Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía domingo 24 de Octubre 2010 – dom 30 de t.o. Ciclo C

HOMILIA domingo 30 de t.o. Ciclo C

Este domingo se nos habla también de la oración. Se nos pone como ejemplo la actitud de dos personas ante Dios. Y suele coincidir que la actitud que adoptamos ante Dios es semejante a la que adoptamos con las personas, o si queréis al revés, la actitud que adoptamos con las personas suele coincidir con la que adoptamos ante Dios.

A los fariseos les gustaban los primeros sitios, que les vieran en las plazas, que les saludaran por las calles…pues su actitud ante Dios es parecida. El fariseo ora como su vida de fariseo, erguido, delante, donde todos lo vean. Parece buena persona, pero hay una cosa que le pierde: se considera mejor que el publicano. De la misma manera que su relación con el publicano no es auténtica, sino de desprecio, su relación con Dios tampoco lo es: él que se cree justo, en un momento de intimidad con Dios, como es la oración, está pecando contra el hermano. Como no se reconoce pecador, no recibe el pedón. Hay personas que dicen no pecar…pueden ser semejantes al fariseo.

El publicano reza como publicano, como pecador. Se queda atrás, se golpea el pecho y pide humildemente perdón. Este reconocimiento de su condición de pecador hace que su situación cambie. Se reconoce pecador, pide perdón y recibe el perdón de Dios. El publicano vuelve a su casa transformado. Ha pedido y recibido el perdón.

La oración que hacemos suele ser reflejo de la vida y la vida se expresa en la oración. Ante Dios en la oración hay que situarse con realismo, tal y como somos, sin querer engañar ni engañarnos. Querer parecer mejores, hace que Dios no nos reconozca, hará que no pidamos perdón, que despreciemos a los demás, porque ante los demás queremos aparentar ser mejores. Dios conoce perfectamente nuestro ser, conoce cómo somos. Presentarse ante El aparentado otra cosa, solo nos lleva a engañarnos.

No es fácil conocerse a sí mismo, pero en cambio, resulta fácil compararse con los demás y creerse mejores o superiores a los otros. Y esto incluso en la vida normal, en las meras relaciones con los demás. En la vida diaria nuestras comparaciones con los otros suelen ser para decir ¡qué bueno soy yo! y ¡qué malos son los demás!. Por eso esta parábola viene bien no sólo para ver cómo es nuestra oración, sino también cómo son nuestras comparaciones con los demás.

Una palabra acerca del Domund.  El Papa nos anima no solo a rezar por la extensión del Evangelio sino también a apoyar a los misioneros económicamente. La crisis también está afectando a las misiones tradicionales. El lema de “queremos ver a Jesús” significa no solo predicarle sino también verlo en la vida de las personas, en la vida nuestra. No nos quedemos en decir que hay que predicar, hay también que dar trigo. Que así sea.


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Lecturas de la misa – Domingo 24 de Octubre 2010

Domingo 30º del T.O.

  • Primera Lectura: Eclesiástico 35, 12-14. 16-18
    «Los gritos del pobre atraviesan las nubes» 

    El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

  • Salmo Responsorial: 33
    «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.» 

    Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

    El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.

    El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 4, 6-8. 16-18
    «Ahora me aguarda la corona merecida» 

    Querido hermano:

    Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente.

    He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

    Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

    La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me

    asistió. Que Dios los perdone.

    Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león.

    El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo.

    A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

  •  

  • Evangelio: Lucas 18, 9-14
    «El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no» 

    En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

    «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»

    El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:

    «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. »

    Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 


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Homilía domingo 17 de Octubre 2010 – Dom 29º t.o.

HOMILIA domingo 29 t.o. Ciclo C.

El evangelio de hoy nos presenta tres temas que deberían ir unidos en la vida de todo cristiano: oración, justicia y fe. Rezar y trabajar por la justicia desde la fe en Jesús. Una oración que no desemboca en el trabajo por la justicia y que no está hecha desde la fe, pobre oración es.

