Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía martes 12 de Octubre – Nª Señora del Pilar

HOMILIA 12 DE OCTUBRE “El Pilar”

Una de las características que podemos atribuir a la Virgen María es la “escucha”. Cuando se nos habla de María en los evangelios, pocas veces ella es la que habla y las más ella está en actitud de escucha. Pensemos que esa actitud engrandece y ennoblece a una persona. En el evangelio de hoy, Jesús alaba a su madre por escuchar la palabra de Dios y cumplirla.

Señalo tres características del verbo escuchar. Se pueden añadir otras.

1ª. Escuchar lleva consigo “prestar atención”. Cuando alguien nos habla, si de verdad le escuchamos, significa que le prestamos atención. Si no, ya puede hablar esa persona que “pasaremos” de ella. No prestaremos atención a lo que nos dice, sobre todo porque no nos interesa.

Cuando leemos, cuando proclamamos el evangelio en la Eucaristía, ¿lo escuchamos? ¿Prestamos atención a la palabra de Dios? O Sencillamente, como ya lo hemos oído otras veces, como tenemos otras preocupaciones, o como no nos interesa…no prestamos atención. María prestó atención a las palabras del ángel, prestó atención a las palabras de Jesús en Caná, prestó atención a Jesús en la Cruz.

2ª. Escuchar favorece la acogida. Cuando escuchamos a alguien que nos interesa, o cuando escuchamos algo que nos interesa, lo acogemos más fácilmente. En la vida diaria, ¿acogemos todo lo que escuchamos? Normalmente hacemos una selección porque no todo lo que escuchamos necesita ser acogido. 

Escuchar el evangelio, si es que nos interesa, favorece que acojamos el Evangelio como algo importante para nosotros. Y acoger el Evangelio es hacerlo nuestro y llevarlo a la vida. María acogió y llevó a la vida la palabra de Dios y por eso es llamada “dichosa” Signos de acogida de la palabra de Dios en María están la visita a su prima Isabel para ayudarla, la preocupación por los novios en una boda, seguir de cerca de su Hijo para escuchar su mensaje.

Y 3ª. Escuchar está hoy muy unido a VER. Hoy vemos más que escuchamos. Se dice que “una imagen vale más que mil palabras”. La imagen la vemos. Las palabras se las lleva el viento. Hoy niños y mayores prestamos más atención a lo que vemos. El evangelio necesita “verse”, mejor dicho hoy día el evangelio necesita personas que lo vivan para que los demás lo vean y lo conozcan.

Ese VER para nosotros significa SER TESTIGOS, dar testimonio de lo que creemos. La mejor forma de que el evangelio se escuche, la mejor forma de que se nos escuche es que nos vean como testimonio de lo que creemos. Se escuchará mejor, si se ve mejor. Las palabras que como iglesia pronunciamos, se escucharán mejor si van acompañadas del testimonio. Seremos llamados “dichosos” si nuestra palabra va unida a nuestra vida, si quienes nos escuchan, ven que somos testimonio de lo que decimos.

Pidamos a la Virgen del Pilar que escuchemos la palabra de Jesús y la llevemos a la vida.


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Homilía Domingo 10 de Octubre 2010 – dom 28º t.o.

HOMILIA domingo 28º t.o. Ciclo C

En el evangelio del domingo pasado los discípulos pedían al Señor: “auméntanos la fe”. En el evangelio de hoy Jesús alaba la fe de una persona que vuelve a darle gracias por sentirse curado. Voy a centrarme en el final del evangelio nos puede ayudar en nuestra vida y nuestro compromiso de seguir a Jesús.

En primer lugar Jesús dice al leproso curado: “levántate”. Posiblemente para nosotros el verbo “levantarse” no pase de tener el sentido normal. Uno está sentado o tumbado y se levanta. Cuando Jesús le dice al leproso que se levante le está diciendo algo más. Le está diciendo que está vivo, que tiene una vida nueva por estar curado, que se olvide de su situación anterior porque ya es otra persona. Le está diciendo que puede reintegrarse en la sociedad, que puede hacer algo por los demás, que nadie le va a aislar o separar del resto por su enfermedad.

En segundo lugar Jesús le dice: “vete”. Vete significa aquí: anda, camina, no te pares. Al enfermo postrado le cuesta andar, el leproso no podía salir a espacios abiertos. La orden de Jesús al leproso es: ya no tienes barreras que te impidan moverte, no hay barreras que te impidan SER lo que tienes que ser. A partir de ahora lo que tienes que hacer es CAMINAR y caminar es VIVIR.

