Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Miércoles 8 de Diciembre 2010 – Inmaculada

HOMILIA Inmaculada.

Pienso que las homilías suelen estar, a veces, un poco lejanas de la realidad que vivimos. Tendemos a espiritualizar la palabra de Dios con lo que la alejamos del mundo real. En la vida personal, social y sobre todo en el mundo de la empresa se da lo que se llama: toma de decisiones. Esta es una parte importante en un proceso. Sin la toma de decisiones la vida, en general, quedaría un tanto mutilada.

     Pues bien voy a englobar las tres lecturas de hoy bajo este proceso de toma de decisiones. En la primera lectura Adán y Eva, o Eva y Adán, como queráis han tomado una decisión que les lleva a esconderse, a darse cuenta que están desnudos y a desconfiar de Dios. Su toma de decisión tiene unas consecuencias que todos sabemos.

    La carta a los Efesios nos muestra la gran decisión de Dios respecto del hombre. Una decisión que tiene varios pasos: primero, la bendición, segundo, la elección y tercero el destino. Su decisión tiene unas consecuencias muy diferentes a las de la primera lectura. Más que diferentes, yo diría opuestas. En la toma de decisión de Dios no hay miedo, no hay maldición, no hay echar las culpas a otro. En la toma de decisión de Dios hay un punto importante sobre el que gira todo lo que Dios quiere para nosotros: ese punto es Cristo. Nos ha bendecido en Cristo, nos ha elegido en Cristo y nos ha destinado en Cristo.

Esto no es un juego de palabras. Esta es la gran decisión de Dios para con el hombre y que se desarrolla en diálogo con el hombre, mejor con una mujer, y con la colaboración suya, la de María. La libertad que Dios ha dado al hombre es tan grande que el mismo Dios se arriesga en su decisión de hacerse uno de nosotros. La decisión de Dios tiene que ser aceptada, de hecho lo es, lo vemos en el evangelio, por la virgen María.

También vemos en el evangelio que María toma una decisión arriesgada. Ser la madre del Hijo de Dios, pero firmando un cheque en blanco. Ella no ha sopesado los pros y los contras de la propuesta de Dios. Ella se ha lanzado a decir “hágase en mí según tu palabra” confiando plenamente en el Dios, para quien “nada es imposible”.

A la virgen María se la ha pintado muchas veces en una actitud de pura sumisión, de mujer apocada, sin fuerza, o muy espiritualizada, cuando en realidad hay que verla e imaginársela como una mujer llena de vida, y, sobre todo, enfrentándose a lo que se le viene encima:  ser madre aceptando un futuro incierto. Me pregunto: la mayor parte de nuestras madres, ¿no han sido mujeres fuertes, que han llevado adelante, no solo la casa, sino sobre todo la vida, la suya y la de los demás? ¿Por qué, entonces, pintamos a María como mujer débil?

Cuando una mujer toma la decisión de ser madre…pone en ello todo lo que ella es. Cuando María aceptó ser la madre del Hijo de Dios…puso en ello todo lo que ella era. Veamos en María la mujer fuerte, la mujer que dijo sí a la vida, que luchó por la vida de su Hijo, al ser perseguido, y quitémonos de nuestras mentes la idea de María como mujer débil.  Esta fiesta de hoy nos invita a dar gracias a Dios por la aceptación de María de ser madre del Hijo de Dios.


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Homilía Domingo 5 de Diciembre 2010 – 2º Dom Adviento

HOMILIA 2º domingo adviento ciclo A

Dice un autor: “la fe de los profetas no es conformista…los profetas actúan como portavoces de esperanza en un clima de desencanto colectivo y como personas comprometidas con la justicia en medio de una sociedad injusta”. (Tamayo Acosta).

Tomando estas palabras, me hago las siguientes preguntas:

  1. en el mundo, en la iglesia ¿hay hoy profetas?
  2. los cristianos ¿no nos hemos vuelto conformistas?, al menos en algunos países
  3. si vivimos en un clima de desencanto colectivo ¿somos portavoces de esperanza?
  4. ¿estamos comprometidos con la justicia?

