Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía Domingo 22 de Agosto 2010

HOMILIA  domingo 21º t.o. ciclo C

En nuestro primer mundo cada día somos más reacios a lo difícil, a lo duro, a lo que cuesta. Que no nos hablen de sacrificios, que eso pertenece al pasado y es propio de mentes retrógadas. Hoy se nos quiere presentar todo, incluso yo diría la vida misma, como algo fácil. Luego vemos que no es así. Que si queremos conseguir algo tenemos que esforzarnos, o tenemos que “trabajárnoslo”, como se dice hoy en día.

En el evangelio Jesús nos dice: “esforzaos en entrar por la puerta estrecha”. No pretendo dar una interpretación negativa a esta frase, sino más bien realista. No se trata de pensar o decir que seguir a Jesús es fácil o difícil, seguir a Jesús es una opción personal vivida en el seno de una comunidad que me ayuda y orienta en ese seguimiento.

A cada uno de nosotros, Jesús nos invita personalmente a seguirle. Por una parte nos avisa que seguirle a él tiene sus riesgos, como los tuvo para él cumplir la voluntad del Padre. Pero no nos deja solos es ese seguimiento. Nos anima y nos envía su fuerza, que es su mismo Espíritu, el Espíritu que le animó a él a vivir como vivió y a dar su vida por todos.

Entrar por la puerta estrecha no es difícil cuando se intenta tener los mismos sentimientos que tuvo Jesús, es decir, cuando se predica con la vida el Reino de Dios, cuando se trabaja por el bien de los demás, cuando se olvida uno de sí mismo para salir al encuentro del necesitado, cuando en lugar de decir “yo” digo “nosotros”, cuando valoro y respeto la vida, la persona, el mundo en que vivimos. En definitiva, cuando el amor a Dios se prolonga en el amor al prójimo, o cuando de verdad amo a los demás como Cristo me amó a mí.

Estas palabras no pretenden ni son palabras bonitas, sino que quieren ser una manera de ayudar a comprender eso de “entrar por la puerta estrecha”. Para muchas personas lo dicho anteriormente resulta difícil y duro. Hoy resulta difícil respetar la vida y a la persona, resulta duro decir “nosotros” en lugar de “yo”, resulta también duro ayudar a otros, ser solidario día a día con otras personas, denunciar injusticias. Es más fácil adoptar la actitud de “pasar de todo”.

La puerta estrecha no es sinónimo de imposible. La puerta estrecha es sinónimo de vida, de entrega, de solidaridad, de respeto. La puerta estrecha es sinónimo de seguir a Jesús y creo, que cuando de verdad se quiere seguir a Jesús, poco importa la anchura de la puerta, lo que de verdad importa es Jesús que es la puerta para la vida.

Por eso ante quien encuentra estrecha la puerta ofrezcámosle lo que nos dice la carta a los Hebreos: “fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana”. Se nos invita a ayudarnos unos a otros a seguir Jesús y a vivir una fe comprometida confiando más en el Dios que nos salva que en nuestras propias fuerzas.


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Lecturas de la misa – Domingo 22 de Agosto 2010

Lecturas de la liturgia – Domingo 21º del t.o.

  • Primera Lectura: Isaías 66, 18-21
    «De todos los países traerán a todos vuestros hermanos» 

    Así dice el Señor: «Yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua: vendrán para ver mi gloria, les daré una señal, y de entre ellos despacharé supervivientes a las naciones: a Tarsis, Etiopía, Libia, Masac, Tubal y Grecia, a las costas lejanas que nunca oyeron mi fama ni vieron mi gloria; y anunciarán mi gloria a las naciones. Y de todos los países, como ofrenda al Señor, traerán a todos vuestros hermanos a caballo y en carros y en literas, en mulos y dromedarios, hasta mi monte santo de Jerusalén -dice el Señor-, como los israelitas, en vasijas puras, traen ofrendas al templo del Señor. De entre ellos escogeré sacerdotes, y levitas» -dice el Señor-.

  • Salmo Responsorial: 116
    «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio» 

    Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos. R.

    Firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre. R.

  • Segunda Lectura: Hebreos 12, 5-7 11-13
    «El Señor reprende a los que ama» 

    Hermanos: Habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron: «Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, no te enfades por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos.»

    Aceptad la corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?

    Ninguna corrección nos gusta cuando la recibimos, sino que nos duele; pero, después de pasar por ella, nos da como fruto una vida honrada y en paz.

    Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará.

  • Evangelio: Lucas 13, 22-30
    «Vendrán de oriente y occidente y se sentarán a la mesa en el reino de Dios» 

    En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.

    Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?»

    Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos»;

    y él os replicará: «No sé quiénes sois.»

    Entonces comenzaréis a decir.

    «Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.»

    Pero él os replicará: «No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados.»

    Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera. Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

    Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos.»  


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Homilía domingo 15 de Agosto 2010 – Asunción de María

HOMILIA  “ASUNCION DE MARIA”

Si me pidiesen una definición de María, yo la definiría así: “mujer, madre, llena de esperanza y que infunde esperanza”.

En primer lugar “mujer”. El anuncio de que Dios se va a encarnar se hace a una mujer y no a un hombre, que hubiese sido lo normal en la sociedad del tiempo de Jesús. Quien recibe esa gran noticia y quien la acepta libremente es una mujer. San Juan, tanto en el evangelio como en la lectura de Apocalipsis, al hablar de la madre de Jesús, la llama “mujer”.

Este título de “mujer” ensalza no solo a la madre de Jesús, sino que ensalza a toda mujer por su apertura para la vida, su solidaridad con el necesitado, su disponibilidad para la ayuda. Decir “mujer” es decir VIDA ACTIVA,  vida que se recibe, que se acepta, que se da. Es decir todo menos obediencia pasiva, aunque a lo largo de la historia y en todos los pueblos se haya dado y se siga dando una mayor o menor esclavitud de la mujer.

En segundo lugar: “madre”. En María se acentúa mucho su ser virgen. De hecho hablamos casi siempre de la virgen de… Pero la vocación de María es ser madre. Madre del Hijo de Dios. Como madre supo estar de forma discreta y sencilla junto a su Hijo. Como madre sabe que tiene que dejar a su Hijo cumplir con su misión, aunque parte de esa misión fue el momento duro de la Cruz. Pero como madre creyó y esperó que la muerte no tendría la última palabra sobre su Hijo, sino que la tendría la VIDA. 

En la maternidad de María, como en la de cualquier mujer hubo y hay apertura, solidaridad y disponibilidad. En la maternidad siempre hay esperanza mezclada con dudas, alegrías junto a tristezas. Toda madre espera lo mejor para su hijo, pero también alberga dudas de que esas esperanzas se puedan realizar plenamente.

En tercer lugar María está “llena de esperanza”. Como hija del pueblo de Israel, María espera la llegada del Mesías. En ningún momento sospecha que ella pueda ser la elegida para dar a luz al Mesías de Israel, pero alberga en su corazón la llegada del  Mesías anunciado por los profetas: un Mesías humilde, que curará heridas, que tendrá palabras de esperanza para todos, que predicará un reino de justicia según el corazón de Dios. Esta es la esperanza que colma el corazón y la vida de María.

Y en cuarto lugar María “infunde esperanza”. La visita a su pariente Isabel, no es una mera visita de cumplimiento, no. María lleva en su seno al Hijo de Dios. En el Antiguo Testamento cuando se dice que Dios visita a su pueblo es para anunciarle buenas noticias. María visita a Isabel para anunciarle la buena gran noticia del nacimiento del Mesías de Dios. Su visita infunde esperanza a Isabel que grita de alegría. La vida de Isabel cambia y se llena de esperanza.

Termino pidiendo a María que  la iglesia y todos los que la formamos estemos llenos de esperanza y seamos personas que infundamos esperanza en este mundo tan necesitado de ella.


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“Dios” por Adolphe GESCHÉ

“Dios” por Adolphe GESCHÉ.

Sígueme. Salamanca. 2010 172págs.

 

Este libro junto con otros seis del mismo autor y con títulos como “El mal”, “El hombre”, “El cosmos”, “El destino”, “Jesucristo” y “El sentido” forman lo que podríamos llamar una teología dogmática actual. El último capítulo de este volumen “por qué creo en Dios” ayuda a reflexionar y a rezar ante lo que hoy vive el hombre.


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“Por qué hay que ir a la Iglesia?

“Por qué hay que ir a la Iglesia? El drama de la Eucaristía” por Timothy RADCLIFFE.  DDB. Bilbao 2009  309págs.

