Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía domingo 20 de Febrero 2011 – Dom. 7º T.O.

HOMILIA domingo 7º t.o. ciclo A.

Se supone que, a lo largo de la historia, los hombres han escrito leyes para mejorar las leyes ya existentes. Aunque habría que decir, que más que mejorar las leyes ya existentes, las nuevas leyes deberían ir encaminadas a buscar el mayor bien de las personas. Recuerdo aún el día que escuché decir a un profesor de biblia que la ley del talión suponía un avance en las relaciones humanas. ¿Por qué? Pues porque antes de la ley del talión, “ojo por ojo, diente por diente”, la norma que existía era más dura aún: “tú me robas una oveja, yo te robo cinco”. Al menos con la ley del talión se llegaba a que si tú me robas una oveja, yo te puedo robar una oveja, pero no más.

Decía que las leyes tienen que ir encaminadas a buscar el mayor bien de las personas y añadiría de cuantas más personas mejor. El domingo pasado decía que las leyes se hacen para defender a los débiles frente a los fuertes. Los fuertes, los poderosos, se las saltan fácilmente y a veces de manera impune. De ahí que tenga razón esa realidad de que las leyes se hacen para defender a los débiles. Aunque no siempre es así. Pensemos en la ley del aborto.

 

Jesús, en el evangelio de hoy, nos da leyes, vamos a llamarlas así, que superan toda ley anterior. Los consejos de Jesús, que bien podrían ser leyes: “no hagas frente al que te agravia,…si uno te abofetea…al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica…, culminan en una ley que no se encuentra en ningún otro código de leyes: “amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”.

 

El mismo puso en práctica esto que decía. Pensemos en la pasión de Jesús. No hizo frente a quien le agraviaba, puso la otra mejilla…y sobre todo rezó al Padre por los que le crucificaban: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Lo que él predica a los demás, a los que quieran seguirle, lo vive él en primer lugar dando ejemplo. No dice una cosa y luego hace otra. Lo que predica para los demás, lo experimenta él también.

 

Todos somos conscientes que amar al enemigo es una ley difícil y que, por más que queramos, no la llevamos a la vida. Tal vez sí rezamos por los que nos persiguen y pedimos por su conversión. Pero Jesús nos dice que no basta con rezar, sino que hay que ir más lejos y hay que amar. Eso de amar al enemigo no entra en nuestra mente y sobre todo en  nuestro corazón.

Amar al enemigo y rezar por él nos hace realmente hijos de Dios. La oración del Padrenuestro nos llama a ello: el perdón a los que nos ofenden es un paso para amarles. La sabiduría de este mundo consiste en separar a aquellos que tengo que amar de aquellos a los que tengo que odiar. La sabiduría de Dios, que confunde a la sabiduría humana, es la del amor y del amor incluso a los enemigos. Nuestra sabiduría, ¿a cuál de las dos se parece? ¿a la de Dios, y amamos a los enemigos, o a la humana, y odiamos al enemigo?

Si se parece a la sabiduría humana, nos pareceremos a los publicanos y a los gentiles y no haremos nada extraordinario. Aunque nos cueste y no lo aceptemos fácilmente… intentemos, comencemos solo por eso, intentemos amar a nuestros enemigos. Cambiemos nuestro corazón de piedra por un corazón de carne semejante al de Dios. Ese es un paso más para ser santos, como leemos en la primera lectura.


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Lecturas Misa Domingo 20 de Febrero 2011 – 7º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Levítico 19,1-2.17-18
    «Amarás a tu prójimo como a ti mismo»El Señor habló a Moisés: «Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: «Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tú hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.»»
  • Salmo Responsorial: 102
    «El Señor es compasivo y misericordioso» 

    Bendice, alma mía, al Señor,
    y todo mi ser a su santo nombre.
    Bendice, alma mía, al Señor,
    y no olvides sus beneficios. R.

    Él perdona todas tus culpas
    y cura todas tus enfermedades;
    él rescata tu vida de la fosa
    y te colma de gracia y de ternura. R.

    El Señor es compasivo y misericordioso,
    lento a la ira y rico en clemencia;
    no nos trata como merecen nuestros pecados
    ni nos paga según nuestras culpas. R.

    Como dista el oriente del ocaso,
    así aleja de nosotros nuestros delitos.
    Como un padre siente ternura por sus hijos,
    siente el Señor ternura por sus fieles. R.

