Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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Lecturas de la misa – Lunes 1 Noviembre 2010 – Todos los Santos

Todos los Santos 1 de Noviembre de 2010

Lecturas de la liturgia

Primera Lectura: Apocalípsis 7,2-4.9-14
«Apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua» 

Yo, Juan, vi a otro ángel que subía del oriente llevando el sello del Dios vivo. Gritó con voz potente a los cuatro ángeles encargados de dañar a la tierra y al mar, diciéndoles: «No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles hasta que marquemos en la frente a los siervos de nuestro Dios.» Oí también el número de los marcados, ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de Israel.

Después esto apareció en la visión una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: «¡La victoria es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero!» Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro vivientes cayeron rostro a tierra ante el trono, y rindieron homenaje a Dios, diciendo: «Amén. La alabanza y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios, por los siglos de los siglos. Amén.»

Y uno de los ancianos me dijo: «Ésos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?» Yo le respondí: «Señor mío, tú lo sabrás.» Él me respondió: «Éstos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.»

 Salmo Responsorial: 23
«Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.» 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, / el orbe y todos sus habitantes: / él la fundó sobre los mares, / él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor? / ¿Quién puede estar en el recinto sacro? / El hombre de manos inocentes / y puro corazón, / que no confía en los ídolos. R.

Ése recibirá la bendición del Señor, / le hará justicia el Dios de salvación. / Éste es el grupo que busca al Señor, / que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 Segunda Lectura: I Juan 3,1-3
«Veremos a Dios tal cual es» 

Queridos hermanos: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él. Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es. Todo el que tiene esperanza en él, se purifica a sí mismo, como él es puro.

 Evangelio: Mateo 5,1-12a
«Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo» 

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.»


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Homilía Domingo 31 de Octubre 2010 – dom. 31º t.o.

HOMILIA  domingo 31º t.o. Ciclo C

En el evangelio de san Juan, Jesús dice: “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. El evangelio de este domingo es una ratificación de esa frase de Jesús.

Vivimos en un mundo donde parece ser que estamos más interesados en rechazar, quitar de en medio, incluso en ignorar a quienes no piensan o  no sienten como nosotros. Eso lo vemos en todos los niveles de la vida personal y social. Y el problema serio es que esa actitud la transmitimos a las generaciones jóvenes. El respeto por la vida y la dignidad propia y ajena nos es, a veces, indiferente.

El evangelio de hoy es una apuesta por la vida. Zaqueo, como publicano y rico que era, no era bien visto por sus conciudadanos, era objeto de odio por estar vendido a los romanos. Para muchos judíos Zaqueo era una persona, vamos a decir, sin vida. Y Zaqueo, por su parte, se aprovechaba de los judíos, cobrándoles más impuestos. Para él los judíos eran simplemente algo, no alguien, a quien robar y aprovecharse de ellos.

Zaqueo se entera que Jesús va a pasar por Jericó. Quiere verle por ser un personaje importante. Pero se encuentra con que es Jesús quien le busca a él. De querer ver a Jesús, se encuentra siendo buscado por él. En la Biblia hay numerosos textos donde Dios es quien busca al hombre y no al revés: busca a Adán en el paraíso, busca a Moisés en la zarza,… El evangelio nos dice, que “Jesús levantó los ojos”. Los levantó a propósito para provocar el encuentro. Por eso el encuentro de Jesús con Zaqueo no es casual. Jesús quiere dar vida a este hombre, lo quiere salvado, redimido.

En la primera lectura hemos leído “a todos perdonas…Señor, amigo de la vida”. Jesús es la vida y “amigo de la vida” y su encuentro con Zaqueo quiere ser eso: transmisión de vida. Zaqueo cae en la cuenta de que la vida no es aprovecharse de los demás, sino de devolver a los demás lo robado y más aún. Cae en la cuenta de que la vida es dejarse buscar por alguien que te quiere, que levanta los ojos para encontrarse contigo, que se hospeda en tu casa y que te ofrece el perdón como signo de vida y amor.

Muchas veces nosotros buscamos a Dios, aunque hoy vivimos en una sociedad cada vez más indiferente al encuentro con Dios. Y muchas veces, más que buscar a Dios, es Dios quien nos busca a nosotros. Dejémosle que sea El quien eleve los ojos, nos vea, y nos diga que quiere alojarse en nuestra casa. Hay una frase de una mujer francesa que dice: “Dios mío, si Tú estás en todas partes, ¿cómo es que yo siempre estoy en otro lugar?” (Madeleine Delbrel). Dios nos busca, sólo necesita que nosotros estemos en el lugar donde Él está.

