Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 23º Domingo del Tiempo Ordinario 4 de Setiembre de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Ezequiel 33, 7-9
    «Si no amonestas al malvado, te pediré cuentas de su vida»Esto dice el Señor:
    «A ti, hijo de hombre, te he constituido centinela para la casa de Israel; cuando escuches una palabra de mi boca, tú se la comunicarás de mi parte.
    Si yo pronuncio sentencia de muerte contra un hombre, porque es malvado, y tú no lo amonestas para que se aparte del mal camino, el malvado morirá por su culpa, pero yo te pediré a ti cuentas de su vida.
    En cambio, si tú lo amonestas para que deje su mal camino y él no lo deja, morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida».
  • Salmo Responsorial: 94
    «Señor, que no seamos sordos a tu voz.»Vengan, lancemos vivas al Señor, aclamemos al Dios que nos salva. Acerquémonos a él, llenos de júbilo, y démosle gracias.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Vengan, y puestos de rodillas, adoremos y bendigamos al Señor, que nos hizo, pues él es nuestro Dios y nosotros, su pueblo; él, nuestro pastor y nosotros, sus ovejas.
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

    Hagámosle caso al Señor, que nos dice: «No endurezcan su corazón, como el día de la rebelión en el desierto, cuando sus padres dudaron de mí, aunque habían visto mis obras».
    R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

  • Segunda Lectura: Romanos 13, 8-10
    «La plenitud de la ley es el amor»Hermanos: No tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo, porque el que ama al prójimo, ha cumplido ya toda la ley. En efecto, los mandamientos que ordenan: No cometerás adulterio, no robarás, no matarás, no darás falso testimonio, no codiciarás y todos los otros, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues quien ama a su prójimo no le causa daño a nadie. Así pues, cumplir perfectamente la ley consiste en amar.
  • Evangelio: Mateo 18, 15-20
    «Si tu hermano te escucha, lo habrás salvado»En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
    «Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
    Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
    Yo les aseguro, también, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


Deja un comentario

Homilia domingo 22º t.o. ciclo A. Domingo 28 de agosto 2011

El domingo pasado Jesús nos hacía una pregunta bien concreta: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” La respuesta está en la fe en Dios vivida desde el compromiso de ayudar al prójimo. Hoy Jeremías nos dice de una manera muy expresiva cómo puede actuar Dios con nosotros si le dejamos hacer: “me sedujiste, Señor y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste”. Para mí esta frase define la mejor manera de darse Dios al hombre y de responder el hombre a Dios.

Se trata de dos verbos duros, fuertes, aunque el primero, seducir, se puede hacer de buenas o malas formas para atraer a la otra persona. Forzar, sin embargo, tiene un significado negativo, priva de libertad a la persona. En el caso de Jeremías los dos verbos podemos verlos desde un punto de vista positivo. Jeremías se deja seducir, se deja forzar por un Dios que es fiel, lo repito, FIEL a su pueblo.

Jeremías personifica la acción de Dios para con su pueblo, para con personas concretas como Abraham, Moisés, David, los profetas, la virgen María. Pero en quien mejor se personifica esta doble acción de Dios es en su Hijo Jesús. En El se realiza de manera excepcional este dejarse seducir y forzar por su Padre Dios. Jesús vive, respira, habla desde su estar seducido y forzado por Dios. Y lo hace sabiéndose amado por Dios, sabiéndose Hijo enviado a anunciar a un Dios que nada tiene de violento ni de querer eliminar al hombre y su libertad, sino todo lo contrario: todo su empeño es  mostrar su amor al hombre y que el hombre le ame a El y que este empeño se haga desde la fe mutua. Fe de Dios en el hombre y fe del hombre en Dios.

Porque Jesús se ha dejado seducir y forzar por Dios puede responder de esa manera tan dura a Pedro: “quítate de mi vista, Satanás…tú piensas como los hombres, no como Dios”. Pensar como los hombres significa poder, oprimir al otro, muchas veces esclavizar, fomentar el odio. Pensar como Dios significa servicio, libertad, fomentar la paz, la justicia, el amor, el perdón. Jesús, pensando como Dios dio su vida por nosotros.

