Parroquia Santa María del Pilar Marianistas

La vida de nuestra comunidad cristiana en la red


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NAVIDAD EN FAMILIA: ORACIÓN FAMILIAR

ORACIÓN EN FAMILIA ANTE EL BELÉN
O UNA IMAGEN DEL NIÑO
Un miembro de la familia puede leer el siguiente texto del Evangelio (Lc 2, 16-20):
Del Evangelio según San Lucas.
Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.
María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Se puede hacer ahora un breve momento de silencio para acoger la Palabra de Dios.
Después se puede cantar un villancico que la familia conozca, como, por ejemplo, el Noche de paz.
Tras el villancico un niño o el más joven de la familia puede hacer estas peticiones ante el niño Jesús:
—Jesús, enséñanos el respeto y la obediencia a nuestros padres.
Todos responden: Por tu nacimiento, protege a esta familia.
—Jesús, afianza a nuestra familia en el amor y la concordia. Por tu nacimiento…
—Jesús, haz que siempre te demos gracias por todos los beneficios que nos concedes. Por tu nacimiento…
—Jesús, ayuda a las personas que están sufriendo o están solas en estos días. Por tu nacimiento…
Se reza el Padrenuestro.
Para concluir el padre o la madre puede hacer esta oración:
Jesús, te damos gracias porque has venido a nosotros, porque te has hecho hombre, mostrándonos tu amor. Hemos adornado nuestra casa en tu honor. Ayúdanos a que siempre tengamos preparado nuestro corazón para recibirte. Amén.


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ADVIENTO EN FAMILIA: LA LUZ DE MARÍA

MOTIVACIÓN

Dios propone a María su implicación en la “nueva historia” de la humanidad. A pesar de todos sus temores y perplejidades, ella, desde su humildad y sencillez y sin saber siquiera lo que esto pueda suponerle en el futuro, decide salir de sí misma, abrirse a los demás, e iniciar un nuevo mundo: el de la “comunión”, la interrelación, el “nosotros”. Con el “sí” de María se abre la posibilidad de una nueva era.

LA VOZ DE LOS PROFETAS

El rey David sueña con construirle a Dios un templo tan hermoso o más que el palacio donde vive. Pero el profeta Natán lo desengaña: ¿Cuál es el “templo” que quiere Dios?

El “templo” de Dios es un “Pueblo” nuevo, construido con las piedras de las relaciones fraternas, de los cuidados de la tierra y de los hombres y, sobre todo, de los pobres y vulnerables. El Ángel Gabriel se hace profeta ante María: «Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será gran­de, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Evangelio: Lc 1,26-38).

¿DÓNDE ESTÁ DIOS?

Dios hizo a la humanidad una promesa de bendición en Abrahán (Génesis 12,3b), y se la reiteró a David. Pero Dios no “baja” de la nube, sino que acude a las personas, como María, para que se dejen llevar de su Espíritu y aporten su vida para una “tierra nueva”. Dios estaba en María.

LAS LUCES DE LA CIUDAD

María es, como una luz intensa que borra, con su SÍ, toda la oscuri­dad de un mundo cerrado sobre sí mismo. En María se cumple la promesa de Dios: Jesús, Luz de la humanidad, cuya “venida” hacemos ya estos días presente, a las pocas horas de la Navidad…

UN GESTO COMUNITARIO

Ahora, en una nueva era posible, se rompen las distancias, se han posibles los abrazos, todos los corazones inician una nueva “cultura de cuidados”, renace la relación y se posibilita ese nuevo “tejido social” recreado.

• María se quita también LA MASCARILLA DEL “YO”.

• Nosotros al encender la cuarta vela del adviento, NOS COMPROMETEMOS con el “sí” de María para REGENERAR EL TEJIDO SOCIAL PERDIDO. Hacemos así posible, desde el Adviento, la venida de Jesús en Navidad.

LA CORONA DE ADVIENTO

Al encender la cuarta vela, en este último domingo del Adviento, pensamos en ella: María, la mujer del SÍ definitivo al nuevo plan de Dios que cumple su promesa de abrir el horizonte hacia una tierra de relación y de cuidados.