En los evangelios Jesús enseña a los discípulos a rezar y él mismo se pone como ejemplo de oración.  Jesús enseña a orar en común con el Padre nuestro, dice que para orar hay que estar solos. El se retiraba para estar a solas y orar al Padre. Pasaba largos ratos orando a  Dios. Se nos cuenta la oración que Jesús dirige a Dios en el huerto de los Olivos: “que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Estos casos de la vida de Jesús son válidos para nosotros: rezamos en común, a solas, en todo momento, sea grato o difícil. El caso que hoy nos cuenta el evangelio va unido a la justicia. A veces hay personas que dicen que cuando no se puede conseguir algo a nivel humano, se echa mano de la oración como sustituto de la acción que deberíamos hacer. Y vemos que la gente se desanima porque no consigue con la oración lo que quiere.

Me explico. Una mujer pide justicia, y la pide insistentemente. El juez injusto llega a pensar que le va a pegar. Por ese motivo accede a hacerle justicia. En este caso se nos retrata “la impotencia de los débiles frente al cinismo de los fuertes”. Los débiles, que podemos ser cada uno de nosotros en diferentes circunstancias, al no conseguir que se nos haga justicia, recurrimos a la oración como si pensáramos que ella resolverá nuestro problema. Y está claro que eso no da resultado cómo y cuándo nosotros queremos. El resultado se conseguirá pidiendo insistentemente justicia, y pidiéndola a quien hay que pedirla: a los hombres. También habrá que rezar, por supuesto.

Dios no va a venir a instaurar la justicia, ni siquiera por medio de la oración. Dios se preocupará de sus elegidos, sí, pero querrá que esos elegidos además de orar con confianza y constancia trabajen para que se haga justicia a los débiles.  Orar y trabajar por la justicia pide la fe. Nos viene bien recordar el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Refugiarnos solo en la oración es escapar de la realidad que nos rodea. La oración nos tiene que llevar a la acción y la acción de esta mujer es pedir justicia.

He dicho que orar y trabajar por la justicia pide la fe. La fe nos lleva a confiar que podemos construir un mundo diferente. La mujer del evangelio insiste e insiste. No se conforma con que las cosas se queden como están. En la fe que anima nuestra vida hay insistencia no solo en reclamar lo bueno para todos sino también en buscar la manera de que ese bien llegue a todos. La fe no es algo intelectual. La fe es vida.

La oración, la justicia y la fe se ven apoyadas por la palabra de Dios que san Pablo recuerda a Timoteo en la segunda lectura. En la palabra de Dios encontramos la sabiduría que conduce a la salvación. Y la salvación hay que obrarla desde ya, desde el momento que nos toca vivir. La salvación no viene por arte de magia. La salvación ha sido realizada por Jesús que confiaba en el Padre, que oraba al Padre y que trabajó por la justicia en su tiempo.


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Lecturas de la misa – Domingo 17 de Octubre 2010

Domingo 29º del T.O.

  • Primera Lectura: Exodo 17,8-13
    «Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel» 

    En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín.

    Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.»

    Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.

    Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.

    Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.

    Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.

  • Salmo Responsorial: 120
    «El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.» 

    Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

    No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.

    El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.

    El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 3, 14-4, 2
    «El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena» 

    Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.

    Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

    Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

  • Evangelio: Lucas 18, 1-8
    «Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan» 

    En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

    En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»

    Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»

    Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»  


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Homilía martes 12 de Octubre – Nª Señora del Pilar

HOMILIA 12 DE OCTUBRE “El Pilar”

Una de las características que podemos atribuir a la Virgen María es la “escucha”. Cuando se nos habla de María en los evangelios, pocas veces ella es la que habla y las más ella está en actitud de escucha. Pensemos que esa actitud engrandece y ennoblece a una persona. En el evangelio de hoy, Jesús alaba a su madre por escuchar la palabra de Dios y cumplirla.

Señalo tres características del verbo escuchar. Se pueden añadir otras.