Jesús, el seducido, el forzado por el Dios del amor, transmite a los hombres, a todo hombre que salvar la vida, pensando como los hombres, es perderla y que perderla por El, pensando como Dios, es encontrarla. Viene bien ahora repetir la pregunta de Jesús a cada uno de nosotros: “y tú, ¿quién dices que soy yo?

Jesús dice: yo, el seducido y forzado por Dios, me presento a ti para que si quieres encontrarte a ti mismo, si quieres encontrar la vida, te dejes seducir y forzar por este Dios que me ha seducido y forzado a mí. Su manera de seducir y forzar es para llenarte de vida, es para que esa vida la vivas en plenitud, es para que comprendas que vivir es el mejor don que puedes recibir de Dios y que la vida que tienes es para que la entregues a los demás y para que crees vida a tu alrededor.

  Ojalá que nuestra respuesta a Jesús fuera: yo, cada uno de nosotros, soy un hijo de Dios seducido y forzado por El para vivir como tú, Jesús, pasando haciendo el bien y curando de toda dolencia. Sentirse seducido y forzado por Dios, a imagen de Jesús, es vivir la confianza en Dios como Jesús la vivió entregándose plena a El hasta el final.

 


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 22º Domingo del Tiempo Ordinario 28 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Jeremías 20, 7-9
    «Soy objeto de burla por anunciar la palabra del Señor»Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos, días tras día se burlan de mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y destrucción. Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme:
    «Ya no me acordaré del Señor ni hablaré más en su nombre».
    Pero había en mí como un fuego ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía.
  • Salmo Responsorial: 62
    «Señor, mi alma tiene sed de ti.»Señor, tú eres mi Dios, a ti busco; de ti sedienta está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como el suelo reseco añora el agua.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Para admirar tu gloria y poder, con este afán te busco en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre Señor, te alabarán mis labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con júbilos de labios.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

    Porque fuiste mi auxilio y a tu sombra, Señor, canto con gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo.
    R. Señor, mi alma tiene sed de ti.

  • Segunda Lectura: Romanos 12, 1-2
    «Ofrézcanse ustedes mismos como una ofrenda viva»Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.
  • Evangelio: Mateo 16, 21-27
    «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo»En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho por parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole:
    «No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede sucede a ti».
    Pero Jesús, volviéndose a Pedro le dijo:
    «¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi
    camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!»
    Luego Jesús dijo a sus discípulos:
    «El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras».


Deja un comentario

Homilia domingo 21º t.o. Ciclo A. Domingo 21 de agosto 2011

La pregunta que Jesús hace a los apóstoles en el evangelio de hoy viene muy bien dentro dela JornadaMundialdela Juventud, aunque la podemos aplicar a todas las edades: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?  No sé si alguna vez hemos profundizado personalmente en esta pregunta de Jesús. Creo que la respuesta ha tenido que cambiar a medida que hemos ido creciendo y madurando. La respuesta no tiene que ser la misma cuando uno es niño, joven o adulto. Responder siempre de la misma manera significará no profundización en su compromiso por seguir a Jesús.

La madurez humana tiene que llevar consigo una madurez en la fe. No vale ya esa frase de la “fe del carbonero”. Hoy se pide una fe que  madure, que se haga más vivencial, más experimental a medida que crecemos como personas. También se pide una fe más, voy a decir, más actualizada. No nos podemos quedar con lo que aprendimos cuando éramos niños. Eso nos sirvió mientras fuimos niños.

Yo distingo cuatro respuestas a esta pregunta. La primera es: “no sabe no contesta”. Al ser la fe algo personal y que se transmite por la audición “fides ex auditu” (S.Pablo), hoy nos encontramos con personas que no han oído hablar de Jesús, o si lo han hecho ha sido de manera genérica, como si de un personaje extraordinario se tratara al mismo nivel que muchos otros. Esta respuesta crecerá aún más en nuestra sociedad por romperse la cadena de transmisión de la fe, sobre todo, en las familias.

