Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas Misa Domingo 6 de Febrero 2011 – 5º Dom. TO.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 58, 7-10
    «Entonces surgirá tu luz como la aurora»Esto dice el Señor:
    «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes.
    Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida tus heridas sanarán; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
    Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: Aquí estoy.
    Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
  • Salmo Responsorial: 111
    «El justo brilla como una luz en las tinieblas.»Quien es justo, clemente compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviará.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

    El justo no vacilará; vivirá su recuerdo siempre. No temerá malas noticias, porque el Señor vive confiadamente.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

    Firme está y sin temor en su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alazará frente a su gloria.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

  • Segunda Lectura: I Corintios 2, 1-5
    «Les he anunciado a Cristo crucificado»Hermanos: Cuando vine a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
    Me presenté a ustedes débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
  • Evangelio: Mateo 5, 13-16
    «Ustedes son la luz del mundo»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
    Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo».


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Homilía Domingo 30 de Enero 20111 – 4º Dom. T.O.

HOMILIA  4º domingo t.o.

Al encontrar las bienaventuranzas al principio del evangelio de san Mateo, siempre se piensa que constituyen el programa de Jesús. Las interpretaciones son múltiples: desde el ideal al que se debe aspirar, pasando por una lectura de la realidad de los tiempos de Jesús, hasta una invitación que resulta difícil aceptar por ser dura de comprender.

Yo voy a pensar de otra manera. Voy a pensar que las bienaventuranzas son, más que un programa al inicio de la vida pública de Jesús, son el resumen de la vida de Jesús. Es decir, que las bienaventuranzas están dichas, recogidas y escritas al final de la vida de Jesús, que recogen lo que él vivió. Es como si las llamásemos “memorias de Jesús”. Lo que Jesús vivió y predicó, con palabras y gestos, recogido en las bienaventuranzas.

Me fijo en algunas. Todos sabemos que Jesús nació y vivió pobremente. Para hacer llegar el mensaje de salvación, el evangelio, a las gentes de su tiempo, vivió como ellos, pobremente. Sus palabras infundían ánimo y esperanza en las personas porque predicaba con el ejemplo y con autoridad. Hubiese resultado una contradicción llamar dichosos a los pobres de espíritu viviendo en un palacio o viviendo cómodamente. Si él experimentó la vida pobre, bien pudo exclamar al final de sus días: “dichosos los pobres de espíritu”.

Otra: “dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia”. Algunos traducen: “dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios”. En el evangelio de Juan, Jesús dice a la samaritana: “mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4,34). Quien ha hecho de la voluntad de Dios no solo su ideal de vida, sino que su vida gire en torno a ella, bien puede llamar felices a los que así se dejan llevar.

Una tercera: “dichosos los misericordiosos”. Los gestos de Jesús, es decir, los milagros, nos hablan de misericordia. Y la misericordia de Jesús nos lleva a la del Padre. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36) Jesús nos transmite la misericordia del Padre. Dios no puede ser de otra manera que misericordioso con nosotros. Jesús que experimenta la misericordia de Dios y la transmite, llama dichosos a los que imitan a Dios siendo ellos misericordiosos con los demás.

Y una cuarta: “dichosos los perseguidos por causa de la justicia”, que podemos traducir “dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios”. Jesús es perseguido por realizar la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, el querer de Dios es que todos se salven y la salvación no es solo para la otra vida, es también para esta. Jesús la lleva a cabo curando, sanando. Y porque cura, aunque sea en sábado, es perseguido. San Marcos en 3,6 nos dice: “los fariseos y los herodianos se confabularon para ver cómo acabar con él”.

Cabría decir también algo de resto de ellas. Y se podría pensar que las bienaventuranzas son el resumen, el compendio de la vida consecuente de Jesús. El fue consecuente entre lo que predicó y vivió. Tomémoslo como queramos, lo importante es que Jesús fue feliz viviendo él mismo las bienaventuranzas y nos invita a nosotros a ser consecuentes entre lo que decimos y vivimos y a saber que “cada jornada nuestra es seguro que se nos presentará alguna ocasión de ponerlas en práctica”.    