1ª. Escuchar lleva consigo “prestar atención”. Cuando alguien nos habla, si de verdad le escuchamos, significa que le prestamos atención. Si no, ya puede hablar esa persona que “pasaremos” de ella. No prestaremos atención a lo que nos dice, sobre todo porque no nos interesa.

Cuando leemos, cuando proclamamos el evangelio en la Eucaristía, ¿lo escuchamos? ¿Prestamos atención a la palabra de Dios? O Sencillamente, como ya lo hemos oído otras veces, como tenemos otras preocupaciones, o como no nos interesa…no prestamos atención. María prestó atención a las palabras del ángel, prestó atención a las palabras de Jesús en Caná, prestó atención a Jesús en la Cruz.

2ª. Escuchar favorece la acogida. Cuando escuchamos a alguien que nos interesa, o cuando escuchamos algo que nos interesa, lo acogemos más fácilmente. En la vida diaria, ¿acogemos todo lo que escuchamos? Normalmente hacemos una selección porque no todo lo que escuchamos necesita ser acogido. 

Escuchar el evangelio, si es que nos interesa, favorece que acojamos el Evangelio como algo importante para nosotros. Y acoger el Evangelio es hacerlo nuestro y llevarlo a la vida. María acogió y llevó a la vida la palabra de Dios y por eso es llamada “dichosa” Signos de acogida de la palabra de Dios en María están la visita a su prima Isabel para ayudarla, la preocupación por los novios en una boda, seguir de cerca de su Hijo para escuchar su mensaje.

Y 3ª. Escuchar está hoy muy unido a VER. Hoy vemos más que escuchamos. Se dice que “una imagen vale más que mil palabras”. La imagen la vemos. Las palabras se las lleva el viento. Hoy niños y mayores prestamos más atención a lo que vemos. El evangelio necesita “verse”, mejor dicho hoy día el evangelio necesita personas que lo vivan para que los demás lo vean y lo conozcan.

Ese VER para nosotros significa SER TESTIGOS, dar testimonio de lo que creemos. La mejor forma de que el evangelio se escuche, la mejor forma de que se nos escuche es que nos vean como testimonio de lo que creemos. Se escuchará mejor, si se ve mejor. Las palabras que como iglesia pronunciamos, se escucharán mejor si van acompañadas del testimonio. Seremos llamados “dichosos” si nuestra palabra va unida a nuestra vida, si quienes nos escuchan, ven que somos testimonio de lo que decimos.

Pidamos a la Virgen del Pilar que escuchemos la palabra de Jesús y la llevemos a la vida.


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Lecturas de la misa – Martes 12 de Octubre – Nuestra Sª del Pilar

1ª lectura: LECTURA DEL PRIMER LIBRO DE LAS CRÓNICAS 15, 3-4.15-16; 15, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como lo había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL

SALMO 26

R.- EL SEÑOR ME HA CORONADO, SOBRE LA COLUMNA ME HA EXALTADO

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar? R.-

Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo. R.-

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor,

contemplando su templo. R.-

Él me protegerá en su tienda,

el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca. R.-

2ª lectura: LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1, 12- 14

Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón del Celotes y Judas el de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios

EVANGELIO: LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer entre el gentío levantó la voz diciendo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.” Pero él repuso: “Mejor dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.”

Palabra del Señor


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Homilía Domingo 10 de Octubre 2010 – dom 28º t.o.

HOMILIA domingo 28º t.o. Ciclo C

En el evangelio del domingo pasado los discípulos pedían al Señor: “auméntanos la fe”. En el evangelio de hoy Jesús alaba la fe de una persona que vuelve a darle gracias por sentirse curado. Voy a centrarme en el final del evangelio nos puede ayudar en nuestra vida y nuestro compromiso de seguir a Jesús.