Zaqueo recibe el amor de Dios por medio de Jesús y él manifiesta ese amor a los demás devolviéndoles lo robado y superando eso que ha robado, cuatro veces más. La salvación que dice Jesús que ha entrado en la casa de Zaqueo, es la misma vida.

Devolver la vida a una persona es salvarle. Salvar a una persona es darle vida. Eso es lo que Dios hace con nosotros, lo que Jesús ha hecho por todos los hombres: salvarnos y darnos vida, o al contrario, darnos vida salvándonos. Que a ejemplo de Zaqueo, nuestro encuentro con Dios, nos lleve al encuentro con los demás y a dar vida a los demás.


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Lecturas de la misa – Domingo 31 de Octubre 2010

Domingo 31º del T.O.

  • Primera Lectura: Sabiduría 11, 22-12,2
    «Te compadeces, Señor, de todos, porque amas a todos los seres» 

    Señor, el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra.

    Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres, para que se arrepientan.

    Amas a todos los seres y no odias nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado.

    Y ¿cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido?

    ¿Cómo conservarían su existencia, si tú no las hubieses llamado?

    Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

    Todos llevan tu soplo incorruptible.

    Por eso, corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor.

  • Salmo Responsorial: 144
    «Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.» 

    Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

    El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. R.

    Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas. R.

    El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. R.

 

  • Segunda Lectura: II Tesalonicenses 1, 11-2, 2
    «Que Cristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él» 

    Hermanos: Pedimos continuamente a Dios que os considere dignos de vuestra vocación, para que con su fuerza os permita cumplir buenos deseos y la tarea de la fe; para que así Jesús, nuestro Señor, sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, según la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.

    Os rogamos, hermanos, a propósito de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con él, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis por supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima.

  • Evangelio: Lucas 19, 1-10
    «El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido» 

    En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad.

    Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí.

    Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.»

    Él bajo en seguida y lo recibió muy contento.

    Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.»

    Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.»

    Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también este es hijo de Abrahán.

    Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.» 

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Homilía domingo 24 de Octubre 2010 – dom 30 de t.o. Ciclo C

HOMILIA domingo 30 de t.o. Ciclo C

Este domingo se nos habla también de la oración. Se nos pone como ejemplo la actitud de dos personas ante Dios. Y suele coincidir que la actitud que adoptamos ante Dios es semejante a la que adoptamos con las personas, o si queréis al revés, la actitud que adoptamos con las personas suele coincidir con la que adoptamos ante Dios.

A los fariseos les gustaban los primeros sitios, que les vieran en las plazas, que les saludaran por las calles…pues su actitud ante Dios es parecida. El fariseo ora como su vida de fariseo, erguido, delante, donde todos lo vean. Parece buena persona, pero hay una cosa que le pierde: se considera mejor que el publicano. De la misma manera que su relación con el publicano no es auténtica, sino de desprecio, su relación con Dios tampoco lo es: él que se cree justo, en un momento de intimidad con Dios, como es la oración, está pecando contra el hermano. Como no se reconoce pecador, no recibe el pedón. Hay personas que dicen no pecar…pueden ser semejantes al fariseo.

El publicano reza como publicano, como pecador. Se queda atrás, se golpea el pecho y pide humildemente perdón. Este reconocimiento de su condición de pecador hace que su situación cambie. Se reconoce pecador, pide perdón y recibe el perdón de Dios. El publicano vuelve a su casa transformado. Ha pedido y recibido el perdón.

La oración que hacemos suele ser reflejo de la vida y la vida se expresa en la oración. Ante Dios en la oración hay que situarse con realismo, tal y como somos, sin querer engañar ni engañarnos. Querer parecer mejores, hace que Dios no nos reconozca, hará que no pidamos perdón, que despreciemos a los demás, porque ante los demás queremos aparentar ser mejores. Dios conoce perfectamente nuestro ser, conoce cómo somos. Presentarse ante El aparentado otra cosa, solo nos lleva a engañarnos.

No es fácil conocerse a sí mismo, pero en cambio, resulta fácil compararse con los demás y creerse mejores o superiores a los otros. Y esto incluso en la vida normal, en las meras relaciones con los demás. En la vida diaria nuestras comparaciones con los otros suelen ser para decir ¡qué bueno soy yo! y ¡qué malos son los demás!. Por eso esta parábola viene bien no sólo para ver cómo es nuestra oración, sino también cómo son nuestras comparaciones con los demás.

