Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Homilía domingo 32º Ciclo A. domingo 6 de noviembre 2011

Introducción:

Para la homilía según la tengo pensada se necesitan 5 velas tamaño grande y cinco velas tamaño pequeño. Las cinco velas grandes representan a las cinco vírgenes sensatas y las cinco pequeñas a las vírgenes necias. Pero cada una de las velas representará asimismo una virtud, una actitud de las personas, sobre todo de los creyentes. A medida que se vaya explicando brevemente cada una de las veles se procederá a encenderla. Esto es lo que se me ha ocurrido para hoy.

Veis sobre la mesa diez velas, cinco grandes y cinco pequeñas. Las cinco grandes quieren representar las lámparas con aceite y las pequeñas, las lámparas sin aceite. Vamos a ir encendiendo una a una según vaya haciendo un breve comentario de lo que pueden significar las velas.

Las cinco velas grandes, es decir las lámparas con aceite, significan vivencias personales y comunitarias que nos animan a

  1. vivir la fe-confianza en Dios. La fe-confianza en Dios es un gran regalo que Dios nos da y nos la da en abundancia. Cada uno de nosotros vive esa fe en Dios, seguro que pidiéndole a menudo que nos la aumente, cosa que seguro hace en favor nuestro. La lámpara de la fe está llena de buen aceite, sobre todo por parte de Dios. A nosotros nos toca mantenerla así, llena.
  2. vivir la esperanza que Dios ha puesto en nuestros corazones. Como creyentes se    nos anima a ser personas de esperanza y a dar “razón de nuestra esperanza a todo el que nos la pida” (1ªPe.) Aunque pasemos por momentos difíciles, en nuestro corazón hay aceite suficiente para alimentar la esperanza.
  3. vivir el amor a Dios y al prójimo. El aceite actúa muchas veces como bálsamo suavizando durezas. El amor de Dios y el amor mutuo puede suavizar muchas situaciones difíciles en la vida. El amor verdadero iluminaría muchas vidas como lo hace la lámpara llena de amor.
  4. vivir la Eucaristía-banquete de bodas. La Eucaristía es la gran lámpara para todo cristiano que ilumina las lámparas anteriores. Sin la Eucaristía las otras lámparas fácilmente se vacían. Por ello es importante la celebración comunitaria de este sacramento.
  5. vivir la fe, la esperanza, el amor y la Eucaristía  con la libertad de sentirnos y ser en verdad hijos de Dios. “Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado” (Gal 5,1) Las cuatro lámparas anteriores las tenemos que vivir con libertad y en libertad, pero con libertad y en libertad de hijos de Dios. Dios no obliga, Dios invita.

Las cinco velas pequeñas, es decir las lámparas sin aceite, nos hablan de escasez de:

  1. paz. No hay paz exterior si no hay paz interior. En muchas personas falta la paz interior que es la que construye un mundo en paz. La paz no son tratados, documentos. La verdadera paz brota del corazón que da y recibe con generosidad.
  2. justicia. Hoy la lámpara de la justicia está escasa de aceite. La justicia, en parte, está manipulada, se dilata su aplicación para no romper débiles consensos o para contentar a quienes más pueden.
  3. la solidaridad. Sí se da solidaridad en momentos puntuales, pero nos falta la solidaridad como compromiso con el hombre. Jesús se hizo solidario con el hombre en todo “menos en el pecado”. A veces las llamadas a la solidaridad nos pueden molestar porque nos llevan a pensar en lo que somos y hacemos a favor del otro.
  4. libertad. Decimos que somos libres para hacer lo que nos viene en gana, pero no sentimos la libertad como el gran regalo de Dios al hombre. El uso de la libertad hace madurar a las personas y las convierte en responsables de sí mismos y de los demás.
  5. verdad. Libertad y verdad son dos lámparas que van muy unidas y que están escasas de aceite. “La verdad os hará libres” (Jn 8,32) La verdad es fuente de libertad. Cuando se tiene miedo a la verdad es cuando se coarta la libertad. Vivir de acuerdo a la verdad, que para nosotros es Jesús, no resulta fácil. Por ello cuando no se vive en la verdad se nos nota la falta de libertad

