Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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HOMILIA domingo 28 de Marzo 2010 – Domingo de Ramos

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HOMILIA   Domingo de Ramos

A menudo desde el corazón del creyente, del cristiano surge este grito de Jesús en la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Y puede surgir de manera individual o como grito comunitario: Surge ante una desgracia, ante el dolor y sufrimiento personal o social, ante la violencia, ante las injusticias que cometemos los hombres.

Para el creyente este grito puede ser una oración de súplica, puede ser fruto de una duda, puede ser también una imprecación. El no creyente difícilmente dirigirá a Dios este grito, a no ser que su corazón esté pidiendo una ayuda, un apoyo que siente que le falta.

Si entre nosotros se da este grito, pensemos en las circunstancias que nos llevan a ello: súplica, oración de confianza, duda, rebelión contra Dios?

En la lectura de Isaías leemos: “El Señor…me ha dado una lengua de iniciado para decir al abatido una palabra de aliento”. Ante ese grito de “Dios mío, Dios mío…” nosotros tenemos alguien que nos diga una palabra de aliento: Jesús.

Jesús siempre tenía una palabra de aliento para quien se acercaba a él en busca de ayuda. “No temas, tus pecados están perdonados”. “Vete, tu fe te ha salvado”. “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. “Nadie te ha condenado, yo tampoco te condeno”. “Quedas limpio”  Estas y otras son palabras de aliento de Jesús. Y la gente sencilla acudía a él precisamente por eso, porque sus palabras infundían aliento y esperanza.

¿Cuál de esos llamados líderes de hoy nos infunden aliento? Líderes sociales, políticos, religiosos? ¿Tienen una palabra de ánimo, de esperanza…? O más bien se refugian en palabras huecas y vacías que no llevan a ningún sitio.

Pues a este Jesús que da aliento y esperanza Dios le concede el Nombre-sobre-todo-nombre.  En el Antiguo Testamento Moisés le pregunta a Dios por su nombre: Y el nombre que Dios le da más que “Yo soy el que soy” es “estaré junto a vosotros” “me conoceréis por estar cerca de vosotros y daros siempre una palabra de aliento”.

En el himno de la carta a los Filipenses leemos: Dios concede a Jesús el Nombre-sobre-todo-nombre. Y ese nombre es SALVADOR. Salvador o liberador por saber decir una palabra de aliento al abatido. Por sabernos decir a cada uno de nosotros una palabra de ánimo para VIVIR, y para vivir desde nuestra propia realidad.

Que en estos días saquemos un momento para reflexionar en esto: cuando le gritemos a Dios, ¿por qué me has abandonado? Que sintamos en el corazón la palabra de aliento de Jesús y que desde el corazón le reconozcamos como SALVADOR.

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Autor: Lucio Bezana

Lucio Bezana, sm Párroco de Santa María del Pilar Marianistas - Madrid c/Reyes Magos, 3 28009 - MADRID

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