Con esa misma ansia, con ese mismo cuidado, con esa misma ternura, con ese mismo amor, acompañamos con nuestro propio “SÍ”, el compromiso de María, haciendo así posible, junto con ella, la regeneración del “tejido social” que se nos abre ahora como una nueva oportunidad.

¡Ven pronto, Señor.Ven a salvarnos!


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ADVIENTO EN FAMILIA: LUCES PARA LOS “DESCARTADOS”

Motivación

Hemos apostado por una recuperación abierta del “tejido social”. Queremos que nuestro “confina­miento” haya podido servir para aprender a vivir y ser de otra manera, luchando por deshacer, en positivo, el “otro modo” -ya periclitado- de construir la ciudad. No creemos en lo bueno y maravilloso que es poner el partido por encima del bien común, el consumo por encima de la felicidad, el di­nero por encima del amor, el tener sobre el ser. Ahora ya estamos vacunados, o podemos estarlo, si queremos. Hemos tenido la oportunidad de aprender la “resistencia” y la “paciencia”. Hemos aprendido que “aplaudir” a las ocho de la tarde era una manera de luchar y que hemos de traducirlo, creativamente, en “otra cosa”,una “nueva realidad” que tire por la borda el “viejo mundo” con el que nos habíamos engañado…

Pero, en ese nuevo “tejido social” que estamos llamados a recrear, no puede seguir habiendo “descartados” del nuevo tejido relacional, de ese “no­sotros”: ellos son los que no cuentan,  a quienes no podemos “des-cuidar”.

La voz de los profetas

Decía Juan Bautista: «Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías» (Evangelio: Jn 1,23)Isaías, por su parte, anunciaba la misión de aquel del que el mismo Juan decía: «en medio de voso­tros hay uno que no conocéis,el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia» (Evangelio: Jn 1,26-27).

El Espíritu del Señor, Dios, está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha en­viado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desgarrados, proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad; para proclamar un año de gracia del Señor» (1ª lectura: Is 61, 1-2).

¿Dónde está Dios más presente aún?

Jesús de Nazaret, “el que había de venir”, se presentó también entre nosotros teniendo en su boca las mismas palabras de Isaías y del Bautista: “El Señor me ha ungido; el Espíritu de Dios está sobre mí” para anunciar la Buena Noticia a los “últimos” (Lc 4,16-22).

La presencia del Señor “que viene” se hace más intensa, precisamente en los “descarta­dos” de nuestra sociedad, los “des-cuidados”, los des-conectados de la vida y de la relación.

Las luces de la ciudad

Si queremos hoy ser, como Juan Bautista, “la voz que grita en el desierto” de nuestra sociedad, no podemos hacer otra cosa que dedicar nuestros esfuerzos a estos “descartados” de la vida, a quien Isaías y Jesús llaman “los que sufren, los corazones desgarrados, los cautivos, los prisioneros”, los… pobres: los últimos de desgarro social. Hasta ellos no han llegado aún “las luces de la ciu­dad” y Dios, en ellos, está esperando para su venida.

Un gesto comunitario

Se trata, pues, comunitariamente, de IDENTIFICAR A ESTOS la vida…

Adelantándonos a ello, recordamos a los “psico­lógicamente descartados” (personas psicológica­mente frágiles, discapacitados mentales, autistas, depresivos, pusilánimes…), a los “socialmente descartados” (ancianos en soledad o en malas ­residencias, “menes”, inmigrantes, presos y otros tantos seres humanos al límite de la vida digna…) y a los “económicamente descartados” (mujeres empleadas en precario, parados sin subsidios, mi­grantes en la economía sumergida, personas sin casa donde quedarse, madres sin ingresos y niños sin escuela ni medios, temporeros, etc.)

Al nombrar cada grupo de “descartados” vamos encendiendo una vela de la corona de adviento (serían tres)

La Corona de Adviento

En las tinieblas se encendió una luz, en el desierto clamó una voz.

Juan Bautista no es la luz, sino el que nos anuncia la luz.

Y, como Isaías, y más tarde Jesús, se anuncia la buena noticia.

Los pobres, los descartados, los últimos de la vida son sus destinatarios.