  • Segunda Lectura: I Corintios 3,16-23
    «Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios»Hermanos: ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros. Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.
  • Evangelio: Mateo 5,38-48
    «Amad a vuestros enemigos» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

    Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»


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Homilía domingo 13 febrero. 6º tiempo ordinario

HOMILIA domingo 6º t.o. ciclo A

Vivimos en un mundo lleno de leyes. Nuestra vida y en bastantes ocasiones las relaciones humanas están regidas por leyes. Para bien nuestro no nos sabemos ni la mitad por no decir que no nos interesan la mayor parte de ellas. Pero están ahí. También se puede decir que algunas nos molestan porque no van con nuestra forma de ser, de pensar. A otras nos oponemos porque pensamos y creemos que van contra la libertad de la persona incluso se puede decir contra la vida misma.

El pueblo de Israel no escapa a las afirmaciones que acabo de hacer. Los escribas y los fariseos eran los guardianes de las leyes y de su cumplimiento. Hoy tenemos otras personas y otras instancias que vigilan el cumplimiento de las normas. Y pobre del que no las cumpla. Aunque luego nos enteramos que, a veces, quien hace las leyes no las cumple y hasta puede llegar a escapar del castigo por no cumplirla.

Jesús es claro: la ley está ahí. Pero a Jesús le interesa más la persona. Guardar los mandatos del Señor es prudencia, dice la primera lectura. Los mandatos del Señor  miran al bien de toda persona. No son fruto de una ideología, ni de la ley del más fuerte, ni del que más votos tenga para imponer su voluntad, ni siquiera de fruto de una autoridad indiscutible. Los mandatos del Señor van orientados a vivir en la mayor libertad posible.

Los tres casos que hoy leemos en el evangelio nos orientan sobre los mandatos del Señor. El primero es la importancia de la ley y los profetas. Cuando los profetas acuden a la ley o la interpretan es para favorecer a los más desfavorecidos, es para decir bien alto y claro que hay que cuidar al necesitado, al pobre, al humilde. En ese sentido es en el que tienen que orientarse las leyes, o la ley. Es lo que hará Jesús cuando acude a la ley: recordar que tiene que favorecer al necesitado.

El segundo caso nos habla de las relaciones entre las personas. No se trata de no matar. Jesús va más lejos y nos dice que la relación con el hermano está por delante de la ofrenda a Dios. Conviene recordar la frase de la primera carta de san Juan: “si alguno dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso”, (1Jn 4,20). La ley nos dice: “no matarás”. Jesús da más importancia a la vida que incluye las buenas relaciones que a la sola ley del no matar. El perdón da vida a quien lo otorga y a quien lo recibe. No perdonar causa la muerte a los dos.

Y el tercer caso es una invitación y una llamada a ser honestos con nosotros mismos y con los demás y con Dios. Los juramentos no sirven de nada si esconden otras intenciones. No sirven de nada si son una manera de engañar al otro queriendo dar más fuerza a una argumentación. No hay que valerse de juramentos. Lo que vale es “sí” o “no”, es decir la honestidad, la honradez, ser consecuentes, en definitiva, vivir la verdad.

Jesús quiere llamar la atención a los discípulos que la ley está ahí, pero que para que la ley cumpla su misión tiene que estar regida por la búsqueda del bien de todos, sobre todo de los más necesitados, por ser los más débiles ante la ley. Los poderosos en todos los sentidos pasan de las leyes. Y la ley tiene que estar basada en la verdad de la vida y no en otras verdades que atenten contra la persona. Ojalá sepamos distinguir los mandatos del Señor que dan vida, de otros mandatos humanos que decimos que son del Señor y que conducen a  hacer daño a otros.


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Lecturas Misa Domingo 13 Febrero 2011 – 6º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Eclesiástico 15,16-21
    «No mandó pecar al hombre»Si quieres, guardarás los mandatos del Señor, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja. Es inmensa la sabiduría del Señor, es grande su poder y lo ve todo; los ojos de Dios ven las acciones, él conoce todas las obras del hombre; no mandó pecar al hombre, ni deja impunes a los mentirosos.
  • Salmo Responsorial: 118
    «Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.» 

    Dichoso el que, con vida intachable, / camina en la voluntad del Señor; / dichoso el que, guardando sus preceptos, / lo busca de todo corazón. R.

    Tú promulgas tus decretos / para que se observen exactamente. / Ojalá esté firme mi camino, / para cumplir tus consignas. R.