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Lecturas domingo 30 Enero 2011 – 4º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sofonías 2, 3; 3, 12-13
    «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde»Busquen al Señor los humildes, los que cumplen sus mandamientos; busquen la justicia, busquen la humildad; quizá puedan ocultarse el día de la ira del Señor.
    Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni hablará con falsedad; se alimentarán y reposarán sin que nadie los inquiete.
  • Salmo Responsorial: 145
    «Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.»El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

    Abre el Señor lo ojos a los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor el hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

    A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu dios, oh Sión, reina por lo siglos.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

  • Segunda Lectura: I Corintios 1, 26-31
    «Dios ha escogido a los débiles del mundo»Hermanos: Fíjense en su comunidad, pues no hay entre ustedes muchos sabios según el criterio humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para humillar a los sabios; ha escogido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para aniquilar a quienes creen que son algo, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
    A él deben ustedes su existencia cristiana, ya que Cristo fue hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así como dice la Escritura, “el que se gloríe, que se gloríe en el Señor”.
  • Evangelio: Mateo 5, 1-12a
    «La auténtica felicidad»En aquel tiempo, al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:
    «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
    Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará.
    Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
    Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.
    Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
    Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
    Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará sus hijos.
    Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
    Dichosos ustedes cuando los insulten, y los persigan, y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos».


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Homilía Domingo 23 de Enero 2011 – 3º Dom. T.O.

HOMILIA domingo 3º t.o. 

El evangelio que acabamos de proclamar es como el prólogo y un resumen de toda la vida y predicación de Jesús. En el texto encontramos las líneas maestras del resto del evangelio: anuncio, invitación y núcleo de la predicación de Jesús.

Podemos decir que Jesús no pierde el tiempo en anuncios superfluos. Va directamente al grano. Sus primeras palabras son “convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. La invitación de Jesús a la conversión no es solo una llamada a la conversión del corazón. Es una invitación a un cambio radical en la vida y en los criterios que la rigen.

Para la gente del tiempo de Jesús la conversión era una vuelta al cumplimiento de la ley. Jesús va más allá. No es solo ni principalmente vuelta a la ley, sino cambio de esquemas de pensamiento y de vida. San Mateo recoge ese cambio de pensamiento y de vida en los capítulos 5, 6 y 7 de su evangelio que iremos escuchando los próximos domingos.

Para convertirse no se trata de cumplir la ley. Se trata de amar al prójimo, de cuidar al prójimo, de hacer de la vida un auténtico regalo de Dios para todos. La ley se queda solo en eso, en ley. Jesús va más lejos y dice que la persona y la vida están por encima de la ley. La conversión que predica Jesús ayuda a instaurar el reino de Dios. Instaurar el reino de Dios es lo mismo que decir que Dios está en el corazón del hombre y que guía su caminar, y que el hombre se preocupa por su hermano el hombre construyendo un mundo donde se pueda vivir dignamente.

Para anunciar el reino de los cielos, o reino de Dios, Jesús no se basta solo. Invita a otros a seguirle y por eso llama a personas a continuar el anuncio de conversión y a trabajar por la llegada de su reino. Jesús llamó a personas de su tiempo. Hoy nos llama a nosotros a continuar su tarea. Ser pescador de hombres no es ir a la caza y captura de otros. Es invitación a tener los mismos sentimientos de Jesús de ponerse los unos al servicio de los otros realizando así el plan que Dios tiene para todo hombre: la salvación llevada a cabo por su Hijo Jesús.

Finalmente san Mateo nos informa sobre qué hace y qué dice Jesús. El núcleo de la predicación de Jesús está en su enseñanza, “que no es como la de los fariseos, sino con autoridad”. Y la autoridad de Jesús está en su misma vida, en su entrega a los demás, en su rechazo de la hipocresía, en poner a la persona por encima de todo, en actuar guiado por el Espíritu de Dios.  El otro núcleo de su predicación está en la curación de enfermedades. Uno de los signos de la presencia del reino de Dios en el mundo es la acción de curar, de sanar que realiza Jesús y que nos cuentan los evangelistas.