Estas cinco velas pequeñas, estas cinco lámparas con escasez de aceite están presentes en nuestras vidas. Aquí sí podemos decir que las cinco velas grandes, las lámparas con aceite, sí pueden ayudar a las lámparas vacías. Nuestro mundo, sea el personal o el comunitario, vive de relaciones. No podemos vivir pensando solamente en lo espiritual. Vivimos en un mundo donde todo está interrelacionado. El compromiso con el evangelio de Jesús no se vive en la iglesia, se vive en la iglesia y en el mundo. Jesús vino a salvar al hombre entero. Nos toca a nosotros que allí donde haya escasez pongamos abundancia.

El banquete de bodas al que todos estamos invitados será realidad cuando las lámparas con escasez de aceite se vean repletas de paz, justicia, solidaridad, libertad y verdad.

 

 

 


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Contra «bienaventuranzas»

CONTRA BIENAVENTURANZAS

Ofrezco, a continuación, lo que llamo “contra bienaventuranzas”. Algo así como el programa de vida y acción para algunas personas en nuestro mundo. Podéis ver cómo se oponen a las Bienaventuranzas de Jesús.

Un saludo

1. Felices los ricos, porque se hacen esclavos de su riqueza renunciando a la libertad y temiendo por su vida.

2. Felices los que ríen sin ton ni son, porque la alegría que brota del corazón está lejos de ellos.

3. Felices los oprimen a otros, porque el aislamiento será su recompensa y la opresión con que oprimen se volverá contra ellos.

4. Felices los que usan la justicia en beneficio propio, porque el juicio del mundo les llenará de vergüenza.

5. Felices los de corazón duro, porque nadie se acordará de ellos y su nombre caerá en el olvido.

6. Felices los que manejan negocios contra la dignidad de las personas, porque tienen que vivir ocultos para que nadie les afee su conducta.

7. Felices los que ganan dinero con la guerra, porque “quien a espada mata, a espada muere”.

8. Felices los que persiguen a los que nada tienen, porque al mirar sus manos siempre las encontrarán vacías.

9. Felices los que aplauden la violencia, los asesinatos o los que los manipulan en favor suyo, porque se verán aislados de la gente de buena voluntad.


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Homilia Solemnidad de Todos los Santos.

La Iglesia de hoy resulta molesta a mucha gente por el mensaje que transmite y por la vivencia de ese mensaje.  A unos les molesta porque los enfrenta con un mensaje de respeto a la persona, a la vida, a la libertad, a lo que podemos llamar “trascendencia”, es decir, fe-confianza en Dios. En un Dios que se ha hecho uno de nosotros y que nos ha hecho hijos suyos por puro amor, según la carta de San Juan.

 A otros les molesta por la vivencia del mensaje, que muchas personas lo centran en su acción desinteresada hacia los más necesitados de todo tipo…El mensaje y la vivencia de ese mensaje es siempre el mismo porque se basa en el evangelio…se basa en el programa de Jesús que acabamos de escuchar en el texto de las Bienaventuranzas, se basa en el mismo Jesús. 

Seamos también conscientes que hay muchos cristianos que perteneciendo a un catolicismo social, pero no real, les puede asimismo molestar la iglesia. La fiesta de hoy es la gran fiesta, la gran memoria, de muchas personas que conociendo el mensaje de Jesús, lo llevaron a la vida. Por eso entre estos “santos” oficiales y otros muchos que no han sido declarados tales, los hay que dieron su vida, derramando incluso su sangre,  por el mensaje de Jesús, es decir, por ser consecuentes con su fe. Otros lo vivieron dedicando su vida a los demás.  Otros lo pusieron en práctica de manera silenciosa… Otros… Para ellos era la forma de vivir las Bienaventuranzas, el mensaje de Jesús

Podemos decir que siempre ha habido personas que por creer y vivir el mensaje de Jesús han resultado molestas a su sociedad.  Hoy hay cristianos que nos están manifestando que el Evangelio se puede vivir con todo el rigor de la letra y el espíritu. Los valores que viven muchas de estas personas son valores que cuentan poco en nuestro mundo. La entrega, el servicio, la disponibilidad, la gratuidad, la búsqueda de la justicia y la paz…son, entre otros, valores que a nuestra sociedad llamada de bienestar le cuesta aceptar. Y porque le cuesta aceptarlos…los ignora, los considera valores obsoletos y los contrapone a una felicidad basada en lo efímero, en el poder, en el dinero…

Hay que reconocer que hay personas que sin ser cristianos…sin ser personas oficialmente “religiosas” viven y trabajan por extender estos valores. También ellos pueden ser considerados como “bichos raros”.

