HOMILIA domingo 28º t.o. Ciclo C
En el evangelio del domingo pasado los discípulos pedían al Señor: “auméntanos la fe”. En el evangelio de hoy Jesús alaba la fe de una persona que vuelve a darle gracias por sentirse curado. Voy a centrarme en el final del evangelio nos puede ayudar en nuestra vida y nuestro compromiso de seguir a Jesús.
En primer lugar Jesús dice al leproso curado: “levántate”. Posiblemente para nosotros el verbo “levantarse” no pase de tener el sentido normal. Uno está sentado o tumbado y se levanta. Cuando Jesús le dice al leproso que se levante le está diciendo algo más. Le está diciendo que está vivo, que tiene una vida nueva por estar curado, que se olvide de su situación anterior porque ya es otra persona. Le está diciendo que puede reintegrarse en la sociedad, que puede hacer algo por los demás, que nadie le va a aislar o separar del resto por su enfermedad.
En segundo lugar Jesús le dice: “vete”. Vete significa aquí: anda, camina, no te pares. Al enfermo postrado le cuesta andar, el leproso no podía salir a espacios abiertos. La orden de Jesús al leproso es: ya no tienes barreras que te impidan moverte, no hay barreras que te impidan SER lo que tienes que ser. A partir de ahora lo que tienes que hacer es CAMINAR y caminar es VIVIR.
En tercer lugar le dice: “Tu fe te ha salvado”. Levántate y vete son la consecuencia de la fe que salva. El samaritano “viendo que estaba curado” da gracias a Jesús. La petición que hizo con los demás leprosos: “ten compasión de nosotros” la hizo desde la fe en el maestro que curaba y que daba nueva vida. Podemos decir que a los otros nueve les preocupa cumplir la ley, que por otra parte se lo dijo Jesús: “id a presentaros a los sacerdotes”. Al samaritano más que preocuparle la ley, le anima la fe en Jesús y por eso vuelve a dar gracias y a demostrar así su fe en Jesús.
Estos tres momentos de la orden de Jesús nos pueden servir a nosotros. Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “levántate”. Levántate para nosotros es: ¡ánimo! ¡mira a tu alrededor! A las personas, a las cosas, se las ve de diferente manera estando levantado que estando sentado o tumbado. Estar sentado o tumbado son posturas pasivas. Estando levantados podemos ver las necesidades de los demás, las injusticias que se cometen contra los otros, o las cosas buenas que hacemos las personas.
Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “vete”. Esta orden de Jesús es más bien una invitación a caminar con otras muchas personas. Caminar haciendo el bien, viviendo como testigos de Jesús, predicando con nuestra palabra y sobre todo con la vida. Vete significa: cuenta a los demás todo lo que has recibido y todo lo que puedes dar. Significa: no estás solo para vivir y anunciar lo que el Señor ha hecho contigo y por ti.
Nosotros oímos de Jesús: “tu fe te ha salvado”. Como al leproso samaritano nos salva la fe Jesús y no la práctica de la ley. Nos salva la fe en Jesús que nos invita a levantarnos y caminar siendo testigos suyos. Nos salva la fe en Jesús que vivimos cada día en los pequeños detalles de amor a los demás.
El final de la Eucaristía de hoy es para cada uno de nosotros: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.