Repito lo que decía al principio: este texto es como el prólogo y el resumen de la vida y predicación de Jesús. Anuncia el reino y para ello hay que convertirse plenamente, llama a seguirle para anunciar el reino y su anuncio se manifiesta en su enseñanza y en sus gestos.   


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Homilía Chaminade

HOMILIA Beato Chaminade.

Ayer en diversos puntos de la geografía nacional y mundial se inauguraba el “año Chaminade”. Se quiere celebrar a lo largo de este año 2011 el 250 aniversario del nacimiento del Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la familia marianista y por ello de los Marianistas.

Uno de los lemas que le gustaba repetir a nuestro fundador era: “todos sois misioneros”. Posiblemente sabéis que estuvo unos años desterrado en Zaragoza y que todos los días iba al Pilar a rezar delante de la imagen de la Virgen. Cuando regresó a Francia, volvió de nuevo a Burdeos, ciudad en la que vivió y predicó el evangelio antes del destierro. Comprendió que Francia se había convertido en un país de misión, pues la fe y la iglesia habían sido también desterradas de la vida de muchos franceses.

Su tarea como sacerdote fue la de trabajar por extender la fe. Consideró esta tarea como su principal misión. Y contagió esta misión a los jóvenes y no tan jóvenes que cada domingo le escuchaban predicar el evangelio. Cuando un grupo de jóvenes se puso a su disposición les inculcó este lema: “todos sois misioneros”.

El lema elegido para este año es el de “Chaminade, misionero en un mundo nuevo”. Es un lema que quisiera extenderlo a todos nosotros, los que vivimos y celebramos la fe aquí en Santa María del Pilar y unirlo a lo que Jesús nos dice en el evangelio de hoy.

Jesús nos llama a seguirle para anunciar la Buena Noticia de su venida y la cercanía del Reino de Dios.  Seguir a Jesús es convertirnos es testigos suyos con una misión, que es convertirnos en misioneros del evangelio. No pensemos que es hacer algo extraño y raro, no. Como cristianos estamos llamados a vivir y predicar el evangelio en el mundo nuestro, esta es nuestra misión y la que nos convierte en misioneros.

Este mundo nuestro es un mundo nuevo. Todos somos conscientes de cómo ha cambiado la sociedad en los últimos años. Anunciar hoy a Jesucristo no podemos hacerlo como hace diez, quince o veinte años. El mensaje es el mismo, la manera de transmitirlo no. “A vino nuevo, odres nuevos” es otra de las frases que le gustaba al P. Chaminade. El vino nuevo es siempre Jesucristo, los odres nuevos los tenemos que ir llenando nosotros con nuestro testimonio.

Jesucristo es la imagen del Padre, es el testigo del Padre, es el misionero del Padre. El P. Chaminade continuó esta misión de Jesús de mostrar a Dios y de mostrarlo como Jesús nos lo ha enseñado. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. El P. Chaminade se dejó llenar de Jesús, el hijo de María, para predicarlo, para convertirse en misionero de su mundo y de su tiempo. Misionero en tiempos difíciles pero tiempos nuevos para Francia.

Nosotros también estamos invitados a ser misioneros en nuestro mundo, un mundo nuevo cada vez más alejado de Dios y por ello del hombre. Nosotros continuamos la misión de Jesús, la misión del P. Chaminade en nuestro tiempo y nuestro mundo, sabiendo que nuestro mundo está en constante cambio, pero que necesita oír la palabra de Dios, que necesita oír hablar de Dios y necesita de personas que seamos testigos de Jesús, que seamos misioneros en un mundo nuevo a ejemplo del P. Chaminade.


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Lecturas domingo 23 Enero 2011 – 3º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 8,23b-9,3
    «En Galilea de los paganos, el pueblo vio una luz grande» 

    Como el tiempo primero ultrajó a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí, así el postrero honró el camino del mar, allende el Jordán, el distrito de los gentiles.
    El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.
    Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín.
    Porque el yugo que les pesaba y la barra que oprimía sus hombros, la vara de su tirano, has roto, como el día de Madián.