Las bienaventuranzas son una llamada personal, a cada uno de nosotros, a vivir el mensaje de Jesús. Hay una frase que me gusta, que la llevo en mi agenda personal, y la tenéis en la hoja dominical: “cada jornada nuestra es seguro que nos presentará alguna ocasión de poner en práctica las bienaventuranzas” que es bien real.

No nos importe si con la vivencia del mensaje de Jesús resultamos molestos a nuestro mundo. A los santos que hoy celebramos también les pasó lo mismo. Pero será señal que, primero, nos ayude a reflexionar sobre nuestra propia vida, y segundo, hará que otros hagan lo mismo con la suya. Así todos podremos vivir en este mundo con las mismas oportunidades y hacer que nadie se sienta excluido llevar una vida digna, una vida de hijo de Dios.

 

 


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Lecturas de la misa – 32º Domingo del Tiempo Ordinario 6 de Noviembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Sabiduría 6, 12-16
    «Encuentran la sabiduría aquéllos que la buscan»Radiante e incorruptible es la sabiduría; con facilidad la contemplan quienes la aman, ella se deja encontrar por quienes la buscan y se anticipa a darse a conocer a los que la desean.
    El que madruga por ella no se fatigará, porque la hallará sentada a su puerta. Darle la primacía en los pensamientos es prudencia consumada; quien por ella se desvela pronto se verá libre de preocupaciones.
    A los que son dignos de ella, ella misma sale a buscarlos por los caminos; se les aparece benévola y colabora con ellos en todos sus proyectos.
  • Salmo Responsorial: 62
    «Señor, mi alma tiene sed de ti.»Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como el suelo reseco añora el agua.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te alabarán mis labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 4, 13-18
    «A los que murieron en Jesús, Dios los llevará con él»Hermanos: No queremos que ignoren lo que pasa con los difuntos, para que no vivan tristes, como los que no tienen esperanza. Pues, si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que, a los que mueren en Jesús, Dios los llevará con él.
    Lo que les decimos, como palabra del Señor, es esto: que nosotros, los que quedemos vivos para cuando venga el Señor, no tendremos ninguna ventaja sobre los que ya murieron.
    Cuando Dios mande que suenen las trompetas, se oirá la voz de un arcángel y el Señor mismo bajará del cielo. Entonces, los que murieron en Cristo resucitarán primero; después nosotros, los que quedemos vivos, seremos arrebatados, juntamente con ellos entre nubes por el aire, para ir al encuentro del Señor, y así estaremos siempre con él.
    Consuélense, pues, unos a otros con estas palabras.
  • Evangelio: Mateo 25, 1-13
    «Ya viene el esposo, salgan a su encuentro»En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
    «El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que, tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó un grito:
    “¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!”
    Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras:
    “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando”.
    Las previsoras les contestaron:
    “No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo”.
    Mientras aquellas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron:
    “Señor, señor, ábrenos”.
    Pero él les respondió:
    “Yo les aseguro que no las conozco”.
    Estén, pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora».


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Homilía domingo 31º ciclo A. Domingo 30 de octubre de 2011

Jesús fue muy crítico con el poder en general y sobre todo con el poder religioso. Basta leer los evangelios para darnos cuenta. En el evangelio de hoy tenemos una muestra de esa critica a las autoridades religiosas. Por eso la relación que Jesús quiere que exista entre los discípulos no es la de poder sino de la fraternidad. Entre las personas la relación de poder es jerárquica. La relación de fraternidad es de servicio y ayuda mutua.