En tercer lugar le dice: “Tu fe te ha salvado”. Levántate y vete son la consecuencia de la fe que salva. El samaritano “viendo que estaba curado” da gracias a Jesús. La petición que hizo con los demás leprosos: “ten compasión de nosotros” la hizo desde la fe en el maestro que curaba y que daba nueva vida. Podemos decir que a los otros nueve les preocupa cumplir la ley, que por otra parte se lo dijo Jesús: “id a presentaros a los sacerdotes”. Al samaritano más que preocuparle la ley, le anima la fe en Jesús y por eso vuelve a dar gracias y a demostrar así su fe en Jesús.

Estos tres momentos de la orden de Jesús nos pueden servir a nosotros. Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “levántate”. Levántate para nosotros es: ¡ánimo! ¡mira a tu alrededor! A las personas, a las cosas, se las ve de diferente manera estando levantado que estando sentado o tumbado. Estar sentado o tumbado son posturas pasivas. Estando levantados podemos ver las necesidades de los demás, las injusticias que se cometen contra los otros, o las cosas buenas que hacemos las personas.

Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “vete”. Esta orden de Jesús es más bien una invitación a caminar con otras muchas personas. Caminar haciendo el bien, viviendo como testigos de Jesús, predicando con nuestra palabra y sobre todo con la vida. Vete significa: cuenta a los demás todo lo que has recibido y todo lo que puedes dar. Significa: no estás solo para vivir y anunciar lo que el Señor ha hecho contigo y por ti.

Nosotros oímos de Jesús: “tu fe te ha salvado”. Como al leproso samaritano nos salva la fe Jesús y no la práctica de la ley. Nos salva la fe en Jesús que nos invita a levantarnos y caminar siendo testigos suyos. Nos salva la fe en Jesús que vivimos cada día en los pequeños detalles de amor a los demás.

El final de la Eucaristía de hoy es para cada uno de nosotros: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.


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Homilía domingo 3 de octubre 2010 – dom 27º t..

HOMILIA domingo 27º t.o. ciclo C

Jesús vivió en una sociedad agrícola y de ahí que la mayor parte de sus mensajes tengan como tema lo relacionado con la agricultura. Hoy nos habla de un criado que trabaja como labrador. Todos vemos normal que al llegar a casa se ponga a servir a su señor y no al revés. Jesús les dice a los discípulos, siguiendo esta lógica, que ellos han de actuar como los criados. Su tarea es servir a los demás.

Hoy Jesús no nos diría que “somos unos pobre siervos” sino que invita a seguirle y a ser testigos suyos en el mundo que vivimos. No nos trataría como pobres siervos, sino como colaboradores suyos en la extensión del Reino de Dios. Nos invita a hacer obras como las suyas confiando en Él, como El confía en el Padre.

Nuestra respuesta está en pedir como los discípulos: “Señor, auméntanos la fe”. Esta petición está justificada leyendo lo que nos dice el profeta Habacuc en la primera lectura. ¿Qué vemos en nuestro mundo?: violencia, desgracias, luchas, escándalos. Ante esto es normal pedir fe. ¿Quién no se desanima viendo todo lo anterior?

Se necesita la fe para seguir adelante. Se necesita la fe para trabajar por un mundo más justo, más fraterno, más humano. Se necesita la fe para decir a los demás: nuestro mundo merece la pena. Se necesita fe para vivir cada día el evangelio sin huir de las realidades que vemos, ni refugiarse en falsas espiritualidades que nos alejan de quienes lo pasan mal en este mundo por las injusticias que cometemos los unos contra los otros.

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual. La fe nos ayuda a mantenernos de pie ante la tarea de vivir y predicar con la vida el Evangelio. María por la fe se mantuvo de pie junto a la Cruz de Jesús confiando en que la muerte no tendría en su Hijo la última palabra, sino que la tendría la Vida.