 

Más que un estudio teológico de la Eucaristía, este libro nos introduce en la comprensión de este Sacramento a través de vivencias tanto antiguas como actuales. Va exponiendo partes de la Eucaristía con explicaciones sencillas y con experiencias personales suyas como de otras personas. Además de responder a preguntas nos plantea otras para que nos las respondamos nosotros mismos.


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“La Eucaristía y la justicia social” por Margaret SCOTT

“La Eucaristía y la justicia social” por Margaret SCOTT

Sal Tarrae. Santander. 2010.   215págs.

Os invito a leer este libro y sobre todo a darnos cuesta que la Eucaristía no es un acto piadoso sino una celebración que compromete la fe y la vida. Este libro fruto de la experiencia personal de la autora ayuda también a la oración y a comprender mejor este Sacramento.


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Lecturas de la misa – Domingo 15 de Agosto 2010

Lecturas de la liturgia – Domingo 20º del t.o.

  • Primera Lectura: Apocalípsis 11,19a;12,1.3-6a.10ab
    «Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal» 

    Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

  • Salmo Responsorial: 44
    «De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.» 

    Hijas de reyes salen a tu encuentro, / de pie a tu derecha está la reina, / enjoyada con oro de Ofir. R.

    Escucha, hija, mira: inclina el oído, / olvida tu pueblo y la casa paterna; / prendado está el rey de tu belleza: / póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

    Las traen entre alegría y algazara, / van entrando en el palacio real. R.

  • Segunda Lectura: I Crónicas 15,20-27a
    «Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo» 

    Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

    Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

  • Evangelio: Lucas 1,39-56
    «El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes» 

    En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

    María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.» María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.  


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Homilía Domingo 8 de Agosto 2010

HOMILIA Domingo 19 tiempo ordinario ciclo C

  1. “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve”.

La fe la vivimos en dos niveles:

   Nivel humano: es la confianza o desconfianza en los demás. Lo vemos en la vida ordinaria. Hay personas que nos ofrecen confianza, otras no. Y la confianza en el otro viene dada, sobre todo, por afinidad de ideas, sentimientos yporque vemos que una persona es consecuente consigo y con los demás.

   Nivel religioso: es la confianza o desconfianza en Dios. Y la confianza en Dios puede resultar dura, difícil porque no vemos, porque no obtenemos respuesta clara a lo que estamos buscando o a lo que estamos necesitando.

   Al igual que conocemos personas en las que podemos confiar, tenemos también ejemplos que personas que han confiado plenamente en Dios. Y personas que carne y hueso. El ejemplo más significativo lo tenemos en Jesús.                 

              Jesús tuvo la seguridad de que Dios su Padre no le dejaría solo, no le abandonaría, sino que confirmaría su vida y misión, como lo hizo, con la Resurrección.  De Jesús podemos decir que confió plenamente en el Padre, aunque pasó por momentos duros.

              Para cada uno de nosotros, la fe ¿es seguridad y prueba, es confianza? Yo diría que para muchos de nosotros la fe es un riesgo que hay que afrontar y vivir. Si hay personas que abandonan la fe es porque no quieren correr riesgos, es porque buscan una  seguridad que no es tal, sino que es que me den normas que tranquilicen lo que hago o que me dejen en paz. Creer, a nivel humano y religioso, es comprometerse. Si creo en  una persona, en una idea, me comprometo con ello. De nuevo la pregunta: la fe para mí es ¿seguridad de lo que espero y prueba de los que no veo, es confianza o es un riesgo que vivo cada día? Es un reto que nos lanza la Palabra de Dios hoy.   

               El segundo reto es el que nos lanza Jesús en el evangelio: “donde está tu tesoro  allí también estará tu corazón”.  Insistiendo un poco más, ¿es la fe uno de nuestros tesoros? Si lo es, se tiene que manifestar en la vida diaria, se tiene que manifestar en el compromiso de servir a los demás, se tiene que manifestar en llevar a la vida la Palabra de Dios que escuchamos y la Eucaristía que celebramos cada domingo.

               Os animo a vivir la fe, independientemente si para nosotros es seguridad, es prueba, es confianza o más bien riesgo. La fe se vive desde el compromiso por seguir a Jesús y por servir a los hermanos.


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Lecturas de la misa – Domingo 8 de Agosto 2010

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sabiduría 18, 6-9
    «Con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti» 

    La noche de la liberación se les anunció de antemano a nuestros padres,

    para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.