    Haz bien a tu siervo: viviré / y cumpliré tus palabras; / ábreme los ojos, y contemplaré / las maravillas de tu voluntad. R.

    Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes, / y lo seguiré puntualmente; / enséñame a cumplir tu voluntad / y a guardarla de todo corazón. R.

  • Segunda Lectura: I Corintios 2,6-10
    «Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria»Hermanos: Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo, ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.
  • Evangelio: Mateo 5,17-37
    «Se dijo a los antiguos, pero yo os digo» 

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: [«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley. El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.] Os lo aseguro: Si no sois mejores que los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

    Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No matarás», y el que mate será procesado. Pero yo os digo: Todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.]

    Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: El que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. [Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno. Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.» Pues yo os digo: El que se divorcie de su mujer, excepto en caso de impureza, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]

    Habéis oído que se dijo a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor». Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo.] A vosotros os basta decir «si» o «no». Lo que pasa de ahí viene del Maligno.»


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Homilía domingo 6 de Enero 2011 – 5º Dom. T.O.

HOMILIA  domingo 5º t.o. ciclo A

Vivimos en una sociedad donde se hacen cosas para salir de la crisis: se firman documentos, se celebran reuniones, se quiere poner de acuerdo a personas para salir en la foto. ¿A dónde lleva todo esto? Posiblemente a seguir como estábamos y a maquillar el paisaje. La pregunta sería: ¿Por qué en lugar de poner el acento en solo hacer cosas no se invita a las personas a ser, a mirarse ellas mismas para ver qué se puede dar a los demás desde lo que uno es?

Jesús, en el evangelio de hoy , no nos dice que primero hagamos cosas y luego mostremos lo que somos, sino que mostremos lo que somos, es decir, que seamos lo que tenemos que ser para luego desde ese ser, poder hacer algo a favor de los demás. Nos dice que para dar sabor a las demás, hay que ser sal para uno mismo. Que para alumbrar a los demás, hay que ser luz para uno mismo. Nos viene a decir que no se puede dar lo que no se tiene. Y esto es lo que estamos viendo y viviendo estos días.

Todos sabemos de la importancia de la sal y de la luz. La mucha sal estropea las comidas y la poca sal las hace insípidas. La mucha luz deslumbra y la poca luz lleva a caminar a tientas. La invitación de Jesús a ser sal y luz en el mundo tiene una doble finalidad: ayudar a los demás en su caminar y dar gloria de Dios.

Jesús fue sal y luz para las gentes de su tiempo. Sal, porque lo que El era y lo que El hacía daba buen sabor a los que le escuchaban, por estar ansiosos de algo que les devolviera las ganas de vivir. Luz, porque con sus gestos y sus palabras orientaba el hacer de las personas. Cuando se necesita algo que ayude y oriente en la vida, hay que buscarlo en alguien que lo viva, no en alguien que lo solo lo diga y luego no lo haga. Ahí está la clave para comprender por qué la gente seguía a Jesús, porque veían en él a una persona que vivía lo que decía, y que su palabra no era hoy, sí y mañana no. Su palabra era siempre sí o siempre no. No se amoldaba a las circunstancias ni se dejaba llevar por intereses ajenos a la persona. Su interés estaba centrado en Dios, su Padre, y en el bien de las personas. De ahí que el ser sal y luz está orientado a dar gloria a vuestro Padre.

El ejemplo de Pablo hoy es claro. Más que hablar y hablar con sabiduría y elocuencia, Pablo se da cuenta de que su hablar tiene que ir precedido de su ser discípulo. Primero el testimonio de la vida y luego el testimonio de la palabra. Tendrán que ir unidos, pero la vida es la sal y la luz del evangelio. Luego esa sal y esa luz se convertirán en palabra y en gestos que ayudarán a los demás.

La lectura de Isaías se orienta en el mismo sentido. Lo que se hace a favor de los demás tiene que brotar de lo más íntimo del ser. Si quiero dar vida, tengo que vivirla yo primero. Esa sal y esa luz que pueden estar escondidas, sazonarán la vida y brillarán para los demás cuando me olvide de mí mismo y salga al encuentro del necestiado.