  • Salmo Responsorial: 26
    «El Señor es mi luz y mi salvación.» 

    El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    Oye, Señor, mi voz y mis clamores y tenme compasión; el corazón me dice que te busque y buscándote estoy.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    No rechaces con cólera a tu siervo, tú eres mi único auxilio; no me abandones ni me dejes solo, Dios y salvador mío.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

    La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Armate de valor y fortaleza y en el Señor confía.
    R. El Señor es mi luz y mi salvación.

  • Segunda Lectura: I Corintios 1, 10-13.17
    «Que no haya divisiones entre ustedes»Hermanos: Los exhorto en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que vivan en concordia para que no haya divisiones entre ustedes. Estén perfectamente unidos en un mismo sentir y pensar.
    Hermanos, me he enterado por algunos servidores de Cloe de que hay discordias entre ustedes. Les digo esto, porque andan divididos diciendo:
    «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Pedro, yo soy de Cristo».
    ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados en nombre de Pablo? No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
  • Evangelio: Mateo 4, 12-23
    «Fue a Cafarnaún para que se cumpliese la profecía de Isaías»Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se fue a Cafarnaún, junto al lago, en territorio de Sabulón y Neftalí; para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
    “Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz; a los que vivían en tierra de sombras una luz les resplandeció.
    Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo”:
    «Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos».
    Pasando junto al lago de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado después Pedro, y a Andrés, los cuales estaban echando las redes en el lago, porque eran pescadores. Jesús les dijo:
    «Síganme y los haré pescadores de hombres».
    Inmediatamente dejaron las redes y le siguieron. Pasando más adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca remendando las redes. Jesús los llamó también. Dejaron enseguida la barca y a su padre y lo siguieron.
    Recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios, curando de toda enfermedad y dolencia a la gente.


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Homilía Domingo 16 Enero 2011 – 2º Dom. T.O.

HOMILÍA  “2º domingo t.o. Ciclo A.

Los pueblos suelen tener tradiciones que reciben guardan, respetan y viven. Y si se trata de tradiciones arraigadas las viven desde los más pequeños a los mayores. Esas tradiciones forman parte de la vida de las personas y las transmiten de padres a hijos.

En la iglesia también tenemos tradiciones. Unas son locales y otras universales. Las locales van unidas a las tradiciones populares. Las universales nos vienen del mismo Jesús o de la iglesia primitiva que ya las vivía y que las fue transmitiendo allí donde los apóstoles y sus sucesores fueron predicando el evangelio.  Hay tres de ellas que constituyen el fundamento de nuestra fe y son: el bautismo, la eucaristía y la muerte y resurrección de Jesús. 

Tarea de la iglesia y de los que la formamos es guardar, respetar, vivir y entregar a otros estas tradiciones que son el fundamento de nuestra fe. La palabra latina ”traditio” lleva en sí los dos significados: recibir y entregar. Nosotros, cristianos del siglo XXI, hemos recibido los fundamentos de nuestra fe y nos toca entregarlos a generaciones futuras.

¿Por qué digo todo esto? Por lo que nos dice Juan el Bautista al final del evangelio de hoy: “Y yo lo he visto y he dado testimonio”. Su misión no fue solamente bautizar a Jesús en el Jordán. Su misión principal fue la de convertirse en testigo y proclamar, como él mismo dice, lo que había visto. Había visto posarse sobre Jesús el Espíritu Santo. Y porque vio ese gesto de Dios, lo proclama, se convierte en testigo.

Juan Bautista es el primero que inicia la tradición más extraordinaria para todos nosotros. Posiblemente muchos otros también lo vieron, pero él se convierte en el primer testigo de una tradición que llega hasta nosotros y por la cual él dio su vida. “Conviene que Jesús crezca y yo mengüe” nos dice el mismo Bautista. El se da cuenta que su vida y su acción pasan a segundo término, pues ha aparecido ya el Mesías de Dios. La tradición se ha iniciado ya con su testimonio. A partir de ese momento muchos siguen a Jesús y dejan de seguir a Juan Bautista.