Una palabra acerca del Domund.  El Papa nos anima no solo a rezar por la extensión del Evangelio sino también a apoyar a los misioneros económicamente. La crisis también está afectando a las misiones tradicionales. El lema de “queremos ver a Jesús” significa no solo predicarle sino también verlo en la vida de las personas, en la vida nuestra. No nos quedemos en decir que hay que predicar, hay también que dar trigo. Que así sea.


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Lecturas de la misa – Domingo 24 de Octubre 2010

Domingo 30º del T.O.

  • Primera Lectura: Eclesiástico 35, 12-14. 16-18
    «Los gritos del pobre atraviesan las nubes» 

    El Señor es un Dios justo, que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor, y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansan; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.

  • Salmo Responsorial: 33
    «Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.» 

    Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

    El Señor se enfrenta con los malhechores, para borrar de la tierra su memoria. Cuando uno grita, el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias. R.

    El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él. R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 4, 6-8. 16-18
    «Ahora me aguarda la corona merecida» 

    Querido hermano:

    Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente.

    He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.

    Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

    La primera vez que me defendí, todos me abandonaron, y nadie me

    asistió. Que Dios los perdone.

    Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león.

    El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo.

    A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

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  • Evangelio: Lucas 18, 9-14
    «El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no» 

    En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

    «¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.»

    El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo:

    «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. »

    Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» 


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Homilía domingo 17 de Octubre 2010 – Dom 29º t.o.

HOMILIA domingo 29 t.o. Ciclo C.

El evangelio de hoy nos presenta tres temas que deberían ir unidos en la vida de todo cristiano: oración, justicia y fe. Rezar y trabajar por la justicia desde la fe en Jesús. Una oración que no desemboca en el trabajo por la justicia y que no está hecha desde la fe, pobre oración es.

En los evangelios Jesús enseña a los discípulos a rezar y él mismo se pone como ejemplo de oración.  Jesús enseña a orar en común con el Padre nuestro, dice que para orar hay que estar solos. El se retiraba para estar a solas y orar al Padre. Pasaba largos ratos orando a  Dios. Se nos cuenta la oración que Jesús dirige a Dios en el huerto de los Olivos: “que pase de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya”.

Estos casos de la vida de Jesús son válidos para nosotros: rezamos en común, a solas, en todo momento, sea grato o difícil. El caso que hoy nos cuenta el evangelio va unido a la justicia. A veces hay personas que dicen que cuando no se puede conseguir algo a nivel humano, se echa mano de la oración como sustituto de la acción que deberíamos hacer. Y vemos que la gente se desanima porque no consigue con la oración lo que quiere.

Me explico. Una mujer pide justicia, y la pide insistentemente. El juez injusto llega a pensar que le va a pegar. Por ese motivo accede a hacerle justicia. En este caso se nos retrata “la impotencia de los débiles frente al cinismo de los fuertes”. Los débiles, que podemos ser cada uno de nosotros en diferentes circunstancias, al no conseguir que se nos haga justicia, recurrimos a la oración como si pensáramos que ella resolverá nuestro problema. Y está claro que eso no da resultado cómo y cuándo nosotros queremos. El resultado se conseguirá pidiendo insistentemente justicia, y pidiéndola a quien hay que pedirla: a los hombres. También habrá que rezar, por supuesto.

Dios no va a venir a instaurar la justicia, ni siquiera por medio de la oración. Dios se preocupará de sus elegidos, sí, pero querrá que esos elegidos además de orar con confianza y constancia trabajen para que se haga justicia a los débiles.  Orar y trabajar por la justicia pide la fe. Nos viene bien recordar el dicho: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Refugiarnos solo en la oración es escapar de la realidad que nos rodea. La oración nos tiene que llevar a la acción y la acción de esta mujer es pedir justicia.

He dicho que orar y trabajar por la justicia pide la fe. La fe nos lleva a confiar que podemos construir un mundo diferente. La mujer del evangelio insiste e insiste. No se conforma con que las cosas se queden como están. En la fe que anima nuestra vida hay insistencia no solo en reclamar lo bueno para todos sino también en buscar la manera de que ese bien llegue a todos. La fe no es algo intelectual. La fe es vida.

La oración, la justicia y la fe se ven apoyadas por la palabra de Dios que san Pablo recuerda a Timoteo en la segunda lectura. En la palabra de Dios encontramos la sabiduría que conduce a la salvación. Y la salvación hay que obrarla desde ya, desde el momento que nos toca vivir. La salvación no viene por arte de magia. La salvación ha sido realizada por Jesús que confiaba en el Padre, que oraba al Padre y que trabajó por la justicia en su tiempo.