La segunda es: los que aprendieron una respuesta y no la viven. Se trata de aquellos que de niños oyeron hablar de Jesús, aprendieron fórmulas de memoria, pero no tuvieron una experiencia de encuentro con Jesús. Tan solo fue eso: aprender pero no vivir. Tienen nociones, saben cosas de Jesús pero nada más

La tercera es: los que aprendieron una respuesta y la viven de manera, voy a decir, poco profunda.  Son aquellos para quienes la religión, que no la fe, la viven en los acontecimientos festivos del año: Navidad, Semana Santa, bodas, funerales. Para estas personas la religión se reduce a esto.

Y la cuarta es: los que aprendieron una respuesta y la viven de forma comprometida. Estos han ido madurando su fe a medida que han ido creciendo en la vida. Para estos vida y fe han crecido paralelamente. La respuesta de estas personas a la pregunta de Jesús no es solo: “Tú eres el Mesías”, sino que su confesión de fe les lleva a comprometerse con el prójimo, con la vida, con la libertad, la justicia, la paz.

Estas respuestas las he querido dar desde el conocimiento y vivencia de seguir a Jesús. No he querido entrar en el terreno de la ética y la moral. Hoy sabemos que hay personas que sin vivir la fe, sin tener fe, trabajan por el bien de los demás.

A cada uno de nosotros, a los muchos jóvenes que hoy están en Madrid, Jesús nos hace  la misma pregunta que a los apóstoles: Y tu, ¿quién dices que soy yo para ti? La respuesta la tenemos que dar cada uno personalmente. Ojala que sea una respuesta de vivir la fe en Dios comprometiéndonos con el prójimo.


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 21º Domingo del Tiempo Ordinario 21 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 22, 19-23
    «Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro»Así dice el Señor a Sebná, mayordomo de palacio:
    «Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo. Aquel mismo día llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías; le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, y le traspasaré tus poderes.
    Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro.
    Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre».
  • Salmo Responsorial: 137
    «Señor, tu amor perdura eternamente.»De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

    Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor; siempre que te invocamos, nos oíste y nos llenaste de valor.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

    Se complace el Señor en los humildes y rechaza al engreído. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones.

    R. Señor, tu amor perdura eternamente.

  • Segunda Lectura: Romanos 11, 33-36
    «Todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él»Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
  • Evangelio: Mateo 16, 13-20
    «Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos»En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesárea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos:
    «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
    Ellos le respondieron:
    «Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas».
    Luego les preguntó:
    «Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»
    Simón Pedro tomó la palabra y le dijo:
    «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
    Jesús le dijo entonces:
    «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan!, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos. Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
    Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.


Deja un comentario

Homilía 15 de agosto.Asunción de Ntra Sra.

Una realidad que venimos padeciendo desde hace algunos años y que se tarda en reconocer por parte de las autoridades es la falta de valores. Hace unos días lo ha reconocido el primer ministro británico ante la oleada de violencia en Londres y alrededores. Esa falta de valores se viene reconociendo por activa y pasiva en nuestro mundo, pero hasta que no estalla una algo como estos días pasados no se quitan el velo de los ojos quienes deberían haberlo hecho hace años.

Se dice también que los padres, los educadores han dimitido de su función de ser transmisores de valores. A menudo se habla de niños que crecen siendo los reyes de la casa, lo que significa que se hace lo que ellos dicen, se les compra lo que quieren, comen solo lo que les gusta…

En el evangelio de hoy podemos ver a María como portadora de valores. Yo destacaría tres valores. El primero: la solidaridad. Ella deja todo en Nazaret y sube a la montaña a ayudar a su pariente Isabel. María, joven, llena de vida y de alegría ante el anuncio de ser madre. Isabel, anciana, pero con gran espíritu y esperando un hijo en su vejez. Las dos unidas por la maternidad y por la alegría de ser portadoras de vida.

El segundo: la fe. “Dichosa tú que has creído”. De Isabel podemos decir también que creyó, al contrario que Zacarías. La fe une a estas dos mujeres. Fe en ellas mismas y en lo que están viviendo, una gestación. Fe en Dios que de manera especial las confía una nueva vida a cada una.