Nosotros, por nuestra parte, tenemos que ser conscientes que hemos recibido esa tradición que viene de Juan Bautista. Nosotros también podemos decir que hemos visto a Jesús. Cada cual tendrá que pensar, primero: ¿cuándo he visto a Jesús? Y segundo ¿cómo transmito a Jesús?

Es verdad que hemos recibido los fundamentos de la fe: bautismo, eucaristía y muerte y resurrección de Jesús. Cabe preguntarse: ¿los vivimos? ¿los guardamos en nuestro corazón? ¿los entregamos a los demás? Juan Bautista no se contentó que decir que lo había visto. Pasó a dar testimonio, según nos dice el evangelio de hoy. Nosotros los hemos recibido, seguro que los guardamos en el corazón, seguro que los vivimos, pero nos cuesta transmitirlo.

Convirtámonos en apóstoles, es decir en testigos con la palabra y la vida de lo que hemos visto, de lo que hemos recibido y de lo que vivimos, sabiendo que nos toca entregarlo a otros. Así continuaremos la tradición que hoy comienza con Juan Bautista.


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Lecturas de la misa – Domingo 16 de Enero 2011 – 2º Dom T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 49, 3.5-6
    «Te hago luz de las naciones para que seas mi salvación»El Señor me dijo:
    «Tú eres mi siervo Israel, de quien estoy orgulloso».
    Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo para que le trajese a Jacob, para que le reuniera a Israel –tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza–.
    El Señor dice:
    «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».
  • Salmo Responsorial: 39
    «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.»Esperé en el Señor con gran confianza, él se inclinó hacia mí y escuchó mis plegarias. El me puso en la boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

    Sacrificios y ofrendas no quisiste, abriste, en cambio, mis oídos a tu voz. No exististe holocaustos por la culpa, así que dije: Aquí estoy
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

    En tus libros se me ordena hacer tu voluntad; esto es, Señor, lo que deseo: tu ley en medio de mi corazón.
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

    He anunciado tu justicia en la gran asamblea; no he cerrado mis labios, tú lo sabes, Señor.
    R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

  • Segunda Lectura: I Corintios 1, 1-3
    «Gracia, y paz les dé Dios, nuestro Padre, y Jesucristo, nuestro Señor»Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Jesucristo, al pueblo santo que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo,Señor nuestro y de ellos.
    La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con ustedes.
  • Evangelio: Juan 1, 29-34
    «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»

    En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
    «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquél de quien yo dije:
    “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
    Y Juan dio testimonio diciendo:
    «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él.
    Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo”.
    Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».


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Homilía Domingo 9 de Enero 2011 – Bautismo del Señor

HOMILIA BAUTISMO DEL SEÑOR.

Con la fiesta de hoy terminamos el tiempo de Navidad. Y se podría decir que durante este tiempo Dios ha estado en segundo término, digamos, como oculto. Los acontecimientos de estos días centrados más bien en su Hijo, en María y José le han dejado a El un tanto relegado. Pero, creo, que ha sido porque El lo ha querido. Los silencios aparentes de Dios no son para dejar al hombre solo, sino para acompañarle de manera callada en todo momento de su vida. Su silencio es, las más de las veces, presencia cercana y acogedora, presencia paciente para salvar, curar y liberar, como lo hizo con su Hijo Jesús.

Hoy, fiesta del Bautismo del Señor, vemos cómo interviene la persona más importante, la persona que guardaba silencio pero que quería hablar, que quería comunicar al hombre su presencia salvadora, la persona que faltaba y que no ha estado ausente de todo lo ocurrido en estos días. Hoy interviene Dios Padre. Es la fiesta del Bautismo de Jesús, pero es la fiesta de lo que Dios es: Trinidad. El Padre habla, el Espíritu se posa sobre el Hijo que es bautizado.

