Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

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Homilía domingo 17 Enero 2010

Homilía Segundo domingo del tiempo ordinario. Ciclo C. 17-1-10

Hoy voy a centrarme en la segunda lectura, en la Carta a los Corintios.

Tal vez hayáis oído hablar de una división que se hace de la Iglesia entre la llamada “iglesia jerárquica” e “iglesia carismática”. La primera “la jerárquica” es más conocida por se más visible: el papa, los obispos, los sacerdotes. De la segunda “la carismática” se suele hablar poco, y es tan importante como la anterior. La una sin la otra dejarían a la iglesia coja. Las dos son necesarias.

 ¿En qué consiste la iglesia carismática?  No penséis que una iglesia distinta, no…es la misma iglesia de la que todos formamos parte, pero que cumple una misión importante para predicar y vivir el Evangelio de Jesús.

Características de esta iglesia las tenemos en la 2ª lectura de hoy  ¿Qué nos dice?

  1. Hay un solo Señor, Jesús, un solo Dios, Padre y un solo Espíritu que actúa para el bien común.
  2. El Espíritu Santo se manifiesta en cada uno de nosotros de diferentes maneras.
  3. En la iglesia que todos formamos hay dones, ministerios, funciones…todo esto son dones de Dios a cada uno de nosotros. A algunos los llamamos carismas.
  4. ¿Cuáles son algunos de ellos, según la primitiva iglesia?: hablar con sabiduría, hablar con inteligencia, el don de la fe, el don de curar, hacer milagros, profetizar…

Estos y otros dones, ministerios, funciones existen hoy en la iglesia. Hay todavía personas que piensan que solo los curas pueden hacer todo en la iglesia y que los seglares les toca solo callar y obedecer. No es así. Todos los bautizados formamos el Pueblo de Dios y cada bautizado tiene algo que hacer en la iglesia. No podemos decir: “yo no tengo nada que hacer…o…yo no sé qué tengo que hacer o qué puedo hacer”.

Hoy más que nunca podemos y tenemos algo que hacer en la iglesia para el bien común, para el bien de los demás, incluso hacer el bien “fuera de la iglesia”. Es fundamental el testimonio como cristianos.

 Algunos de estos dones, ministerios, funciones son más conocidos o más relevantes. Otros, la mayoría, se ejercen de manera más sencilla, más callada.

¿Qué podemos o tenemos que hacer?: lo primero sabernos hijos del mismo Padre, salvados por Jesús y animados por el mismo Espíritu, y desde ahí seguro que nos daremos cuenta que algo podemos hacer: algunos más conocidos:  catequistas, visitar a enfermos, ministros de la comunión, presidir un rato de oración o una celebración … menos conocidos y menos vistos: ayudar a personas concretas de nuestro entorno, cuidar de familiares ancianos y/o enfermos, decir una palabra de ánimo, de esperanza, una sonrisa ante momentos difíciles, un corazón abierto a los más cercanos…Esto y más cosas que podemos decir son tonterías, dirá alguno…pero sucede que son dones, ministerios, funciones que Dios nos regala para hacer el bien. Preguntémonos ¿Qué he recibido yo de Dios para ponerlo al servicio de los demás?

Hoy en la Iglesia necesitamos que todos pongamos al servicio de los demás lo que hemos recibido de Dios: un don, un ministerio, una función. No digamos :  yo no tengo nada que hacer, nada que dar, nada que ofrecer, porque ahí está la mayor pobreza, en sentirnos inútiles de manera tonta. Todos y cada uno somos útiles a los demás.

Lo que Dios nos ha dado, lo que hemos recibido de Dios,…pongámoslo al servicio de los demás.