Que Jesús quiere la relación de fraternidad lo vemos en el evangelio de hoy: “todos vosotros sois hermanos” y “uno solo es vuestro Padre, el del cielo”. Estas dos frases han costado mucho entenderlas en la iglesia, y aún hoy cuesta entenderlas por parte de algunos que sin oir las palabras de Jesús se hacen llamar “maestro” y “padre”. Jesús va más lejos en esta relación de fraternidad diciendo que si alguno se siente “el primero entre vosotros”, que sea “vuestro servidor”.

Una de las intuiciones del Concilio Vaticano II fue definir a la iglesia como “pueblo de Dios”. En ese pueblo de Dios tan solo hay un maestro, Jesús, un Padre común, el del cielo, y un consejero, Cristo. Todos los demás que formamos la iglesia-pueblo de Dios tenemos una tarea que realizar en beneficio de todos. Nadie puede decir que no tiene nada que hacer en la iglesia. Tampoco nadie puede arrogarse título, autoridad, poder que le separe del Pueblo de Dios, que le coloque en lugar distinguido, o que le haga creerse por encima de los demás. A ese Jesús le recuerda: “el primero entre vosotros será vuestro servidor”. Y el servidor, que yo sepa, no se atreve a dar órdenes. Más bien se dedica a servir.

Todo título, toda autoridad, todo poder que exista enla Iglesia, habría que preguntarse si todos y tantos son realmente necesarios, necesitan tener como referencia clara a Jesús, pero no teóricamente sino en la práctica. “No he venido a ser servido sino a servir”. A menudo sucede que quienes ostentan poder, autoridad, títulos se alejan del resto del pueblo de Dios, dictan normas difíciles de cumplir, o peor aún “lían fardos pesados e insoportables…que ellos no están dispuestos a mover…”

Volviendo a la relación de fraternidad que establece Jesús entre sus discípulos se puede deducir que el reino que El predica tiene como características, el servicio y la ayuda mutua, la norma del amor y del perdón, la corrección fraterna, el deseo de que nadie sea oprimido por nada, es decir por normas difíciles de cumplir, ni por nadie, es decir por poder o autoridad que dicen y no hacen. 

Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo significa reconocer a Dios como única autoridad y poder, que no actúa como las autoridades y poderes humanos, sino que siempre, siempre, actúa a favor de los más necesitados. Y significa reconocer al prójimo como hijo del mismo Padre del cielo y como hermano que sigue a Jesús. El reino de Dios o reino de los cielos alcanzará su cumplimiento cuando esa relación de fraternidad que establece Jesús se viva entre sus discípulos contagiando al resto de hombres de buena voluntad.


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Lecturas de la misa – 31º Domingo del Tiempo Ordinario 30 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Malaquías 1, 14; 2, 2b. 8-10
    «Ustedes se apartaron del camino y han hecho tropezar a muchos»«Yo soy el rey soberano, dice el Señor de los ejércitos; mi nombre es temible entre las naciones. Ahora les voy a dar a ustedes, sacerdotes, estas advertencias: Si no me escuchan y si no se proponen de corazón dar gloria a mi nombre, Yo mandaré contra ustedes la maldición».
    Esto dice el Señor de los ejércitos:
    «Ustedes se han apartado del camino, han hecho tropezar a muchos en la ley; han anulado la alianza que hice con la tribu sacerdotal de Leví. Por eso yo los hago despreciables y viles ante todo el pueblo, pues no han seguido mi camino y han aplicado la ley con parcialidad».
    ¿Acaso no tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos traicionamos entre hermanos, profanando así la alianza de nuestros padres?
  • Salmo Responsorial: 130
    «Señor, consérvame en tu paz.»Señor, mi corazón no es ambicioso ni mis ojos soberbios; grandezas que superan mis alcances no pretendo.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

    Estoy, Señor, por lo contrario, tranquilo y en silencio, como niño recién amamantado en los brazos maternos.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