Dejo estas preguntas para que cada uno de nosotros nos las respondamos.

Cambio de tercio, como se suele decir, para soñar un poco siguiendo al profeta Isaías con dos términos que leemos en las lecturas de hoy: “aquel día” y  “voz que grita en el desierto”.  Recuerdo una viñeta de Mafalda: ella se sube a una silla y dice: “desde esta humilde sillita hago un llamamiento a la paz”. Siguiente viñeta: Mafalda con cara de sorpresa reflexiona: “Total la ONU, el Vaticano y mi sillita tienen el mismo poder de convicción”.

Tomemos estos dos términos de Isaías “aquel día” y “voz que grita en el desierto”, teniendo como telón de fondo las palabras de Mafalda. ¿Qué podemos soñar? ¿Qué poder de convicción tenemos los cristianos?

En primer lugar “voz que grita en el desierto”: desde nuestra fe y nuestro compromiso deberíamos con nuestra palabra y nuestra vida ser VOZ de los sin voz en el mundo. No sé si pensaréis que el mundo es como un desierto. En el desierto no hay nada. Pero al desierto se le puede ganar la batalla y convertirlo en terreno productivo. Eso es lo que han hecho algunos pueblos: han ganado al desierto y lo han convertido en terreno útil.

Como cristianos deberíamos ser esa voz y convertir el desierto del mundo en un mundo donde pueda reinar la paz, la justicia, donde nadie lo pasara mal. Es verdad que eso no se puede hacer de la noche a la mañana y que podemos sentirnos solos, pero lo que tenemos y nadie nos puede quitar es la VOZ, que deberíamos alzar, que deberíamos GRITAR, y por qué no denunciar como hace Juan el Bautista. El se dirige también hoy a nosotros y nos dice: “no os hagáis ilusiones” y “dad frutos de conversión”. Dos consejos que habría que tomar más en serio.

Y lo segundo: “aquel día”. Soñemos también con aquel día en el que algunas realidades sean verdad. Soñemos que todo niño podrá crecer sano y acceder a la educación. Que toda persona vea respetados sus derechos fundamentales de vivienda, trabajo, salud. Que ninguna religión persiga a otra, sino que sean instrumentos de paz y concordia. Que la justicia vele por los más débiles. Que las armas se cambien por herramientas de trabajo, como nos decía Isaías el domingo pasado.

Así, y volviendo al principio de estas palabras: seremos de verdad profetas en nuestro mundo, dejaremos de ser conformistas, seremos portavoces de esperanza y trabajaremos por un mundo más justo. Este tiempo de Adviento nos invita a soñar y a ser profetas de buenas noticias. Que aunque no se nos haga caso o no se nos oiga, no por eso dejemos de ser voz de los que no tienen voz.


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Domingo 28 de Noviembre 2010 – Dom 1º Adviento

HOMILIA 1er domingo de Adviento ciclo A

 Hoy iniciamos el tiempo de Adviento, el tiempo que, por excelencia, nos invita a la esperanza. Y, tal como van las cosas, ¿en dónde, en qué, en quién podemos poner nuestra esperanza? Habrá personas para quienes la esperanza les queda muy lejos por los problemas económicos que estén viviendo. Y estos problemas irán unidos a otros de tipo personal y familiar.

 Un libro que he recomendado en la página web, y que os animo a leer, se titula “Esperanza en una época de desesperanza” del dominico Albert Nolan. El título del libro habla por sí  mismo. En estos tiempos de desesperanza nos toca no solo hablar de esperanza, sino como nos invita san Pedro en su primera carta: “estar siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza” (1ªPe 3,15). Y estaréis de acuerdo en que hoy día resulta difícil y duro hablar y dar razón a otros de nuestra esperanza.

Porque, en realidad, ¿no nos dejamos llevar por la desesperanza? Cuando hablamos con otros de cómo está la situación, ¿reaccionamos con esperanza? Yo creo que nos hemos vuelto pesimistas. Diréis,…hay motivos para ello y no os faltará razón. Pero no hay que quedarse ahí.