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual a la luz del texto de san Pablo a Timoteo. La fe nos ayuda a no tener “un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio” para juzgar los acontecimientos de la vida desde el Evangelio. Por la fe muchas personas toman parte en los duros trabajos del Evangelio. Sabemos que hoy es difícil predicar el evangelio y para algunos resulta aún más difícil vivirlo. Por la fe nos damos cuenta de nuestra pobreza que nos lleva a confiar en Dios. Por la fe vivimos el amor de Cristo y cada uno guarda en su corazón el mismo evangelio con la ayuda del Espíritu Santo

La petición: “auméntanos la fe” sigue siendo actual si de verdad nos abrimos a la Palabra de Dios que actúa en nosotros para nuestro bien y el de los demás. Sigue siendo actual si compartimos el Cuerpo de Cristo y vivimos la Eucaristía dominical a lo largo de cada día. Habacuc termina su texto diciendo que el “justo vivirá por su fe”. Aunque tengamos fe, aunque intentemos ser justos en un mundo más bien injusto, que brote a menudo de nuestro corazón la petición de los discípulos a Jesús: “auméntanos la fe”.


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Homilía domingo 26 de Septiembre 2010 – 26º t.o.

HOMILIA domingo 26º t.o. ciclo C

Después de leer el evangelio, quiero partir de la última frase para hacer un comentario.

La frase dice: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. Así a simple vista es una frase más, pero creo que dice mucho más de lo que parece.

Se suele decir que el mundo de las ideas avanza más deprisa que las personas. Las ideas evolucionan o se renuevan o dejan paso a otras, que no me meto a decir si son mejores o peores. Las personas somos más lentos para cambiar, para evolucionar. Normalmente nos gusta mantenernos en nuestras propias ideas, nos mostramos precavidos ante lo nuevo, hay gente que se asusta cuando se encuentra con algo nuevo y prefiere quedarse con lo suyo.

Las personas evolucionan en el terreno profesional. Pero hay personas que en el terreno de la fe, les cuesta abrirse a la novedad del Evangelio, a la novedad de una vida y una espiritualidad centrada en Cristo, a la novedad del Evangelio que llama al servicio a los demás.

Ahí es donde yo veo el sentido de la frase: “si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”. ¿Por qué?  Por que algunas personas para abrirse de nuevo al Evangelio, necesitan un signo, piden un signo para cambiar. Yo creo que viene bien las palabras de San Pablo en la primera carta a los Corintios ( 2, 22-23): “los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos, necedad para los gentiles”.

Hoy  hay personas demasiado ancladas en sus ideas, en sus posturas, en sus ideologías, por ello se sigue dando, y creo que a ello contribuimos todos de una manera o de otra, esa gran diferencia entre los que tienen y los que no tienen. El rico del evangelio no renuncia a banquetear cada día aún a sabiendas que a su puerta había un mendigo. Hoy sigue habiendo personas que no quieren renunciar a nada, que siguen derrochando y malgastando este mundo, aun sabiendo que a sus puertas hay gente que pasa necesidad. El rico, estando en el infierno, pide que envíen un signo a su familia. La respuesta es bien clara: tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. Hoy también hay gente que pide signos para cambiar…pero aún viéndolos, no cambian.

Nosotros tenemos el Evangelio que es el que nos tiene que sacar de nuestras posturas cerradas para darnos cuenta que hay que abrirse a las necesidades de los demás. Hoy hay personas que la ayuda que piden es la de acompañarles, la de escucharles, la de estar un rato con ellos, la de compartir algo de lo que tengamos.

Mirando al Evangelio, mirando a Jesús, practicaremos la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza que dice San Pablo a Timoteo. Mirando al Evangelio, mirando a Jesús no necesitaremos más signos, no pediremos más signos. El signo que se nos ha dado y que de verdad puede cambiar nuestro corazón es Jesús.


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Homilía domingo 19 de Septiembre 2010 – dom. 25º t.o.

HOMILIA  domingo 25º t.o. ciclo C

Ante las lecturas de hoy, sobre todo de la primera y del Evangelio, yo me pregunto:

¿Se pueden leer tal cual y quedarnos tan tranquilos? Las palabras de Amós, ¿son actuales? Lo que dice Jesús sobre el dinero injusto, ¿se puede decir hoy? ¿Hay dinero justo y dinero injusto? Imagino que diréis que sí. Y si no que se lo pregunten a los de la cultura del “pelotazo”.

De todos es sabido que la economía es quien gobierna el mundo y que, en definitiva, somos todos quienes sufrimos las consecuencias de los grupos económicos de presión que controlan lo que llamamos el mercado, los puestos de trabajo, los precios de los productos.