    Que igual en el Señor esperen los hijos de Israel, ahora y siempre.
    R. Señor, consérvame en tu paz.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 2, 7b-9.13
    «Queríamos entregarles no sólo el Evangelio de Dios, sino nuestra propia vida»Hermanos: Cuando estuvimos entre ustedes, los tratamos con la misma ternura con la que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños. Tan grande es nuestro afecto por ustedes, que hubiéramos querido entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida, porque han llegado a sernos sumamente queridos.
    Sin duda, hermanos, ustedes se acuerdan de nuestros esfuerzos y fatigas, pues, trabajando de día y de noche, a fin de no ser una carga para nadie, les hemos predicado el Evangelio de Dios.
    Ahora damos gracias a Dios continuamente, porque al recibir ustedes la palabra que les hemos predicado, la aceptaron, no como palabra humana, sino como lo que realmente es: palabra de Dios, que sigue actuando en ustedes, los creyentes.
  • Evangelio: Mateo 23, 1-12
    «Los fariseos dicen una cosa y hacen otra»En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos:
    «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.
    Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».


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Homilía domingo 30º ciclo A. Domingo 23 de octubre 2011

El domingo pasado leíamos cómo querían comprometer a Jesús con una pregunta trampa (diríamos hoy). En el evangelio de este domingo un experto en la ley quiere poner a prueba a Jesús con otra pregunta curiosa.  Hay que saber que Jesús no era un maestro en la ley judía, ni pertenecía al grupo de los entendidos en la ley, pero, seguro, que de pequeño había acudido a la sinagoga y aprendido de memoria muchos de los mandamientos de la ley judía.

El experto en la ley sabía perfectamente cuál era el principal mandamiento, pero no se esperaba que Jesús, a quien él llama Maestro, le responda como lo hizo: uniendo el mandamiento del amor a Dios con el de amar al prójimo como a uno mismo. Todo buen judío sabía que había que amar a Dios sobre todas las cosas, pero no ponía en igualdad de condiciones el amor al prójimo.

El mensaje del reino de los cielos o reino de Dios, que es el centro de la predicación de Jesús, no separa el amor a Dios y al prójimo. Para Jesús no se puede amar a Dios y no amar al prójimo, igual que no se puede amar al prójimo y no amar a Dios. El mismo vive ese doble mandamiento de amor a Dios y al prójimo. Su relación de amor con el Padre la vive y la explica mediante las parábolas con que exponía su mensaje y los milagros que realizaba.

Ahora bien fácilmente caemos en la tentación de teorizar sobre el amor y no ponerlo en práctica. Fácilmente desvirtuamos el amor cuando lo centramos en nosotros mismos o cuando convertimos en objeto a las personas que deberíamos amar. Fácilmente el amor se convierte en pasión pasajera, en relación puntual, en interés personal, en cuestión de tiempo sin compromiso.

Quiero leer parte del himno de Primera Corintios sobre el amor donde se nos dice cómo tiene que ser el amor: “el amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca”

Amar a Dios y amar al prójimo es un programa muy bonito, muy altruista, muy teórico. El problema está cuando ese amor a Dios y al prójimo hay que ponerlo en práctica, cuando hay que vivirlo día a día, cuando hay que vivirlo de la manera como nos dice San Pablo. Nos falta amar y amar de verdad. Pensamos más en tener, en poseer, en vivir deprisa sin pararnos a pensar. Dentro de esa vida agitada que llevamos, echamos a veces de menos alguien a quien amar o que alguien nos ame, o al menos que nos lo demuestre.  

Hoy el amor lo hemos sustituido por la autoestima, por la autorrealización, por una filantropía esporádica. Sucede que cuando hablas con algunas personas y profundizas en su vida, lo que te dicen es que echan de menos amar y ser amados y que esos sustitutivos que hoy abundan tanto no sacian la sed de amor.

El lema del Domund es “así os envío yo”. Jesús nos recuerda a todos que el amor a Dios y al prójimo son inseparables. El es el enviado del Padre para recordarnos el amor de Dios por cada uno de nosotros. Lo que El vivió y enseñó nos lo transmite para que allí donde estemos, allí donde vayamos, allí donde El nos envía seamos testigos del amor de Dios y del amor a Dios y al prójimo.