¿Qué nos dice la carta a los Romanos? Oye…”despierta del sueño…” Oye…”deja las actividades de las tinieblas”…Oye…” compórtate con dignidad”. Y ¿qué nos dice Jesús en el evangelio? “Estad en vela”,  “estad preparados”. No tomemos estas advertencias como algo tremendo, como con miedo, NO. Estas advertencias están destinadas a animarnos, a salir del estado de desesperanza que puede cundir en algunas personas, a dejar de lado el letargo donde nos podemos refugiar.

Estas advertencias son una llamada a no quedarnos parados. Nos están diciendo que hay mucho que hacer, mucho que anunciar, mucho que decir a los que viven desesperanzados. Puede resultar más fácil quedarse callado, o decir, eso conmigo no va, pero la verdad es que tanto san Pablo como Jesús nos están poniendo en guardia frente a los que todo lo ven negro.

Despertar del sueño y dejar las actividades de las tinieblas son dos maneras de decirnos que algo podemos hacer, aunque sea poco. Durante el sueño no hacemos nada y las actividades de las tinieblas pueden ir relacionadas con la sola crítica negativa ante lo que estamos viviendo. Por eso continúa el texto animándonos a conducirnos con dignidad, es decir, a poner empeño por construir algo nuevo. Conducirnos con dignidad es también colaborar a forjar arados y podaderas que son instrumentos de trabajo en lugar de espadas y lanzas que lo son de violencia y guerra, a trabajar por la paz, la justicia, el bienestar…según nuestras posibilidades.

Para conducirnos con dignidad Jesús nos avisa que hay que estar en vela y preparados. Frente a quienes lo ven todo negro…estemos en vela. Frente a quienes solo critican… estemos preparados para dar razón de nuestra esperanza. Frente a quienes no hace nada y no dejan hacer…estemos en vela y preparados para decirles que aún hoy día algo se puede hacer.

Que no nos deslumbren las luces fugaces de las calles, sino que nos alumbre la esperanza del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.


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Homilía domingo 21 de Noviembre 2010 – Cristo Rey

HOMILIA solemnidad de CRISTO REY    ciclo C

Como veis he colocado aquí delante un sillón “regio” y un Cristo crucificado. ¿Motivo?

La fiesta de hoy. Celebramos la solemnidad de Cristo rey. Y más que hablar de la fiesta, os invito a contemplar las dos realidades: el sillón “regio” y la Cruz.

Se puede reinar y se reina desde un sillón, es decir, desde el poder para ordenar y mandar. Desde la seguridad que da el sillón y, por qué no, que, por ejemplo, dan unos votos. Se reina desde la seguridad de estar rodeado de personas que custodian ese sillón, ese poder para no perderlo. Desde el sillón se reina, también, a veces, ajeno a las necesidades de las personas.

¿Se puede decir lo mismo desde la Cruz? ¿Se puede ordenar y mandar desde la Cruz? Decimos que Cristo reina desde el madero de la Cruz. ¿No es una contradicción? La Cruz era el peor suplicio para un hombre en la época de Cristo y ¿pensamos que es normal reinar desde la Cruz? A los primeros cristianos les tuvo que resultar difícil aceptar ese reto.

Solemnidad de Cristo Rey

 Habrá que dar un salto en el vacío para, desde la fe, aceptar que un hombre, en este caso  Jesús de Nazaret, Jesús el Hijo de Dios, ha venido a crear un reino que no está basado en el poder, en la seguridad, yo diría, en los votos, ni siquiera solo un reino espiritual, como a veces oímos decir.

Si queremos comprender y aceptar que Jesús reina desde la Cruz tendremos que cambiar algunos esquemas. Jesús no reina para mandar y ordenar, sino para invitar a seguirle sabiendo que no es fácil hacerlo. Jesús no reina para dar seguridades, sino para vivir el compromiso de la fe en El y de servir a los demás. Jesús no reina para tranquilizar nuestro espíritu, sino para hacer que vivamos transmitiendo sus palabras y su mensaje y eso compromete todo nuestro ser.