Preparad sus caminos, abridles las puertas: en ellos está el Señor, que ya se acerca.

Cuando encendemos esta tercera vela cada uno de nosotros sentimos la llamada

a ser la misma voz de Juan que clama en el desierto de la vida.

Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!


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ADVIENTO EN FAMILIA

SEGUNDA SEMANA: LUCES PARA UNA TIERRA NUEVA

Motivación

Por todas partes nos anuncian que el momento más duro de la epidemia ya ha pasado. Ese “pa­sado” nos ha dado muchas lecciones. Pero ahora estamos iniciando una “nueva etapa”, un nuevo momento histórico del que somos responsables de cara al futuro. Es una oportunidad importante para crear algo nuevo, para “re-crear” el “tejido social”, una “tierra nueva”, un nuevo humanismo, haciendo presente, con ello, la esperanza de un Dios que está con nosotros y que sigue viniendo.

La voz del profeta

La esperanza no puede ser un adormecimiento pasivo. Si hay algo que pueda haber sido positivo, en estos meses de pandemia, son esas luces de la “cultura del cuidado” que nos han mostrado con su vida muchas personas llevadas, sin saberlo, por el Espíritu de Dios. Ninguna de esas cosas que hemos aprendido deberíamos olvidarlas ahora. Sería un retroceso histórico imperdonable.

Nosotros seguimos esperando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia». (2ª lectura: 2Pe 3,8-14).Isaías, a su vez, nos anima también este domingo en esta direc­ción mirando hacia el futuro para que seamos nosotros mismos profetas de futuro. Se trata de “re-crear” la humanidad perdida, el “tejido social”.

«Consolad, consolad a mi pueblo. Una voz grita: “En el desierto preparadle un cami­no al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén; álzala, no temas, di a las ciudades de Judá: “Aquí está vuestro Dios» (1ª lectura: Is 40,1-11).

¿Dónde está Dios?

Dios sigue estando donde estaba, como vimos el domingo pasado. Pero no podemos bajar los brazos: Dios quiere que los tengamos siempre levantados. A veces la prisa y la impaciencia nos detiene y hace retroceder; perdemos la esperanza y la utopía.

«No olvidéis una cosa, queridos míos, -dice Pedro (2ª lectura: 2Pe 3, 8-14)- que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda…»

Nosotros somos ahora, como Juan Bautista, los “pregoneros” y continuadores de la historia para “preparar los caminos”. (Evangelio: Mc 1,1-8).

Las luces de la ciudad

Pero hay que mirar al presente y al futuro para “recrear” lo que queremos que sea nuestra humani­dad recuperada. Es lo que ahora nos toca: encender nuevas luces de esperanza donde, pasado lo pasado y “sin bajar la guardia”, mantengamos lo aprendido y demos nuevos pasos para “recrear” un nuevo tejido social, una posible nueva humanidad.

Un gesto comunitario

Hoy, entre todos, nos preguntamos

• Qué podemos añadir nosotros, desde nuestras posibilidades para mantener lo que tenemos y añadir alguna nueva luz en la ciudad.

• ¿Cuáles son los rasgos de esa “cultura de los cuidados” que ahora podemos estre­nar sin perder lo aprendido?

• ¿Qué puedo hacer yo?

Entre todos VAMOS NOMBRANDO A ESAS REALIDADES inaplazables. Vamos, pues, añadiendo papeletas amarillas cubriendo las ventanas que todavía no estén ilumina­das.

Podemos también escribirlos, incluso con nuestros compromisos personales, en otras papeletas . Podemos igualmente expresarlas de viva voz.

La Corona de Adviento

Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel anunciando un nuevo tiempo de esperanza. “No temas, porque yo estoy contigo”, dice Dios. “Que todas las naciones se congreguen y todos los pueblos se reúnan. Vosotros sois mis testigos.

No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo;mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?”

Nosotros, como símbolo de la nueva justicia, encendemos esta segunda vela del Adviento mirando hacia el futuro. mirando hacia el futuro. Que cada uno de nosotros se comprometa por una nueva tierra de esperanza para que nada de lo aprendido se pierda.

¡Ven pronto, Señor! ¡Ven, Salvador!