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Lecturas de la misa – 30º Domingo del Tiempo Ordinario 23 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Exodo 22, 21-27
    «Si explotan a las viudas y a los huérfanos, se encenderá mi ira contra ustedes» 

    Esto dice el Señor:

    No oprimirás ni viajarás al forastero, porque forasteros fueron ustedes en Egipto. No explotarás a viudas ni a huérfanos, porque si los explotas y ellos gritan a mí, yo los escucharé. Se encenderá mi ira y los haré morir a espada, dejando a nuestras mujeres viudas y a nuestros hijos huérfanos.

    Si prestas dinero a uno de mi pueblo, a un pobre que habita contigo, no serás con él un usurero cargándole intereses. Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol, porque no tiene otro vestido para cubrir su cuerpo, ¿y dónde, si no, se va a acostar? si grita a mí, yo lo escucharé, porque yo soy compasivo.

  • Salmo Responsorial: 17
    «Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.»Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

    Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza, y quedo libre de mis enemigos.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

    Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido.
    R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 1, 5c-10
    «Abandonaste los índoles para servir a Dios y esperar la vuelta de su Hijo»Hermanos: Saben cual fue nuestra actuación entre ustedes para nuestro bien. Y ustedes seguiste nuestro ejemplo y el del Señor, acogiendo la Palabra entre tanta lucha con alegría del Espíritu Santo. Así llegaste a ser un modelo para todos los creyentes de Macedonia y de Acaya. Desde nuestra comunidad, la palabra del Señor del Señor ha resonado no sólo en Macedonia y en Acaya, sino en todas partes; nuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que los hicimos: cómo abandonando los ídolos, les devolviste a Dios para servir al Dios vivo y verdadero y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que los libra del castigo futuro.
  • Evangelio: Mateo 22, 34-40
    «Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo» 

    En aquel tiempo, los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se acercaron a Jesús y uno de ellos le preguntó para ponerlo a prueba: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?

    El les dijo:

    «Amarás al Señor tu Dios como todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser». Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.


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Homilía domingo 29º t.o. Ciclo A. Domingo 16 de octubre de 2011

A menudo las personas no jugamos limpio los unos para con los otros, sobre todo cuando hay de por medio intereses personales o sociales o si nos mueve al envidia. Esto lo describen los evangelistas con palabras como: “iban a tentar a Jesús”, “querían ponerle a prueba” o  “comprometer a Jesús”, como en el caso de hoy.

Los fariseos afirman tres cosas de Jesús antes de lanzarle la pregunta, y sobre esas tres cosas quiero pararme. La primera es “sabemos que eres sincero”. He buscado en el diccionario el significado de sincero y lo define como: “falta de fingimiento”. Los fariseos que suelen discutir con Jesús llegan a la conclusión que cuando habla y actúa lo hace sin fingir, es decir que Jesús se muestra coherente y que en El no hay doblez.

Su mensaje es siempre el mismo: el reino de los cielos está en vosotros y este reino lo acogen mejor aquellos que también viven sin fingimiento, que son sinceros con ellos mismos y ante la sociedad. La sinceridad de Jesús, que a veces exaspera a las autoridades, está además de en su mensaje, en “hablar abiertamente” como él mismo dice cuando le están juzgando en la Pasión.La sinceridad de Jesús le viene de su relación especial con el Padre. Por ser sincero, por no fingir Jesús podrá decir: “yo soy la verdad”.

Lo segundo que dicen de El es: “enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”. El camino de Dios no está escrito en los libros, sino que el camino de Dios es Jesús mismo. “Yo soy el camino”. Yo soy el camino para ir al Padre: “nadie va al Padre sino por mí”. Y el camino de Dios se hace siguiendo las huellas de Jesús. Y seguir las huellas de Jesús es tratar de actuar como El, es “pasar haciendo el bien”.

Y añaden “conforme a la verdad”. Para un judío la verdad está en la Ley.Para Jesús la verdad es El. Para todo cristiano la verdad tiene que ser Jesús, su hablar, su actuar. Transmitir la Palabra de Jesús con sinceridad, sin fingimiento significa “conforme a la verdad”. Buscar la verdad, actuar según la verdad, transmitir la verdad es además de enseñar el camino de Dios, seguir a Jesús y su mensaje de liberación.

