HOMILIA domingo 8º t.o. ciclo A
El evangelio de hoy nos coloca ante una elección muy humana. ¿Cuáles son y dónde están nuestras preocupaciones? La traducción que tenemos habla más bien de agobios.
Yo prefiero hablar de preocupaciones. Cada día aumentan más las preocupaciones de la gente. Ante los acontecimientos sociales en los países árabes cabe preocuparse y preguntarse, ¿qué va a pasar? Pero no solo allí, sino también aquí en nuestro país, en nuestra sociedad, en nuestro primer mundo.
Existen unas preocupaciones o agobios que son muy humanos, que nos parece lógico tenerlas, y que vivimos con ellas porque son importantes para nosotros. La familia, la salud, el trabajo, los estudios, un futuro imprevisible, una vida sana y con posibilidades de ocio. Existen otras preocupaciones que hoy en día ocupan y preocupan más a todas las edades. Se han puesto de moda, hacen que la gente gaste bastante dinero y tiempo en ellas. La moda, el culto al cuerpo, el gasto desmesurado en tecnología. Hay otras más negativas aún: el afán de poder, de riqueza, de dinero, de dar un pelotazo.
Una consecuencia es que se ha introducido en las personas un gran relativismo a la hora de enjuiciar estas preocupaciones. Lo estamos viendo cada día en los medios de comunicación. Hoy no nos preguntamos a quién servimos. Buscamos servir a quien más nos ofrece y nos da. El relativismo aumenta incluso en personas que consideramos serias.
¿Cuál es la gran preocupación de Dios? No olvidarse de sus criaturas. Y pone varias comparaciones: una madre que no se olvida de su hijo, unos pájaros alimentados por el Padre celestial y unos lirios que visten mejor que Salomón. La única preocupación de Dios es su criatura. Valemos más que los pájaros y que los lirios. Y además, Dios sabe de lo que tenemos necesidad.
Esto puede sonar a infantilismo o a ironía, viendo lo que estamos viendo. Vemos y oímos lo espectacular, lo que aparece en grandes titulares. A Dios le interesa lo sencillo, le interesa la persona que se preocupa de sacar adelante a otra u otras personas, le interesa aquel que da su vida y su tiempo a favor de los demás, le interesa el que de manera callada sirviéndole a Él sirve a los demás, o lo contrario, sirviendo a los demás le sirve a Él, le interesa aquel que aun andando agobiado se olvida de sí mismo y ayuda a otros, le interesa aquel que no sirve al dinero.
¿Dónde y cuál será nuestra preocupación? Nos lo dice Jesús al final de evangelio: “Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia”. Dicho así podemos hasta sonreír un poco y pensar: ¡qué ingenuo era Jesús!. El Reino de Dios es el mismo Jesús. Buscar el reino de Dios es buscarle a Él, es conocerle a Él, es seguirle a Él, es identificarse con Él.
¿Cuál es la justicia del Reino de Dios? La vida y la salvación de esa vida. Igual que Jesús vivió y trabajó para la vida, “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, a nosotros Jesús nos invita a preocuparnos por la vida, a trabajar por aquello que da vida, a poner empeño en que el hombre de hoy tenga vida. Seguro que así coincidimos en la preocupación de Dios y por servir a Dios que es lo mismo que estar preocupado por el hombre y por servir al hombre.