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Lecturas Misa Domingo 6 de Febrero 2011 – 5º Dom. TO.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 58, 7-10
    «Entonces surgirá tu luz como la aurora»Esto dice el Señor:
    «Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo, viste al que va desnudo, y no te desentiendas de tu semejantes.
    Entonces brillará tu luz como la aurora, en seguida tus heridas sanarán; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor.
    Entonces clamarás al Señor y te responderá. Gritarás y te dirá: Aquí estoy.
    Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
  • Salmo Responsorial: 111
    «El justo brilla como una luz en las tinieblas.»Quien es justo, clemente compasivo, como una luz en las tinieblas brilla. Quienes, compadecidos, prestan y llevan su negocio honradamente jamás se desviará.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

    El justo no vacilará; vivirá su recuerdo siempre. No temerá malas noticias, porque el Señor vive confiadamente.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

    Firme está y sin temor en su corazón. Al pobre da limosna, obra siempre conforme a la justicia; su frente se alazará frente a su gloria.
    R. El justo brilla como una luz en las tinieblas.

  • Segunda Lectura: I Corintios 2, 1-5
    «Les he anunciado a Cristo crucificado»Hermanos: Cuando vine a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
    Me presenté a ustedes débil y temeroso; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que su fe no se apoye en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios.
  • Evangelio: Mateo 5, 13-16
    «Ustedes son la luz del mundo»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve desabrida, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla y que la pise la gente.
    Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de una montaña. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo de una olla, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
    Que alumbre así su luz a la gente para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo».


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Homilía Domingo 30 de Enero 20111 – 4º Dom. T.O.

HOMILIA  4º domingo t.o.

Al encontrar las bienaventuranzas al principio del evangelio de san Mateo, siempre se piensa que constituyen el programa de Jesús. Las interpretaciones son múltiples: desde el ideal al que se debe aspirar, pasando por una lectura de la realidad de los tiempos de Jesús, hasta una invitación que resulta difícil aceptar por ser dura de comprender.

Yo voy a pensar de otra manera. Voy a pensar que las bienaventuranzas son, más que un programa al inicio de la vida pública de Jesús, son el resumen de la vida de Jesús. Es decir, que las bienaventuranzas están dichas, recogidas y escritas al final de la vida de Jesús, que recogen lo que él vivió. Es como si las llamásemos “memorias de Jesús”. Lo que Jesús vivió y predicó, con palabras y gestos, recogido en las bienaventuranzas.

Me fijo en algunas. Todos sabemos que Jesús nació y vivió pobremente. Para hacer llegar el mensaje de salvación, el evangelio, a las gentes de su tiempo, vivió como ellos, pobremente. Sus palabras infundían ánimo y esperanza en las personas porque predicaba con el ejemplo y con autoridad. Hubiese resultado una contradicción llamar dichosos a los pobres de espíritu viviendo en un palacio o viviendo cómodamente. Si él experimentó la vida pobre, bien pudo exclamar al final de sus días: “dichosos los pobres de espíritu”.

Otra: “dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia”. Algunos traducen: “dichosos los que tienen hambre y sed de hacer la voluntad de Dios”. En el evangelio de Juan, Jesús dice a la samaritana: “mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4,34). Quien ha hecho de la voluntad de Dios no solo su ideal de vida, sino que su vida gire en torno a ella, bien puede llamar felices a los que así se dejan llevar.

Una tercera: “dichosos los misericordiosos”. Los gestos de Jesús, es decir, los milagros, nos hablan de misericordia. Y la misericordia de Jesús nos lleva a la del Padre. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36) Jesús nos transmite la misericordia del Padre. Dios no puede ser de otra manera que misericordioso con nosotros. Jesús que experimenta la misericordia de Dios y la transmite, llama dichosos a los que imitan a Dios siendo ellos misericordiosos con los demás.

Y una cuarta: “dichosos los perseguidos por causa de la justicia”, que podemos traducir “dichosos los perseguidos por hacer la voluntad de Dios”. Jesús es perseguido por realizar la voluntad de Dios. La voluntad de Dios, el querer de Dios es que todos se salven y la salvación no es solo para la otra vida, es también para esta. Jesús la lleva a cabo curando, sanando. Y porque cura, aunque sea en sábado, es perseguido. San Marcos en 3,6 nos dice: “los fariseos y los herodianos se confabularon para ver cómo acabar con él”.

