Apareció en el balcón de la logia de San Pedro vestido de blanco, sin esclavina ni estola, con timidez y bondad, manteniendo su sencilla cruz de obispo en el pecho, rezando con la gente por Benedicto, inclinándose ante el pueblo de Dios de su diócesis de Roma para recibir su bendición y acoger su oración.
Su nombre, Francisco, como el pobre de Asís, el hombre que más se ha parecido a Jesús, el hermano de todos, el de la sencillez y la paz, el que acudió a Roma para pedirle al Papa que reformara la Iglesia. Francisco como Javier, el jesuita misionero y evangelizador de oriente. Ojalá el Espíritu Santa lo fortalezca en su ministerio de Comunión entre todas las Iglesias, al 266 sucesor de Pedro, el hombre, el compañero de Jesús que vino de América Latina.


14 marzo 2013 en 20:48
Me impresiono esa falta de boato a la que el Vaticano nos tiene tan acostumbrados, un papa sencillo de sotana blanca y cruz de metal,desde el primer instante predicando pobreza…..y humildad….