Su forma de reinar es la de sacarnos de las tinieblas y llevarnos a la luz, que es El por ser imagen del Padre. Jesús nos dice en san Juan: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas”. Su forma de reinar es para “reconciliar consigo a todos los seres”. Su forma de reinar es la de crear una paz basada en el amor y servicio mutuo y no en la paz creada desde el sillón “regio”.

Os invito a quitar de nuestra mente y de nuestro corazón la idea de un Cristo que reina desde un sillón para mandar y ordenar y fijarnos en el Cristo que desde la Cruz nos invita a seguirle sabiendo que su reino no se parece a los reinos de este mundo, sino que su construir y trabajar por la venida de su reino puede resultar duro, en algunos momentos y que no es fácil trabajar por él, porque su mensaje choca, a menudo, con los que reinan desde el sillón regio.

La invitación está lanzada por parte de Jesús: trabaja y construye el Reino de Dios que es reino de paz, de justicia, de amor, perdón y libertad.


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Homilía domingo 14 Noviembre 2010

HOMILIA domingo 33º t.o. Ciclo C

Se puede decir que las religiones, sectas, incluso grupos que nada tienen que ver con lo religioso aprovechan momentos en los que no les van bien las cosas para hacer anuncios apocalípticos. Normalmente estos anuncios los hacen fanáticos o fundamentalistas, sean del signo que sean y se muevan en el ámbito que se muevan. Se creen iluminados, engañan, ganan adeptos y en nombre de no se sabe qué, tal vez en beneficio propio, meten miedo a las personas. El judaísmo y el cristianismo no escapan a estos anuncios. Tampoco escapa la sociedad civil que, con sus diversos grupos, crean climas de tensión para beneficiarse y hacer que se olviden los verdaderos problemas que vivimos.

Con la vivencia de la fe puede pasar lo mismo. Cuando no se molesta a la religión, sea cual sea, todo se ve de color rosa. Por el contrario, cuando esta se ve amenazada, cuando se la quiere relegar…los hay que recurren a anuncios apocalípticos. Aquí y entonces es bueno recordar las palabras de Jesús en el evangelio: “que nadie os engañe” y “no vayáis tras ellos”.

La fe no se vive añorando el pasado, porque, entre otras cosas, el tiempo pasado, pasado está y las necesidades y vivencias de cada tiempo son diferentes. La fe es compromiso actual y compromiso por vivir el presente aprovechando lo bueno del pasado pero sin hacer que ese pasado tenga tanto peso que anule lo que nos toca vivir. Hay personas que viven de recuerdos del pasado y no miran hacia delante.

En el evangelio Jesús nos dice algo que deberíamos tener en cuenta: “tendréis ocasión de dar testimonio”. Siendo realistas y conscientes de las necesidades del mundo y de la sociedad que vivimos…nuestra misión en el mundo y en la sociedad es la de “dar testimonio” de lo que creemos y en quien creemos.      

Jesucristo no ha venido a meternos miedo, ni a anunciar el fin del mundo. El mismo dice que el fin del mundo está en manos del Padre. La Buena Noticia que él predicó quiere ser eso: BUENA NOTICIA. Jesús es la buena noticia del Padre y por ello el testimonio que nos ha dejado es que el Padre es amor, perdón, paz, salvación, liberación. Y cuando Jesús nos invita a dar testimonio es para continuar su labor de ser también nosotros buena noticia para los demás de amor, perdón, paz, salvación…

Y para anunciar todo eso Jesús nos dice que “yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente…ningún adversario vuestro”.  Sabemos que la gente se queda sin palabras cuando ven que otros, en lugar de ser catastrofistas, anuncian la buena noticia de Jesús. Anunciar el evangelio, aunque sea desde nuestros defectos, deja sin palabras a los que se oponen a él y en lugar de contradecir, su oposición es ridiculizar, quitar de en medio el evangelio, sencillamente porque les molesta.

Quedémonos con las palabras de Jesús que son invitación para todos: “tendréis ocasión de dar testimonio”. Y el verdadero testimonio atrae más que los anuncios catastróficos que no hacen más que engañar.