El tercero: la proclamación de un Dios que cuida de los necesitados. Ayer hablaba de guardar el derecho y la justicia. Hoy, María “proclama la grandeza del Señor” que hace proezas a favor de los necesitados y que dispersa, derriba del trono a los pagados de sí mismos. María continúa la tradición de los profetas del Antiguo Testamento. En este canto denuncia la falta de derecho y justicia por parte de los poderosos y alaba al Dios que pide practicar la justicia y el derecho.

Estos tres valores que vive María nos podrían servir de ejemplo..En estos días viviremos la solidaridad con los jóvenes que nos visitan por parte de familias, instituciones,  grupos. Pero esta solidaridad no se puede acabar aquí. La solidaridad hay que enseñarla, vivirla desde dentro de la familia y siempre. La fe, segundo valor, hay que ponerla en práctica siempre. Hoy, ante los problemas que vivimos, resulta difícil vivir la fe. Se desconfía de los políticos, de los economistas, de los grupos de presión nacionales e internacionales. Se llega a desconfiar de la misma iglesia. El trabajo por la justicia y el derecho, tercer valor, sigue siendo actual. Quien realmente busque el bien de las personas debe poner muy alto la búsqueda y la práctica de ambos.

María, la “dichosa porque ha creído” sigue siendo un ejemplo a imitar por todos. Sigue siendo un ejemplo a transmitir de generación en generación. Ella supo olvidarse de sí misma para acudir a ayudar a su pariente, y lo hizo por solidaridad, por la fe en Dios y en la persona, y por trabajar por la justicia y el derecho que Dios pide exista entre todos sus hijos.


Deja un comentario

Lecturas de la misa – Lunes 15 de Agosto 2011 – Asunción de la Virgen María

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Apocalípsis 11, 19a; 12, 1-6a.10ab
    «Una mujer envuelta por el sol, con la luna bajo sus pies» 

    Se abrió entonces en el cielo el templo de Dios y dentro de él apareció el arca de su alianza. Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza. Estaba encinta y las angustias del parto le arrancaban gemidos de dolor.
    Entonces apareció en el cielo otra señal: un enorme dragón de color rojo con siete cabezas y diez cuernos y una diadema en cada una de sus siete cabezas. Con su cola arrastró la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
    Y el dragón se puso al acecho delante de la mujer que iba a dar a luz, con ánimo de devorar al hijo en cuanto naciera. La mujer dio a luz un hijo varón, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro, el cual fue puesto a salvo junto al trono de Dios, mientras la mujer huyó al desierto, a un lugar preparado por Dios.
    Entonces oí en el cielo una voz poderosa que decía:
    «Ya está aquí la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, ya está aquí la autoridad de su Mesías».

  • Salmo Responsorial: 44
    «De pie, a tu derecha, está la reina» 

    Escucha hija, mira y pon atención; olvida tu pueblo y la casa de tus padres.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

    Has cautivado al rey con tu hermosura; él es tu Señor, inclínate ante él.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

    En medio de festejos y cantos, entran en el palacio real.
    R. De pie, a tu derecha, está la reina.

  • Segunda Lectura: I Corintios 15, 20-27a
    «Resucitó primero Cristo, como primicia; después los que son de Cristo»Hermanos: Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primer fruto de quienes duermen el sueño de la muerte. Porque lo mismo que por un hombre vino la muerte, también por un hombre ha venido la resurrección de los muertos. Y como por su unión con Adán todos los hombres mueren, así también por su unión con Cristo, todos retornarán a la vida. Pero cada uno según su rango: como primer fruto, Cristo; luego, el día de su gloriosa manifestación, los que pertenezcan a Cristo. Después tendrá lugar el final, cuando, destruido todo dominio, toda potestad y todo poder, Cristo entregue el reino a Dios Padre.
    Pues es necesario que Cristo reine hasta que Dios ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo en destruir será la muerte, porque él ha puesto todas la cosas bajo sus pies.
  • Evangelio: Lucas 1, 39-56
    «Ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede. Exaltó a los humildes» 

    Por aquellos días, María se puso en camino y fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:
    «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Señor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
    Entonces María dijo:
    «Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo y su misericordia es eterna con aquellos que lo honran.
    Actuó con la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio. Derribó de sus tronos a los poderosos y engrandeció a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.
    Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre».
    María estuvo con Isabel unos tres meses; después regresó a su casa.