Amos vivió en otro tipo de sociedad, una sociedad fundamentalmente agrícola, y por eso su crítica está unida a este mundo:  trigo, grano, la medida, salvado…pero unido a dos temas: a la persona que por dinero esclaviza a otros y al culto porque se desea que termine para seguir haciendo negocios. Se desea que pase el sábado para seguir ganando dinero y oprimiendo al pobre.

Hoy Amós criticaría a aquellos que bajo la globalización están oprimiendo a muchas personas en los diversos sectores de trabajo. Criticaría a aquellos que se callan ante las injusticias porque así obtienen beneficios. Criticaría a los siguen comprando por dinero al pobre. Criticaría a quienes derrochan dinero en la compra venta de personas sin importarles mucho la dignidad de los mismos. Y sigue siendo válida la frase con la que termina el texto de Amós: “Jura el Señor…que no olvidará vuestras acciones”.

Jesús en el evangelio está hablando a los discípulos. Su estilo de vida, su dedicación al Reino de Dios le permite hablar con total libertad. Cuando habla de “dinero injusto” se  refiere al mismo del que nos habla Amós. Tal vez Jesús es más suave y nos está diciendo que ese dinero injusto lo dediquemos a ayudar a otros, a esos otros que “os reciban en las moradas eternas”. Como iglesia tendríamos que ser más cuidadosos y confiar poco en personas que arriman a la iglesia y luego oprimen al necesitado.

Una pregunta curiosa: ¿nos fiamos de quien ha amasado dinero injusto? Se ha llegado incluso a ofrecer honores, títulos a quienes así a veces han actuado. Pero, hoy, ¿se fía la gente de ellos? Yo diría que muchas veces sí, por eso de las influencias.

Cuando Jesús habla de dinero no es bien acogido por  las autoridades religiosas de su tiempo. Jesús es mucho más duro con este tema del dinero que con otros temas, sobre todo porque esclaviza a la persona, al que lo tiene porque tiene miedo a perderlo y al que no lo tiene porque puede llegar a hacer cualquier cosa por tenerlo.

Como el dinero puede llegar a esclavizar a la persona, Jesús nos advierte, y cada cual que lo interprete como mejor sepa y pueda, y siempre a favor de los demás, que “no podéis servir a Dios y al dinero”. Dios libera, el dinero nos puede esclavizar.


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Homilía domingo 12 Septiembre 2010 – Dom. 24º T.O.

HOMILIA  12 de septiembre. Santo Nombre de María

Como se nos ha dicho al principio de la Eucaristía, hoy los Marianistas y toda la Familia de María celebramos nuestra fiesta patronal. Al igual que cada país, ciudad o pueblo tienen su patrón o patrona, nosotros los Marianistas celebramos el Santo Nombre de María. Nuestro fundador, el Beato Guillermo José Chaminade eligió esta fiesta “no para celebrar un misterio de la Virgen, sino la misma persona de la Virgen”. “En la más antigua tradición bíblica el nombre equivale a la persona”.

Lo mejor que podemos decir de María, de su  persona, del ser de María en este mundo es que fue la madre del Hijo de Dios. Podemos pensar que Dios se la jugó tal y como nos cuenta el evangelista san Lucas. Todo un Dios se pone en manos de una mujer para esperar de ella una respuesta afirmativa a su plan de salvación.

Hay un texto del Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, en el número 56, que dice con mejores palabras lo que yo acabo de exponer: “…el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnación (del Hijo) la aceptación de la Madre predestinada…”. El “sí” de María, el “hágase en mí según tu palabra” no es sólo la aceptación de la voluntad de Dios, es también el momento culmen de la maternidad de María.

Siguiendo la carta a los Romanos, segunda lectura, María es llamada conforme al designio de Dios no para hacerle un bien a ella, sino para hacer un bien a toda la humanidad. María es llamada para ser madre, esa es su verdadera vocación, y en la aceptación de esa llamada, en la vivencia de esa vocación, es donde está la glorificación de María.

En contraste con María que se considera la humilde esclava del Señor, Dios la llama  y la glorifica. Nosotros seguimos glorificando a María por ser la Madre de Jesús. María misma dice, según el evangelista san Lucas: “desde ahora me glorificarán todas las generaciones”. María vive su vocación de madre y así entra de lleno en el plan de salvación de Dios sobre todo hombre.