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Homilía domingo 7 de Noviembre 2010 – dom 32º t.o

HOMILIA domingo 32º t.o. Ciclo C

Normalmente predico siguiendo el Evangelio. Hoy me centraré en la segunda lectura, la de Tesalonicenses, con alusiones al viaje del Papa a Santiago y a Barcelona.

Pablo anima la comunidad cristiana de Tesalónica tomando como referencia a Jesucristo y a Dios Padre. Cristo es el centro de la vida y predicación de Pablo. Las cartas de Pablo insisten que toda la vida y toda vida deben girar en torno a Jesucristo. Sabemos por él mismo que pasó dificultades para transmitir el Evangelio en algunas comunidades por donde pasaba. Esas dificultades en lugar de hacerle desistir de su tarea, le animaban aún más a predicar y a dar testimonio de su fe en Cristo.

En estos días Benedicto XVI anima a dos comunidades cristianas, las de Santiago y Barcelona, aunque su mensaje se dirige también a una comunidad más amplia.  No creo que sea exagerado decir que su persona, como discípulo de Cristo y con un peso tan importante dentro y fuera de la Iglesia, pasa también por dificultades. Pero él continúa con su misión de transmitir el Evangelio corroborándolo con su propio testimonio y por qué no, con su avanzada edad.

Pablo dice a los Tesalonicenses una frase que sigue siendo actual: “rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros”. Pablo le recuerda a Timoteo que “la palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,9), aunque él mismo sufre prisiones y lleva cadenas como un malhechor. El  resume su tarea evangelizadora en llevar a Cristo a los gentiles, es decir, a personas que no han oído hablar de Jesús.

La intención de Pablo es que la palabra de Dios “siga su avance…” Por eso viaja de un sitio a otro. No quiere que nadie se quede sin conocer a Jesús. Que la palabra de Dios siga su avance es lo mismo que decir que Jesucristo sea predicado a todo hombre y que el Evangelio, que es buena noticia, llegue hasta los confines de la tierra.

La tarea de Benedicto XVI es la que dice san Pablo: que la palabra de Dios siga su avance, se oiga hasta los confines de la tierra, porque la palabra de Dios sigue sin estar encadenada. La palabra de Dios no encadena a nadie, sino que es palabra de liberación, de salvación. Reconozcámoslo, Benedicto XVI no es bien acogido en algunos lugares, pero eso no quita que él siga anunciando a Cristo. Posiblemente, digo posiblemente, en Santiago y en Barcelona puede haber personas que no conozcan a Cristo o que su mensaje les llegue tergiversado. Misión de todos nosotros es que el mensaje de Cristo llegue limpio a todo el que lo escuche.

Y termina el texto con una súplica: “que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo”. Es una súplica que bien podemos desearnos unos a otros. El mandamiento del amor, como Cristo nos amó, es lo fundamental del cristiano. La constancia de Cristo se resume en hacer ver a Dios como Padre y en predicar el Reino de Dios. En estos dos temas Jesús fue constante. Que también nosotros sintamos y hablemos de Dios como Padre y trabajemos por la llegada del Reino que predicó Jesús, Pablo y hoy predica Benedicto XVI.


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Homilía lunes 1 de Noviembre 2010 – Todos los Santos

HOMILIA fiesta de TODOS LOS SANTOS

 La Iglesia de hoy resulta molesta a mucha gente por el mensaje que transmite y por la vivencia de ese mensaje. A unos les molesta porque los enfrenta con un mensaje de respeto a la persona, a la vida, a la libertad, a lo que podemos llamar “trascendencia”, es decir, fe-confianza en Dios. En un Dios que se ha hecho uno de nosotros y que nos ha hecho hijos suyos por puro amor, según la carta de San Juan.

    A otros les molesta por la vivencia del mensaje, que muchas personas lo centran en su acción desinteresada hacia los más necesitados de todo tipo…El mensaje y la vivencia de ese mensaje es siempre el mismo porque se basa en el evangelio…se basa en el programa de Jesús que acabamos de escuchar en el texto de las Bienaventuranzas, se basa en el mismo Jesús.

 Seamos también conscientes que hay muchos cristianos que perteneciendo a un catolicismo social, pero no real, les puede asimismo molestar la iglesia. La fiesta de hoy es la gran fiesta, la gran memoria, de muchas personas que conociendo el mensaje de Jesús, lo llevaron a la vida. Por eso entre estos “santos” oficiales y otros muchos que no han sido declarados tales, los hay que dieron su vida, derramando incluso su sangre,  por el mensaje de Jesús, es decir, por ser consecuentes con su fe. Otros lo vivieron dedicando su vida a los demás.  Otros lo pusieron en práctica de manera silenciosa… Otros… Para ellos era la forma de vivir las Bienaventuranzas, el mensaje de Jesús

Podemos decir que siempre ha habido personas que por creer y vivir el mensaje de Jesús han resultado molestas a su sociedad.  Hoy hay cristianos que nos están manifestando que el Evangelio se puede vivir con todo el rigor de la letra y el espíritu.

Los valores que viven muchas de estas personas son valores que cuentan poco en nuestro mundo. La entrega, el servicio, la disponibilidad, la gratuidad, la búsqueda de la justicia y la paz…son, entre otros, valores que a nuestra sociedad llamada de bienestar le cuesta aceptar. Y porque le cuesta aceptarlos…los ignora, los considera valores obsoletos y los contrapone a una felicidad basada en lo efímero, en el poder, en el dinero…

Hay que reconocer que hay personas que sin ser cristianos…sin ser personas oficialmente “religiosas” viven y trabajan por extender estos valores. También ellos pueden ser considerados como “bichos raros”.

Las bienaventuranzas son una llamada personal, a cada uno de nosotros, a vivir el mensaje de Jesús. Hay una frase que me gusta, que la llevo en mi agenda personal, y la tenéis en la hoja dominical: “cada jornada nuestra es seguro que nos presentará alguna ocasión de poner en práctica las bienaventuranzas” que es bien real.

No nos importe si con la vivencia del mensaje de Jesús resultamos molestos a nuestro mundo. A los santos que hoy celebramos también les pasó lo mismo. Pero será señal que, primero, nos ayude a reflexionar sobre nuestra propia vida, y segundo, hará que otros hagan lo mismo con la suya. Así todos podremos vivir en este mundo con las mismas oportunidades y hacer que nadie se sienta excluido llevar una vida digna, una vida de hijo de Dios.


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Homilía Domingo 31 de Octubre 2010 – dom. 31º t.o.

HOMILIA  domingo 31º t.o. Ciclo C

En el evangelio de san Juan, Jesús dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El evangelio de este domingo es una ratificación de esa frase de Jesús.

Vivimos en un mundo donde parece ser que estamos más interesados en rechazar, quitar de en medio, incluso en ignorar a quienes no piensan o  no sienten como nosotros. Eso lo vemos en todos los niveles de la vida personal y social. Y el problema serio es que esa actitud la transmitimos a las generaciones jóvenes. El respeto por la vida y la dignidad propia y ajena nos es, a veces, indiferente.

El evangelio de hoy es una apuesta por la vida. Zaqueo, como publicano y rico que era, no era bien visto por sus conciudadanos, era objeto de odio por estar vendido a los romanos. Para muchos judíos Zaqueo era una persona, vamos a decir, sin vida. Y Zaqueo, por su parte, se aprovechaba de los judíos, cobrándoles más impuestos. Para él los judíos eran simplemente algo, no alguien, a quien robar y aprovecharse de ellos.

Zaqueo se entera que Jesús va a pasar por Jericó. Quiere verle por ser un personaje importante. Pero se encuentra con que es Jesús quien le busca a él. De querer ver a Jesús, se encuentra siendo buscado por él. En la Biblia hay numerosos textos donde Dios es quien busca al hombre y no al revés: busca a Adán en el paraíso, busca a Moisés en la zarza,… El evangelio nos dice, que “Jesús levantó los ojos”. Los levantó a propósito para provocar el encuentro. Por eso el encuentro de Jesús con Zaqueo no es casual. Jesús quiere dar vida a este hombre, lo quiere salvado, redimido.

En la primera lectura hemos leído “a todos perdonas…Señor, amigo de la vida”. Jesús es la vida y “amigo de la vida” y su encuentro con Zaqueo quiere ser eso: transmisión de vida. Zaqueo cae en la cuenta de que la vida no es aprovecharse de los demás, sino de devolver a los demás lo robado y más aún. Cae en la cuenta de que la vida es dejarse buscar por alguien que te quiere, que levanta los ojos para encontrarse contigo, que se hospeda en tu casa y que te ofrece el perdón como signo de vida y amor.

Muchas veces nosotros buscamos a Dios, aunque hoy vivimos en una sociedad cada vez más indiferente al encuentro con Dios. Y muchas veces, más que buscar a Dios, es Dios quien nos busca a nosotros. Dejémosle que sea El quien eleve los ojos, nos vea, y nos diga que quiere alojarse en nuestra casa. Hay una frase de una mujer francesa que dice: “Dios mío, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otro lugar?” (Madeleine Delbrel). Dios nos busca, sólo necesita que nosotros estemos en el lugar donde Él está.

Zaqueo recibe el amor de Dios por medio de Jesús y él manifiesta ese amor a los demás devolviéndoles lo robado y superando eso que ha robado, cuatro veces más. La salvación que dice Jesús que ha entrado en la casa de Zaqueo, es la misma vida.

Devolver la vida a una persona es salvarle. Salvar a una persona es darle vida. Eso es lo que Dios hace con nosotros, lo que Jesús ha hecho por todos los hombres: salvarnos y darnos vida, o al contrario, darnos vida salvándonos. Que a ejemplo de Zaqueo, nuestro encuentro con Dios, nos lleve al encuentro con los demás y a dar vida a los demás.


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Homilía domingo 24 de Octubre 2010 – dom 30 de t.o. Ciclo C

HOMILIA domingo 30 de t.o. Ciclo C

Este domingo se nos habla también de la oración. Se nos pone como ejemplo la actitud de dos personas ante Dios. Y suele coincidir que la actitud que adoptamos ante Dios es semejante a la que adoptamos con las personas, o si queréis al revés, la actitud que adoptamos con las personas suele coincidir con la que adoptamos ante Dios.

A los fariseos les gustaban los primeros sitios, que les vieran en las plazas, que les saludaran por las calles…pues su actitud ante Dios es parecida. El fariseo ora como su vida de fariseo, erguido, delante, donde todos lo vean. Parece buena persona, pero hay una cosa que le pierde: se considera mejor que el publicano. De la misma manera que su relación con el publicano no es auténtica, sino de desprecio, su relación con Dios tampoco lo es: él que se cree justo, en un momento de intimidad con Dios, como es la oración, está pecando contra el hermano. Como no se reconoce pecador, no recibe el pedón. Hay personas que dicen no pecar…pueden ser semejantes al fariseo.

El publicano reza como publicano, como pecador. Se queda atrás, se golpea el pecho y pide humildemente perdón. Este reconocimiento de su condición de pecador hace que su situación cambie. Se reconoce pecador, pide perdón y recibe el perdón de Dios. El publicano vuelve a su casa transformado. Ha pedido y recibido el perdón.

La oración que hacemos suele ser reflejo de la vida y la vida se expresa en la oración. Ante Dios en la oración hay que situarse con realismo, tal y como somos, sin querer engañar ni engañarnos. Querer parecer mejores, hace que Dios no nos reconozca, hará que no pidamos perdón, que despreciemos a los demás, porque ante los demás queremos aparentar ser mejores. Dios conoce perfectamente nuestro ser, conoce cómo somos. Presentarse ante El aparentado otra cosa, solo nos lleva a engañarnos.