El Padre habla para sellar, ya desde el principio su relación con Jesús: “este es mi hijo, el amado, mi predilecto”. Toda la relación que nos describe el evangelista san Juan entre el Padre y el Hijo tiene su fundamento en este acontecimiento del Bautismo en el Jordan.

De la misma manera que Dios habló para crear el mundo, que Dios habló con una promesa de salvación para el hombre, que Dios mantuvo la esperanza en su pueblo Israel, HOY con el bautismo y en el bautismo de Jesús, Dios habla definitivamente en la persona de Jesús. Desde este momento la palabra de Dios dirigida al hombre es y se llama Jesús. Ya todo lo que Dios dirá al hombre lo hará por medio del Hijo. Jesús nos lo dice en san Juan: “lo que os digo, lo he oído del Padre”.

Todo lo que Isaías nos transmite en la primera lectura del siervo de Dios, nosotros los cristianos, lo referimos a Jesús. Y san Pedro nos lo aclara con sus palabras: “Jesús de Nazaret, ungido por Dios, con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando…porque Dios estaba con él”.

“Pasar haciendo el bien y curar” es el mejor resumen que podemos decir de Jesús. Para ello Jesús rompe esquemas humanos. El amor no es “yo te doy para que tú me des”, sino que es donación y entrega hasta el final. El perdón es hasta “setenta veces siete”. La justicia no es parcial: “Dios no hace distinciones”. La justicia es salvación, aunque nos cueste aceptarlo, “Dios quiere que todos los hombres se salven”. La paz, no es ausencia de guerra, sino construir el mundo como Dios lo creó, en armonía.

El bautismo de Jesús señala el camino de nuestro propio bautismo. Nos invita a romper esquemas que siguen vigentes sabiendo que eso es duro, que podemos chocar contra personas que defienden esos esquemas, que nos puede costar la vida…Nuestro bautismo no es algo bonito, es algo que compromete a seguir a Jesús y cada cual tenemos que pensar cómo vivirlo.


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Lecturas de la misa – Domingo 9 de Enero 2011 – Bautismo del Señor

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 42, 1-4. 6-7
    «Miren a mi siervo, en quien tengo mis complacencias»«Miren a mi siervo a quien sostengo, a mi elegido en quien tengo mis complacencias.
    En Él he puesto mi espíritu para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No gritará ni clamará, no hará oír su voz por las calles. No romperá la caña resquebrajada ni apagará la mecha que aún humea.
    Promoverá con firmeza la justicia; no titubeará ni se doblegará,
    hasta haber establecido el derecho sobre la tierra, y hasta que las islas escuchen su enseñanza.
    Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación te llamé, te tomé de la mano, te he formado, y te he constituido alianza de un pueblo, luz de las naciones: para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas».
  • Salmo Responsorial: 28
    «El Señor bendice a su pueblo con la paz.»Hijos de Dios, glorifiquen al Señor, denle la gloria que merece. Postrados en su templo santo, alabemos al Señor.
    R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

    La voz del Señor se deja oír sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es poderosa, la voz del Señor es imponente.
    R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

    El Dios de majestad hizo sonar el trueno de su voz. El Señor se manifestó sobre las aguas desde su trono eterno.
    R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

  • Segunda Lectura: Hechos 10, 34-38
    «Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret»En aquellos días, Pedro se dirigió a Cornelio y a los que estaban en su casa con estas palabras:
    «Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que le es fiel y practica la justicia, sea de la nación que fuere.
    Él envió su palabra a los hijos de Israel para anunciarles la paz por medio de Jesucristo, Señor de todos. Ya saben ustedes lo sucedido en toda Judea, que tuvo principio en Galilea, después del bautismo predicado por Juan; de cómo Dios ungió con el poder del Espíritu Santo a Jesús de Nazaret, y cómo Éste pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con Él».
  • Evangelio: Mateo 3, 13-17
    «Apenas se bautizó Jesús, vio que el Espíritu Santo descendía sobre él.»

    En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía, diciendo:
    «Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?»
    Jesús le respondió:
    «Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere».
    Entonces Juan accedió a bautizarlo. Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía, desde el cielo:
    «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias».