte y que es la respuesta de Dios a Jesús: Dios le da un NOMBRE. Ese nombre es salvación. Ese nombre está por encima de todo otro nombre, porque es el nombre que, por excelencia, LIBERA. Ese nombre en JESUS.

Para todo cristiano decir Jesús tendría que significar LIBERACION, SALVACION de todo aquello que esclaviza: poder, dinero, drogas, opresores. Pero no solo significar sino ser motivo de trabajo para eliminar de este mundo todo aquello que oprime al hombre. Jesús pasó haciendo el bien, liberando a muchos de enfermedades y dolencias. A nosotros nos toca hoy seguir el ejemplo de Jesús. Cada uno vea cómo puede hacerlo en su vida diaria. No solo tenemos que acompañar a Jesús en su muerte sino sobre todo en su resurrección, en su nueva vida que Dios le concedió.


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2ª HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A – 3 Abril 2011

HOMILIA 4º domingo de Cuaresma ciclo A

El evangelio de este domingo es una catequesis bautismal y una manera sencilla de abrirse a la fe descubriendo poco a poco a Jesús. El proceso que vive el ciego del evangelio es el proceso que viven muchas personas, o tal vez hemos vivido nosotros a lo largo de nuestra historia personal. Más que encontrarse con Jesús de repente y de una vez por todas, el encuentro entre Jesús y cada uno de nosotros está marcado por diferentes pasos.

El primer paso está  marcado por la ceguera que nos impide ver las obras de Dios. A veces estamos tan ciegos que no vemos lo que Dios ha hecho con cada uno de nosotros. Siempre hay alguien que nos ayuda a descubrir la acción de Dios en nuestras vidas. Personas, acontecimientos, encuentros, como el de la semana pasada de Jesús con la samaritana, nos ayudan a descubrir, a ver las obras de Dios. Otras veces estamos tan ciegos que tenemos que preguntar como los discípulos a Jesús: ¿por qué no veo yo lo que Dios hace a favor de los demás?.

Para ver las obras de Dios en la vida hace falta la fe. Si nos quedamos con la sola mirada de los ojos, nuestra visión de la vida y de los acontecimientos se queda coja. Si a la mirada de los ojos acompañamos la mirada del corazón, es decir, de la fe, nuestra visión se enriquece y nos acerca más a Dios.  La fe es un don que Dios nos da, pero también es una respuesta que nosotros damos a Dios. El nos da gratis la fe. Nosotros, también gratuitamente, creemos en Dios.

En el segundo paso la fe, que va haciendo que desaparezca la ceguera, nos ayuda a caminar como hijos de la luz. El ciego quería ver, pero no solo ver físicamente sino llegar a ver la luz. No se imaginaba que se iba a encontrar con Jesús, “luz del mundo”. Pasa de estar ciego de no ver, de no tener fe, a ver y confesar su fe en Jesús. Pasa de no tener luz que le guíe a encontrarse con la verdadera luz. El ciego termina confesando: “creo, Señor” (v.38). Su fe en Jesús le ayuda a ver la luz.

En nuestra vida personal necesitamos eliminar la ceguera que nos impide encontrarnos con Jesús y caminar siguiéndole a El. Al ciego del evangelio se le piden muchas explicaciones, se molesta a los padres que tienen miedo de confesar que el ciego es su hijo, el mismo ciego da una y otra vez la misma explicación. Tal vez a nosotros nos puede suceder algo parecido. Nos puede dar miedo confesar a Jesús, nos puede dar miedo tener que dar explicaciones de por qué creemos, nos refugiamos en respuestas vagas para no comprometernos y que nos dejen en paz.

Y en el tercer paso la fe nos hace ser testigos. La confesión de fe del ciego le convierte en testigo de Jesús. Su vida ha cambiado. Ya no es el que estaba sentado mendigando. Ahora puesto en pie se convierte en testigo de Jesús   Ya no tiene miedo a confesar que Jesús es no solo el que le ha devuelto la vista, sino que es el camino a seguir, la luz que alumbra su vida. Su ser testigo le lleva a enfrentarse con los que no solo dudan sino que ponen objeciones a su curación, es decir a su vida de fe, y objeciones a Jesús como luz del mundo.

Algo parecido nos puede pasar a nosotros. En un primer momento no nos resulta fácil ser testigos. Ser testigos de Jesús es un verdadero compromiso elegido libremente. Este compromiso nos llevará a enfrentarnos con los criterios del mundo, del poder, de violencia, de opresión. Habrá quien se sienta molesto por nuestro seguimiento de Jesús, pero mejor será eso que no pasar desapercibidos por miedo al qué dirán.

Termino con unas palabras refiriendo este proceso al Beato Chaminade. El desde la fe supo ver las obras de Dios aún viviendo momentos duros y difíciles, como verse perseguido por confesar a Jesús. La fe fue la que marcó su camino para seguir a Jesús, hecho hijo de María, y desde la fe se convirtió en testigo de Jesús. A nosotros los que formamos la familia marianista nos deja un ejemplo de fe vivida desde el corazón y desde la entrega a Dios y a los demás.