Cabría decir también algo de resto de ellas. Y se podría pensar que las bienaventuranzas son el resumen, el compendio de la vida consecuente de Jesús. El fue consecuente entre lo que predicó y vivió. Tomémoslo como queramos, lo importante es que Jesús fue feliz viviendo él mismo las bienaventuranzas y nos invita a nosotros a ser consecuentes entre lo que decimos y vivimos y a saber que “cada jornada nuestra es seguro que se nos presentará alguna ocasión de ponerlas en práctica”.    


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Lecturas domingo 30 Enero 2011 – 4º Dom. T.O.

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sofonías 2, 3; 3, 12-13
    «Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde»Busquen al Señor los humildes, los que cumplen sus mandamientos; busquen la justicia, busquen la humildad; quizá puedan ocultarse el día de la ira del Señor.
    Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni hablará con falsedad; se alimentarán y reposarán sin que nadie los inquiete.
  • Salmo Responsorial: 145
    «Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.»El Señor siempre es fiel a su palabra, y es quien hace justicia al oprimido; él proporciona pan a los hambrientos y libera al cautivo.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

    Abre el Señor lo ojos a los ciegos y alivia al agobiado. Ama el Señor el hombre justo y toma al forastero a su cuidado.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

    A la viuda y al huérfano sustenta y trastorna los planes del inicuo. Reina el Señor eternamente, reina tu dios, oh Sión, reina por lo siglos.
    R. Dichosos los pobres de Espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

  • Segunda Lectura: I Corintios 1, 26-31
    «Dios ha escogido a los débiles del mundo»Hermanos: Fíjense en su comunidad, pues no hay entre ustedes muchos sabios según el criterio humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; todo lo contrario, Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para humillar a los sabios; ha escogido lo que el mundo considera débil para confundir a los fuertes. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para aniquilar a quienes creen que son algo, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.
    A él deben ustedes su existencia cristiana, ya que Cristo fue hecho por Dios para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención. Y así como dice la Escritura, “el que se gloríe, que se gloríe en el Señor”.
  • Evangelio: Mateo 5, 1-12a
    «La auténtica felicidad»En aquel tiempo, al ver tanta gente, Jesús subió a la montaña, se sentó, y se le acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñarles con estas palabras:
    «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
    Dichosos los afligidos, porque Dios los consolará.
    Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
    Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque Dios los saciará.
    Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos.
    Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
    Dichosos los que trabajan por la paz, porque Dios los llamará sus hijos.
    Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
    Dichosos ustedes cuando los insulten, y los persigan, y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos».


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Homilía Domingo 23 de Enero 2011 – 3º Dom. T.O.

HOMILIA domingo 3º t.o. 

El evangelio que acabamos de proclamar es como el prólogo y un resumen de toda la vida y predicación de Jesús. En el texto encontramos las líneas maestras del resto del evangelio: anuncio, invitación y núcleo de la predicación de Jesús.

Podemos decir que Jesús no pierde el tiempo en anuncios superfluos. Va directamente al grano. Sus primeras palabras son “convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. La invitación de Jesús a la conversión no es solo una llamada a la conversión del corazón. Es una invitación a un cambio radical en la vida y en los criterios que la rigen.

Para la gente del tiempo de Jesús la conversión era una vuelta al cumplimiento de la ley. Jesús va más allá. No es solo ni principalmente vuelta a la ley, sino cambio de esquemas de pensamiento y de vida. San Mateo recoge ese cambio de pensamiento y de vida en los capítulos 5, 6 y 7 de su evangelio que iremos escuchando los próximos domingos.

Para convertirse no se trata de cumplir la ley. Se trata de amar al prójimo, de cuidar al prójimo, de hacer de la vida un auténtico regalo de Dios para todos. La ley se queda solo en eso, en ley. Jesús va más lejos y dice que la persona y la vida están por encima de la ley. La conversión que predica Jesús ayuda a instaurar el reino de Dios. Instaurar el reino de Dios es lo mismo que decir que Dios está en el corazón del hombre y que guía su caminar, y que el hombre se preocupa por su hermano el hombre construyendo un mundo donde se pueda vivir dignamente.

Para anunciar el reino de los cielos, o reino de Dios, Jesús no se basta solo. Invita a otros a seguirle y por eso llama a personas a continuar el anuncio de conversión y a trabajar por la llegada de su reino. Jesús llamó a personas de su tiempo. Hoy nos llama a nosotros a continuar su tarea. Ser pescador de hombres no es ir a la caza y captura de otros. Es invitación a tener los mismos sentimientos de Jesús de ponerse los unos al servicio de los otros realizando así el plan que Dios tiene para todo hombre: la salvación llevada a cabo por su Hijo Jesús.