Deja un comentario

homilia domingo 20º t.o. Ciclo A. Domingo 14 de agosto de 2011

Uno de los mensajes que constantemente aparece en los profetas lo leemos hoy en la primera lectura: “guardad el derecho, practicad la justicia”. Si hay algo que no agrada a Dios, que le ofende más que cualquier otra cosa es precisamente la falta de justicia y un derecho que no defienda el pobre, al oprimido, al forastero, al niño y a la viuda. Dios insiste una y otra vez que el derecho y la justicia tienen que ser la característica fundamental de su pueblo.

Ese derecho y justicia lo vemos puesto en práctica por Jesús en los evangelios cuando acoge a un niño, cuando libra a una pecadora de ser lapidada, cuando alaba a la pobre mujer que echa dos monedas en el templo, a la viuda inoportuna que pide justicia a un juez injusto, o cuando, por medio de parábolas, alaba a forasteros que cuidan de otro, como el samaritano, o el leproso curado que vuelve a dar gracias. Hay más ejemplos, basta con asomarse al evangelio para darse cuenta de cómo Jesús sigue el mandato del Señor de “guardar el derecho y practicar la justicia”.

En nuestro mundo eso de guardar el derecho y practicar la justicia nos parece algo muy lejano. A menudo oímos a personas hablar de derecho, de justicia. Pero les añaden calificativos como “social, distributiva, de gentes, natural,, etc.” Posiblemente lo hacen para delimitar el derecho y la justicia, aunque más que delimitarla, la están limitando, es decir, la están poniendo al servicio de los intereses de los poderosos mientras ponen trabas cuando se trata de ayudar a los necesitados.

La iglesia de la que todos formamos parte es motivo de escándalo para algunos porque no es fiel a Jesús y su mensaje. Pero también la iglesia de la que todos formamos parte intenta paliar con sus acciones concretas a favor de muchas personas los escándalos que se producen en el mundo nuestro. Escándalos como hacer cumplir la ley contra los más necesitados, otorgando, por el contrario, beneficios a los poderosos. Escándalos como pedir que los muchos hagan sacrificios, y no pedir a los pocos que renuncien a sus prebendas. Escándalos como compra venta de deportistas, haciendo alarde de dinero, sin que muchas organizaciones, que se dicen trabajar por los demás, levanten un dedo para hacer una crítica seria de estos y otros escándalos actuales.

¿Dónde está la práctica del derecho y la justicia en esos escándalos que hay en la iglesia o en el mundo? Denunciar la falta de derecho y justicia es algo que nos debería preocupar y ocupar como cristianos. Quedarnos callados es un pecado serio de omisión. La crítica que estos días se está haciendo a la visita del Papa a Madrid y a sus gastos, debería hacernos pensar, pero más nos debería hacer pensar la falta de derecho y de justicia para con muchas personas de nuestro país: parados, enfermos, familias sin subsidio, etc y de otros países, como el problema reciente de Londres.

He dicho más arriba que para Dios guardar el derecho y practicar la justicia se refleja en la vida diaria. Defender al necesitado, dar de comer al hambriento, vestir al que está desnudo, son, entre otros, casos bien claros de practicar el derecho y la justicia.

Yo deseo para todos los peregrinos que acuden a Madrid que estos días sean para ellos días de fiesta, días de escuchar el mensaje de Jesús y sobre todo días de llenar sus vidas, también nuestras vidas, de ganas de trabajar por el derecho y la justicia que Dios quiere.


Deja un comentario

Lecturas de la misa – 20º Semana del Tiempo Ordinario 14 de Agosto de 2011

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Isaías 56,1.6-7
    «A los extranjeros los traeré a mi monte santo»Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»
  • Salmo Responsorial: 66
    «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben» 

    El Señor tenga piedad y nos bendiga, / ilumine su rostro sobre nosotros; / conozca la tierra tus caminos, / todos los pueblos tu salvación. R.