    Tu pueblo esperaba ya la salvación de los inocentes y la perdición de los culpables,

    pues con una misma acción castigabas a los enemigos y nos honrabas, llamándonos a ti.

    Los hijos piadosos de un pueblo justo ofrecían sacrificios a escondidas y, de común acuerdo, se imponían esta ley sagrada:

    que todos los santos serían solidarios en los peligros y en los bienes; y empezaron a entonar los himnos tradicionales.

  • Salmo Responsorial: 32
    «Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.» 

    Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. R.

    Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia,

    para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

    Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. R.

  • Segunda Lectura: Hebreos 11, 1-2. 8-19
    «Esperaba la ciudad cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios» 

    Hermanos: La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve.

    Por su fe, son recordados los antiguos.

    Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba.

    Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas -y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa-, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios.

    Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía.

    Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos- como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

    Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra.

    Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver.

    Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo.

    Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad.

    Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu descendencia.»

    Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos.

    Y así, recobró a Isaac como figura del futuro.

  • Evangelio: Lucas 12, 32-48
    «Estad preparados» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino.

    Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla. Porque donde está vuestro tesoro allí estará también vuestro corazón.

    Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.

    Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.

    Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.

    Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete.

    Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

    Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

    El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas?

    Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes.

    Pero si el empleado piensa: «Mi amo tarda en llegar», y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles.

    El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos.

    Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»


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Homilía domingo 1 de Agosto 2010

HOMILIA domingo 18 t.o.

A veces en la iglesia se dicen frases bonitas, pero que luego uno se pregunta: ¿qué ha querido decir con esta frase?.  Una de esas frases suena así: “los cristianos estamos llamados a vivir la novedad del Evangelio”.  El que pronuncia esta frase piensa que ha dicho algo importantísimo y el que la escucha opina que está bien dicha, pero se pregunta, ¿qué significa eso?

San Pablo nos da una ayuda para comprender esta frase de la novedad del Evangelio cuando nos dice: “despojaos del hombre viejo y revestíos del nuevo”. ¿Quién es el hombre viejo? ¿Quién es el hombre nuevo? ¿Cuándo se puede considerar uno hombre viejo y cuándo hombre nuevo?

La primera lectura y el Evangelio de hoy nos dan una clave para entender esto de la novedad del Evangelio y de despojarse del hombre viejo. En la primera lectura hemos escuchado: “vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La vanidad forma parte de la cultura que estamos viviendo en el primer mundo. La cultura de la vanidad es la cultura de la nada, es la cultura de hoy. La cultura de la vanidad es vivir sin pensar más allá de lo que puedo vivir hoy. Es llevar una vida con poco sentido, y sobre todo con poco sentido común. La cultura de la vanidad es dejarse llevar por lo que sea, por lo que nos impongan, es dejarse llevar por la nada.

Despojarse del hombre viejo es echar por tierra, es hacer desaparecer de una vez por todas la cultura de la vanidad. Revestirse del hombre nuevo es VIVIR , y vivir dando sentido a la vida y a lo que hacemos, sobre todo a lo que hacemos a favor de los demás. Revestirse del hombre nuevo es vivir lo nuevo que siempre y desde siempre nos ofrece el Evangelio: seguir a Cristo y servir a los hermanos.

Y el Evangelio va en la misma dirección: de poco vale amontonar riquezas para sí. Hoy el primer mundo se está dando cuenta de lo poco que valen muchas cosas cuando éstas no están al servicio y el bien del hombre. El primer mundo ha creado y sigue creando “cosas materiales” que en el fondo no sacian sus ansias de mejorar su vida. Y el primer mundo se encuentra con que personas de otros mundos menos favorecidos quieren acceder a lo mismo…¿para qué? para encontrarse tan vacíos con el personaje del Evangelio que lo único que piensa es agrandar sus graneros para vivir mejor, para amontonar riquezas para sí. Es otra faceta de la cultura de la vanidad.

¿Qué nos proponen las lecturas de hoy? Vivir la novedad del Evangelio. Despojarse de la cultura de la vanidad, de la cultura de amontonar y atesorar por el solo hecho de amontonar y atesorar. Nos propone pensar que la vida es mucho más que lo meramente material. La vida es, para el cristiano, seguir a Cristo y seguir a Cristo es compromiso con la vida y con la persona.

Aceptemos el reto de san Pablo de despojarnos del hombre viejo y revertirnos de Cristo que según el mismo san Pablo: “me amó y se entregó por mí”.