Finalmente san Mateo nos informa sobre qué hace y qué dice Jesús. El núcleo de la predicación de Jesús está en su enseñanza, “que no es como la de los fariseos, sino con autoridad”. Y la autoridad de Jesús está en su misma vida, en su entrega a los demás, en su rechazo de la hipocresía, en poner a la persona por encima de todo, en actuar guiado por el Espíritu de Dios.  El otro núcleo de su predicación está en la curación de enfermedades. Uno de los signos de la presencia del reino de Dios en el mundo es la acción de curar, de sanar que realiza Jesús y que nos cuentan los evangelistas.

Repito lo que decía al principio: este texto es como el prólogo y el resumen de la vida y predicación de Jesús. Anuncia el reino y para ello hay que convertirse plenamente, llama a seguirle para anunciar el reino y su anuncio se manifiesta en su enseñanza y en sus gestos.   


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Homilía Chaminade

HOMILIA Beato Chaminade.

Ayer en diversos puntos de la geografía nacional y mundial se inauguraba el “año Chaminade”. Se quiere celebrar a lo largo de este año 2011 el 250 aniversario del nacimiento del Beato Guillermo José Chaminade, fundador de la familia marianista y por ello de los Marianistas.

Uno de los lemas que le gustaba repetir a nuestro fundador era: “todos sois misioneros”. Posiblemente sabéis que estuvo unos años desterrado en Zaragoza y que todos los días iba al Pilar a rezar delante de la imagen de la Virgen. Cuando regresó a Francia, volvió de nuevo a Burdeos, ciudad en la que vivió y predicó el evangelio antes del destierro. Comprendió que Francia se había convertido en un país de misión, pues la fe y la iglesia habían sido también desterradas de la vida de muchos franceses.

Su tarea como sacerdote fue la de trabajar por extender la fe. Consideró esta tarea como su principal misión. Y contagió esta misión a los jóvenes y no tan jóvenes que cada domingo le escuchaban predicar el evangelio. Cuando un grupo de jóvenes se puso a su disposición les inculcó este lema: “todos sois misioneros”.

El lema elegido para este año es el de “Chaminade, misionero en un mundo nuevo”. Es un lema que quisiera extenderlo a todos nosotros, los que vivimos y celebramos la fe aquí en Santa María del Pilar y unirlo a lo que Jesús nos dice en el evangelio de hoy.

Jesús nos llama a seguirle para anunciar la Buena Noticia de su venida y la cercanía del Reino de Dios.  Seguir a Jesús es convertirnos es testigos suyos con una misión, que es convertirnos en misioneros del evangelio. No pensemos que es hacer algo extraño y raro, no. Como cristianos estamos llamados a vivir y predicar el evangelio en el mundo nuestro, esta es nuestra misión y la que nos convierte en misioneros.

Este mundo nuestro es un mundo nuevo. Todos somos conscientes de cómo ha cambiado la sociedad en los últimos años. Anunciar hoy a Jesucristo no podemos hacerlo como hace diez, quince o veinte años. El mensaje es el mismo, la manera de transmitirlo no. “A vino nuevo, odres nuevos” es otra de las frases que le gustaba al P. Chaminade. El vino nuevo es siempre Jesucristo, los odres nuevos los tenemos que ir llenando nosotros con nuestro testimonio.

Jesucristo es la imagen del Padre, es el testigo del Padre, es el misionero del Padre. El P. Chaminade continuó esta misión de Jesús de mostrar a Dios y de mostrarlo como Jesús nos lo ha enseñado. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. El P. Chaminade se dejó llenar de Jesús, el hijo de María, para predicarlo, para convertirse en misionero de su mundo y de su tiempo. Misionero en tiempos difíciles pero tiempos nuevos para Francia.

Nosotros también estamos invitados a ser misioneros en nuestro mundo, un mundo nuevo cada vez más alejado de Dios y por ello del hombre. Nosotros continuamos la misión de Jesús, la misión del P. Chaminade en nuestro tiempo y nuestro mundo, sabiendo que nuestro mundo está en constante cambio, pero que necesita oír la palabra de Dios, que necesita oír hablar de Dios y necesita de personas que seamos testigos de Jesús, que seamos misioneros en un mundo nuevo a ejemplo del P. Chaminade.