En primer lugar Jesús dice al leproso curado: “levántate”. Posiblemente para nosotros el verbo “levantarse” no pase de tener el sentido normal. Uno está sentado o tumbado y se levanta. Cuando Jesús le dice al leproso que se levante le está diciendo algo más. Le está diciendo que está vivo, que tiene una vida nueva por estar curado, que se olvide de su situación anterior porque ya es otra persona. Le está diciendo que puede reintegrarse en la sociedad, que puede hacer algo por los demás, que nadie le va a aislar o separar del resto por su enfermedad.

En segundo lugar Jesús le dice: “vete”. Vete significa aquí: anda, camina, no te pares. Al enfermo postrado le cuesta andar, el leproso no podía salir a espacios abiertos. La orden de Jesús al leproso es: ya no tienes barreras que te impidan moverte, no hay barreras que te impidan SER lo que tienes que ser. A partir de ahora lo que tienes que hacer es CAMINAR y caminar es VIVIR.

En tercer lugar le dice: “Tu fe te ha salvado”. Levántate y vete son la consecuencia de la fe que salva. El samaritano “viendo que estaba curado” da gracias a Jesús. La petición que hizo con los demás leprosos: “ten compasión de nosotros” la hizo desde la fe en el maestro que curaba y que daba nueva vida. Podemos decir que a los otros nueve les preocupa cumplir la ley, que por otra parte se lo dijo Jesús: “id a presentaros a los sacerdotes”. Al samaritano más que preocuparle la ley, le anima la fe en Jesús y por eso vuelve a dar gracias y a demostrar así su fe en Jesús.

Estos tres momentos de la orden de Jesús nos pueden servir a nosotros. Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “levántate”. Levántate para nosotros es: ¡ánimo! ¡mira a tu alrededor! A las personas, a las cosas, se las ve de diferente manera estando levantado que estando sentado o tumbado. Estar sentado o tumbado son posturas pasivas. Estando levantados podemos ver las necesidades de los demás, las injusticias que se cometen contra los otros, o las cosas buenas que hacemos las personas.

Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “vete”. Esta orden de Jesús es más bien una invitación a caminar con otras muchas personas. Caminar haciendo el bien, viviendo como testigos de Jesús, predicando con nuestra palabra y sobre todo con la vida. Vete significa: cuenta a los demás todo lo que has recibido y todo lo que puedes dar. Significa: no estás solo para vivir y anunciar lo que el Señor ha hecho contigo y por ti.

Nosotros oímos de Jesús: “tu fe te ha salvado”. Como al leproso samaritano nos salva la fe Jesús y no la práctica de la ley. Nos salva la fe en Jesús que nos invita a levantarnos y caminar siendo testigos suyos. Nos salva la fe en Jesús que vivimos cada día en los pequeños detalles de amor a los demás.

El final de la Eucaristía de hoy es para cada uno de nosotros: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.


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Lecturas de la misa – Domingo 10 de Octubre 2010

Domingo 28º del T.O.

  • Primera Lectura: II Reyes 5, 14-17
    «Volvió Naamán al profeta y alabó al Señor» 

    En aquellos días, Naamán de Siria bajó al Jordán y se bañó siete veces, como había ordenado el profeta Eliseo, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva y se presentó al profeta, diciendo: «Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Acepta un regalo de tu servidor.» Eliseo contestó: «¡Vive Dios, a quien sirvo! No aceptaré nada.» Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: «Entonces, que a tu servidor le dejen llevar tierra, la carga de un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios a otros dioses fuera del Señor.»

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  • Salmo Responsorial: 97
    «El Señor revela a las naciones su salvación.» 

    Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R.

    El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R.

    Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 2, 8-13
    «Si perseveramos, reinaremos con Cristo» 

    Querido hermano:

    Haz memoria de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David.

    Éste ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada:

    Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.

    Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.

  • Evangelio: Lucas 17, 11-19
    «¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?» 

    Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»

    Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes.»

    Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.

    Éste era un samaritano.

    Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?»

    Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»


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Homilía domingo 3 de octubre 2010 – dom 27º t..