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Lecturas de la misa – Domingo 17 de Octubre 2010

Domingo 29º del T.O.

  • Primera Lectura: Exodo 17,8-13
    «Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel» 

    En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín.

    Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.»

    Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte.

    Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado.

    Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol.

    Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.

  • Salmo Responsorial: 120
    «El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra.» 

    Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. R.

    No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. R.

    El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. R.

    El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. R.

  • Segunda Lectura: II Timoteo 3, 14-4, 2
    «El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena» 

    Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado, sabiendo de quién lo aprendiste y que desde niño conoces la sagrada Escritura; ella puede darte la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación.

    Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud; así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena.

    Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.

  • Evangelio: Lucas 18, 1-8
    «Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan» 

    En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

    En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario.»

    Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.»»

    Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»  


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Homilía martes 12 de Octubre – Nª Señora del Pilar

HOMILIA 12 DE OCTUBRE “El Pilar”

Una de las características que podemos atribuir a la Virgen María es la “escucha”. Cuando se nos habla de María en los evangelios, pocas veces ella es la que habla y las más ella está en actitud de escucha. Pensemos que esa actitud engrandece y ennoblece a una persona. En el evangelio de hoy, Jesús alaba a su madre por escuchar la palabra de Dios y cumplirla.

Señalo tres características del verbo escuchar. Se pueden añadir otras.

1ª. Escuchar lleva consigo “prestar atención”. Cuando alguien nos habla, si de verdad le escuchamos, significa que le prestamos atención. Si no, ya puede hablar esa persona que “pasaremos” de ella. No prestaremos atención a lo que nos dice, sobre todo porque no nos interesa.

Cuando leemos, cuando proclamamos el evangelio en la Eucaristía, ¿lo escuchamos? ¿Prestamos atención a la palabra de Dios? O Sencillamente, como ya lo hemos oído otras veces, como tenemos otras preocupaciones, o como no nos interesa…no prestamos atención. María prestó atención a las palabras del ángel, prestó atención a las palabras de Jesús en Caná, prestó atención a Jesús en la Cruz.

2ª. Escuchar favorece la acogida. Cuando escuchamos a alguien que nos interesa, o cuando escuchamos algo que nos interesa, lo acogemos más fácilmente. En la vida diaria, ¿acogemos todo lo que escuchamos? Normalmente hacemos una selección porque no todo lo que escuchamos necesita ser acogido. 

Escuchar el evangelio, si es que nos interesa, favorece que acojamos el Evangelio como algo importante para nosotros. Y acoger el Evangelio es hacerlo nuestro y llevarlo a la vida. María acogió y llevó a la vida la palabra de Dios y por eso es llamada “dichosa” Signos de acogida de la palabra de Dios en María están la visita a su prima Isabel para ayudarla, la preocupación por los novios en una boda, seguir de cerca de su Hijo para escuchar su mensaje.

Y 3ª. Escuchar está hoy muy unido a VER. Hoy vemos más que escuchamos. Se dice que “una imagen vale más que mil palabras”. La imagen la vemos. Las palabras se las lleva el viento. Hoy niños y mayores prestamos más atención a lo que vemos. El evangelio necesita “verse”, mejor dicho hoy día el evangelio necesita personas que lo vivan para que los demás lo vean y lo conozcan.

Ese VER para nosotros significa SER TESTIGOS, dar testimonio de lo que creemos. La mejor forma de que el evangelio se escuche, la mejor forma de que se nos escuche es que nos vean como testimonio de lo que creemos. Se escuchará mejor, si se ve mejor. Las palabras que como iglesia pronunciamos, se escucharán mejor si van acompañadas del testimonio. Seremos llamados “dichosos” si nuestra palabra va unida a nuestra vida, si quienes nos escuchan, ven que somos testimonio de lo que decimos.

Pidamos a la Virgen del Pilar que escuchemos la palabra de Jesús y la llevemos a la vida.