Y lo tercero que dicen de El es que “no miras lo que la gente sea”. Jesús no hace acepción de personas. Acoge a todo el que acude a El con corazón sincero. Reprende a todo el que oprime a su hermano, perdona, cura, sin mirar otra cosa que no sea pedir con fe y sinceridad. Después de todo esto la pregunta para comprometerle: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

Jesús no se opuso al poder romano que oprimía al pueblo judío. El mensaje que  transmite está por encima de la violencia. Su mensaje es revolucionario porque se dirige al corazón de las personas y que ese corazón cambie las relaciones humanas: más que opresión y violencia, paz, más que acumular riquezas, compartir, más que egoísmo, solidaridad. Ahí está la sinceridad de Jesús, ahí está el camino de Dios conforme a la verdad, ahí está el no mirar lo que la gente sea. Faltando una de estas tres cosas o las tres se comprende la mala voluntad de las personas, como Jesús lo ve en los fariseos. El César tendrá que recibir lo suyo, pero tendrá que devolverlo al pueblo para beneficio común. Actuar como Jesús no es fácil, pero es posible.    

 


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Lecturas de la misa – 29º Domingo del Tiempo Ordinario 16 de Octubre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 45, 1.4-6
    «El Señor tomó de la mano a Ciro para someter ante él a las naciones»Así habló el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y desbaratar la potencia de los reyes, para abrir ante él los portones y que no quede nada cerrado.
    «Por amor a Jacob, mi siervo, y a Israel, mi escogido, te llamé por tu nombre y te di un título de honor, aunque tú no me conocieras. Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay Dios.
    Te hago poderoso, aunque tú no me conoces, para que todos sepan, de oriente a occidente, que no hay otro Dios fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro».
  • Salmo Responsorial: 95
    «Cantemos la grandeza del Señor.»Cantemos al Señor un canto nuevo, que le cante al Señor toda la tierra. Su grandeza anunciemos al los pueblos; de nación en nación sus maravillas.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Cantemos al Señor, porque él es grande, más digno de alabanza y más tremendo que todos los dioses paganos, que ni existen; ha sido el Señor quien hizo el cielo.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Alaben al Señor, pueblos de orbe, reconozcan su gloria y su poder y tribútenle honores a su nombre. Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

    Caigamos en su templo de rodillas. Tiemblen ante el Señor los atrevidos. «Reina el Señor», digamos a los pueblos . El gobierna a las naciones con justicia.
    R. Cantemos la grandeza del Señor.

  • Segunda Lectura: I Tesalonicenses 1, 1-5
    «Recordamos nuestra fe, esperanza y caridad»Pablo, Silvano y Timoteo deseamos la gracia y la paz a la comunidad cristiana de los Tesalonicenses, congregada por Dios Padre y por Jesucristo, el Señor.
    En todo momento damos gracias a Dios por ustedes y los tenemos presentes en nuestras oraciones. Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar las obras que manifiestan la fe de ustedes, los trabajos fatigosos que ha emprendido su amor y la perseverancia que les da su esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
    Nunca perdemos de vista, hermanos muy amados de Dios, que él es quien los ha elegido. En efecto, nuestra predicación del Evangelio entre ustedes no se llevó a cabo sólo con palabras, sino también con la fuerza del Espíritu Santo, que produjo en ustedes abundantes frutos.
  • Evangelio: Mateo 22, 15-21
    «Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»En aquel tiempo, se reunieron los fariseos para ver la manera de hacer caer a Jesús, con preguntas insidiosas, en algo de qué pudieran acusarlo.
    Le enviaron, pues, a algunos de sus secuaces, junto con algunos del partido de Herodes, para que le dijeran:
    «Maestro, sabemos que eres sincero y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra, porque no buscas el favor de nadie. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el tributo al César?»
    Conociendo Jesús la malicia de sus intenciones, les contestó:
    «Hipócritas, ¿por qué tratan de sorprenderme? Enséñenme la moneda del tributo».
    Ellos le presentaron una moneda. Jesús les preguntó:
    «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?»
    Le respondieron:
    «Del César».
    Y Jesús concluyó:
    «Den, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios».