HOMILÍA “AÑO NUEVO”
Imagino que bastantes de nosotros alguna vez nos hemos mudado de casa. Al hacerlo, seguro, que hemos caído en la cuenta de la cantidad de objetos que hemos acumulado y que, en realidad, nos sirven de poco. Sin embargo, aparte de los objetos necesarios para la vida diaria, seguro que ha habido algunos que hemos querido conservar porque significan mucho para la familia, o para alguno en especial. Hay cosas de las que no nos queremos deshacer porque nos traen recuerdos de personas, de acontecimientos, de viajes…
En la vida personal se da algo parecido. Algo cambia en nosotros a medida que estudiamos, conocemos más, crecemos como personas. En esos cambios nos quedamos con aquello que para nosotros en más valioso y desechamos lo que ya merece poco la pena.
En el evangelio de hoy se nos dice que María conservaba todas estas cosas en su corazón. Hay que decir que más que conservar, lo que María hacía era “dialogar consigo misma”, sobre todo lo que había vivido en poco tiempo: el anuncio del ángel, subir a Belén para cumplir con el censo, tener a su hijo en un lugar sencillo, recibir la visita de unos pastores…y sobre todo preguntarse a sí misma sobre su propio hijo.

En el evangelio de Lucas se nos dice dos veces estas palabras: “María conservaba estas cosas en su corazón”. Aquí y después del episodio de encontrar al niño Jesús en el templo. Para María lo que vivía en relación con su hijo no solo era importante, también era digno de ser guardado, conservado, diríamos, meditado.
Al comienzo de este año nuevo sería bueno ver qué debemos guardar y qué desechar no tanto cosas físicas, sino sentimientos, posturas y formas de pensar, de juzgar que poco tienen que ver con el evangelio. Seguro que si lo hacemos con un poco de seriedad, nos daremos cuenta de cuánto nos queda para vivir una auténtica conversión. Si queremos imitar a María tendremos que hacerlo en el silencio de nuestro corazón y desde la fe.
Y lo segundo, una breve reflexión sobre esta jornada de la paz. La paz surge del interior del hombre que piensa y actúa, es decir, que habla y vive, armónicamente. Vemos que no hay paz, que es difícil conseguirla porque se dice una cosa y se hace la contraria. A veces se ven demasiados peligros externos para lograr la paz y no nos damos cuenta que los verdaderos escollos para lograr la paz están dentro del corazón del hombre. Y si no echad una ojeada a la realidad. Fanáticos, fundamentalistas de todo tipo: religioso social económico, político… que quieren lograr una paz que sea su paz basada en sus ideas, sus armas, su dinero y no basada en el respeto a la dignidad y libertad de la persona.
Un teólogo escribía: “no habrá paz verdadera mientras no haya paz entre las religiones” (H. Kung). La fe tiene que convertirse en un paso para la paz. Habrá que dar otros pasos y darlos conjuntamente con la fe, pero para lograr la paz, las religiones tienen que dejar de ser instrumentos de guerra, de odio y violencia, para convertirse en instrumentos de concordia, es decir, de tener un solo corazón, y de construir más que destruir.
La paz surge de un corazón abierto y sensible a las necesidades de los demás a ejemplo del mismo Jesús. Que El nos de su paz y que nosotros la llevemos a los demás.
FELIZ AÑO NUEVO