No es fácil conocerse a sí mismo, pero en cambio, resulta fácil compararse con los demás y creerse mejores o superiores a los otros. Y esto incluso en la vida normal, en las meras relaciones con los demás. En la vida diaria nuestras comparaciones con los otros suelen ser para decir ¡qué bueno soy yo! y ¡qué malos son los demás!. Por eso esta parábola viene bien no sólo para ver cómo es nuestra oración, sino también cómo son nuestras comparaciones con los demás.

Una palabra acerca del Domund.  El Papa nos anima no solo a rezar por la extensión del Evangelio sino también a apoyar a los misioneros económicamente. La crisis también está afectando a las misiones tradicionales. El lema de “queremos ver a Jesús” significa no solo predicarle sino también verlo en la vida de las personas, en la vida nuestra. No nos quedemos en decir que hay que predicar, hay también que dar trigo. Que así sea.


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Homilía domingo 17 de Octubre 2010 – Dom 29º t.o.

HOMILIA domingo 29 t.o. Ciclo C.

El evangelio de hoy nos presenta tres temas que deberían ir unidos en la vida de todo cristiano: oración, justicia y fe. Rezar y trabajar por la justicia desde la fe en Jesús. Una oración que no desemboca en el trabajo por la justicia y que no está hecha desde la fe, pobre oración es.

En los evangelios Jesús enseña a los discípulos a rezar y él mismo se pone como ejemplo de oración.  Jesús enseña a orar en común con el Padre nuestro, dice que para orar hay que estar solos. El se retiraba para estar a solas y orar al Padre. Pasaba largos ratos orando a  Dios. Se nos cuenta la oración que Jesús dirige a Dios en el huerto de los Olivos: “que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Estos casos de la vida de Jesús son válidos para nosotros: rezamos en común, a solas, en todo momento, sea grato o difícil. El caso que hoy nos cuenta el evangelio va unido a la justicia. A veces hay personas que dicen que cuando no se puede conseguir algo a nivel humano, se echa mano de la oración como sustituto de la acción que deberíamos hacer. Y vemos que la gente se desanima porque no consigue con la oración lo que quiere.

Me explico. Una mujer pide justicia, y la pide insistentemente. El juez injusto llega a pensar que le va a pegar. Por ese motivo accede a hacerle justicia. En este caso se nos retrata “la impotencia de los débiles frente al cinismo de los fuertes”. Los débiles, que podemos ser cada uno de nosotros en diferentes circunstancias, al no conseguir que se nos haga justicia, recurrimos a la oración como si pensáramos que ella resolverá nuestro problema. Y está claro que eso no da resultado cómo y cuándo nosotros queremos. El resultado se conseguirá pidiendo insistentemente justicia, y pidiéndola a quien hay que pedirla: a los hombres. También habrá que rezar, por supuesto.

Dios no va a venir a instaurar la justicia, ni siquiera por medio de la oración. Dios se preocupará de sus elegidos, sí, pero querrá que esos elegidos además de orar con confianza y constancia trabajen para que se haga justicia a los débiles.  Orar y trabajar por la justicia pide la fe. Nos viene bien recordar el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Refugiarnos solo en la oración es escapar de la realidad que nos rodea. La oración nos tiene que llevar a la acción y la acción de esta mujer es pedir justicia.

He dicho que orar y trabajar por la justicia pide la fe. La fe nos lleva a confiar que podemos construir un mundo diferente. La mujer del evangelio insiste e insiste. No se conforma con que las cosas se queden como están. En la fe que anima nuestra vida hay insistencia no solo en reclamar lo bueno para todos sino también en buscar la manera de que ese bien llegue a todos. La fe no es algo intelectual. La fe es vida.

La oración, la justicia y la fe se ven apoyadas por la palabra de Dios que san Pablo recuerda a Timoteo en la segunda lectura. En la palabra de Dios encontramos la sabiduría que conduce a la salvación. Y la salvación hay que obrarla desde ya, desde el momento que nos toca vivir. La salvación no viene por arte de magia. La salvación ha sido realizada por Jesús que confiaba en el Padre, que oraba al Padre y que trabajó por la justicia en su tiempo.