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Lecturas de la misa – Martes 12 de Octubre – Nuestra Sª del Pilar

1ª lectura: LECTURA DEL PRIMER LIBRO DE LAS CRÓNICAS 15, 3-4.15-16; 15, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como lo había mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Palabra de Dios

SALMO RESPONSORIAL

SALMO 26

R.- EL SEÑOR ME HA CORONADO, SOBRE LA COLUMNA ME HA EXALTADO

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es la defensa de mi vida,

¿quién me hará temblar? R.-

Si un ejército acampa contra mí,

mi corazón no tiembla;

si me declaran la guerra,

me siento tranquilo. R.-

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:

habitar en la casa del Señor

por los días de mi vida;

gozar de la dulzura del Señor,

contemplando su templo. R.-

Él me protegerá en su tienda,

el día del peligro;

me esconderá en lo escondido de su morada,

me alzará sobre la roca. R.-

2ª lectura: LECTURA DEL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 1, 12- 14

Después de subir Jesús al cielo, los apóstoles se volvieron a Jerusalén, desde el monte que llaman de los Olivos, que dista de Jerusalén lo que se permite caminar en sábado. Llegados a casa subieron a la sala, donde se alojaban: Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón del Celotes y Judas el de Santiago. Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

Palabra de Dios

EVANGELIO: LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer entre el gentío levantó la voz diciendo: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.” Pero él repuso: “Mejor dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.”

Palabra del Señor


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Homilía Domingo 10 de Octubre 2010 – dom 28º t.o.

HOMILIA domingo 28º t.o. Ciclo C

En el evangelio del domingo pasado los discípulos pedían al Señor: “auméntanos la fe”. En el evangelio de hoy Jesús alaba la fe de una persona que vuelve a darle gracias por sentirse curado. Voy a centrarme en el final del evangelio nos puede ayudar en nuestra vida y nuestro compromiso de seguir a Jesús.

En primer lugar Jesús dice al leproso curado: “levántate”. Posiblemente para nosotros el verbo “levantarse” no pase de tener el sentido normal. Uno está sentado o tumbado y se levanta. Cuando Jesús le dice al leproso que se levante le está diciendo algo más. Le está diciendo que está vivo, que tiene una vida nueva por estar curado, que se olvide de su situación anterior porque ya es otra persona. Le está diciendo que puede reintegrarse en la sociedad, que puede hacer algo por los demás, que nadie le va a aislar o separar del resto por su enfermedad.

En segundo lugar Jesús le dice: “vete”. Vete significa aquí: anda, camina, no te pares. Al enfermo postrado le cuesta andar, el leproso no podía salir a espacios abiertos. La orden de Jesús al leproso es: ya no tienes barreras que te impidan moverte, no hay barreras que te impidan SER lo que tienes que ser. A partir de ahora lo que tienes que hacer es CAMINAR y caminar es VIVIR.

En tercer lugar le dice: “Tu fe te ha salvado”. Levántate y vete son la consecuencia de la fe que salva. El samaritano “viendo que estaba curado” da gracias a Jesús. La petición que hizo con los demás leprosos: “ten compasión de nosotros” la hizo desde la fe en el maestro que curaba y que daba nueva vida. Podemos decir que a los otros nueve les preocupa cumplir la ley, que por otra parte se lo dijo Jesús: “id a presentaros a los sacerdotes”. Al samaritano más que preocuparle la ley, le anima la fe en Jesús y por eso vuelve a dar gracias y a demostrar así su fe en Jesús.

Estos tres momentos de la orden de Jesús nos pueden servir a nosotros. Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “levántate”. Levántate para nosotros es: ¡ánimo! ¡mira a tu alrededor! A las personas, a las cosas, se las ve de diferente manera estando levantado que estando sentado o tumbado. Estar sentado o tumbado son posturas pasivas. Estando levantados podemos ver las necesidades de los demás, las injusticias que se cometen contra los otros, o las cosas buenas que hacemos las personas.

Nosotros oímos a Jesús que nos dice: “vete”. Esta orden de Jesús es más bien una invitación a caminar con otras muchas personas. Caminar haciendo el bien, viviendo como testigos de Jesús, predicando con nuestra palabra y sobre todo con la vida. Vete significa: cuenta a los demás todo lo que has recibido y todo lo que puedes dar. Significa: no estás solo para vivir y anunciar lo que el Señor ha hecho contigo y por ti.

Nosotros oímos de Jesús: “tu fe te ha salvado”. Como al leproso samaritano nos salva la fe Jesús y no la práctica de la ley. Nos salva la fe en Jesús que nos invita a levantarnos y caminar siendo testigos suyos. Nos salva la fe en Jesús que vivimos cada día en los pequeños detalles de amor a los demás.

El final de la Eucaristía de hoy es para cada uno de nosotros: “levántate, vete, tu fe te ha salvado”.