Del libro del Eclesiástico, es decir de la primera lectura, podemos atribuir a María, entre otras frases, la de “yo soy la madre del amor puro…y de la esperanza santa”. La vida de María se prolonga en su hijo Jesús que nos habló del amor. Jesús es la manifestación del amor de Dios y el que con sus palabras alimentó la esperanza de las gentes de su tiempo y de todo aquel que cree en El.

El nombre de María es santo por ser madre. Madre abierta a la escucha de la palabra de Dios, abierta al don de la vida y a la vida misma que es Jesús, abierta al servicio a los demás, abierta a aceptar el sufrimiento de su Hijo con la esperanza puesta en la vida.

¡Ojalá el nombre de María sea santo para nosotros! ¡Ojalá que María nos anime a tener las mismas actitudes que ella ante la palabra de Dios y el servicio a los demás! Seguro que si así lo hacemos nuestro nombre, sea el que sea, también será santo a los ojos de Dios.


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Homilía Domingo 5 de Septiembre 2010 – domingo 23º t.o.

HOMILIA domingo 23º- ciclo C. t.o.

De todos es conocido que vivimos tiempos de crisis. Las noticias que oímos y leemos en los medios de comunicación acerca de la pérdida de empleos, el cierre de empresas, hace que esa crisis sea una realidad ya no se puede negar. Y aunque en cualquier momento y tiempo se suele pensar qué hacer, hoy por hoy las personas piensan mucho más cómo actuar. Se nos ha dicho, entre otras cosas, que mucha gente no ha salido de vacaciones, o que han reducido los días de estancia fuera de casa…

Para muchas personas eso ha significado que han tenido que medir sus fuerzas y calcular bien qué hacer. Se parece a lo que nos dice el Evangelio: dos personas se han sentado a calcular los gastos…o a deliberar. Ese sentarse a calcular o a deliberar ha llevado a esas personas a elegir qué hacer, teniendo que renunciar a algo. Se han sentado para tomar una decisión. Ese es el significado de la palabra crisis: tomar una decisión.

Jesús también pasó sus crisis, o tuvo que tomar decisiones. La primera la tenemos en el relato de las tentaciones en el desierto. El elige seguir la voluntad del Padre. En otros momentos del Evangelio, cuando le quieren nombrar rey, Jesús decide alejarse de la multitud porque esa no es la voluntad del Padre. El tuvo que renunciar a todo y a todos para dedicarse de lleno a predicar el Reino de Dios.

Los que formamos la iglesia corremos el riesgo de instalarnos en unas normas, leyes, incluso ritos que a veces parecen letra muerta. Dentro de la iglesia se publican normas, documentos que poco o nada nos interesan. Habría que preguntarse ¿por qué? Una de dos o se trata de algo que está lejos de nuestro quehacer y vida diarias, o es que pasamos de todo aquello que sea institucional. 

Tal vez haya que renunciar a mucha palabra para ir a lo fundamental del Evangelio: seguir a Jesús. Tal vez tengamos que pararnos, que sentarnos, para darnos cuenta de si vivimos día a día nuestra fe y de cómo la vivimos, si vamos a lo importante o si nos quedamos en lo accesorio.

Llevemos también esta pregunta a nuestra vida parroquial. ¿A qué tenemos seriamente que renunciar para de verdad seguir a Jesús? ¿A nuestras rutinas? ¿A nuestra falta de compromiso? ¿A nuestro conformismo? Tendríamos que sentarnos a calcular o a deliberar cuáles son nuestras fuerzas y posibilidades para luego actuar, sabiendo que eso podría llevarnos a renunciar a formas de pensar, de actuar, en definitiva, de vivir.

No temamos los tiempos de crisis en la iglesia y en la vivencia de la fe. En los tiempos de crisis sociales trabajemos por buscar soluciones. Y en todo tiempo de crisis lo importante es que lleguemos a decisiones que nos ayuden a ser discípulos de Jesús sabiendo que para ser de verdad discípulo tendremos que renunciar a otras cosas.


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Homilía domingo 29 de Agosto 2010 – 22º t.o.

Homilía domingo 22º t.o. ciclo C

Posiblemente todos conocemos el dicho: “en la vida hay que predicar con el ejemplo”. ¿Por qué comienzo así? Porque las lecturas de hoy nos animan a ello y porque estamos viendo día a día cómo se dice una cosa y se hace otra muy distinta. Nos cuesta ser coherentes y fácilmente nos dejamos llevar por la corriente que impera.

Los medios de comunicación no hacen más que presentarnos ejemplos de triunfadores, de gente que está en boca de todos, de personas que ocupan los primeros puestos y que difícilmente se quieren apear de ellos, de personas que se venden o que venden su vida con tal de ser los primeros y de ser presentados como triunfadores.

Estas personas predican con el ejemplo, pero ¿qué ejemplo? Yo diría que el ejemplo de ver la vida como algo fácil, como algo que no cuesta,  llegando incluso a mirar a los demás como “pobres hombres” que no llegan a ser triunfadores. La pregunta sería ¿hay coherencia en la vida de estas personas?

Las lecturas de hoy nos hablan de humildad, de hacerse pequeño, de ceder el puesto. Y, ¿qué tiene ver que esto con “predicar con el ejemplo”? Pues mucho. La verdad es que de los humildes, de los pequeños, de los que ceden el puesto, poca gente se acuerda, no son ejemplos a seguir, son gente que no interesa.

Hay otra frase de Santa Teresa de Jesús que dice: “humildad es andar en verdad”. ¿Quién nos da hoy ejemplo de andar en la verdad? ¿Los triunfadores? ¡Que va! Esas personas darán muchos ejemplos, pero desde luego no el de andar en la verdad, porque su vida es casi todo fachada.

Jesús de Nazaret no fue un triunfador en su tiempo. Nació en un lugar humilde, vivió sencillamente,  y  terminó como un malhechor en la Cruz. El anduvo en la verdad y predicó la verdad con su estilo de vida. Su vida fue todo menos ejemplo de triunfador. Su vida fue entrega a los demás, fue predicar con el ejemplo: perdonando, amando, dando vida, curando, no teniendo miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma, es decir, el espíritu que le animó a cumplir la voluntad del Padre y a dar su vida por todos.

Jesús no es ejemplo de triunfador, sino ejemplo de humilde, de pequeño, de ceder el sitio a otros. Hay que tener cuidado sobre cómo presentamos a Jesús. Hay que presentarle como el ejemplo a seguir de persona entregada, de persona que no buscaba los primeros puestos, ni ser triunfador, sino como el que siempre buscó que triunfara la vida y la persona.   

Termino con dos ejemplos conocidos de personas entregadas y en nada triunfadoras a los ojos de los hombres: Teresa de Calcuta y Vicente Ferrer. Ellos han acogido a “pobres, lisiados, cojos y ciegos”…sabiendo que no podían pagarles sino con su cariño y agradecimiento.  Dos personas, entre otras muchas, que han seguido el ejemplo de Jesús de entregar la vida sin aspirar a los primeros puestos y que lo han hecho de manera humilde.

Sigamos también nosotros así a Jesús.


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Homilía Domingo 22 de Agosto 2010

HOMILIA  domingo 21º t.o. ciclo C

En nuestro primer mundo cada día somos más reacios a lo difícil, a lo duro, a lo que cuesta. Que no nos hablen de sacrificios, que eso pertenece al pasado y es propio de mentes retrógadas. Hoy se nos quiere presentar todo, incluso yo diría la vida misma, como algo fácil. Luego vemos que no es así. Que si queremos conseguir algo tenemos que esforzarnos, o tenemos que “trabajárnoslo”, como se dice hoy en día.

En el evangelio Jesús nos dice: “esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. No pretendo dar una interpretación negativa a esta frase, sino más bien realista. No se trata de pensar o decir que seguir a Jesús es fácil o difícil, seguir a Jesús es una opción personal vivida en el seno de una comunidad que me ayuda y orienta en ese seguimiento.

A cada uno de nosotros, Jesús nos invita personalmente a seguirle. Por una parte nos avisa que seguirle a él tiene sus riesgos, como los tuvo para él cumplir la voluntad del Padre. Pero no nos deja solos es ese seguimiento. Nos anima y nos envía su fuerza, que es su mismo Espíritu, el Espíritu que le animó a él a vivir como vivió y a dar su vida por todos.

Entrar por la puerta estrecha no es difícil cuando se intenta tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús, es decir, cuando se predica con la vida el Reino de Dios, cuando se trabaja por el bien de los demás, cuando se olvida uno de sí mismo para salir al encuentro del necesitado, cuando en lugar de decir “yo” digo “nosotros”, cuando valoro y respeto la vida, la persona, el mundo en que vivimos. En definitiva, cuando el amor a Dios se prolonga en el amor al prójimo, o cuando de verdad amo a los demás como Cristo me amó a mí.

Estas palabras no pretenden ni son palabras bonitas, sino que quieren ser una manera de ayudar a comprender eso de “entrar por la puerta estrecha”. Para muchas personas lo dicho anteriormente resulta difícil y duro. Hoy resulta difícil respetar la vida y a la persona, resulta duro decir “nosotros” en lugar de “yo”, resulta también duro ayudar a otros, ser solidario día a día con otras personas, denunciar injusticias. Es más fácil adoptar la actitud de “pasar de todo”.

La puerta estrecha no es sinónimo de imposible. La puerta estrecha es sinónimo de vida, de entrega, de solidaridad, de respeto. La puerta estrecha es sinónimo de seguir a Jesús y creo, que cuando de verdad se quiere seguir a Jesús, poco importa la anchura de la puerta, lo que de verdad importa es Jesús que es la puerta para la vida.

Por eso ante quien encuentra estrecha la puerta ofrezcámosle lo que nos dice la carta a los Hebreos: “fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana”. Se nos invita a ayudarnos unos a otros a seguir Jesús y a vivir una fe comprometida confiando más en el Dios que nos salva que en nuestras propias fuerzas.


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Homilía domingo 15 de Agosto 2010 – Asunción de María

HOMILIA  “ASUNCION DE MARIA”

Si me pidiesen una definición de María, yo la definiría así: “mujer, madre, llena de esperanza y que infunde esperanza”.

En primer lugar “mujer”. El anuncio de que Dios se va a encarnar se hace a una mujer y no a un hombre, que hubiese sido lo normal en la sociedad del tiempo de Jesús. Quien recibe esa gran noticia y quien la acepta libremente es una mujer. San Juan, tanto en el evangelio como en la lectura de Apocalipsis, al hablar de la madre de Jesús, la llama “mujer”.

Este título de “mujer” ensalza no solo a la madre de Jesús, sino que ensalza a toda mujer por su apertura para la vida, su solidaridad con el necesitado, su disponibilidad para la ayuda. Decir “mujer” es decir VIDA ACTIVA,  vida que se recibe, que se acepta, que se da. Es decir todo menos obediencia pasiva, aunque a lo largo de la historia y en todos los pueblos se haya dado y se siga dando una mayor o menor esclavitud de la mujer.

En segundo lugar: “madre”. En María se acentúa mucho su ser virgen. De hecho hablamos casi siempre de la virgen de… Pero la vocación de María es ser madre. Madre del Hijo de Dios. Como madre supo estar de forma discreta y sencilla junto a su Hijo. Como madre sabe que tiene que dejar a su Hijo cumplir con su misión, aunque parte de esa misión fue el momento duro de la Cruz. Pero como madre creyó y esperó que la muerte no tendría la última palabra sobre su Hijo, sino que la tendría la VIDA. 

En la maternidad de María, como en la de cualquier mujer hubo y hay apertura, solidaridad y disponibilidad. En la maternidad siempre hay esperanza mezclada con dudas, alegrías junto a tristezas. Toda madre espera lo mejor para su hijo, pero también alberga dudas de que esas esperanzas se puedan realizar plenamente.

En tercer lugar María está “llena de esperanza”. Como hija del pueblo de Israel, María espera la llegada del Mesías. En ningún momento sospecha que ella pueda ser la elegida para dar a luz al Mesías de Israel, pero alberga en su corazón la llegada del  Mesías anunciado por los profetas: un Mesías humilde, que curará heridas, que tendrá palabras de esperanza para todos, que predicará un reino de justicia según el corazón de Dios. Esta es la esperanza que colma el corazón y la vida de María.

Y en cuarto lugar María “infunde esperanza”. La visita a su pariente Isabel, no es una mera visita de cumplimiento, no. María lleva en su seno al Hijo de Dios. En el Antiguo Testamento cuando se dice que Dios visita a su pueblo es para anunciarle buenas noticias. María visita a Isabel para anunciarle la buena gran noticia del nacimiento del Mesías de Dios. Su visita infunde esperanza a Isabel que grita de alegría. La vida de Isabel cambia y se llena de esperanza.

Termino pidiendo a María que  la iglesia y todos los que la formamos estemos llenos de esperanza y seamos personas que infundamos esperanza en este mundo tan necesitado de ella.