Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Lecturas de la Misa – Domingo 12 de Junio 2011 – Pentecostés

Lecturas de la liturgia

  • Primera Lectura: Génesis 11, 1-9
    «Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra»Toda la tierra hablaba la misma lengua con las mismas palabras.

    Al emigrar (el hombre) de oriente, encontraron una llanura en el país de Senaar y se establecieron allí.

    Y se dijeron unos a otros: «Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos.»

    Emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de cemento.

    Y dijeron: «Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos famosos, y para no dispersarnos por la superficie de la tierra.»

    El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres; y se dijo: «Son un solo pueblo con una sola lengua. Si esto no es más que el comienzo de su actividad, nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Voy a bajar y a confundir su lengua, de modo que uno no entienda la lengua del prójimo.»

    El Señor los dispersó por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.

    Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por la superficie de la tierra

  • Salmo Responsorial: 103
    «Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra»Bendice, alma mía, al Señor: ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R.

    Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. R.

    Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo; se la echas, y la atrapan; abres tu mano, y se sacian de bienes – R.

    Les retiras el aliento, y expiran y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra. R.

  • Segunda Lectura: Romanos 8,22-27
    «El Espíritu intercede con gemidos inefables»Hermanos: Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios
  • Evangelio: Juan 20,19-23
    «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo»Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»


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Homilía Domingo 5 de Junio 2011 – Ascensión del Señor

HOMILIA: ASCENSION del Señor.

La fiesta de la Ascensión la podemos contemplar como el signo de confianza de Jesús en sus discípulos y en nosotros. Jesús ha pasado un tiempo con los discípulos, les ha hecho ver cómo hay que tratar a las personas, con cariño, con amor. Les ha hablado del Padre, del Reino de los cielos, motivo principal de su predicación. Les ha dicho que hay que curar, que hay que tener predilección por los sencillos como Dios lo hace. En definitiva, les ha enseñado lo que tienen que hacer con los demás a la hora de predicar en su nombre.

No todos los discípulos, no todos los once que fueron a Galilea confiaban plenamente en Jesús. El texto nos dice que algunos vacilaban. Eso sí se postran ante Jesús, pero les cuesta creer en El. Han sido testigos de milagros, le han escuchado hablar a la gente en parábolas, y todavía siguen dudando de este Jesús que se acerca a ellos para animarles.

Como siempre la actitud de Jesús es la de acercarse a ellos. Cuando los discípulos dudan, Jesús se les acerca. Cuando tienen miedo, le infunde paz. Cuando se sienten solos y encerrados, se les aparece. Jesús está siempre con ellos. Por eso, ahora, ante su duda, se les acerca de nuevo y les hace ver una vez más que está con ellos. No solo ahora, sino hasta el fin de mundo.

Los evangelistas siempre nos muestran a Jesús cercano a las personas, sobre todo al que necesita de El. No rechaza a nadie. Su cercanía es signo de amor, de perdón, de acogida, de infundir ánimo y fuerza, de paz. Pensemos que por eso la gente sencilla se sentía a gusto con El y lo seguía.

El gesto de acercarse ahora Jesús a los discípulos es para, además, de infundirles confianza para otorgarles un poder. Pero para Jesús el poder no es signo de fuerza, sino de servicio. No es signo de autoridad a imagen de la autoridad terrena, sino que esa autoridad recibida del Padre está orientada a hacer el bien a los demás, a cuidar de los más débiles, a proclamar que el Reino de Dios es un reino de justicia y paz verdaderas.

En nombre de ese poder, que es servicio y que los discípulos tienen que aprender y seguir, Jesús les envía a predicar el Reino y a bautizar. La misión de los discípulos, nuestra misión, es continuar la misión de Jesús. Quien acepta Reino, acepta el signo de pertenencia a ese Reino: ser bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Este bautismo no nos da ningún poder, sino que nos invita al servicio y a dar la vida por los demás, a ejemplo de Jesús.

Jesús les pide a los discípulos, nos pide a nosotros que seamos transmisores de su palabra y de sus gestos. Eso es enseñar a guardar lo que os he mandado. Y lo que Jesús ha mandado se resume en predicar el Reino, en pasar haciendo el bien, en curar toda dolencia. Más que normas, leyes y mandatos, hay que enseñar y ser testigos de lo que Jesús dijo e hizo. Nuestro testimonio será más auténtico cuanto más se parezca al obrar y hablar de Jesús. Y Jesús no dejó normas, dejó un testimonio del amor y del perdón del Padre. Y para llevar a cabo ese testimonio nuestro, Jesús nos asegura su presencia: Yo estaré con vosotros siempre. De ahí que para saber su realizamos lo que El nos dijo, hay que mirarle a El y a su forma de actuar a favor de los demás. La enseñanza de Jesús llegará mejor a los demás con el testimonio de una vida según el Evangelio.