    Que canten de alegría las naciones, / porque riges el mundo con justicia, / riges los pueblos con rectitud / y gobiernas las naciones de la tierra. R.

    Oh Dios, que te alaben los pueblos, / que todos los pueblos te alaben. / Que Dios nos bendiga; que le teman / hasta los confines del orbe. R.

  • Segunda Lectura: Romanos 11,13-15.29-32
    «Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel»Hermanos: Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.
  • Evangelio: Mateo 15,21-28
    «Mujer, qué grande es tu fe»En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.» Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.» Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.» Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.» Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.» Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.» En aquel momento quedó curada su hija.


Deja un comentario

Homilía domingo 19º ciclo A. Domingo 7 de agosto 2011

Podemos decir, sin equivocarnos, que vivimos en un mundo de ruidos. A veces se nos ofrecen estadísticas de niveles de ruido que soportamos sin quejarnos mucho. También podemos decir que no somos capaces de vivir sin ruidos. Algunos psicólogos hablan del miedo al silencio, a estar solos y  así, cuando no tenemos otra compañía, encendemos la radio, la televisión. También se encienden estos aparatos para hacer ver a otras personas que no estamos solos, que hay alguien en casa.

El mucho ruido nos aleja de las personas, impide momentos de conversación serena, incluso no nos permite encontrarnos con nosotros mismos. Sin embargo muchos prefieren el ruido a sentirse solos, a vivir y gustar la soledad en algún momento.

La primera lectura de hoy nos sirve de ejemplo, no solo para encontrarnos con Dios, sino también para encontrarnos con nosotros mismos. Para encontrar a Dios hace falta un corazón en calma o en silencio. “Dios habla al corazón de los que saben escucharle en el silencio”. En esta primera lectura, silencio no es sinónimo de nada. Silencio es apertura a la manera como Dios se hace presente. Y lo hace mediante una brisa tenue.

Para orar, para encontrarse con Dios es necesario dejarse invadir por Dios mismo y El sale a nuestro encuentro de maneras diversas, pero siempre buscando un momento donde no haya ruido, tormentas, huracanes, vientos fuertes, sino donde haya un espacio propicio para la brisa tenue, es decir donde haya espacio para la paz, para el encuentro.

El evangelio nos habla de un encuentro de Jesús con los discípulos. Los discípulos están sometidos a un viento contrario que les causa miedo. Ese viento contrario bien puede ser un ejemplo de ruido. Ese ruido, ese viento les asusta. Y su encuentro con Jesús, se realiza en la paz, al vencer ese viento fuerte, ese ruido que les impide ver a Jesús, pues piensan que es un fantasma.

 En medio de ese viento fuerte, Pedro le pide a Jesús que le mande ir a El. Pedro sigue estando en medio del viento, en medio del ruido que le impide encontrarse con Jesús y por eso vacila. Al igual que en la primera lectura Dios es quien toma la iniciativa de encontrarse con Elías. Aquí es Jesús quien se encuentra con los discípulos y con Pedro. Pero lo hace también en la paz, en la calma. Ya los discípulos no tienen miedo.

Para encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos necesitamos paz, calma, sosiego. ¿Por qué cuesta tanto orar? ¿Por qué cuesta tanto el diálogo? ¿Por qué nos cuesta tanto mirar a nuestro interior?  Preferimos el ruido porque nos evade, nos hace olvidarnos de la realidad, de los problemas, hace que miremos hacia otra parte.

Encontrarnos con Dios, con los demás y con nosotros mismos nos ayudará a ser más conscientes y realistas de lo que estamos viviendo. El silencio, la soledad no son fines en sí mismos, son medios para ayudarnos a vivir y conocer mejor lo que vivimos. No debería asustarnos encontrarnos con nosotros mismos de vez en cuando. Todo lo contrario nos animará, nos dará fuerzas para seguir, nos hará conocer los verdaderos problemas y nos ofrecerá soluciones a nuestro alcance para intentar solucionarlos.

Dejemos que Dios se encuentre con nosotros aprovechando una brisa tenue, es decir un momento de paz.