HOMILIA domingo 27º t.o. ciclo C

Jesús vivió en una sociedad agrícola y de ahí que la mayor parte de sus mensajes tengan como tema lo relacionado con la agricultura. Hoy nos habla de un criado que trabaja como labrador. Todos vemos normal que al llegar a casa se ponga a servir a su señor y no al revés. Jesús les dice a los discípulos, siguiendo esta lógica, que ellos han de actuar como los criados. Su tarea es servir a los demás.

Hoy Jesús no nos diría que “somos unos pobre siervos” sino que invita a seguirle y a ser testigos suyos en el mundo que vivimos. No nos trataría como pobres siervos, sino como colaboradores suyos en la extensión del Reino de Dios. Nos invita a hacer obras como las suyas confiando en Él, como El confía en el Padre.

Nuestra respuesta está en pedir como los discípulos: “Señor, auméntanos la fe”. Esta petición está justificada leyendo lo que nos dice el profeta Habacuc en la primera lectura. ¿Qué vemos en nuestro mundo?: violencia, desgracias, luchas, escándalos. Ante esto es normal pedir fe. ¿Quién no se desanima viendo todo lo anterior?

Se necesita la fe para seguir adelante. Se necesita la fe para trabajar por un mundo más justo, más fraterno, más humano. Se necesita la fe para decir a los demás: nuestro mundo merece la pena. Se necesita fe para vivir cada día el evangelio sin huir de las realidades que vemos, ni refugiarse en falsas espiritualidades que nos alejan de quienes lo pasan mal en este mundo por las injusticias que cometemos los unos contra los otros.

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual. La fe nos ayuda a mantenernos de pie ante la tarea de vivir y predicar con la vida el Evangelio. María por la fe se mantuvo de pie junto a la Cruz de Jesús confiando en que la muerte no tendría en su Hijo la última palabra, sino que la tendría la Vida.

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual a la luz del texto de san Pablo a Timoteo. La fe nos ayuda a no tener “un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio” para juzgar los acontecimientos de la vida desde el Evangelio. Por la fe muchas personas toman parte en los duros trabajos del Evangelio. Sabemos que hoy es difícil predicar el evangelio y para algunos resulta aún más difícil vivirlo. Por la fe nos damos cuenta de nuestra pobreza que nos lleva a confiar en Dios. Por la fe vivimos el amor de Cristo y cada uno guarda en su corazón el mismo evangelio con la ayuda del Espíritu Santo

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual si de verdad nos abrimos a la Palabra de Dios que actúa en nosotros para nuestro bien y el de los demás. Sigue siendo actual si compartimos el Cuerpo de Cristo y vivimos la Eucaristía dominical a lo largo de cada día. Habacuc termina su texto diciendo que el “justo vivirá por su fe”. Aunque tengamos fe, aunque intentemos ser justos en un mundo más bien injusto, que brote a menudo de nuestro corazón la petición de los discípulos a Jesús: “auméntanos la fe”.


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Lecturas de la misa – Domingo 3 de Octubre 2010

Domingo 27º del T.O.

  • Primera Lectura: Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4
    «El justo vivirá por su fe» 

    ¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches?

    ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves?

    ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?

    El Señor me respondió así: «Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido.

    La visión espera su momento, se acerca su término y no fallará;

    si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse.

    El injusto tiene el alma hinchada, pero el justo vivirá por su fe.»

  • Salmo Responsorial: 94
    «Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»» 

    Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R.

    Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R.

    Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masa en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 1, 6-8. 13-14
    «No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor» 

    Querido hermano:

    Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos; porque Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio.

    No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor y de mí, su prisionero.

    Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.

    Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas y vive con fe y amor en Cristo Jesús.

    Guarda este precioso depósito con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

  • Evangelio: Lucas 17, 5-10
    «¡Si tuvierais fe … !» 

    En aquel tiempo, los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.» El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: «Arráncate de raíz y plántate en el mar.» Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: «En seguida, ven y ponte a la mesa»? ¿No le diréis: ‘Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: «Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer.»»