Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red

Lecturas del Domingo XXIV del Tiempo Ordinario

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PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo: se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado

En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: «Anda, baja de la montaña, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un becerro de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios y proclaman: “Este es tu Dios, Israel, el que te sacó de Egipto”». Y el Señor añadió a Moisés: «Veo que este pueblo es un pueblo de dura cerviz. Por eso, déjame: mi ira se va a encender contra ellos hasta consumirlos. Y de ti haré un gran pueblo». Entonces Moisés suplicó al Señor, su Dios: «¿Por qué, Señor, se va a encender tu ira contra tu pueblo, que tú sacaste de Egipto con gran poder y mano robusta? Acuérdate de tus siervos, Abrahán, Isaac e Israel, a quienes juraste por ti mismo: “Multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y toda esta tierra de que he hablado se la daré a vuestra descendencia para que la posea por siempre”». Entonces se arrepintió el Señor de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo.

SALMO RESPONSORIAL

Me levantaré, me pondré en camino

adonde está mi padre.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión

borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

Me levantaré, me pondré en camino

adonde está mi padre.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro

con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

Me levantaré, me pondré en camino

adonde está mi padre.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

El sacrificio agradable a Dios

es un espíritu quebrantado;

un corazón quebrantado y humillado,

tú , oh Dios, tú no lo desprecias.

Me levantaré, me pondré en camino

adonde está mi padre. 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo: Cristo vino para salvar a los pecadores.

Querido hermano: Doy gracias a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me hizo capaz, se fió de mi y me confió este ministerio, a mí, que antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mi porque no sabía lo que hacía, pues estaba lejos de la fe; sin embargo, la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí junto con la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús. Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mi: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me convirtiera en un modelo de los que han de creer en él y tener vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA

Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,

y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.

ALELUYA, ALELUYA, ALELUYA

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas: habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta.

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «¿Quien de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas , no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos, conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿ qué mujer tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: “¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».

BuenPastor6

Autor: Rafael Iglesias

Rafael Iglesias, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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